Hola lectoras, bueno aquí el cap. 10, perdon por la tardanza es que por el regreso a clases no e podido escribir ademas de que andaba muy corta de seso(inspiracion), bueno sin mas que decir ¡lean y disfruten! ;D


Al día siguiente los guardianes se levantaron por unos gritos en la habitación de la pelinegra, alarmados tomaron sus armas y entraron lo más rápido posible, vieron que la chica estaba dormida y se movía diciendo algunas cosas.

- No... Por favor no lo hagas...Por favor, ¡AAAHHH! — dijo la chica con un tono de miedo, los guardianes se le acercaron para calmarla, pero ella tomo con sus dos manos el brazo del peliblanco y lo arrojó al suelo (C/A: Que reflejos XD), los guardianes solo se empezaron a reír, especialmente Bunny, mientras que Jack se estaba sobando la espalda, la chica inmediatamente se levantó.

- ¡Y ustedes que hacen aquí! —grito eufórica la chica, los demás apenados salieron los más rápido posible, la chica noto que el joven guardián estaba tirado en el suelo.

- Levántate holgazán, y no me obligues a sacarte a patadas de aquí —grito la chica roja de furia, el guardián se levantó lo más rápido que pudo y salió huyendo.

La pelinegra se calmó un poco, se levantó, tendió su cama, se colocó su ropa limpia y bajo las escaleras para poder desayunar algo, ya que se moría de hambre.

- ¿Por qué no comen algo? —pregunto la chica a los presentes que se encontraban sentado en un gran comedor redondo.

- Porque no hay nada en el refrigerador —gruño Bunny.

- Mmm... y ¿si lo abro ahora? —dijo la pelinegra que abrió el refri y ante los ojos de todos aprecio comida para cada uno, los guardianes se pararon y fueron por lo que más les apeteciera.

En la cueva...

Luna se encontraba en una tipo de "biblioteca" con un montón de libros, para ser verdad, aunque las hadas fueran malvadas les gustaba coleccionar información, ella se encontraba sentada en un sillón rojo leyendo sobre historias de los guardianes y por supuesto Pitch, encontró una historia que le pareció muy interesante.

—"Cuenta la leyenda que Pitch Black, el rey de las sombras, durante la edad oscura se enamoró de una mortal llamada Dalia al verla cuando creaba algunas pesadillas a los infantes de su casa, la chica se maravilló con las historia que le contaba cuando la visitaba que se enamoró de él, después de un tiempo se casaron y Dalia se convirtió en la reina de las sombras, escapo de su casa y se fue a vivir a la guarida de Pitch. Pasaron los años y nació la primogénita de la pareja a la cual llamaron Seraphina, la pequeña princesa no tenía nada en común con su padre, si no que a ella le encantaba la naturaleza y así no podre no le gustaba eso, cuando cumplió 18 años, Seraphina se convirtió en guardiana de la tierra y se enfrentó a su padre Pitch, derrotándolo y encerrándolo en su guarida, desde entonces ellos jamás se han vuelto a ver ni hablar. Años después nació Melissa, la segunda hija de Pitch que se parecía a su padre en si físico, menos en su piel, y en su maldad pura, la chica al cumplir 13 años fue enfrentada por su hermana mayor, Seraphina no quería lastimarla pero la derroto y la dejo caer en un profundo sueño. Dicen que quien la logre despertar, arruinara el mundo entero y la tierra entrara en una nueva era oscura, que ni los guardianes podrán vencer" —cuando la peliblanca termino de leer eso se horrorizo tanto, por eso ella debía impedirlo a toda costa, no quería poner en peligro a todos los guardianes, menos a Jack, así que ella tendría que luchar sola así tuviese que sacrificar su vida para terminar su misión.

Con los guardianes...

El joven guardián estaba sentado en la orilla de la ventana de su habitación pensando si Luna estaría bien, le preocupaba su estado, Jennifer pudo leer sus pensamientos y entro en donde se encontraba.

- Se en lo que estás pensando — dijo la pelinegra.

- Y si sabes, entonces ¿Qué estaba pensando? —indico el peliblanco viéndola con una mirada retadora.

- Estabas pensando si Luna está bien, y además sé que estás enamorado de ella —respondió la chica con lo que hizo que el chico volteara sorprendido.

- Sí, pero, ¿Qué tal si le digo mis sentimientos y no siente lo mismo? —expreso el chico con una mirada triste.

- Claro que le gustas, y no debes tener miedo en decírselo, pero si terminan como novios y le rompes el corazón, te juro que te doy una paliza –dijo la chica burlonamente.

- Está bien pero por ahora tregua —expreso el chico extendiendo su mano.

- Tregua...— dijo Jennifer estrechando su mano amablemente.


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