Suenan campanas de boda:
Un hombre rubio, engominado, de traje impecable y aparentemente tranquilo, sube por las escaleras de La Madriguera. Era la primera vez que pasa de la cocina y el salón. Pero la ocasión merece la pena. Sube despacio y tranquilo, hasta encontrar la puerta cerrada del cuarto que perteneció a Ginny Potter. Golpeó la puerta con los nudillos tres veces y esperó contestación.
-¡Ron como vengas para molestar te juro qué...! Oh, Draco. -dijo Ginny sorprendida al abrirle la puerta. Draco sonrió.
-Weasley y... Ron-Ronald... -se autocorrigió, pues notó las miradas de Rose y Hermione desde el interior de la habitación.- Ron y yo hemos hecho un trato y él sube a amenazar y asustar a mi hijo y yo vengo a hablar con Rose. ¿Se puede?
-Sí, claro... -dijo Rose, levantándose de la silla donde estaba con una sonrisa radiante. Hermione la imitó.
-Nosotras ya bajamos. -dijo Hermione. Miró a su hija y le acarició las mejillas.- Te veo abajo, ¿sí? Papá te espera allí y entras con él.
-Gracias, mami. -dijo Rose, abrazándola. Ginny abrazó a su sobrina y cuando Hermione iba a salir del cuarto, Draco la frenó.
-Granger... ¿Podrías subir y comprobar que tu marido no hace llorar a mi hijo? -le pidió Draco. Hermione sonrió y asintió.
-A partir de ahora, Hermione, consuegro. -le dijo Hermione, divertida. Ginny salió tras ella, pero cada una tomó una dirección diferente en las escaleras. Draco se quedó solo con Rose y él se sentó en la cama y ella en la silla, delante de él.
-Verás, Rose... Cuando... Cuando Astoria nos dejó a Scorpius y a mi, mis mayores miedos eran perder a Scorpius y que él se convirtiera en alguien como yo. En alguien que no supiera amar...
-Señor Malfoy, usted amaba a su mujer, todavía la ama. Y ama a Scorpius, de eso no me cabe duda. -lo interrumpió Rose. Draco sonrió forzadamente.
-Pero soy una persona a la que no se la cree cuando dice que ama. -confesó Draco.- Y eso es por culpa de mis errores y no quería que mi hijo cometiera los mismos. Pero él, él es como su madre. Es bueno, es amable, es cariñoso y es bondadoso. Y todo eso es gracias a Astoria, a Potter y a ti. Sobre todo gracias a ti. -le dijo Draco.- Así que gracias.
-Ha sido un placer, entonces. -dijo Rose, sonriendo.
-Y... No te quiero amenazar, ni quiero que te sientas intimidada, porque estoy seguro de que lo vas a hacer muy bien. Pero... Tenéis tan solo veintitrés años y ya has pasado más tiempo con mi hijo que su propia madre. Tú eres la única mujer en su vida. Por desgracia Scorpius perdió a Astoria muy pronto y sé que ella siempre lo acompañará, pero tú vas a ser la única mujer en su vida, al menos en un tiempo... Porque no veo a tu padre preparado para ser abuelo. -le dijo Draco. Rose soltó una risita, pero en el fondo estaba muy conmocionada y al borde de las lágrimas por el discurso de Draco.- Yo solo te quiero pedir, por favor, que sigas siendo tú misma, porque esa es a la persona que mi hijo ama. Y que lo ayudes como su mujer, su amiga, su compañera y un poco como Astoria no puede hacerlo. Por favor, Rose, no dejes caer a mi niño.
-No lo haré... -dijo ella con la voz rota. Draco abrió los ojos como platos y se levantó.
-No, no, no... No llores por favor. No llores que ahí abajo tienes un ejército Potter-Weasley que atentarán contra mi vida si lloras por mi culpa. -dijo abrazándola. Hacía tiempo que Draco no abrazaba a alguien que no fuera su hijo, pero su impulso por el deseo a seguir viviendo lo llevó a abrazar a su nuera.
-Lo siento... Solo me he emocionado. Lo que me ha dicho ha sido muy bonito. -le dijo Rose, abrazando al rubio también. Draco le pasó un pañuelo de tela que llevaba en el bolsillo de su traje y la pelirroja se limpió con él.
-¿Mejor?
-Sí, sí, gracias.
-Y... creo que ya es hora de que bajes, Scorpius ya estará abajo.
-Sí. ¿Me acompaña hasta la puerta? No quiero caerme por las escaleras el día de mi boda.
-Por supuesto. -dijo Draco, ofreciéndole su brazo, al que Rose se agarró para bajar las escaleras.
Cuatro pisos más arriba, en la vieja habitación de Ron, Scorpius había estado preparándose con Albus, hasta que Ron llegó, echando a su sobrino y quedándose solo con Scorpius. Se sentó en la cama, al lado del rubio y suspiró.
-Tranquilo, Scorpius, no creo que te vayas a llevar a mi niña. -dijo Ron.- Ella se va solita... Bueno, ya sabes como es.
-Sí... -dijo Scorpius sonriendo.
-Supuestamente, es una tradición Weasley que los padres de las novias suban a hablar con el futuro marido de sus hijas a su viejo cuarto y los amenacen de muerte. -dijo Ron.- Tienes suerte, mi padre subió hasta aquí a amenazar a Harry con sus cinco hijos apoyándolo. Si vieras la cara de cagado que puso... -dijo riéndose y recordando a Harry sentado delante de los seis pelirrojos, con más miedo que con Voldemort.
