Vivir con papá:

-Los entrenamientos me matan... -se quejó Rose, dejándose caer sobre la cama de Scorpius en la casa de los Malfoy. La pareja y Albus habían empezado el entrenamiento como aurores hacía unas semanas y los tenía agotados. Scorpius se dejó caer a su lado también, mirando al techo. Él tenía mucho peor aspecto, ojeras, más pálido de lo ya habitual, ojos rojos.- Scorp, ¿estás bien? -le preguntó Rose, apoyándose en los codos sobre la cama para mirarlo mejor.

-Sí. -dijo él, sin mirarla.

-¿Es por lo que dijo el idiota de Lucas, verdad? -dijo Rose, haciendo que su novio la mirara.

Un hombre alto, delgado y de traje entró en la Academia de aurores. Venía en compañía de su padre, el señor Finnigan. Los dos caminaban con paso decidido y se pararon delante de Albus, que se encontraban con el resto de los aspirantes a aurores en un pasillo descansando. A su lado, claro, estaban Rose y Scorpius. Los tres los miraron expectante.

-Albus, venimos a hablar con tu padre. ¿Sabes dónde podemos encontrarlo? -le preguntó con amabilidad Seamus Finnigan. El resto de los aspirantes miraron seriamente a Albus. Le había llevado un par de semanas demostrar que estaba allí por sus propios méritos y no porque su padre fuera el Jefe del Departamento de Aurores. Y que ahora llegara Seamus tratándolo así y preguntando por Harry no ayudaba.

-El señor Potter estará en su despacho. -le dijo Albus, molesto. Seamus frunció el ceño.

-¿Señor...? -preguntó Seamus. Pero ahogó la pregunta al ver aparecer por el pasillo a James, que ya había pasado su entrenamiento como Auror.

-Señor Finnigan. -dijo James.

-Hola, James. Busco a tu padre.

-Sí, os acompaño a su despacho. -le dijo James, señalando con la cabeza el final del pasillo. Seamus entonces miró a su hijo.

-Vuelvo ahora. -dijo Seamus. Lucas asintió y Seamus se marchó con James. En cuanto James y Seamus desaparecieron, Lucas miró al trío con una sonrisa socarrona y las manos sobre las caderas.

-¿Ahora queréis ser aurores? ¡Que irónico, ¿no?! -dijo Seamus, burlón. Rose se levantó de su sitio y lo encaró. Era bastantes centímetros más pequeña que él, pero su altura no la asustaba ni mucho menos.

-¿Qué te pasa, Lucas?

-Me hace gracia, solo eso. Parece que vamos a ser compañeros. -dijo Lucas.

-Las pruebas para entrar en la academia han terminado. Tendrás que esperar un año. -le dijo Albus.

-Mi padre está hablando ahora de eso con el Salvador del Mundo Mágico. Entraré ahora. -dijo Lucas. Albus tuvo que apretar los dientes para no contestarle.- ¿Qué vas a hacer cuando traiga a tu papá y lo mande para Azkaban, Malfoy? -preguntó mirando al rubio, que había permanecido tranquilo hasta entonces. Scorpius se levantó agitado, Albus se levantó tras él para agarrarlo y Rose se interpuso en su camino hacia Finnigan.

Se armó un barullo general en el pasillo, hasta que un responsable llegó allí. Llevaba ya tantos años trabajando en el Ministerio que ya había dejado el uniforme de auror atrás, ahora solía ir a trabajar con una camisa con dos botones sueltos, medio metida por los pantalones y remangada. Llevaba el pelo revuelto y las manos en los bolsillos. Bajo su brazo llevaba una carpeta roja. Y los miraba sin entender.

-Se-Señor Weasley. -dijo Lucas al verlo. Ron paseó la mirada de Lucas a Scorpius y de Scorpius a Lucas lentamente mientras se acercaba a ellos a paso tranquilo.

-Buenos días. -dijo Ron, con una sonrisa de lado. Se estaba divirtiendo en el fondo.- ¿Qué te trae por aquí, Finnigan? ¿Distraer a los futuros aurores, que necesitan un entrenamiento duro y en máxima concentración pues van a ser los que te salven el culito en unos años? -dijo Ron. De fondo escuchó las risitas de los compañeros de su hija.

-Em... No, no, ¡cómo cree! -dijo riendo nervioso, pues Ron estaba cada vez más cerca de él.- Mi padre ha venido a hablar con Harry para que me incorpore a la clase.

-Señor Potter.

-¿Qué?

-Que no es Harry, es el Señor Potter. Un poco de respeto, ¿no? -dijo Ron. Rose sonrió de lado y Lucas tragó saliva.- ¿Y a qué clase quieres incorporarte?

-A esta, para ser auror.

No obtuvo mayor respuesta que una carcajada sincera de Ron. Se rió durante minutos en los que el resto de aspirantes a auror lo acompañaron, menos Scorpius y Rose. Todos pararon de reírse cuando llegó Harry con Seamus al pasillo, menos Ron que le llevó unos segundos recomponerse.

-Lucas, nos vamos. -dijo Seamus, llevándose a su hijo de allí. Harry se paró al lado de Ron, con las manos en los bolsillos y ambos miraron a Seamus marchándose con su hijo en medio de los nuevos aurores.

