El beso de la pelirroja:

Scorpius y Rose estaban tendidos sobre la cama de las mazmorras de Slytherin que el rubio ocupaba todo el año escolar. Uno al lado del otro, mirando al techo. Vestidos. Sí, totalmente vestidos. En aquel momento tenían otras preocupaciones más importantes que satisfacer sus deseos sexuales.

-Estamos a dos días de la graduación... ¿Qué vamos a hacer ahora? -dijo por fin Rose en voz alta lo que los dos llevaban pensando durante horas, incluso días.

-No lo sé... Podríamos casarnos y darle la primicia a Rita Skeeter. Con lo que nos dé podríamos vivir unos meses...

-Y matar a mi padre de un ataque al corazón.

-También...

-Mejor pensemos en otra cosa. Nada de la graduación, ni trabajo, ni padres... -le pidió Rose.

-¿Otra cosa? ¡Es nuestro futuro del que estamos hablando Rose! -dijo él, molesto. No podría pensar en otra cosa aunque quisiera.

-Venga... Scor... -le pidió Rose, acercándose un poco más a él. Pero Scorpius negó con la cabeza, Rose sonrió pícaramente y gateó por la cama de su novio hasta colocarse a horcajadas sobre él.

-Rose, por favor... -se quejó Scorpius, mientras Rose empezaba a quitarle uno a uno los botones de la camisa y su corbata estaba ya en el suelo.- Tenemos que ponernos serios con este tema... -dijo mientras Rose hacía que él subiera los brazos por encima de su cabeza.- No podemos... -dijo mientras ella se inclinaba sobre sus brazos. Y entonces besó su antebrazo izquierdo, sí, ese en el que relucía su tatuaje. Le besó de lleno sobre él.- Rose... -dijo en un suspiro y haciendo que la pelirroja sonriera al conseguir su cometido.

Rose siguió besando el cuello de Scorpius mientras él buscó en el bolsillo de su pantalón la varita e hizo -difícilmente- un encantamiento para cerrar la puerta del cuarto y que nadie los interrumpiera. Acto seguido dejó la varita en la mesilla de noche, agarró a Rose de la cintura y se colocó sobre ella, besándola en la boca. Rose rodeó con las piernas la cintura de Scorpius y él hizo que su miembro -ya despierto- chocara contra el sexo de su novia. Ésta gimió y Scorpius empezó con un sendero de besos desde su cuello hasta sus pechos, al tiempo que se deshacía de la camisa de Rose.

Queda de más decir que aquella tarde no decidieron su futuro.

El beso del rubio:

-¿Estoy bien así? ¿Segura? -le preguntó Scorpius nervioso a su novia. Ella se rió y asintió antes de darle un dulce beso en los labios.

-Guapísimo. -le dijo Rose.

-No me beses que van a llegar tus padres en cualquier momento. -se quejó él, mientras Rose le sacaba una pelusa de la chaqueta.

-Relájate. Solo es una pequeña fiesta. Además, tu padre está aquí también.

-No me compares... -le pidió él, nervioso. Rose se volvió a reír, pero cuando lo iba a besar él se separó. Ella se hizo la indignada y ahí empezaron una romántica pelea que no iba a ningún lado. Hasta que una fingida tos repipi los interrumpió, ambos miraron a la anciana de donde provenía. Los dos la miraron fijamente, serios. Scorpius buscó la mano de Rose y la atrapó entre la suya.- ¿Qué hace usted aquí, abuela?

-Es una fiesta en la que estaban invitadas las mejores familias mágicas. Lo que no entiendo es lo que hace tu amiguita aquí. -dijo Narcisa, mirando a Rose, que no bajó la mirada por nada del mundo.

-No es mi amiguita, es mi novia. -le dijo Scorpius, desafiante.- Y está invitada a la fiesta.

-He dicho familias mágicas. Eso no incluye a los sang...

-Abuela. -la interrumpió Scorpius.

-Deja que siga hablando, Scorpius. -dijo Hermione, sorprendiendo por la espalda a la pareja. La Ministra de Magia estaba muy guapa aquella noche, con su manga larga, por supuesto. Con ella llegaba Ron también, que puso una mano sobre el hombro de su hija.- Continúe, por favor.

-Por mucho que seas la Ministra de Magia, para mi sigues siendo la niña que gritaba en mi casa hace veinticinco años. -le dijo mordaz Narcisa.

-Lo sé bien, usted sigue siendo la misma persona que hace veinticinco años también. -le dijo Hermione, seria y como si el comentario de Narcisa no le hubiera afectado en lo más mínimo. En cambio Ron estaba rojo como su cabello.

-Madre, vamos. -interrumpió ahora Draco. Lo dijo enfadado al mismo tiempo que cansado. Narcisa lo miró a él con pena, nostalgia, demostrando lo mucho que lo echaba de menos. Cogió aire para decirle algo a su hijo, pero no fue capaz y se retiró.- Lo siento mucho. -les dijo Draco al matrimonio Weasley, que hicieron una mueca de que no pasaba nada. Pero Scorpius preguntó lo que nadie quería que preguntara.

-¿De qué hablaba la abuela, papá?

-De nada, Scorpius. Os recomiendo probar los aperitivos. Están exquisitos, ¿verdad, Ron? -dijo Hermione, cambiando de tema. Le sonrió a su hija y cogió la mano de Ron.- Vamos, Harry nos espera. Draco, vamos.

Los tres adultos se marcharon y Scorpius miró a Rose avergonzado.

-Perdón. -dijo el rubio. Ella sonrió.

-No entiendo porque me pides perdón.

-Es mi abuela.

-Da igual. -le dijo ella, elevando un hombro. Scorpius sonrió y levantó la mano de Rose que estaba unida a la suya, para dejar un beso en su antebrazo, donde ella tenía escrito Sangre sucia.


Odio a Narcisa y a Lucius, lo siento.