Bueno aquí traigo el segundo capítulo que ya tenía escrito también y donde sabréis un poquito más lo que pasó para que nuestra pequeña Umi desapareciera del mundo. Es solo la punta del iceberg pero espero que guste y así ir desarrollando mas todo esto :D


*YUUKI POV*

'Y otra vez llegará tarde' pensé. Frente a mí se encontraba la culpable de que mi amiga estuviera actuando de la manera en la que estaba actuando. Ciertamente nunca sabré lo que pasó entre ellas. Solo recuerdo aquel día y desde ese día prometí no volver a preguntarle o mencionar siquiera su nombre.

*FLASHBACK*

-Umi! Umi! Oh dios mío en que lio te has metido ahora?

-Ko…Ko…- no consiguió decir nada más sin desmayarse.

Conseguí cogerla antes de que cayera al suelo. No sabía que es lo que le había pasado pero debía de ser algo grave. Conocía a Umi desde hace solo un par de años y durante todo ese tiempo no había tenido muchos problemas quizás algún que otro roce con alguien pero no era una persona de enfrentarse y pelearse. Llevaba unas semanas actuando más raro de lo normal pero lo achacaba a que de seguro tenía algún problema con su rollo/novia ya que llevaban un tiempo sin verse.

-Que es lo que has hecho cabeza hueca?.- la tumbé en el sofá del departamento. –Quién te ha hecho todo esto?.- pregunté sabiendo que no me contestaría pero no podía creer lo que mis ojos veían.
Frente a mi tenía a mi amiga que de no ser por ese color de pelo particular no hubiera reconocido. Tenía la cara desfigurada a golpes, cortes y moretones por todo el cuerpo… Sin duda alguien o un grupo de 'alguienes' le habían dado una paliza y a saber qué más. Pero con qué motivo?.-me pregunté mentalmente. No parecía que le hubiesen robado nada. Era una chica correcta y educada, dedicada a sus deberes que nunca provocaba ni se metía con nadie. Como alguien podría haberle hecho algo así?

Las horas pasaban y Umi seguía inconsciente estirada en el sofá . La madrugada casi había llegado y ella seguía sin siquiera abrir los ojos. Hubo momentos en los que incluso parecía que dejaba de respirar. Estaba decidido que si pasaban un par de horas más y no respondía llamaría a sus padres. La relación con la familia Sonoda no era muy buena últimamente pero no podía dejar que los padres de Umi no se enteraran de lo que había pasado.

-Ko…Ko…

Ey, ey tranquila fiera.- dije a mi amiga que por fin acababa de despertar e intentaba incorporarse. –No sé en qué lio te metiste pero será mejor que no intentes hablar o levantarte por un buen rato. Has pasado inconsciente la mayor parte de la noche.

-Gra, gracias.

- No hay de que, la verdad es que empezaba a plantearme el llamar a la funeraria pero luego pensé que no tenía un traje negro para tu entierro y se me pasó.- intenté animarla. –Sabes Umi si querías un poco más de mi atención solo tenías que decírmelo, no hacía falta todo este numerito.- seguí bromeando pero no había manera alguna de que tan siquiera sonriera. Cuando la conocí ese tipo de broma siempre la avergonzaba pero poco a poco se fue acostumbrando a ello y ahora le hacían gracia e incluso a veces contestaba pagando con la misma moneda.

-Gracias por todo.- dijo pudiendo notar como su mirada estaba completamente perdida.

-No hay de qué pequeña.- a pesar de que siempre esté molestándola verla en ese estado me rompía el corazón. La quería como a una hermana y verla así… necesitaba saber que le había pasado. –Sabes, creo que por ahora te dejaré descansando e iré a hacer unas compras. Cuando vuelva espero que me cuentes que es lo que te ha ocurrido.

Me levanté dejándola sola en el departamento. Después de todas las curas que le había tenido que hacer tenía que comprar más vendas y ungüentos. No tuve tiempo de casi cerrar la puerta cuando empecé a escuchar sus sollozos. Salí del apartamento, si algo había aprendido en esos dos años junto a esa peliazul es que no le gusta estar acompañada cuando se siente mal.

