Las lágrimas secas de Rose:
-Ya le dije, Señorita Weasley, no es necesario que se esfuerce tanto. -dijo Slughorn, entregándole un trabajo a Rose que nada más había recibido un Aceptable alto.- No es tan lista como su madre, pero no pasa nada, no todo el mundo es perfecto. -le dijo con una sonrisa.
Rose cogió su trabajo y lo miró intensamente. Todo el mundo la miraba, ella lo sabía y se había puesto tan colorada como su cabello. Toqueteó el suelo con la punta de su zapato, furiosa, humillada. Sentía las ganas de llorar, las sentía quemándole los párpados. Hasta que Scorpius rompió la pata de la banqueta de Anthony Fincher de una patada, su compañero de caldero con Albus. Éste cayó al suelo después de emitir un grito e hizo que todos sus compañeros y el profesor centraran ahora la atención de él y no más en Rose.
-¡Señor Fincher! -gritó alarmado Slughorn, corriendo hacia él. Todo el mundo lo rodeó, menos Rose que aprovechó para coger sus cosas y marcharse de clase.
-Señor Slughorn, tengo que ir al baño. -le dijo Scorpius, entre todo el griterio y risas de sus compañeros.
-Espere un momento, por favor.
-Pero la clase ya ha acabado, señor.
-¡Vaya, entonces! -gritó Slughorn, señalando la puerta y centrando su atención de nuevo en Anthony Fincher, que seguía en el suelo de la vieja aula de Pociones.
Scorpius corrió hacia la puerta, salió al pasillo y miró a los dos lados, buscando el rastro de Rose. Ésta ya no estaba ni en el pasillo, así que tuvo que arriesgar y salió en dirección a los cuartos de los estudiantes de Hufflepuff, pues sabía que no iría hacia su cuarto si no quería ser vista. Y se paró delante de la puerta del baño de chicas del siguiente pasillo. Asomó la cabeza y dio gracias a Salazar Slytherin que los lavabos estuvieran vacíos.
-¿Rose? Vamos, sé que estás aquí. -dijo Scorpius, entrando en el baño. Las puertas a uno de los retretes estaba cerrada y Scorpius se acercó a ella, pidiendo que fuera Rose la que estaba dentro. Golpeó la puerta con los nudillos.- Vamos, Weasley, sal de ahí. -escuchó un débil sollozo y supo que era ella. Así que empujó un poco la puerta, pero ella había pasado la cerradura.- Rose, me sentaré a esperar aquí. Pero no tardes mucho, por favor.
Scorpius caminó hacia los lavabos y se sentó sobre la encimera de uno de ellos. Balanceó las piernas mirando fijamente la puerta tras la que estaba Rose, hasta que escuchó el pestillo de la puerta abrirse. Saltó de su sitio y caminó hacia la puerta. La empujó un poco y tras ella encontró a Rose con su trabajo en la mano, las mejillas mojadas y la mirada clavada en sus zapatos.
-Solo soy un aceptable alto. -dijo ella, sin levantar la mirada, enseñándole su trabajo. Scorpius ni lo cogió.
-No opino lo mismo. Para mi eres un Excelente altísimo. -dijo él, con una sonrisa de lado.
-Mentira. Ya has oído a Slughorn, no todo el mundo puede ser perfecto.
-Ya, pobre tu madre, le ha tocado una hija perfecta. Y pobre tu padre, un poco entiendo que esté tan celoso. Intentar proteger a una pelirroja perfecta no debe de ser fácil. Aunque, claro, ella se protege solita. ¿No?
-Lo intento... -dijo Rose, sin levantar la mirada.
-Rose no le hagas caso. Es un viejo senil. -dijo Scorpius. Rose asintió, sin mirarlo. Scorpius tiró de uno de sus brazos para hacerla chocar contra su pecho y abrazarla fuerte. Rose agradeció aquello abrazándolo por el pecho y pegando su cara a éste. El rubio acarició los rizos sedosos de la pelirroja y dejó dulces besos en su mejilla hasta que dejó de llorar.
Las lágrimas de Scorpius:
"¿Dónde está tu mamá, Malfoy?"
Las palabras de Lucas Finnigan penetraron en lo más profundo de Scorpius Malfoy, que decidió que era una buena idea empezar una guerra al más estilo muggle sobre las escobas en medio del partido de Quidditch que enfrentaba a Ravenclaw con Slytherin. Menos mal que ninguno de los dos estaba a mucha altura, pues terminaron cayendo de sus escobas y haciendo que todos sus compañeros corrieran hacia ellos. Algunos a intentar separarlos y otros a unirse a la batalla, como hizo Albus Potter que no dudó en acudir a la ayuda de su mejor amigo.
