Recordatorio: Los personajes pertenecen a nuestra querida Meyer . . .
Halloween
¡Dulce o Travesura!
Trick or Treat
Los rayos del sol me despertaron. ¡Rayos! ¿Por que diablos olvido cerrar las cortinas? Oh si es cierto, por estar soñando con un amor imposible que tiene nombre y apellido: Edward Cullen.
Esperen un momento.
¿Sol en forks? Este día si que era extraño.
Bufe, mientras deshacía el nudo de sabanas en mi cuerpo. Hoy era el peor día en la historia de mi vida, a que no adivinan. ¿No? Oh pues les daré pistas, la gente pide dulces. ¡En serio! ¿Aun no lo adivinan? ¡Usan disfraces! Sabía que con eso lo adivinarían. Si señoras y señoras, niños y niñas (que ustedes son los que disfrutan mas este día) A quien trato de engañar, yo también, ANTES, de que confundiera a uno de ellos con una persona normal.
Hoy. Era. Halloween.
¡Dios! Amaría este día, en serio, pero con ellos aquí entre nosotros es imposible.
Era Halloween, Ángela y yo de pequeñas íbamos a pedir dulces a las casas de nuestros vecinos, como es la costumbre, pero, eso fue hace años. Hoy era el primer día de brujas que pasaba con ella, y quisimos revivir los viejos momentos y por que no también consumir esos deliciosos dulces que dan algunos y dijo algunos por que otros es como si nos odiaran, dan un miserable dulce caducado desde el siglo pasado. Ok exagere. Pero si están caducados.
–Bella, ya tienes tu disfraz.
Asentí, mientras me encaminaba a la sala, al entrar me encontré con una bruja plateada.
Me reí, Ángela se giro molesta. –Oye, esto es original. – dijo señalándose.
– ¿En serio? Vaya que si.-dije burlándome.
–Búrlate si quieres, pero vámonos pequeña ángel.
Rodee los ojos, era el único disfraz que encontré de mi talla. Nota mental: tendré que asegurar los disfraces con tiempo.
–Mira Bells, tengo tantos dulces.
–Wow, yo quiero ese.– dije señalándolo.
Ella negó. –Ese me gusta.
–Oh pero si quieres intercambiamos. –dije mostrándoles mis dulces.
– ¡Vale! Pero no hagas trampa.– dijo dándome su calaverita.
Me encontraba escarbando a ver si encontraba otro de mi agrado, ambas sentadas sobre la banqueta de la anterior casa que fuimos a pedir, cuando lo encontré deje su calaverita en el suelo, mientras desenvolvía el chocolate de almendra. Ángela aun se encontraba escarbando mi calaverita. Gire mi vista para ver a los demás.
Había niños por todos lados, desde pequeños vampiros hasta hombres lobos o magos, me reí cuando a una pequeña "Hermione" se le cayó su calaverita, varios niños fueron ayudarle, y para sorpresa mía, ninguno le robo ningún dulce. Ella dio las gracias y se fue corriendo con un niño disfrazado de "Ron Wesley".
Rodee mis ojos. Era increíble a tal grado llegaba la imaginación de los niños por una simple película.
–Vamos Ángel, extiende tus alas para llegar a casa.
La Fusile con la mirada. –Cierra la boca brujita.
Ella rió. –¡Vamos!– dijo corriendo ya que nuestra casa estaba cerca.
Corrí tras de ella, pero al dar la vuelta en una de las esquinas me estampe con alguien, ocasionando que mis dulces volaran.
–Lo siento no me eh fijado por donde iba. –dije agachándome a recoger algunos de mis dulces.
Mire sus zapatos, ¿que esperaba que me disculpara de rodillas? Solo estaba hay de pie, sin ayudarme y sin decirme nada. Yo aun seguía recogiéndolos, cuando note como se agachaba, era una mujer vestida de enfermera, su disfraz que debería ser blanco estaba con manchas rojas por todos lados y su tapabocas igual, era algo así como una asesina supongo.
Ambas terminamos de aguardarlos y me levante.
–Gracias.– le dije.
Ella me miro con una mirada extraña.
–Tú nos ves. –dijo ella ahora con los ojos abiertos de la impresión.
Bufe mientras asentía. Aquí vamos de nuevo.
–Por favor necesito que me ayudes. –pidió.
Yo la mire sin comprender. Ok si sabía. Pero no quería. No hoy.
"Nunca quieres Bella" me recordé.
–¿Quiéres que busque a alguien de tu familia?– pregunte.
Ella negó. ¿No? Todos quieren eso.
–Necesito que reportes mi cuerpo.
Me sorprendí, nunca nadie me había pedido algo así.
–¿Reportar?
Ella asintió. –No estoy muy lejos. – dijo estremeciéndose.