-No tenga piedad, señor Weasley. Estoy preparado. -dijo Scorpius.
-Tenía un discurso preparado... Pero es que... Llevo amenazándote... ¿cuánto? ¿Ocho años?
-Ocho años y cinco meses. -le dijo Scorpius.
-Creo que ya te lo he dicho todo. -dijo Ron. Entonces la puerta se abrió y Hermione asomó la cabeza. Los dos la miraron y Ron sonrió.- Aun no lo he matado, cariño. ¿Quieres hacer los honores?
-¡¿Queréis dejar de hacer el idiota?! -gritó Hermione, tras cerrar la puerta. Los dos hombres se levantaron de un salto y la miraron aterrados.- ¡Tú, Malfoy, al altar a esperar a mi niña! ¡Y tú, Weasley, a la puerta de tu casa a esperar por ella para llevarla al altar! ¿¡Creéis que es momento para haceros amigos!?
-Voy, mi amor. -le dijo Ron, cogiendo su varita, que había dejado encima de la cama.- ¿Estás seguro que no te quieres escapar, Malfoy? Esto es lo que te espera toda la vida, pero con una pelirroja todavía más cabezota. -le dijo señalando a su mujer, que después de gritar se había quedado más tranquila. Scorpius también se relajó, soltando una risita, antes de abrazar a Hermione.
-Gracias, Señora Weasley. -le dijo Scorpius. Hermione lo miró confundida y él sonrió de lado.- Necesitaba abrazarla porque me ha recordado un poco a mi madre.
-Oh, vamos, ven aquí. -le dijo Hermione, volviendo a abrazarlo. Luego se separaron y se sonrieron.- ¿Listos?
-No estuve más listo en mi vida. -dijo Scorpius, saliendo del cuarto delante de ellos. Al pasar por delante de la puerta de la habitación de Ginny suspiró y sonrió. Luego salió de la casa y se encontró con parte de la familia de Rose. Estaban Hugo y su novia, Miriam; sus tíos Harry y Ginny; sus damas de honor Lily, Roxanne, Lucy, Molly, Dominique y Victorie; y Albus. Por su parte estaban la Tía Daphne, el Tío Theo y Valerie, su prima pelirroja, abrazada a un brazo de Albus, por supuesto.
-Mucho ánimo y suerte. No sabes la que te espera. -le dijo Hugo a Scorpius, estrechando su mano con él. Scorpius se rió y luego besó una mejilla de Miriam.
-Estás muy guapo. -le dijo la castaña contenta. Saludó a todas las primas de Rose, que le recordaron lo guapo que estaba, dejando de última a Lily.
-Que sepas que has escogido a la pelirroja equivocada. Pero te perdono, Scor. -le dijo antes de abrazarlo y haciendo reír a todo el mundo.
-No te preocupes, en mi boda le dijo a Teddy que estaba cometiendo el peor error de su vida. -le dijo Victorie a Scorpius.
-Y tenía razón, como siempre. -musitó Lily, haciendo reír a sus padres.
-Esperáis a Rose, ¿no? -dijo Scorpius.
-No, nosotros solo queremos saludarte, cariño. -le dijo la Tía Daphne. Abrazó a su sobrino y agarró el brazo de su marido para entrar en la boda. Scorpius miró expectante a su prima, que pensaba que entraba con ellos.
-No, yo entro contigo, bobo. -le dijo Valerie, soltando al fin a Albus y agarrando el brazo del novio.- Cuando quieras.
-Te espero dentro, padrino. -le dijo el rubio a Albus.
-Ahora voy. -le dijo Albus. Los dos se abrazaron y Scorpius entró del brazo de Valerie, que lo dejó delante de donde Harry iba a oficiar la boda. Valerie le arregló el traje a su primo y le sonrió.
-¿Y tú? ¿Cuándo voy a tener que venir aquí a tu boda? -preguntó Scorpius, susurrando.
-A lo mejor pronto... -dijo ella, sonriendo distraídamente.
-¿Albus te lo ha pedido? -preguntó Scorpius sorprendido. Valerie frunció el ceño.
-No, yo se lo pediré esta noche. -dijo Valerie.- Si tengo que esperar a que a Potter le apetezca arrodillarse delante mía con un anillo, me haré momia.
Scorpius se rió. Pero de repente alguien dijo el famoso Qué viene la novia y el mundo para Scorpius se detuvo. Vio a Rose, allí, agarrada al brazo del señor Weasley. Delante de ella entraron las damas de honor, la familia cercana de la novia y su padre. Pero Scorpius fijó la mirada en la pelirroja y no la despegó de ella. Ni siquiera cuando Ron llegó con ella a su lado y le pidió que la cuidara. Ella también lo miraba fijamente, con una sonrisa en la cara.
Y el resto pasó tan rápido... La ceremonia pasó, se besaron, gritaron Vivan los novios, se pusieron a comer, cortaron la tarta, brindaron, bailaron, bailó con su suegra, con Molly Weasley, con Ginny, con la Tía Daphne, con Valerie e incluso con Lily... Pero él solo recuerda con nitidez en momento en el que se dio cuenta de que su matrimonio con Rose ya era real.
Los dos estaban sentados en la mesa donde comieron. Se sonreían y jugaban con sus manos. Gran parte de los Weasley ya estaban borrachos, Ron y Hermione bailaban, Draco hablaba con Nott alegremente... Y Rose se acercó a él y le susurró.
-Vámonos de aquí, por favor.
C'est fini.
Pero que no cunda el pánico. Tengo ya un epílogo preparado para dejar la historia bien cerrada.
;)