Abrí la puerta con todo el cuidado del mundo. Si Umi se había quedado dormida no la molestaría, tenía que descansar. Habían pasado como dos horas desde que había salido. Al entrar pude notar como el sofá estaba vacío. Un olor a algo deliciosa me llegó así que me imaginé donde estaba ahora mi amiga.

-Que tal está mi saco de boxeo?.- bromee viendo a la chica toda amoratada frente a mi mientras preparaba el almuerzo.

-Ja, Ja! No tiene gracia Yuuki, aun me duele todo. Quieres un poco de café? Acabo de prepararlo.

-Sí, no he dormido mucho.- dije tomando asiento.

-Yo… lo siento por preocuparte.- contestó apenada.

-Ey, tranquila son cosas que pasan. Unas veces serás tú la medio muerta y otras yo.

-Siempre igual. Nunca cambiarás cierto?.- dijo mostrando por fin una sonrisa aunque fuera pequeña.

-Nop.- sonreí. –Va dame eso y sentémonos en el salón mejor.- dije mientras cogía una bandeja para depositar los cafés y las tortitas que había hecho.

Adecenté el lugar un poco antes de sentarnos a hablar. El departamento no era muy grande pero era lo único que nos podíamos permitir y la parte más grande era sin duda el salón por lo que si eso estaba desordenado todo el departamento parecía estarlo. Miré de reojo y vi como la puerta del supuesto cuarto de Umi estaba entreabierta dejando de ver un par de bultos grandes que parecían maletas. Me extrañó por el hecho de que Umi no vive realmente en el departamento. A pesar de tener un viaje largo en tren le gustaba ir y venir por lo que solo pasaba un par de noches a la semana aquí.
Miré a mi amiga, se la veía triste, más triste que los últimos días. Hace un par de meses me comentó que estaba teniendo problemas con Kotori. Aun no tenía el gusto de conocerla pero sabía que para su amiga era una persona importante así que cuando la empezó a ver mal y triste preguntó por ella ganándose varias negativas. Preferí esperar a que ella me contara que pasaba pero ahora viéndola así sentía que quizás debería haber indagado antes, en cierto modo me sentía culpable. Aun no sabía si lo que le había pasado tenía algo que ver con la peliplateada pero esa mirada le decía que si.
Esperé hasta que hubiéramos acabado de desayunar si algo no quería era que dejara de comer por explicar algo que seguro fue horrible.

-Que tal te encuentras?.- pregunté a modo de iniciar conversación.

-Bien.- dijo depositando la taza de café sobre la mesa y bajando la mirada. –Supongo.

-Vas a contarme que es lo que ha pasado?.- dije acercándome a ella y cogiéndola de la mano a modo de apoyo.

-*suspiro* supongo que tendré que contártelo, después de todo eres el que más me ha apoyado todo este tiempo.

Escuchar eso le entristeció a la vez que le alegró. Cuando conoció a Umi era una chica tan tímida que ni siquiera se atrevía a hablarle pero iban a la mayor parte de las clases juntos y para su suerte ella estaba buscando una habitación en la que acomodarse y él buscaba compañero de piso. Poco a poco la amistad fue creciendo y consiguió que esa Umi vergonzosa quedara atrás. Esa muchacha que siempre parecía discutirlo todo y enfadada por todo quedó algo olvidada. Se volvió más tolerante . Sin duda saber que él se había convertido en su apoyo incondicional lo hacía feliz.

-Me alaga usted señorita. Aunque después de casi morirte en el sofá y haberme mantenido despierto media noche curando tus heridas… si, supongo que me merezco una explicación.

-Por dónde empezar…*suspiro*

-Por el principio cariño, yo te escucho.

-En resumidas palabras todo ha sido por Kotori. Me pelee con su novio que bueno- hizo una pausa considerablemente larga. -resulta que no es su novio sino su prometido.

-Como dices?.- exclamé. –Pero no decías que habíais hablado, le dijiste tus sentimientos y ella te correspondió, como puede ser eso posible?

-Ni yo lo sé Yuuki, ni yo lo sé.- dijo agachando la mirada y echándose a llorar.