–De acuerdo...vamos...–dije insegura.
–Me llamo Annie.– se presento mientras yo la seguía.
–Bella.– dije simplemente.
Ya que la gente se me quedaba viendo raro.
Tonta...tonta... ¿Como se me pudo olvidar? Soy la única que los ve.
¡Demonios! Todo este tiempo hablando con ella.
–Por aquí.– dijo adentrándose a un callejón realmente largo, era como de cinco calles juntas.
–Es largo.– comente.
Ella asintió.
–Puedo preguntarte...
Me interrumpió.– ¿Como morí?
Asentí. Casi nunca preguntaba eso. Por miedo a como reaccionaran.
–Hice mi turno de la noche, en el hospital de aquí, digamos que no estuve en el momento indicado cuando paso, ya que yo venia caminando -como siempre lo hacia- y encontré a unos chicos pasados de copas, pase por su lado y me durmieron golpeándome la cabeza...
–Lo siento.
Ella negó. –Cuando desperté ellos, empezaron a torturarme y después ya sabrás.
Asentí comprendiendo.
Fije mi vista en mis zapatos y seguimos caminando, no quise decir nada, no era necesario, iba alzar la vista cuando -por la escasa luz- me fije que había charcos, ella siguió caminando hasta detenerse.
–Bien, esa soy yo.
Los charcos que mire era su sangre, demonios, ¿como no me desmaye? Oh de seguro se congelo o yo que se, alguna razón debe haber en todo esto.
Ella se encontraba en una pose fetal sobre el suelo húmedo de la noche, a escasa luz de la noche, pude observar su maquillaje levemente corrido, y sus ropas hechas pedazos. Y lo peor es que sus ojos aun estaban abiertos.
Me agache para cerrarle los ojos, lagrimas bañaban mi rostro al ver la crueldad con la que la trataron.
Pero. ¿Como es posible que se conserve aun? ¡Demonios! Ella había muerto hace poco.
Me gire bruscamente para confortarla.
Pero se había ido.
Resignada y al ver por todos lados que no estaba, busque mi celular.
–Emergencias, en que le podemos ayudar.
Tome aire. –Necesito que vengan.– dije empezando a caminar. –Estoy en el callejón de la avenida Leinna a unos metros al fondo.– dije cortando la llamada.
Sabía que iban a ir. Empecé a caminar mas rápido, por que me dejo sola, odiaba la obscuridad, solo faltaban unos metros para llegar a donde cruzaba la gente, cuando quedaba poco, algo o mejor dicho alguien me detuvo.
Por favor...por favor...que no sea un secuestrador...
Rezaba mentalmente mientras me giraba a ver quien me sostenía del brazo.
Gemí. Era peor que un secuestrador.
Era uno de ellos.
Después de ello, estuve casi toda la madrugada haciendo favores, era increíble como se enteraban de que yo les podía ver, aun cuando creí librarme de uno de ellos, solo recuerdo en como Ángela estaba preocupada por haber llegado muy muy tarde.
Toc...Toc...toc...
–Adelante.–
–Bella, no te piensas levantar. – dijo asomando la cabeza Ángela.
–Ya me levante.– dije sentándome con mi espalda recargada en la madera.
Ella solo sonrío. –¿Podemos hablar? – pregunto.
Yo palmee el lado opuesto de la cama y ella entro cerrando la puerta.
–Y bien de que querías hablar.
Ella solo negó y rompió a llorar.
–Áng no llores. ¿Que pasa? Te hizo algo ese idiota verdad. –dije abrazándola.
Sentí que negó contra mi pecho.
–Hay Bella, es que el...no me– hipio. –No me pidió matrimonio.
Oh era eso.
–Tranquila Áng, tal vez luego lo haga.
Ella me miro. –¿Tu crees?
Asentí –Claro que si.
Ella me abrazo mas y cuando se calmo se río. –Lo siento es que yo creí.
Le corte. – No te atormente mejor dime que fue lo que te pidió.
Ella sonrío. –Me pidió...mudarme con el.
–Oh.
–Pero no se si...
Cabecee mi cabeza hacia los lados. –No te preocupes, estaré bien.
–Pero...
–Pero nada, anda ve y haz tus maletas.
–Bella.
–Bella nada, anda vamos. – dije ayudándole a levantarse.
Juntas terminamos de preparar sus maletas. Mi estomago empezó a gruñir.
–Veo que alguien tiene hambre.
Asentí. –¿Llevaras algo mas?
–Si, pero eso yo ya lo empaco.
–Vale, are la comida mientras ok.
Ella asintió y se adentro de nuevo en su closet.
Después comimos juntas y empezamos hablar de todo lo que hicimos estos años juntas.
Toc toc toc
Ángela suspiro.– Debe ser Ben.– dijo levantándose para después entrar con el nuevamente a la sala.