Las gradas estaban repletas de alumnos, padres e importantes ojeadores de Quidditch, pues era uno de los partidos clasificatorios para la final, donde ya esperaba Gryffindor. Slytherin iba ganando, hasta que Malfoy atacó a Finnigan. El partido se paró y profesores, padres y alumnos saltaron a la pista para parar la pelea.
Entre los primeros en pisar el campo fueron Harry, Ron y Neville, que, desde la grada de los profesores, habían decidido reunirse a disfrutar del partido. Seamus Finnigan y Draco Malfoy estaban entre los presentes también. Los Potter y los Weasley tampoco faltaban a la cita.
-¡Albus, suéltalo! -gritó Harry, separando a su hijo de un alumno de Ravenclaw, con la ayuda de James que llegó junto a su hermano de los primeros.
-¡Ey, Malfoy! -gritó Ron, separando al rubio de Lucas.
-Malfoy, ¿qué haces con mi hijo? -le gritó Seamus a Scorpius, apuntándolo con la varita.
-Baja la varita, Seamus. -ordenó Ron.
-Que seas el marido de la Minis...
-Baja la varita. -repitió Ron, a lo que Seamus obedeció, poniéndose ante su hijo que parecía avergonzado.
-¿Se puede saber a qué se debe este espectáculo? -preguntó Neville, enfadado. Justo en ese momento Rose llegó al lado de su padre y su novio.
-¡Malfoy me ha atacado, Longbotton! ¡Todos lo han visto! -gritó Lucas, señalándolo.
-Es Profesor Longbotton. -lo corrigió Neville, ganándose una mirada de burla por parte de Seamus que decidió ignorar.- Malfoy.
-Preguntó por mi madre. -dijo él, lleno de ira, todavía. Draco que acababa de llegar tomó aire profundamente y recordó como él había preguntado por la madre de Harry y de los Weasley. Dio un paso atrás.
-Finnigan, ¿es eso cierto? -dijo Neville.
-Yo lo he escuchado, profesor. -dijo Valerie, prima de Scorpius y cazadora del equipo de Slytherin.
-Y yo. -la apoyó Albus. Todos los Slytherin afirmaron haber escuchado a Lucas, fuera cierto o no.
-¡Qué raro, todo su equipo! -dijo Lucas Finnigan.
-Yo también lo escuché. -intervino Molly Weasley, capitana del equipo de Ravenclaw y cazadora. Todos la miraron sorprendidos.
-Slytherin pasa a la final de Quidditch. -sentenció Neville.- Cien puntos menos para Ravenclaw y cincuenta menos para Slytherin. La pelea no es la manera de solucionar nada, señor Malfoy. Señor Finnigan, al despacho de McGonagall.
-Iré con él. -dijo Seamus, ya no tan seguro de si mismo. Los dos Finnigan caminaron tras Neville, que ordenó que todo el mundo se fuera a sus respectivas salas comunes. Los Ravenclaw le dedicaron feas miradas a Molly Weasley, que se permaneció con una mirada orgullosa y el mentón bien alto.
-¡Ey, ojo con mi sobrina! -le dijo Ron a un chico de su casa que pretendía decirle algo a Molly.- James, te quedas de encargado, cuida a Molly.
-Sí, padrino. Vamos, esquirola. -le dijo James a su prima, pasando un brazo por sus hombros.
-Tranquilo... -le susurró Rose a Scorpius, apoyada en su hombro. Él seguía apretando los puños y tan colorado como furioso. Ron los miró de reojo y le hizo un gesto a su hija para que se lo llevara de allí. Rose asintió y tiró de la mano de Scorpius que la siguió hasta un pasillo desierto de los vestuarios del campo del Quidditch.
-No lo soporto más, no puedo... -dijo Scorpius, golpeando con el puño cerrado la pared. Rose se tapó la boca con las manos.
-Lo siento, es mi culpa, Scorpius...
-No es tu culpa. -la interrumpió él. Apoyando los brazos contra la pared y respirando agitadamente todavía. Rose puso una mano sobre su espalda y le dio un beso en el hombro. Rose vio una lágrima correr por la mejilla de Scorpius. No dijo nada. Minutos después, Scorpius la abrazó llorando. Rose lo consoló en silencio. No hacían falta palabras.
Tengo que confesar que este fue uno de los capítulos que más me gustó escribir. No me preguntéis porque...
Nos vemos prontito ;*