-¡Qué quiere ser auror dice! -dijo Ron con una voz aguda muy simpática y echándose a reír de nuevo. Harry sonrió también y los dos se marcharon hacia el despacho del jefe.

-¿Por qué le das importancia a lo que dice? -le preguntó Rose a Scorpius, apoyándose en su pecho.

-Porque todo el mundo lo piensa, toda nuestra clase sin ir más lejos. -dijo el rubio. Rose se sentó a horcajadas sobre las caderas de su novio, que la miró sorprendido y poniéndose colorado.

-Toda la clase piensa que entré porque papá es auror y, por si fuera poco, mamá la Ministra de Magia. Y que Albus entró gracias al Tío Harry. Y lo mismo le pasó a James y a Teddy. Pero sus compañeros terminaron olvidándolo y respetándolos. Harán lo mismo con nosotros. Y, sino, ¡qué demonios! Nos haremos compañía los tres, no necesitamos amigos. -dijo Rose, concentrada en su discurso, mientras que Scorpius se ponía más y más colorado.

Desde que habían empezado el entrenamiento de aurores no tenía tiempo con Rose, nada de tiempo juntos, más que en la Academia o en los entrenamientos. Y hacía tiempo que no estaban juntos, íntimamente hablando, claro. Por eso, la decisión con la que Rose hablaba y el pequeño detalle que estaba sentada sobre él, hizo que Scorpius se excitara un poco -un poco, bastante-. Así que terminó interrumpiendo el discurso de su novia, besándola apasionadamente.

Minutos más tarde era Scorpius quien estaba sobre Rose y con una mano sobre uno de sus pechos. Rose había enredado las piernas alrededor de la cintura de su novio y seguían con los besos húmedos, urgentes y pasionales. Hasta que el sonido de la Red Flu llegó desde el salón.

Prácticamente Rose había tirado a Scorpius de la cama y éste se puso de pie, arreglándose el pelo. Rose se colocó la ropa y se sentó en la cama.

-¿Scorpius? -preguntó Draco desde el salón. Scorpius se asomó a la puerta de su habitación, escondiéndose tras ella.

-Estamos aquí, papá. -dijo Scorpius, fingiendo bastante bien tranquilidad. Draco subió hasta la mitad de las escaleras donde podía ya ver a su hijo.

-¿Estamos? -preguntó Draco.

-Hola, señor Malfoy. -dijo Rose desde el interior de la habitación.

-Ah, hola Rose. ¿Te quedas a cenar?

-No, gracias. Ceno con mis abuelos, hoy. -dijo Rose, avergonzadísima.

-Está bien. -dijo Draco, antes de disponerse a bajar las escaleras. Scorpius iba a cerrar la puerta, pero Draco lo interrumpió.- La puerta, Scorpius.

-Sí, papá. -dijo éste dejándola entornada, pero sin cerrar. Scorpius se sentó al lado de Rose en la cama y los dos se miraron muertos de la vergüenza y colorados.- Lo siento.

-No pasa nada. -le dijo ella, sonriendo y dándole un beso en la mejilla.- ¿Mañana vienes a dormir a casa?

-Sí.

-Bien.

-Bien.

Vivir sola:

Ron Weasley vivía en una eterna tensión, pues pasaba por delante de la habitación de su hija y no solo la veía vacía, sino que sabía que no la podía controlar en su nuevo apartamento. Así era Rose, cumplió diecisiete y se puso a buscar un apartamento, hasta que encontró uno a buen precio y de calidad en Hogsmeade y abandonó el nido familiar.

Rose estaba contenta, visitaba a sus padres dos o tres veces por semana para tomar el té, además de verlos todo el tiempo en el Ministerio de Magia, pero luego llegaba a su casa y podía hacer lo que quisiera. Pasar el día en pijama, o sin él. Cocinar a horas extrañas, probar todas las recetas culinarias de su abuela... Y sobre todo, tenía un visitante continuo en esa casa.

Así como había llegado la noche anterior Scorpius a su casa llegaba muchas veces. Y ahora ella acariciaba el brazo de Scorpius que cubría su bajo vientre, mientras él seguía durmiendo a su lado. Rose era de esas personas que les gusta estar despiertas en la cama largos periodos de tiempo. Pero si estaba acompañada quería, como mínimo, conversación. Así que empezó con la beso-terapia para despertar a su novio. En la cara, el la espalda desnuda, los brazos, la cara de nuevo... Él se limitó a sonreír cuando fue consciente de lo que pasaba.

-Intuyo que quieres algo, Weasley... -le dijo Scorpius, medio dormido sobre la almohada, mientras Rose seguía su reparto de besos por el cuello.

-Quiero café, Malfoy.

-Estás en tu casa, tú deberías invitarme.

-Pero a ti el café te sale más rico... -se quejó ella, haciendo reír a Malfoy. Scorpius la miró y Rose le dio un beso en la boca, el primero del día. El rubio sonrió.

-Hago café si tú preparas huevos y bacon.

-Trato.


¡Se hacen mayores y esto se acerca a su final! Tenía pensado terminar esta historia a los veinte capítulos, pero es posible que me esté meditando un epílogo.

Espero que os guste y lo disfrutéis :*