–Hola Bella.
–Ben, ¿como estas?
–Feliz. –dijo besando a Áng en la cabeza. –¿Donde están tus maletas?– le pregunto.
–Arriba.
El asintió y fue por ellas.
–¿Segura estarás bien?– pregunto después de un incomodo silencio.
Asentí y trague el nudo que se había formado en mi garganta.
–Más te vale visitarme.
Ella río. –Claro Bells. – dijo corriendo para abrazarme.
Patéticamente mi rostro fue bañado por mis propias lagrimas, sentí a Áng llorar contra mi hombro, no se cuanto tiempo estuvimos así hasta que sentimos como Ben carraspeaba.
–La cuidas Ben.– dije separándome lentamente de ella.
Ben la tomo de la cintura y se encaminaron a la puerta, yo fui tras ellos. Ben abrió la cochera de su coche y empezó a subir las maletas.
–Creo...que...
Negué mientras bufaba. –Te extrañare.
–Yo también te extrañare. – murmuró contra mi pecho.
Suspire mientras me separaba de ella.
–Siempre amigas.– dije mostrándole mi mano para hacer la promesa del meñique.
–Siempre. –dijo mientras juntábamos nuestros meñiques.
–Ya es hora chicas.– anuncio Ben.
–Adiós Bella.– dijo mientras cerraba la puerta del coche de Ben.
–Adiós chicos.
Ben encendió el coche, y los mire desaparecer por la carretera, me di la vuelta y observe nuestra casa, tan grande y sin vida, no me podía imaginar vivir entre ella, todo el tiempo que me queda. Suspirando y pensando en mi loca amiga me encamine hacia la puerta.
–¡Bella!– me grito una cantarina voz en cuanto iba a entrar a mi casa.
Aun con mi mano sobre la chapa de la puerta, me gire para observar a Alice corriendo hacia mí.
–Alice. – dije a modo de saludo.
–¿Por que no vienes a mi casa? Vi que Áng ya se fue, ándale ¿si? Para que no estés sola.– propuso.
Asentí. –Ok, solo déjame alistarme si.
Ella sonrío. –¿Te puedo ayudar a escoger tu ropa? – pregunto.
Volví asentir, ella caminaba de tras de mi, al llegar a mi cuarto ella corrió hacia mi closet, mientras yo tome mis cosas de baño y me adentraba en el.
Al salir, sobre mi cama estaba un conjunto de ropa, no había rastro de Alice, supuse que estaba abajo. Me puse la ropa que dejo en mi cama, solo era un pantalón y una blusa color azul celeste que se amarraba al cuello y calcé unas bailarinas.
–¡Listo!
Ella sonrío y apago la televisión. –Tenemos que ir de compras ¿Recuerdas?–
–Pero dijiste que íbamos a tu casa.– dije cruzándome de brazos.
Ella negó y escuche el claxon de un auto.
–Ese es mi Jazz vamos.
Bufe mientras la seguía, cerré la puerta con seguro y me encamine hacia el volvo plateado que se encontraba afuera.
Ella entro en el asiento trasero mientras yo tuve que sentarme en frente.
Mi tormento personal estaba sentado en el lado del conductor.
–Edward nos llevara Bella y ayudara con tus bolsas. – dijo Alice cuando la mire.
Me encogí de hombros. –¿Que tal tu día?– preguntó para mi sorpresa Jasper.
Lo mire. –Hasta ahora bien...pero...por culpa de ti.– señale a Alice. –Saldré fuera.
–Oh vamos Bells, todavía es temprano.
Me estremecí. – Por eso mismo.
Edward tomo mi mano y dio un ligero apretón, mis mejillas se pusieron de un rojo intenso. –Tranquila estamos contigo. No te pasara nada.
Asentí.
Alice se inclino para prender la radio.
–Yo te la pongo.– me ofrecí ya que podía salirse del carro si Edward llegara a frenar y no queríamos explicar como después de ello, ella saliera sin ningún raspón.
–Bien...Esa no quiero...Tampoco...– decía mientras cambiaba las estaciones.
–¿Esa?– pregunte al ver que se quedaba callada.
–No hay nada, mejor escoge tu. – ofreció.
–Ok.– dije cambiando las estaciones hasta que encontré una de mi gusto.
No regrets tell me a story
where we all change
and we'd live our lives together
and not estranged
I didn't lose my mind it was
mine to gove away
Couldn't stay to watch me cry You didn't
have the time
so I softly slip away...
–¿Te gusta Robbie Williams? –pregunto Edward con su seño fruncido.
–Me encanta y mas esa canción.
–Oh. – dijo simplemente. – Ya llegamos. – anuncio despues de un rato.
