La madre de Scorpius:
Draco Malfoy y Scorpius aquel día parecían una fotocopia. Ambos en sus trajes negros, con el pelo rubio perfecto y los ojos mudos. Se acercaron a la tumba rodeada por dos mujeres ya. La Tía Daphne y su hija, Valerie la pelirroja, ya estaban allí. Al verlos ambas los abrazaron.
-Os dejamos solos. -dijo la Tía Daphne.- Os esperaremos y vamos todos a comer a casa, ¿vale?
-Daphne, nosotros... -dijo Draco.
-No, Draco, hoy no hay excusa que me valga. -lo interrumpió su cuñada. Le acarició el hombro y las dos mujeres dejaron a Draco y Scorpius frente a la tumba de Astoria Malfoy. Draco puso una mano en el hombro de Scorpius y los dos fijaron la mirada en el nombre de la mujer.
-La echo de menos. -le confesó Scorpius.
-Y yo. -dijo Draco.- Muchísimo. Vamos a estar bien.
-Sí, eso no lo dudo. -le dijo Scorpius, forzando una sonrisa.- Vamos a comer con la Tía Daphne.
-Sí, vamos. Adiós, Astoria.
-Adiós, mami.
La madre de Rose:
-Hola, cariño. -le dijo Hermione a su hija cuando llegó del Ministerio y la encontró en la cocina de su casa. Se dieron un beso en la mejilla. Hermione tiró su bolso encima de la mesa y se sacó los tacones para dejarlos en una esquina.- Estos zapatos me matan.
-Desventajas de querer ser Ministra de magia. -le dijo Rose. Hermione rodó los ojos.
-¿Tu padre y Hugo?
-Fueron a ayudar al Tío George en la tienda.
-¿Y por qué no has ido?
-No estoy de humor. Estoy esperando una carta de Scorpius.
-¿Una carta importante? -preguntó Hermione, sentándose en frente a su hija, mientras se sacaba la chaqueta del traje-pantalón que llevaba aquel día.
-Hoy hace cuatro años que se murió la Señora Malfoy. -dijo Rose. Hermione suspiró y apretó los labios.- Está bien, pero es un día duro para él.
-Lo entiendo. Mándale nuestros ánimos.
-¿Nuestros?
-Sí, de la familia, Rose.
-¿De papá también?
-Puede que a tu padre no les caiga muy bien los Malfoy. Pero no es una mala persona. -dijo Hermione.
-Lo sé. -dijo Rose, sonriendo.
-¿Qué quieres comer?
-¿Vas a cocinar? -preguntó Rose, sorprendida. Su madre la miró sorprendida, también. Luego cogió el teléfono.
-No, voy a llamar a un restaurante.
Las dos se rieron y decidieron juntas lo que iban a comer.
Esta vez un poco más agridulce.
Prometo que en el siguiente capítulo la cosa empieza a mejorar ;*
