Recordatorio: Los personajes pertenecen a Meyer, la trama es mía.
Les pido de favor leer la nota.
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Aquellas dos esmeraldas la observaban detenidamente.
Trago saliva y observo a su alrededor en busca de ayuda. No había nadie cerca. Mike estaba hasta el otro extremo de la sala hablando animadamente con Jasper. Alice, no la veía por ningún lado, tampoco había rastro de Emmet.
Ni siquiera le costó mucho pensar donde estaría él. Era obvio. Y Ángela, ella… parpadeo varias veces para comprender lo que en verdad estaba pasando. ¡Su mejor amiga se estaba besando con Ben! Una tonta sonrisa se formo en su rostro y quiso acercarse a ella, pero con tan solo dar un paso, algo o más bien alguien la detuvo.
—¿Adonde crees que vas? — el dueño de aquella voz aterciopelada mantenía aferrado su brazo izquierdo.
—Yo…
—Tú, nada. — sonrió con aquella sonrisa que odiaba y quería al mismo tiempo, pensó Bella.
"¿Qué?" se grito mentalmente. ¿Acaso dijo querer…? ¡No! Mil veces no. Ese extraño ponche que bebió debió tener alguna sustancia que la hizo pensar en eso. Porque… era imposible, patético y denigrante que Bella pensara algo así por su propia mente sin ninguna sustancia toxica.
—¿Isabella?
Aquella voz aterciopelada la saco de sus divagaciones.
Edward rodo los ojos y sin pedírselo, la fue arrastrando hasta donde sea que él fuera. Cuando llegaron a las escaleras, rodeo con un brazo su cintura y fue guiándola hasta arriba.
Fue consiente como aquella mano bajo hasta su baja espalda, demasiado cerca de sus glúteos, y fingió no darse cuenta de que la mayoría de los invitados se quedaron observándolos.
Escalón que pasaban, esa mano iba bajando más. Bella estaba apunto de reclamarle cuando él, la subió un poco. Habían llegado a ese largo pasillo, donde al final estaba una puerta. Él la guio en silencio, y aquella mano volvió a su cintura.
—¡Bella!
Edward se detuvo, y ambos vieron como Ángela y Mike se acercaban a ellos.
—Ya nos vamos. —dijo Mike. —¿Te vendrás con nosotros?
Bella asintió apresuradamente y quiso soltarse del agarre de Edward. Más este, la apretó más contra él.
—Pero cariño. — Edward giro su rostro hacia ella y poso una mano en la barbilla de Bella. —Prometiste que te quedarías esta noche.
¡No! Quiso gritarle eso y muchas cosas más, pero calló al ver aquellas dos esmeraldas que con aquel brillo perverso le advertían de lo que él seria capaz si le desobedeciera.
Trago saliva y mirando a sus amigos, hablo tratando de sonar convincente.
—Lo siento, chicos. Olvide que me quedaría.
—Por eso le pediste a tus padres quedarte en mi casa ¿Verdad? — aquella mirada picara de Ángela jamás la había visto y Bella supuso que era por los tragos de ponche que bebió. —Hay Bella, solo me hubieras dicho y no hubiéramos venido Mike y yo a interrumpirles.
—¿Estas segura, Bells? —Mike pregunto.
—Vámonos Mike, diviértanse chicos. —soltó Ángela arrastrando a Mike hacia las escaleras.
Mike le dirigió la mirada, aun cuando ambos sabían que esto no era por algo que ella quisiera. Él no hizo nada para llevársela.
Bella observo como desaparecían al doblar aquella esquina. Y para su propia desgracia, ella comprendió que esa noche la pasaría con él.
Mike POV
Conducía por la desierta calle, escuchando –para mi sorpresa- los gemidos de Ángela y Ben. Era sorprendente, el hecho de que estuviera atrás de este volante, en vez de dar un giro y regresar por ella. Pero no, aquí estaba. Dentro del maldito coche. Y ella, con él.
Cullen, sea lo que sea que se proponga y a pesar de que quisiera ayudar a Bella… No puedo. Ella, tiene que estar con él o su reputación –en parte por mi culpa– se vería manchada.
Si tan solo no la hubiera llevado a ese lugar. Tal vez, ella no estuviera cerca de él.
Aunque una parte de mi, quiere creer que algo bueno saldrá de todo esto.
Bella POV
Él estaba hay de pie, mirándome tan silencioso que daba miedo moverme y romper este tenso silencio que se había formado entre nosotros. Quería levantarme, atravesar esa puerta e irme. Pero no, él mostraría pruebas de aquella fatídica noche. Y demonios, no podía permitir eso. Charlie me mataría.
Trague saliva y observe como él comenzaba acercarse. Desde que él –no muy amable- me había sentado en su cama. Él había retrocedido y me veía solo detenidamente, algo dentro de mí deseaba saber que estaba pasando por esa mente retorcida, la otra… pensaba que era mejor desconocer eso, tal vez, no me gustaría lo que él pensara.
Paso tras paso, él termino con esa distancia.
Sus piernas tocaban mis rodillas y él se fue agachando hasta acuclillarse y poner ahora sus manos en mis rodillas.
—Bella.
Le mire. Él estaba tan cerca, que si me agachaba un poco eliminaría la distancia y podría posar mis labios en los suyos…
—No me haz obedecido.
No conteste.
—Te advertí en el partido que no te acercaras a Black.