Asentí, desabrochando mi cinturón y baje del auto, ya que Edward se había adelantado en abrir la puerta. Le sonreí en forma de agradecimiento y seguí a Alice, que parecía una niña en una juguetería.
Para mi mala suerte estos no eran juguetes.
Entramos como a quince tiendas, cuando ya no pude mas, le dije que me iba asentar a una de las bancas de afuera del local, iba caminando hacia afuera, cuando para mi desgracia, hay había uno de ellos.
Fingí no verlo y me senté a su lado, viendo mi celular.
–Si tan solo pudiera decirle algo.– susurro para el solo.
Lo mire disimuladamente.
Era guapo, debía tener mi edad mas o menos, vestía con un informe de béisbol, supuse que era jugador, ya que tenía su numero y su apellido "Pattinson" raro apellido si me lo preguntan.
Negué con la cabeza, este era uno de ellos que valía la pena ayudar, eran buenos.
–Hola.– dije sentándome con mi cabeza entre mis piernas y con mi celular en las manos, así podía disimular.
El se giro desconcertado. –¿Me escucho?
Quise reír al ver su cara. –Hola. – volví a decir viéndole a los ojos y sonreí.
El casi se cae. Ahora si solté una leve carcajada.
–Pero es imposible
–¿Que?– pregunte.
–Que nos veas, solo hay pocos y por lo regular nos ignoran...
–Yo también, pero quise ayudar.
El sonrío en respuesta.
–¿Quieres que hable con alguien de tu familia?
–¿Lo harías?
Asentí.
–Vaya, chica te iras al cielo.
Reí. – Si hombre ya tienes mi ayuda no es necesario los halagos.
El rió. –Ves a esa chica de hay. – dijo señalando la tienda donde había salido yo antes.
Asentí. El continúo. –Se llama Kristen. – dijo mientras sonría. –Ella era mi novia.
–Es linda. – dije al verla, la chica era la cajera, los Cullen estaban a unos cuantos metros de ella.
–Si, pero desgraciadamente no cumplí la promesa.
Hice una mueca. Aquí venia la parte mala.
–Prometí estar siempre con ella.
–Si lo estarás...en su corazón...
–No es suficiente.– dijo negando. –¿Puedes entregarle algo?– pregunto.
Asentí. –Ten, esto es su regalo.–dijo entregándome un collar.– Dile que siempre la ame.
–¿Solo eso?
El asintió. –Dile que soy Robert.
Observe como los Cullen pagaban y agarraban sus bolsas, Alice se detuvo y empezó a ver las bolsas de al lado de donde estaba la cajera.
–Suerte. – dijo el al ver que me levantaba.
Con un nudo en la garganta me adentre al local de nuevo, la cajera tenia su nombre sobre una plaquita de metal, sonreí y armándome de valor me pare enfrente de ella.
–¿Puedo ayudarte? – pregunto al ver que no traía ropa.
Asentí. Mientras tomaba aire. –Ten. – dije entregándole el collar.
–No tiene precio. –dijo buscándolo.
Negué. – Mmm...este... ¡Demonios! – esta era la parte difícil.
–¿Se encuentra bien?
La mire, ella se encontraba confundida.
–Eso te lo manda Robert. – dije tragando el nudo en mi garganta. –El dice que siempre te amo. – dije cerrando los ojos.
Espere reclamos o algo parecido.
–¿Estas bromeando?
–No. Y lo siento.– dije encaminando a la salida.
–Esto es una broma de muy mal gusto. Usted no puede venir así y jugar con los sentimientos de uno.– dijo ella yendo detrás de mi.
Asentí mientras la encaraba. Eso ya lo sabía. No era la primera.
–¿Esta enojada?– brinque al escuchar la voz del chico tan cerca.
–Tú crees. – Dije llevando una mano a mi pecho.– Tu ya deberías cruzar.
–No veo nada.
–¿Como sabes que ves algo? – pregunte.
–La luz. – respondió como si fuera lo obvio.
–Oh. –Asentí mientras mis mejillas adquirían una tonalidad rosa al percatarme de que fui el centro de atención de la cajera y los Cullen.
–¿Que fue eso? –pregunto desconcertada Kristen.
Mire a Robert que la miraba embelazado.
–El esta aquí. –dije mirándolos a ambos.
Kristen siguió mi mirada. –Yo no veo nada.
–Lo se. Pero el a ti si.
–¿Como piensas que te creeré semejante cosa?– pregunto.
–Dile que nuestro primer beso fue en un prado.
Lo mire. –El dice que su primer beso fue en un prado.
Kristen jadeo. –Eso no te justifica.
–Sigues igual de terca. – dijo Robert.
–El dice que sigues igual.
–Eso no. –me reprocho el.
Reí. –Dime algo que solo los dos sepan.– pedí.
