El corazón roto de Scorpius:
-Hola, Rose. -le dijo a su amiga cuando la encontró en la biblioteca. Se sentó a su lado y sacó el libro de Pociones, no era su fuerte. Rose lo miró de reojo y sonrió.
-¿Necesitas ayuda?
-No, no, la sacaré.
-Vamos, Scorpius, pedir ayuda de vez en cuando está bien. -dijo Rose, apartando su redacción para Runas Antiguas. Scorpius bufó y Rose se asomó sobre su libro.- Esto es fácil, déjame la pluma.
Rose cogió la pluma de Scorpius y cuando iba a escribir sobre su pergamino, apareció Lucas Finnigan y le tapó los ojos. Rose sonrió y tocó las manos de su novio, soltando la pluma de Scorpius que cayó sobre la mesa.
-¿Quién soy? -le preguntó al oído Lucas. Rose se puso colorada y Scorpius apartó la mirada de la pareja.
-Lucas, pensé que ibas a estudiar para Transformaciones hoy. -le dijo Rose a su novio, cuando ya le destapó los ojos.
-Iba a... Pero me acordé de ti. -dijo Lucas, sonriendo.- ¿Me acompañas al jardín? -le preguntó ofreciéndole su mano.
-Pero... Scor... -le dijo Rose a su amigo. Él la miró y ella sonrió.- ¿Te importa? Prometo que vuelvo en un rato.
-No pasa nada, Rose. Nos vemos mañana. -dijo Scorpius.
-¿Seguro? -preguntó Rose.
-Sí, tranquila.
Rose cogió la mano de Lucas y se marchó riéndose con él. Scorpius bufó, cerró su libro de Pociones y minutos más tarde se marchó a buscar su escoba.
El corazón roto de Rose:
-Lleva dos días sin salir. -les dijo la compañera de habitación de Rose a Scorpius y a Albus, que habían conseguido pasar por el retrato de la Señora Gorda y subir hasta la habitación de la pelirroja.
-Gracias, Lory. -le dijo Albus. La chica desapareció y Scorpius tocó a la puerta de la habitación de Rose.
-Ey, Weasley. Abre la puerta. -le dijo Scorpius. Pero no escucharon contestación desde dentro, así que Scorpius volvió a golpear la puerta con los nudillos.
-Vamos, Rose, sabemos que estás ahí y que nos escuchas. Abre la puerta. -pidió Albus. Más silencio.
-Pues abro yo. -dijo Scorpius, calmado, abriendo ya la puerta. Los dos dirigieron la mirada hacia la única cama ocupada en la habitación. Ahí estaba Rose, con su pijama, los ojos rojos y un moño malhecho. Estaba sentada sobre la cama, frente a ella su varita y el libro de Encantamientos.
-Me encuentro un poco mal. Mejor que salgáis si no queréis que os contagie.
-No nos mientas. -le pidió Albus, desde la puerta.
-Si te encuentras mal mejor que llamemos a tus padres, ¿no? -dijo Scorpius. Rose enarcó una ceja.
-No te hagas el gracioso, Malfoy. -le pidió Rose. Albus y Scorpius intercambiaron una mirada y luego los dos se fueron a sentar, cada uno a un lado de Rose.- Estoy bien, de verdad...
-El que no está tan bien es Finnigan... -dijo Albus.
-La señora Pomfrey no fue capaz de sacarle el sarpullido de la cara. ¿Cómo hiciste ese encantamiento?
-Y Hugo no ayudó atacándolo con el Tragababosas de tu padre. -le dijo Albus. Rose soltó una risita, apoyó la cabeza en el hombro de Albus y cogió la mano de Scorpius entre las suyas.
-Gracias... -les dijo Rose, con los ojos llenos de lágrimas de nuevo. Albus y Scorpius la abrazaron. Al día siguiente Rose salió de su habitación con la cabeza bien alta.