—Es un amigo.
"Deberías mantener la boca cerrada, Bella" me dije mentalmente. Su cuerpo se tenso, aquella expresión en su rostro cambio. Y era obvio que fue por lo que dije.
—¡Te prohíbo que le hables!
—No puedes decirme a quien…
Él llevo una de sus manos a mi boca.
—¡Cállate y obedece de una vez!
Él debería dejar de gritar o alguien subiría a ver que estaba sucediendo.
O bueno, lo dudo. Estábamos en una fiesta, difícilmente alguien vendría en mi rescate si yo comenzara a gritar. Porque tal vez ellos pensarían que él y yo estuviéramos teniendo…sexo.
¡Demonios! Mejor mantener la boca cerrada, ya era suficiente que todos abajo lo pensaran a tener que darles "pruebas" de lo que ellos pensaban que sucedía en esta habitación.
Él fue soltando mi boca, y se sentó a mi lado. Parecía desesperado, pasaba sus manos constantemente por su cabello. Esta actitud loca de él, debería de asustarme. Pero, en cambio, sentía la necesidad de calmarle, pasar esas manos por su cabello y dejar que él lo hiciera de esa forma. Esta manera de pensar, diablos, enserio...esos tragos de ponche me apagaron por completo mi cerebro.
—Bella.
Edward me miraba tan detenidamente que hizo que sintiera escalofríos.
—¿Cómo es…
Me quede observando esos ojos verdes, esperando a que continuara, mas el no siguió.
—¿Qué, Edward?
Él arqueo una ceja y me miro burlón
Evite rodar los ojos y espere a que mi mirada le dijera lo disgustada que estaba por tener que decirle eso.
—¿Qué, amo?
—Mucho mejor.
Imbécil…pensé.
—¿Por qué pensaste eso de mi esa vez?
Confundida, fruncí el seño y espere a que especificara. Lo había mirado tantas veces.
—Lo que dijiste por teléfono…
—Oh. — dije.
—¿Y bien?
Me encogí de hombros. —Yo, no se, supongo que creí conocerte. Pero, me equivoque.
—¿Te equivocaste? — él pareció no creérselo. —Estabas muy segura aquella vez que hablamos por teléfono.
—La gente cambia de opinión.
—Menos tú.
—¿Cómo puedes asumir eso, sino me conoces?
Ahora fue su turno de encogerse de hombros, sin contestarme, él fue levantándose y sentí frio al dejar de sentir sus manos en mí. Se alejó de nuevo y se giro contemplando aquel estante donde tenía cientos de discos.
Y ahora que dejo de observarle solo a él. Su cuarto era sorprendente, al igual de discos, él tenia docenas de libros esparcidos por los muebles y piso, y el ventanal que estaba aun lado de mi, daba una hermosa vista hacia los arboles iluminados por la luna.
—Algunas veces. — su murmullo me hizo verle de nuevo. —Quisieras… — calló y volteo a verme, negó hacia los lados y su expresión se endureció. Eso me confundía. —¿Sigues pensando que mis ojos tienen esa tristeza?
Estaba segura que me ruborice y él me lo comprobó al sonreír de aquella manera torcida.
—No creo que te importe lo que yo piense.
Él dijo algo que no alcance a escuchar, lo dijo tan bajo que por su mirada tan fría, supuse que no había sido nada a mi favor.
—Iré por unos tragos. ¿Quieres algo de cenar?
Me levante y antes de que pudiera dar un paso, él estaba caminando hacia mi.
—Tú. — recalco. —Te quedas aquí. —dijo él para después sentarme de nuevo tan "amablemente" e irse hacia la puerta.
—Supongo que no queda de otra.
—No. — Edward estuvo de acuerdo con ello. —Y deberías dejar de contestarme de esa manera, o empezare a implementarte castigos.
—¿Castigos? —solté. ¿Él acaso estaba loco?
Edward asintió. —Ya sabes, ese tipo de castigos que los amos le ponen a sus esclavas.
—¡Debes estar demente, si crees que yo dejare que me pongas la mano encima! —grite. Esto ya era demasiado.
—Aquí tú no puedes decidir nada esclava.
Su mano fue girando el picaporte de su puerta. —Y muéstrate más dócil a mi regreso.
Antes de que pudiera contestarle, él salió.
Maldito idiota. Evite aventar alguna de sus pertenencias hacia donde él había salido y trate de calmarle, no quería que después Charlie me arrestara por asesinato.
Y de repente, al mirar por su habitación.
Algo increíble se me ocurrió.
N/A: Bien, tal vez desilusione a muchas por la espera y por el capitulo, pero si me siguen leyendo y les ha gustado, os invito –de favor- pasar por mi perfil y darle click al link donde esta mi página de Facebook y darle "Me gusta".
También, si me sigues leyendo y esperas otra actualización.
Bueno, se me ha ocurrido que vosotras le den like a la foto que he publicado en mi página.
Soy yo ñ.ñ con eso espero ver cuantas personas me leen y eso me asusta, porque tal vez no sean muchas pero por esas pocas personas que le den like seguiré subiendo, ojala les haya gustado y nos leemos pronto por aquí. En la página avisare cuando publicare otra vez por aquí, espero sea muy pronto pero tengo otras historias.
Ojala pasen por mi pagina y me hagan saber si me siguen leyendo.
¡Saludos! Y os deseo un gran día.
