Capítulo 11- El bosque Verde.

El sol se encontraba en su punto medio, alumbrando y llenando de calor toda Kanto. Ash y Serena estaban caminando rumbo a su siguiente destino.

La despedida que tuvieron con Jason había sido dura. Se habían encariñado con aquél niño y su Jigglypuff. Pasaron grandes momentos juntos, recorriendo Ciudad Verde, disfrutando de las exquisiteces que ofrecía la ciudad y sus entretenidas exhibiciones.

Pero Ash le había hecho una promesa: que iba a detener al Team Rocket y descubrir que sucedía en el Bosque Verde. Nadie sabía el porqué aparecían Pokémon tan poderosos en estado salvaje y sobre todo en aquél bosque, hábitat de Cartepies, Pidgey y Weedle, Pokémon realmente inofensivos.

Ash se detuvo en medio del camino. A tan solo dos metros estaba la entrada al Bosque Verde.

—Hemos llegado— dijo seriamente.

Pikachu asintió, mirando la entrada con seriedad.

—Ash… ¿estás seguro de esto?— preguntó Serena en un tono de preocupación—. Recuerda lo que dijo Jason, que ningún entrenador salió ileso del bosque en estos últimos dos años.

Ash seguía mirando el bosque con seriedad.

—La verdad es que no estoy seguro Serena. Pero se lo prometí— dijo apretando el puño, luego la miró por sobre los hombros y la sonrió—. Además, tenemos que cruzar el bosque verde para llegar a Ciudad Plateada—. Miró al frente y dijo en un susurro apenas audible—. Además… hay un amigo al que quiero visitar.

Ash dio un paso y sin vacilar continuó hacia delante. Serena no estaba segura de todo esto, pero siguió al chico al ver que se alejaba de a poco.

Al adentrarse al bosque, la visibilidad de ambos se oscureció. Por donde miraban, había árboles frondosos. Sus troncos eran tan anchos que podrían ocupar la sala de una casa fácilmente, sus hojas eran tantas que apenas se podía ver las ramas que las sujetaban. Había tantos árboles, dispuestos en diferentes zonas que se acumulaban y no dejaban entrar la luz del sol. Rocas y cantos rodados del tamaño de furgonetas estaban cubiertas de musgos que comenzaban a taparlas casi por completa. Ash y Serena tanteaban en el camino a ciegas debido a la espesa niebla que rodeaba el ambiente.

—H-hace mucho frío— dijo Serena abrazándose a sí misma—, ¿es normal que haga tanto frío en este bosque?

—No— dijo Ash frotando sus manos—, no al medio día.

Ash miró a su alrededor. El lugar había cambiado tanto en tan solo dos años que era cas irreconocible. Apretó los dientes con impotencia. Tenían que seguir adelante, pero era difícil con ésa espesa niebla impidiéndoles el paso.

—Primero lo primero— dijo sacando una Pokeball—. Necesitamos sacar esta niebla de en medio.

Ash lanzó la Pokeball y de ella salió Charizard.

—Charizard, usa Despejar— ordenó el chico.

El gran Pokémon extendió sus alas y comenzó a aletear con fuerza, esparciendo la niebla a su alrededor, Charizard estaba usando sus alas como si de abanicos se tratasen. De un momento a otro, la niebla desapareció por completo.

—¡Estupendo!— dijo Serena aplaudiendo.

—Bien hecho Charizard— felicitó Ketchum, metiendo de al Pokémon dentro de la Pokeball.

Ash se quedó mirando su Pokeball por unos segundos, luego examinó su alrededor, mirando cada centímetro del bosque recelosamente.

—No me gusta ésa mirada— dijo Serena acercándose más al chico—. ¿Pasa algo?

Ash negó con la cabeza. Metió la Pokeball en su bolsillo y miró hacia delante.

—Debemos seguir. Este bosque es realmente un laberinto, si queremos llegar al menos al centro antes de que se haga de noche, debemos irnos ya.

Serena asintió y comenzaron a avanzar. Detrás de ellos, un trozo de niebla comenzó a arremolinarse. Dos ojos se formaron en el aire y una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en la niebla, luego con ayuda del viento desapareció.