El lo pensó un momento. – 12 de septiembre. ¿Lo recordara? – me pregunto.
Me encogí de hombros. –El dice que si recuerdas algo del doce de septiembre.
Kristen empezó a llorar. –Ya por favor dime que esto es una broma.
–Menciona las rosas, el lago.
–El dice algo de unas rosas y un lago. – dije frunciendo el seño y mirándolo.
–Oh por dios, en verdad el esta aquí.
Asentí.
–¿Me escucha? – pregunto viendo el lugar donde estaba el.
Volví asentir.
–¿Por que esta aquí?
–El solo quería decirte que lamenta romper su promesa...y quiere que seas feliz. – dije.
–Puedes decirle que sigue igual de hermosa. – pidió aun con su vista en ella.
–Dice que sigues igual de hermosa.– dije viendo como el se acercaba a ella y pasaba su mano por su cara.
Kristen se estremeció. –El esta...
La interrumpí. –Ellos cuando nos tocan, sentimos un escalofrío.
–Gracias. – dijo dándole un beso en la frente.
Negué – No tienes que agradecer nada, fue un placer.
–¿Ya se va?
–No lo se. ¿Robert? –pregunte al ver que se quedaba viendo un punto fijo de la ventana.
–¿Eso es?– pregunto viendo algo en la ventana.
–Si te refieres a la luz, no lo se, nunca la eh visto. –dije viendo donde el miraba. Pero nada.
El sonrío. –Te amo. – dijo susurrando en el oído de Kristen.
–El dice que te ama.
–Yo también te amo. – dijo Kristen.
El solo sonrío y desapareció mientras sentía como mis propias lagrimas bañaban mi rostro.
–¿Se fue? – pregunto observando por donde el desapareció.
Asentí. –Ya cruzo.
Suspire y me gire a ver a los Cullen, todos sonreían, de pronto sentí una calma extrema que me llenaba.
Supuse que era Jasper.
Lo mire en agradecimiento. –Vámonos. –pedí.
–Espera.– grito Kristen. La mire y ella corrió abrazarme, le devolví el abrazo. –Muchas gracias.
Asentí. –De nada.
Intercambiamos números y me despedí de ella. En el camino a la mansión de los Cullen, agradecí que no hablaran, tenia cosas que pensar, aunque no lo crean hacer de cazafantasmas me cansaba mucho.
–Vamos Bells. – dijo.
Al llegar adentro de la casa, todo estaba decorado estilo "Halloween". Alice me dirigió a la sala, la cual estaba con papel china y telas de color morado, negro y naranja, también sobre las mesitas de adorno y la del centro de la sala, había calaveritas con dulces.
Rodee los ojos. –Ustedes no comen.
–Pero tu si. – dijo sonriendo. –Además daremos dulces dentro de...– miro su reloj.– ¡Oh por dios! Faltan tres horas ¡Bella! Vamos tenemos que arreglarnos.
–¿Tres horas para que?– pregunte.
Ella me miro incrédula. –¡Para que lleguen!
–Oh. ¿Pues que hora es?– pregunte.
–Umm...Las cuatro- dijo sonriendo mientras se acercaba a mí.
Tomo uno de mis brazos y antes de que me jalara para irnos supongo que a su cuarto. Esme llego con una charola.
Gemí.– Eso no es para mi ¿verdad?– pregunte viendo la sopa verde que estaba hay, reprimí las ganas de hacer una mueca.
–Claro que si Bella.– dijo Esme maternalmente y acomodando todo sobre la mesita del centro.
Trague saliva. –Pero...no tengo mucha hambre.
Ella negó.– Carlisle dice que los humanos comen mínimo tres veces al día.
–Oh pero ya comí.– mentí.
Escuche una risa musical al lado mío.
Edward Cullen se estaba riendo de mí. De mí. Ash maldito vampiro.
–¿Comió Bella con ustedes? – pregunto Esme a Alice.
Ella negó. –No. –canturreo.
Volví a gemir. –Es que no me gusta eso.
–Es sopa Bella. – dijo Esme.
–¿Verde?
–Nunca haz comido sopa de brócoli. –afirmo.
Hice una mueca mientras negaba.
–Pues ahora si. – dijo ocasionando las risas de sus hijos
Esme solo negó sonriendo y me extendí esa sopa, la tome y empecé a comer, en realidad no estaba tan mal, de seguro no me sabía tan mal por que no había comido en todo el día. Si de seguro era eso.
–¿Bella?
–Hm… –murmure viendo a Jasper.
–Nos preguntábamos si nos cuentas que paso en el mall.– contesto.
–¿Que paso? –Pregunto Emmet que se encontraba en uno de los sillones al lado de Rose. –¿Viste algo? ¡Oh si! ¿Y que viste?–
Rodee los ojos.– Era un chico guapo.– me ruborice. –Y era el novio de esa muchacha.
