La herencia de Draco:

Albus estaría escondido tras alguna columna solitaria del colegio con su prima, Valerie. No quería saber lo que estaban haciendo, prefería vivir en la ignorancia de aquel tema. Rose estaba entrenando a su equipo de Quidditch de Gryffindor. Y él estaba en la Sala Común de Slytherin, solo, leyendo tranquilo. Hasta que unos alumnos de cuarto entraron riéndose.

-¿Qué os pasa? -les preguntó molesto Scorpius a aquellos adolescentes. Ellos rápidamente se acercaron a él.

-Tenemos nueva profesora de Encantamientos y está buena. -dijo uno de ellos. Scorpius rodó los ojos y bufó.- Viene a ver la Sala Común ahora. Ya la verás.

Efectivamente, dos minutos después una mujer de pelo largo y negro entró en la Sala Común de las serpientes. Vestía un vestido por encima de las rodillas, con escote, ajustado y verde que le quedaba muy bien. Era bonita, por supuesto, pero su mirada inspiraba desconfianza. Al verlo abrió la boca y se quedó mirándolo sorprendido.

-Disculpa, ¿quién es usted? -le preguntó la profesora a Scorpius. Éste se levantó y le estrechó la mano.

-Scorpius Hyperion Malfoy, profesora. Soy el Premio Anual este año. -dijo el rubio. La profesora sonrió de lado.

-Pansy Parkinson, un placer, Scorpius. -dijo ésta, sonriendo. Scorpius reconoció aquel nombre, sabía el fugaz romance que su padre había tenido con aquella mujer.- ¿Sabes? Fui compañera de tu padre, te pareces mucho a él. Me encantará darte clase, estoy segura.

La profesora se marchó, dejando a Scorpius estupefacto y pensativo. ¿De verdad se parecía a su padre tanto? Miró el reloj durante cuarenta y cinco minutos, hasta que el entrenamiento de Rose terminó y entonces fue a su encuentro. Ella estaba casi en la puerta del castillo, hablando con su hermano, cuando lo encontró.

-Hola, Hugo. ¿Me dejas a tu hermana un rato? -le dijo Scorpius apurado a su cuñado. Éste sonrió y asintió.

-Te la puedes quedar para siempre. -dijo Hugo, contento.

-¡Termina la redacción de Pociones, Hugo! -le dijo Rose a su hermano pequeño mientras éste escapaba hacia el castillo.- ¿Qué pasa, Scor?

-¿Me parezco a mi padre?

-¿Qué?

-Que si me parezco a mi padre. Y no me mientas, Weasley.

-Cuando me llamas Weasley un poco sí. -dijo ella, molesta, levantando una ceja. Scorpius bufó y la volvió a mirar suplicante.

-Hablo en serio, Rose.

-No, Scorpius, no te pareces a tu padre más que en lo físico, eso no se puede negar. ¿Qué te pasa?

-¿Has oído que hay profesora nueva de Encantamientos? -preguntó Scorpius. Rose asintió.- Es una ex novia de mi padre. Y me he presentado cuando ella llegó a la Sala Común y me dijo que me parezco mucho a mi padre.

-¿Todo es por una profesora que salió con tu padre, hace cuánto? ¿Veinte años? ¿Crees de verdad que conoce a tu padre? O peor, ¿qué te conoce lo más mínimo? -dijo Rose, divertida. Su novio sonrió más tranquilo y ella le dio un beso.- ¿Te apetece merendar conmigo y con los elfos en... media hora?

-Está bien.

-Me ducho y bajo, ¿vale? -le dijo antes de darle otro beso corto.

-Vale. -le dijo mientras la pelirroja ya corría hacia la Torre de Gryffindor.

La herencia de Ron y Hermione:

-Está arriba. -le susurró Hermione a Scorpius, cuando lo recibió en la chimenea de su casa. Scorpius le sonrió y subió las escaleras lo más silencioso que pudo. Pasó por delante del despacho de los Señores Weasley, donde suponía que estaría trabajando su suegro y no quería que lo pillara entrando a hurtadillas en la habitación de su hija. Así que ni siquiera golpeó la puerta antes de entrar. Simplemente, entró, cerró la puerta tras él y suspiró.

-Por que poco... -se dijo en un susurro. Al girarse se encontró con Rose mirándolo sorprendida desde su cama. Scorpius le sonrió.

-¿Qué haces aquí? -le preguntó ella, levantándose para abrazarlo.

-Vengo de visita. -dijo Scorpius.

-¿De visita? -preguntó Rose, extrañada. Su novio asintió.- Mientes fatal.

-Tu madre me ha mandado una lechuza, dice que estás rara.

-Estoy bien.

-No te veo bien.

-No seas pesado, Scorpius. -se quejó ella, caminando de nuevo hacia su cama. Se sentó sobre ella y Scorpius se agachó delante de ella, con sus manos a los lados de sus piernas.- No me pasa nada. -dijo ella, poco convincente.

-Rose, por favor, cuéntamelo. -le suplicó Scorpius.

Ella bufó y sacó de debajo de su almohada una revista mágica clandestina que sacaban algunas chicas de Slytherin y Ravenclaw todos los años. Scorpius entendió todo tan solo al leer el titular de la portada. "Rose Weasley, la hija de la Ministra de Magia engañada por una serpierte". Valerie había advertido a Scorpius acerca de aquella publicación, decía cosas horribles de su relación y, sobre todo, cosas horribles sobre Rose.

Habían criticado todo de Rose. Todo. Sus rizos pelirrojos, sus pecas, sus ojos azules, la nariz respingona, su cuerpo, sus notas, su manera de ser, su condición de capitana de quidditch, de buscadora y de Premio Anual.

Cuando Scorpius volvió a mirar a Rose, ésta evitaba su mirada por encima de todo.

-¿Por qué eres tan insegura? -le preguntó Scorpius.

-La abuela dice que mis padres eran igual... -musitó ella.

-Rose, tienes que aprender a entender... te. Tienes que aprender querer... te. -dijo Scorpius, sorprendiéndola y haciendo que lo mirara de nuevo.- Me gusta todo de ti. Todo. Incluso cuando te enfadas y me insultas. Cuando te pones pesada con los estudios. Cuando eres sobreprotectora con tus amigos y tu familia. Rose, si a alguien no le gusta como eres, él se lo pierde. En serio. -dijo Scorpius, antes de sentarse a su lado y besarla. Beso que duró largos minutos, hasta que necesitaron aire.

-Gracias. -le susurró Rose.

-Si tu padre no estuviera al final del pasillo... -dijo Scorpius, dedicándole una mirada pícara. Rose se rió y le golpeó el hombro, antes de volver a besarlo.


Los niños se hacen mayores poco a poco y la historia está llegando a su fin...

Hasta la próxima ;*