Ash y Serena avanzaban con paso decidido. Era mucho más fácil sin la niebla tan espesa que molestaba al principio del bosque, pero de vez en cuando se topaban con zonas anebladas. Mientras más se adentraban al bosque, más difícil parecía el camino. En una ocasión se encontraron con un gran árbol que bifurcaba el camino. Tomaron el camino de la izquierda pero sólo conducía a un camino sin salida, tuvieron que retroceder.

—Estoy muerto— dijo Ash tirándose en el suelo.

—¿Acaso no fuiste tú el que dijo «no podemos detenernos, si queremos llegar al menos al centro antes de que caiga la noche» dijo Serena imitando la voz del chico.

—Muy graciosa— dijo Ash recostándose en el suelo—. Pero hemos caminado por horas y no avanzamos.

—En eso tienes razón— dijo Serena suspirando, sentándose rendida en el suelo—. Este bosque es realmente un laberinto.

—No recuerdo que sea tan difícil—. Ash suspiró y Pikachu asentía.

Ash miró al cielo. Algo andaba realmente extraño, ¿por qué había tanta niebla al principio? Además… no se habían cruzado con ningún Pokémon hasta el momento. Resultaba realmente extraño.

—Debemos continuar— dijo levantándose con esfuerzo—. Sólo un poco más.

—Pero estoy cansada.

—Sólo un poco más, ¿sí?

Serena hizo un mohín, pero luego suspiró y cedió a la petición. Anduvieron alrededor de media hora caminando de nuevo, pero ya comenzaba a oscurecer y el bosque se teñía cada vez más en tinieblas.

Continuaron caminando hasta que se encontraron con algo que les llamó la atención. En medio del bosque se alzaba una gran cabaña. Se encontraba algo desolada y lúgubre. Una de sus ventanas estaba agrietada, a tan solo escasos centímetros de partirse a la mitad. En la puerta de madera había varios rasguños, como si un Pokémon intentara entrar a la fuerza, pero sin logro alguno.

—Tal vez podamos pasar allí la noche— propuso Ash, caminando hacia la cabaña.

—¡¿Qué?!— preguntó Serena, sorprendida—. ¿E-entrar allí?

—Sí— contestó Ash, deteniéndose.

—¡Me rehúso!— dijo Serena, cruzándose de brazos.

Ash arqueó una ceja, luego abrió los ojos, sorprendido.

—Ya veo— dijo, sonriendo—. No será que tienes… ¿miedo?—. Luego agitó los brazos, imitando a un Gengar.

—Ag, por favor— dijo desviando la mirada—. No tengo miedo, es sólo que…— miró a la cabaña de reojo y sintió un escalofrío recorrer su espalda— no creo que sea una buena idea.

—Si tú lo dices— dijo el pelinegro levantando las manos—. Sólo que dentro de algunas horas oscurece y tal vez haga más frío, pero si es tu elección… —. Dio algunos pasos, llevando sus manos a la espalda—. ¡Ah!, sin mencionar a los Pokémon tipo oscuro que han de aparecer.

Ash se dirigió hacia la cabaña, riendo entre dientes y mirando a la chica con el rabillo del ojo. Serena seguía con los brazos cruzados, mirando hacia otro lado, pero al ver al chico alejarse no tuvo otro caso que rodar los ojos e irse junto a él.

Tocaron la puerta dos veces, Ash giró la perilla al ver que no hubo respuesta. La puerta se abrió acompañada de un chirrido espantoso. Ash y Serena se miraron y luego se encogieron de hombros.

El lugar estaba completamente vacío. Serena intentó encender la luz presionando el interruptor, pero no dio buenos resultados. La sala estaba completamente a oscuras: los muebles estaban desordenados, rasguñados o rotos. Uno de los estantes estaba tirado al piso y sus vidrios estaban esparcidos a su alrededor. Las sombras de los árboles proyectadas a la pared daban un toque tétrico al lugar.

Serena miraba el lugar, recelosa, cuando algo le tocó el hombro y dio un salto hacia delante, soltando un chillido.

Cuando se giró, Ash estaba frente de ella, aguantando una carcajada.

—¡ASH KETCHUM!—Se quejó, lanzándole una piedrita sacada del suelo.

—L-lo siento— se disculpó tapándose la boca, aguantando su risa—. No creí que ibas a asustarte tanto.

—¡No me asusté!— vociferó—. Sólo que… me tomaste de sorpresa, ¡es todo!