Emmet frunció el seño.– Detalles. Detalles.– insistió.
Reí.– Solo quería que le diera un collar y que le dijera que la amaba. Lo de siempre.– dije encogiéndome de hombros.
–Ves Rose tu también hubieras ido de compras.– decía un desilusionado Emmet.
Rose solo lo fulmino con la mirada.– Yo nunca. Nunca iría con ella.– dijo señalándome.
La mire. –Ves Alice ella si hubiera disfrutado.– dije restándole importancia.
Alice me miro. –Bells.
Me encogí de hombros.– Oh vamos, no te vas a disculpar por cada vez que ella me insulte ¿o si?
Rose se paro muy dramáticamente para mi gusto y salio murmurando cosas que no comprendí.
Era mejor así.
La sala se inundo en un incomodo silencio, mire a todos y solo miraban hacia donde se había ido Rose, los ignore y termine de comer la sopa verde que Esme me había dejado.
–¡Listo! Terminaste Bella, vamos a arreglarnos ahora si.– dijo parándose y levantándome de un jalon.
Me tambalee.– Alice, cuidado, soy humana ¿recuerdas?–
Ella río. – Cierto. Ustedes. – Dijo señalando a los chicos.– Sus disfraces están en su habitación, los quiero arreglados antes de las siete ¿ok?– pregunto viéndolos de una forma extraña.
Ellos asintieron.
–¡Vale!– dijo arrastrándome. –Jazz tu disfraz esta en el cuarto de Edward.– grito cuando íbamos a mitad de la escalera.
–Ok amor. – Grito Jasper.
–¿Por que gritan?– pregunto gritando Emmet.
–¡Cállense! –escuche que decía Edward.
Reí quedito.
–Alice, no creo que esto me favorece.– dije viendo el "disfraz".
A que no adivinan de qué me disfrazo. Es tan obvio. ¿Una capa? ¡No! No es la chica maravilla, veamos, ¿colmillos? ¡Si! ¿Pueden creerlo? Por dios es Alice. Hasta ella misma esta vestida de vampira.
–Tonterías Bella, te ves magnifica.
–Si claro.– murmure.
–Lo es. – respondió ella. –¡Listo! – exclamo aplaudiendo.
–¡Por fin! – dije suspirando.
Me vi en el espejo, solo tenía mi cabello suelto un poco alborotado. Sonreí para ver los dos pequeños colmillos que Alice me hizo ponerme.
–¿Estas segura de esto?
Ella asintió. –Vamos Bells, ya son las siete y los chicos ya han atendido a los niños. Eso nos toca a nosotras.– reclamó.
Juntas bajamos las escaleras, reí al ver que Emmet vestía de oso.
–Enana.
–Emmet no te lo quitaras.
–Pero...
–Pero nada.– dijo Alice yendo con Jasper que también vestía de vampiro.
Todo el recibidor estaba decorado, supuse que afuera de la casa también ya lo estaba, Rose estaba disfrazada de Barbie.
–Esme fue por Carlisle.– anuncio Edward bajando las escaleras.
Nuestros brazos se rozaron -ya que yo aun me encontraba en el segundo escalón- ocasionando que una corriente eléctrica pasara por mi cuerpo.
Rodee los ojos al ver su disfraz.
Vampiro.
Tin dong.
–Voy yo.– anuncio Alice yendo hacia la puerta con una canasta en manos.
Me senté mientras la miraba repartir dulces a los niños del pueblo, para después volver a cerrar la puerta, repitió eso unas cuantas veces mas, hasta que me arte, y empecé a ver alrededor, Emmet y Rose se encontraban dándose besos sobre el sofá y Jasper se encontraba jugando cartas con Edward a unos metros de la puerta sobre una mesita.
¿Ante no había un florero? En fin. Sin nada más que hacer fui hacia ellos.
–¿Puedo jugar?– pregunte.
Edward asintió.– Sabes jugar Póker.
–Si. Pero siempre pierdo. – dije haciendo una mueca.
El se encogió de hombros y me repartió un par de cartas.
Jugué cuatro rondas, la cuales todas perdí.
–Ven que no mentía.– dije.
Alice llego con nosotros. –Tú me ayudaras. – dijo sonriéndome.
Asentí. –Vale. ¿En que?
Ella rodeo los ojos.– En dar dulces.– dijo mientras me arrastraba a la puerta.
Gemí, tomando la calaverita en mis manos.
Tin dong.
Bufe mientras daba dulces, Alice cerró la puerta y yo mire la calaverita. Vaya había chocolates, me senté de nuevo en las escaleras y vi como ella abría la puerta, dirigí mi vista a la calaverita y saque un chocolate, lo desempaque mientras veía como Alice volteaba y negaba sonriendo.