Me dolía verla así. Umi era una persona fuerte al fin y al cabo y verla derrumbarse de esa manera no era normal. Un silencio invadió el lugar, sus palabras me habían dejado bastante pensativo sin entender la situación. Lo único que sentí que podía hacer en esos momentos es abrazarla, abrazarla con todas mis fuerzas. No podía llegar a comprenderla pero si podría hacerse una idea del dolor que sentía. No solo se había sentido rechazada sino humillada.

-Umi cariño, saldrás de esta.- intenté consolarla.

–Al parecer todo era mentira, todo ese tiempo se estuvo riendo de mí. Pero por qué?

-Umi, yo…- no sabía que decirle. Sabía de buena tinta que su amiga llevaba enamorada de Kotori desde que eran pequeñas pero que no fue hasta hace unos meses que le confesó lo que sentía. Ella le había contado que era correspondida por lo que no entendía que ahora esa chica estuviera prometida. –lo siento… pero, estás segura de que es su prometido, es decir cómo puede prometerse alguien tan rápido?

-Al parecer se conocían de hace un tiempo, llevan estos dos últimos meses saliendo juntos. Además Kotori siempre era de las que decía que algún día encontraría al príncipe de sus sueños.

Sus palabras empezaron a cuadrarme. Esa chica llevaba un par de meses saliendo con el otro chico justo el tiempo que Umi lleva más triste de lo normal. Lo que seguía sin cuadrarme era porque la había mentido de esa manera. Corresponderla y hacerle ilusiones para luego desmoronarlo todo.
Siguió mirando a su amiga quien estaba algo más calmada. Seguía llorando pero más relajadamente.

-Yuuki, te importaría si me viniera a vivir contigo?.- dijo manteniendo la vista fija en el suelo.

-Eh?.- exclamé. Su pregunta me pilló por sorpresa. –Umi, tu ya vives aquí, a que viene esa pregunta?

-Me refiero a vivir indefinidamente. No quiero volver a casa.- contestó esta vez mirándome.

-Cla, claro. Eres mi compañera de piso estás en tu derecho de pasar aquí mas noches a la semana. Todas las noches que quieras. Pero no crees que deberías avisar a tus padres o a tus amigas?

-No me refiero solo a pasar más noches a la semana.- clavó su mirada en mi. De alguna manera pude ver tristeza mezclada con ¿rabia? En sus ojos. –me refiero a quedarme aquí como si fuera mi casa. No quiero volver ni saber nada de Tokyo. Quiero empezar una nueva vida aquí y olvidarme de todo aquello. Mis padres ya lo saben son ellos los que han empaquetado todas mis cosas y las han mandado aquí.- señaló su habitación donde estaban sus maletas.

Todo me parecía extraño. Pude entender que no quisiera ver a esa chica durante un tiempo pero ese cambio radical?. Apartarse de toda su vida… notaba que algo más había en ese asunto que Umi no le había contado pero ya tendría tiempo para averiguarlo.

-Yuuki.- habló levantándose y dirigiéndose a su cuarto.

-Dime.

-Prométeme que a partir de ahora no volveremos a hablar de esto. Todo queda olvidado. Y sobre todo no quiero volver a saber nada ni escuchar su nombre.- dijo seriamente.

-De que es lo que me tengo que olvidar?.- pregunté haciéndole saber que eso estaba hecho.

-Gracias.- respondió y se adentró en su habitación.

*FIN DEL FLASHBACK*

-Y bien? Que os parece?.- dijo la peligrís sacándome de mis pensamientos.

Había estado tan enfrascado en mis pensamientos que apenas me di cuenta de haber llegado al despacho de mí ahora jefa y que mi compañera llegara. Me golpee mentalmente por haber dejado que Umi llegara sola a la reunión. Las miró con incertidumbre, las dos chicas parecían querer decirse tanto pero a la vez nada que se sentía incomodo entre ellas dos. Se podía notar el ambiente cargado de tensión que había. Fijé la vista en mi compañera quien tenía la mirada gacha y los puños apretados. Esa situación sin duda la estaba superando y por una parte se sentía a gusto de poder estar ahí con ella. Sabía que si se estaba conteniendo era porque estaba yo ahí. Aunque Umi era como un volcán, puede aguantar pero cuando explota…

-He dicho que no!.- gritó haciéndolo exaltar. Noté como levantaba la mirada y miraba con odio a la persona que un día se ganó sus miradas de amor.