—Sí, sí— dijo haciendo caso omiso con su mano—. Ahora solo quiero saber qué pasó con esta cabaña.

—¿No es obvio? Fue abandonada y con el pasar del tiempo los Pokémon lo usaron como hogar. Ahora podemos irnos— dijo Serena empujando al chico hacia la salida.

—No— negó Ash poniéndose duro—. ¿No te pica la curiosidad? Investiguemos un poco.

Ash miró a su alrededor detenidamente, buscando algo que le llame la atención. Serena suspiró y decidió sentarse en uno de los sofás, pero apenas hizo contacto, el mueble se rompió en pedazos.

—¡Serena!— gritó Ash, corriendo junto a ella—. ¿Qué pasó?

—No estoy segura— dijo friccionándose el trasero—. Me senté en el sofá y luego se deshizo.

Pikachu arqueó las cejas al ver los pedazos rotos. Bajó rápidamente y entre las almohadillas sacó una hoja.

—¿Qué es eso amigo?— preguntó Ash al ver la hoja en el hocico de la rata eléctrica.

En el momento que estuvo a punto de sacar la hoja, algo rápidamente se interpuso en medio y arrancó la hoja.

—¡¿Pero qué?!— preguntó el pelinegro sorprendido.

Un gran Pokémon se encontraba a su izquierda, mirándolos fijamente. Su piel era liza y de color marrón. Tenía enromes garras filosas que sobresalían de sus tres dedos. Sus dientes, afilados como sierra estaban puestos verticalmente. Sus ojos penetrantes no dejaban de verlos seriamente. Lo que más intimidaba del Pokémon eran sus dos enormes cuernos que se asemejaban a pinzas.

—¡¿Qué es eso?!— preguntó Serena, escondiéndose detrás del chico.

—Es un Pinsir— dijo Ash seriamente—. Y no se alegra de vernos. ¡Pikachu!

La rata eléctrica se colocó en medio de ellos, listo para pelear.

El Pinsir castañeó sus pinzas y lanzó un gruñido extraño. Se lanzó directo a Pikachu con sus pinzas listas para cortar. Pikachu saltó rápidamente, esquivando con facilidad el ataque de su contrincante, luego lo golpeó con Cola de Hierro, provocando que Pinsir impactara en el suelo con estruendo.

El Pokémon de tipo insecto se recupera rápidamente y usa Agarre, haciendo fricción sobre la espalda de Pikachu, luego lo lanza hacia la pared.

—¡Pikachu, usa Ataque Rápido!

Pikachu comienza a correr a gran velocidad impactando contra Pinsir, este recibe el impacto con gran estruendo, pero sujeta a la rata eléctrica. Pikachu forcejea intentando escapar del agarre de su contrincante, pero Pinsir lo manda volar hacia un lado con Mega puño.

Pikachu sale disparado hacia la izquierda, pero logra detenerse hincando los píes en el suelo, Pinsir lo sorprende apareciendo frente de él, preparado para atacarlo con Tijera X.

—¡Pikachu, Bola Eléctrica!

Pikachu salta hacia atrás, evitando el ataque del Pinsir y luego lanza una Bola Eléctrica, que da de lleno a la boca de su oponente. Pinsir cae al suelo de espadas, pero logra levantarse a dura penas.

—¡¿Aún puede seguir luchando?!— preguntó Serena sorprendida.

—Este Pinsir es muy fuerte para ser uno salvaje— dijo Ash seriamente—. ¿Qué exactamente está pasando aquí?

Pinsir estaba a punto de atacar, cuando perdió el equilibrio y cayó al suelo, ya exhausto.

—Pinsir, descansa— dijo una voz detrás de ellos.

Ash y Serena giraron. En frente de la puerta se encontraba un hombre de aparentemente veinticinco años. Era bastante alto, su cabello color verde estaba cortado al rape. Usaba una musculosa blanca. Un pantalón de camuflaje y unas botas negras que le llegaban hasta las rodillas. En su cinturón había tres Pokébal sujetas y al lado de ellas había una navaja suiza posada horizontalmente. En su cuello una pequeña piedra colgaba ayudada de un hilo.

—¿Quiénes son ustedes?— preguntó el hombre seriamente.

—Eso iba a preguntar— dijo Ash mirándolo recelosamente—. ¿Por qué nos atacaste de la nada?