–Tenias que dar no comértelos.
Me encogí de hombros.– Estos me encantan.–dije llevándomelo a la boca.
Escuche como reían los demás.
Me ruborice.
El timbre volvió a sonar. Alice abrió revelando una niña pequeña con un vestido azul estilo cenicienta y una señora a su lado vestida de campanita.
–Mira mami, hay muchos dulces.– dijo la niña.
–Si cariño pero solo son pocos.
La niña hizo un puchero. –Yo quiero ese. – dijo señalando la envoltura que aun tenia en mi mano.
–Lucy.– reprendió la señora.
–Oh no se preocupe aquí hay otro.– dije buscándolo.
Cuando lo encontré, me pare y me encamine hacia la puerta, y se lo di a la pequeña.
–¡Gracias!
–De nada pequeña.
La señora sonrío. – Lucy. Eso no se hace.
–Perdón.– dijo haciendo otro puchero.
–De todos modos nunca te regañamos amor. – dijo un voz gruesa.
Volteé a ver a la señora y atrás de ella estaba un señor. Fruncí el seño. ¿Las conocía? ¡Demonios!
–Tú me ves. ¿Verdad?– pregunto.
Desvíe la mirada. –Q-que te-tengan un.– dije tartamudeando.
El señor me interrumpió.– Por favor, solo necesito decirle algo. –suplico.
Asentí derrotada viéndolo. –Disculpe señora...puedo...puedo hablar con usted. – pedí.
La señora me miro confundida. –¿Si?
–Adentro...por favor...– dije
Ella solo asintió y se adentro, Alice cerro la puerta y me miro ¿sonriendo? Ash lo vio y no me advirtió.
Bufe. Aquí vamos de nuevo. Como siempre.
–Se que no me conoce, pero tengo que decirle algo de su...–
¡Demonios!¿Quien era?
–Soy su marido.
Rodee los ojos.– Su marido.
–¿Mi marido?-preguntó.
Asentí. –Hamm...no se como hacer...esto...ya que...no me ha dicho nada...– dije cuando sentía que los segundo corrían y este hombre no hablaba.
El se aclaro la garganta. – En nuestro cuarto atrás del ropero esta un cofre hay están las escrituras de la casa se que lo necesitas.– dijo el mirándola a ella y a la niña.
–El dice que...
–Espere. ¿El dice? Acaso ¿El esta? Por dios jovencita no debe de jugar...– blah blah
Creo que eso ya me lo se de memoria.
La interrumpí.– Mire yo no quiero que pase un mal rato.– aclare. –Si yo estoy haciendo esto es por que ellos no pueden cruzar y el quiere...
–No jovencita esto esta muy mal.– reprendió.
–Mami, hazle caso.– aconsejo la niña que miraba hacia donde estaba el.
Esperen ¿Ella lo ve? Pero...
–Ella me ve.– dijo el hombre.
–Wow. ¿y por que no se lo dices a ella? –pregunte.
El solo negó. –Ella no le creyó.
–Oh, ¿Desde cuando lo ves?– le pregunte a la niña.
Ella río. –Siempre.
Fruncí el seño.
–Para ella nunca me fui.– dijo el restándole importancia.
–Puede decirme que sucede.– pidió la señora mirando a su niña y luego a mi.
–Mami, papi esta aquí.– dijo aplaudiendo.
–Amor, papi esta con dios.– trato de convencerla.
La niña negó.– No. El esta aquí. ¿Verdad?– me pregunto.
Asentí. –Si señora y el quiere decirle algo.
Ella me miro confundida.
–Dice que las escrituras de su casa están atrás del ropero de su cuarto.
La señora jadeo.
–El sabe que las necesita.
–El en verdad esta aquí. – dijo ella.
Asentí. –¿Algo mas? – le pregunte al ver que seguía aquí.
–Puedes decirle que siempre las amare.– pidió.
Le sonreí. –El dice que siempre las amara.
La señora trato de sofocar un sollozo, la niña solo corrió hacia el hombre, el cual se agacho y rozo la mejilla de ella.
–Estas frío papi. – se quejo.
El sonrío. –Cuida a mamá.
–Ya te vas?– pregunto haciendo un mohín.
El asintió. –Tengo que ir a cuidar a Sebas.
La niña aplaudió. –Dile que lo quiero mucho mucho.
–Se lo diré. – dijo besando su frentecita y yendo hacia su mujer. –Puedes decirle que gracias y que lamento no ser piter pan.
Reí. –El dice que lamenta no ser piter pan y que gracias.
–¿El me escucha? –Asentí. –Te amo.
–Yo también te amo. – dijo sonriendo para luego caminar dos pasos y desaparecer.
–El dijo que también te ama.