-Umi…- susurré cogiéndola de la mano e intentando calmar sus nervios. –Cálmate.- susurré forzando mi agarre para que se sentara de nuevo.

-Como quieres que me calme?.- me gritó soltándose de mi agarré. –Escúchame bien. No pienso volver a Tokyo me entiendes. Llévate a otra porque yo no pienso trabajar para ti. Me importa una mierda si me quedo sin trabajo, no pienso volver.- gritó mirando con una de sus peores caras a su ahora ex amiga, se dio media vuelta y salió de la oficina como alma que lleva el diablo no sin antes dar tal portazo que se escuchara en toda la planta.

Hacía demasiado tiempo que no había visto a Umi así. Todos los años pasados, mejorando para volver exageradamente atrás en cosa de una semana. Temía por ella. Una vez ya tuvo que sacarla del pozo en el que se hundió y todo estaba volviendo a suceder. Pero esta vez no iba a dejar que eso pasara.

-Umi!.- gritó Kotori levantándose de su silla y volteando su escritorio para salir tras la peliazul.

-No! Déjala.- conseguí ponerme en la puerta justo antes de que esta la abriera. –Se le pasará. Solo necesita su tiempo.

-Qué? No. Apártate, tengo que hablar con ella, esto no puede seguir así, algo le pasa, la conozco.

Por un momento me pareció ver cierta preocupación en los ojos de esa peligris. Aun así ver como había visto a mi amiga y saber que ella era la causante no me calmaba los nervios tampoco.

-Ja!.- reí sarcásticamente llamando la atención de la peligris. –La conces? No sería más correcto decir: la conocía. Créeme que eres la última persona a la que ella desea ver ahora mismo.- solté con frialdad haciendo notar mi enfado.

-Pero…

-No señorita Minami.- dije con la voz algo más calmada pero en tono frio haciendo que la mujer me mirara a los ojos. –No puede venir aquí después de 8 años y hacer como que el tiempo no ha pasado. Siento ser tan brusco pero he sido yo quien se ha preocupado de ella en todos estos años y no usted. Así que dele su tiempo. Yo si la conozco.

-Perdona? Ella se fue sin decir nada! Además que sabrás tu.- gritó mostrando su enfado.

-Eso es lo que cree? Tiene usted mucha cara perdone que le diga. Sinceramente empiezo a pensar que todo lo que ocurrió aquel día le hizo bien a Umi. Solo conozco de usted lo que me han hablado señorita. Umi ya no la necesita.- al decir esas últimas palabras pude notar como algo en el rostro de la mujer cambiaba.

-Eh? A que te refieres?.- preguntó la chica esta vez más calmada y mirándome con cara de no entender lo que le decía.

-No importa. Tu propuesta era que debíamos mudarnos a Tokyo durante el tiempo que dure nuestro trabajo no?.- la chica simplemente afirmó. –De acuerdo siendo así yo me encargaré de que Umi acepte.

-Gra, gracias.

-No hay de qué. Lo hago por ella porque sé que lo necesita.

Sin decir ni una palabra más abrí la puerta y me fui dejando a nuestra jefa en su oficina. Aquel día de hace 8 años le prometí no volver a hablar del tema, no nombrar a esa chica. Pensé que después de tanto tiempo la habría olvidado pero al parecer era solo una herida sin cerrar. Si no funcionó de esa manera ahora lo intentaremos de otra. *va siendo hora de que enfrentes tu pasado Umi* dije para mí mismo. No sabía cómo iba a convencerla de ir a Tokyo y trabajar para Minami pero lo conseguiría. Así que primero tendría que empezar por lo sencillo y eso era encararla y para encararla tendría que ir a ese lugar que tanto odia pisar y que su amiga pise, ese lugar que últimamente estaba volviendo a frecuentar como hacía años.