El hombre observó detenidamente a Ash y a Serena. Encaró las cejas al ver el sofá hecho pedazos.

—Ése sofá era de mi padre— dijo señalándolo, o al menos lo que queda de él.

—L-lo siento— se disculpó Serena, apartándose un poco de los pedazos—. En mi defensa… ya estaba en mal estado antes de que viniésemos.

—Creo que necesitamos hablar— dijo el hombre bajando su mochila al suelo—. ¿Les gusta el té?

Ash y Serena se miraron arqueando las cejas, luego se encogieron de hombros. El chico les invitó a tomar asiento mientras él preparaba un poco de té. Ash estaba sentado con los brazos cruzados, mirando al chico dubitativamente, Serena por su parte estaba algo apenada por haber roto el sofá, pero decidió no prestarle atención.

—Supongo que son entrenadores, ¿no?— preguntó el hombre bajando la tetera en la mesa de madera—. Me asombra que haya entrenadores merodeando el bosque hoy en día, ¿no se enteran de nada?

—Estamos al tanto— dijo Ash rascándose la cabeza.

—Realmente son interesantes— prosiguió sonriendo, acariciando su mentón pensativamente—. Hace dos años que no veo entrenadores por los alrededores, los que vienen o son muy tontos para entrar o muy valientes.

—Supongo que somos ambos— dijo Serena riendo nerviosamente.

—Mi nombre es Trevor— se presentó sonriendo—. Lamento la brusquedad de mi amigo, es un poco… escéptico.

Trevor señaló a Pinsir con su pulgar, el cual estaba atrás, mirando a Ash y Serena seriamente en una esquina, con los ojos entrecerrados y sus pinsas castañeando.

—¿Un poco?— preguntó Ash algo intimidado—. ¿Seguro que no muerde?

—Trevor, esta cabaña, ¿es tu casa?— preguntó Serena, curiosa.

—Lo era— contestó sonriendo nostálgicamente—. Hace ya bastante tiempo.

—Entonces, debes saber qué pasó con el bosque— dijo Ash emocionado—, el porqué los Pokémon de los alrededores se volvieron tan agresivos.

Trevor negó con la cabeza.

—Estoy igual o más perdido que tú, chico. He estado fuera de casa por mucho tiempo— miró a Pinsir, el cual seguía igual de receloso que antes—. Desde que entramos al bosque, Pinsir ha estado actuando realmente raro.

—Ya veo— dijo pensativamente—. Al entrar me di cuenta que algo andaba mal.

—Trevor, cuando me senté en el sofá y se hizo pedazos— dijo Serena sacando una hoja de su bolsillo— encontramos esta hoja de papel, ¿qué es exactamente?

Trevor cogió la hoja y le echó una hojeada, luego la dejó en la mesa.

—N-no es nada.

En ése momento, Pisnir se puso a la defensiva, mirando a las ventanas seriamente. Pikachu saltó a la mesa, con las mejillas chispeando.

—Oh no— dijo Trevor levantándose rápidamente.

—¿Qué sucede?— preguntó Ash imitando la reacción del hombre.

Una extraña niebla comenzó a traspasar las ventanas y paredes, apoderándose de la sala.

—Trevor, ¿qué es esto?— preguntó Serena, asustada.

La niebla comenzó a arremolinarse en un punto y una risita se escuchó alrededor de las paredes, varios Pokémon de tipo fantasma comenzaron a atravesarlas, acercándose a la niebla.

—Trevor— dijo Ash seriamente.

Trevor miró seriamente a la niebla, el cual comenzó a tomar forma: unos ojos afilados y completamente blancos comenzaron a flotar y una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en el aire.

—El espíritu del Bosque Verde— dijo Trevor seriamente.

El espíritu comenzó a reírse, acompañado de los Pokémon a su alrededor y Ash sintió que estaban perdidos.

Continuará…

¡¿Qué tal familia?! He vuelto después de mi largo letargo.

Lamento mucho la tardanza, pero es que tuve que atender varias cosas antes de poder volver a publicar un capítulo, pero bueno, pude encontrar un pequeño hueco en mi horario y lo he aprovechado para escribir.

Espero el capítulo sea de su agrado y dejen reviews por favor. No sé si hice bien o no este capítulo, ustedes lo juzgaran. Haré todo lo posible por no tardar en subir el otro.

¡Nos vemos!