–¿Se ah ido?
Asentí.
–Como puedo agradecerte esto.
Negué. –Fue un placer.
Ambas se despidieron y salieron por la puerta, yo solo me deslice por la pared hasta llegar asentarme en uno de los escalones. Y yo que pensé que este iba hacer un día normal.
–Vaya, chica, eso fue...raro.– se burlo Emmet.
Reí. – Acostúmbrate.
–Eso estuvo tan lindo. –dijo Esme.
¿Esme?
–Llegamos hace unos minutos. –contesto Carlisle a mi silenciosa pregunta.
Los mire. –Buenas noches.
–Buenas noches hijos.– saludo besando a sus hijos en la mejilla para luego besarme a mi igual.
Sonreí. Era lindo saber que me consideraba su hija. Aunque prácticamente no me conocían.
Alice le contó a Carlisle, sobre lo que paso en el mall, me ruborice al sentir tanta atención.
–Simplemente sorprendente. – dijo Carlisle viéndome.
Me encogí de hombros aun ruborizada. –Es normal.
Alice negó. – Pero bueno ya, ¿bailamos ya? – propuso.
Todos asintieron. Emmet se dirigió al estereo y lo encendió "Disturbia" de Rihanna empezó a sonar. Esme y Carlisle se sentaron en uno de los sillones cerca de la puerta, por si alguien venia a pedir nuevamente dulces, Emmet y Rose abrieron el baile, bailando un tanto provocativo. A la mitad de la canción Jasper saco a bailar a Alice. No había rastro de Edward.
Era increíble como en tan solo unos días, esta familia, a excepción de Rosalie, me habían aceptado, solo con Ángela había encajado bien, pero con ellos era diferente, eran vampiros.
¿Será por eso? Tal vez si.
–Ten.– dijo Edward sacándome de mis pensamientos, el me extendía un vaso de soda.
Lo tome. –Gracias.
–¿Que piensas? – pregunto con su seño fruncido.
Suspire. –Es solo que...olvídalo. –no era bueno pensar tanto en eso.
El frunció el seño. –Dijiste que para ser amigos hay que tener confianza. – me recordó.
Amigos…Amigos…Amigos. ¿Y si yo quiero ser algo mas? ¡Por dios! ¿Que demonios me sucede?
–¿Bailamos? – pregunto.
Asentí tomándolo de la mano y arrastrándolo a la "pista" de baile, ósea, la sala. El me sonrío con esa sonrisa torcida sexy que tiene y puso sus manos en mi cintura. La música cambio de pronto, ahora sonaba una lenta. Alice estaba al lado del estereo, evite rodar los ojos.
–¿Todo bien?
Asentí viéndolo, el me acerco mas a el, no era de suponer que mis mejillas seguían con ese tono rosado de antes.
–Te ves...– Edward parecía no encontrar la palabra adecuada.
Bufe. –Tu te vez algo ridículo. – dije riendo.
El sonrío. –¿Si?
Asentí. –Es que vestirte de...vampiro...es algo inusual... ¿no crees?
Ahora fue su turno de asentir. El me giro para dar una vuelta y me apretó contra su muy formado pecho.
–Pues tu no te ves ridícula.– comentó.
Alce una ceja impaciente por saber si le resultaba linda.
–Estas sexy.– dijo ocasionando mis mejillas arder.
Escuche la sonora carcajada de Emmet. Me gire a verlo, el solo me guiño un ojo y empezó a bailar de nuevo con su Barbie.
Me congele. Al lado de ellos estaba un hombre vestido de la época del siglo XX, el miraba a ellos como ¿entre molesto y arrepentido?
–¡Bella!
–¿Que? ¿Que pasa?– pregunte.
Edward me miraba expectante. Lo mire mientras lo oía suspirar, me había perdido nuevamente en mis pensamientos, mire disimuladamente a el hombre, lo bueno es que no se había dado cuenta que yo lo veía.
–¿Bella?
–Si.
–¿Te encuentras bien?– pregunto confundido.
Inhalé una bocanadade aire. –No del todo.
El asintió y me guió hacia uno de los sillones. Me extendió otro vaso pero estabas había agua dentro. Lo tome y lo deje en el suelo.
–¿Que pasa? – pregunto al ver que no hablaba.
Ya que solo veía a Emmet bailar con Rose y ese hombre observándolos como si fueran lo único que había aquí.
–¡Bella! – dijo Edward sacuendiendome de los hombros.
Lo mire. –Deceame suerte.
El me miro confundido. –¿Porque? –
No le conteste. En verdad deseaba toda la suerte del mundo en estos momentos, ya que tendría que hablar con ellos.
Y tambien para mi desgracia con Rosalie Hale.
N/A: No dejes que nadie...Apage la chispa de tu vida.
