Renesmee.
Ya le he advertido ¿Con eso es suficiente? No creo que no. No puedo parar de pensar en él. Todos los recuerdos de cuando era feliz están ligados a él. Todo lo que imagino de cuando mi vida parecía tener un significado, Jacob aparece. Como si algo me atase a su lado, no logro quitarlo de mi mente.
Estoy en clase de música y Marlene volvió a faltar. Se podría decir que un corto periodo de tiempo he entablado una pequeña amistad. Ella es fría de sentimiento. Pero a la vez tiene algo de empatía, no lo demuestra pero lo veo en su mente. Me ha contado que ama las clases de música, que incluso toca la guitarra y el violín. Le he dicho que toco el piano, ha quedado tan fascinada que ya quiere que un día toquemos juntas.
Pero por alguna razón ha dejado de asistir a clases – los humanos se enferman con facilidad – me recuerdo mientras presto más atención a la clase.
— Los compases compuestos derivan de los simples y surgen de multiplicar – vale, esto es demasiado fácil para mí. Me quejo al oír al profesor Wiliams.
— Disculpe la interrupción – hablo en voz alta – ¿No cree que este es un tema fácil para alumnos de nuestra edad?
— Si no le gusta como enseño Señorita Swan, allí está la puerta esperando a que salga –
Pero no me atreví a salir, no quería tener problemas con el profesor asique me quede quieta en mi asiento. Como dice Marlene "Algún día llegara el valiente que se atreva retirarse"
La hora del almuerzo llego sin hacerse esperar, al fin salía de esa aburrida clase de geografía. Camine por los pasillos abarrotados, odio tener que oír tantos corazones bombeando por todos lados. En cambio, a Janet y su amigo James no parecen incómodos mientras hablan a un lado de los casilleros.
Todos los consideran los mas populares, nadie se cree digno de hablarles. Y ellos se sienten los reyes con sus ropas costosas y sus autos de ensueño ¿Qué rayos se creen? A sí, vampiros.
Camino con una dirección fija; ellos. No tengo escusas para hablarles, bueno quizás si. Si me uniese a ellos, conseguiría sacarles información.
Activo mi escudo, quiero fingir que soy un vampiro, se acabo los juegos de humana. Ni siquiera sirvo para ser humana.
— Lamento lo de Dilan – les digo cuando estoy frente a ellos, se han percatado de mi olor.
— ¿Cómo te has enterado?–inquiere odiosamente Janet, ella es demasiado inteligente como para dejarlo pasar.
— Estaba allí cuando sucedió. Siento no haber podido hacer nada – finjo algo de tristeza en mi voz .
— ¿Cómo que no has hecho nada? – grita James tomándome con brusquedad por los hombros.
— ¡El se había metido en el territorio de los lobos! – lo bueno es que soy excelente actriz – ¡Era una muerte asegurada! No podía arriesgarme.
Cayeron como moscas en una telaraña, mi telaraña. Entendieron a la perfección cual era mi situación, además les exagere diciendo que había corrido varios kilómetros luego de escuchar un grito pero que cuando llegue solo vi como lo mataban. Pero negué cuando me preguntaron por el lobo.
— Deberían saber que los lobos son prácticamente iguales entre sí – les reproche.
Nos sentamos juntos en el almuerzo, algo me estaba saliendo bien. Hasta que me percate de Luz estaba sentada unas cuantas mesas atrás mirándome con el ceño fruncido.
— Janet, he oído que el clan de los Cullens es uno de los más poderosos ¿Es verdad? – me dolía fingir que era buena con ella y mas que no conocía a mi propia familia.
— Claro que si – respondió orgullosa – Somos ocho en total.
— ¿También es verdad que tienen dones extraordinarios? – pregunte disimulando mi tristeza.
— Alice puede ver el futuro, Jasper puede controlar las emociones y Edward, él puede leer la mente – me dijo con una sonrisa en sus ojos ámbar.
— ¿Tú tienes algún don? – no me había dado cuenta de esa posibilidad hasta que me oí a mi misma decirla.
— Si, puedo hacer que lo visible invisible –
— Es magnífico – era verdad, era magnifico. Vale, puede que tenga tres dones pero ninguno se compara con ese – Ciento que mi don no sirve para nada ahora que lo dices.
— ¿Exactamente como es tu don? – pregunta James entrando en la conversación.
— En realidad es un escudo, sirve para muchas cosas. Evitar poderes mentales, evitar mi aroma, evitar acercamientos muy próximos – no les menciono lo de la leer la mente ni lo de trasmitir mis recuerdos o pensamientos con el tacto, ya que tener dos dones no es algo muy corriente, ¡Mucho menos tres!
Jacob.
Las palabras de Luz resonaban en mis oídos, no podía ser posible ¿Ella junto a quien quería matarme? ¿Por qué me había advertido si ella formaría parte? ¿Qué tenía yo para que se preocupase por mi insignificante vida?
Ella está traicionando a su especie, ¿Por qué lo haría? No le encuentro alguna respuesta coherente.
— ¿Estás ocupado? – una voz me hace sobresaltar, me volteo y ¿Quién mas podía ser? Ella está a mi lado, pero no huele a nada, ni a vampiro ni a humano.
— Eh… No ¿Cómo has llegado? – tartamudeo ante el asombro.
— En auto – se encoje de hombros restándole importancia.
— ¿Vienes a advertirme nuevamente cuando se que eres parte del grupo que quiere matarme? – pregunto molesto, pero sus ojos me tranquilizan extrañamente.
— Adivino; Luz te ha contado que me vio en la cafetería con James y Janet – dice cansada – Debo decir que no todo lo que se ve, es cierto.
— ¿Cuál es la verdad entonces? – pregunto esquivando su mirada.
— No quiero matarte, tampoco soy amiga de ellos y mucho menos formo parte de su grupo – me dice velozmente que me cuesta entenderle.
— ¿Qué hacías entonces? – cada vez entiendo menos.
— Sacándoles información – vuelve a encogerse de hombros.
La charla no duro mucho más. Simplemente me dijo que Janet tenía un don, eso lo sabía. Pero me dijo de algo que no me había dado cuenta; que ella no participe en tu muerte, no significa que no ayude a James a hacerse invisible. Y dicho eso se fue.
Luz salió de entre las sombras, me había percatado de que estaba allí e incluso estoy segura de que Luna también lo hizo. Sin embargo, ninguno de los dos se molesto en descubrirla.
Con su cabello recogido en una alta coleta se acerco a mí, en su rostro pude ver emociones indescifrables. Se detuvo a mi lado.
— No confió en ella – sus palabras fueron como cuchillos para mis oídos.
— Eso es porque te has equivocado y no quieres admitirlo – quito mi mirada y miro hacia la playa de la Push.
— Pues dime entonces ¿Por qué ella no tenia ningún olor? – dice elevando el tono de voz – Hoy por la mañana olía a humana, en la cafetería a vampiro y ahora ¿Qué? ¡A nada! Como si no existiera –
— Sera un don – me encojo de hombros, al igual que había hecho Luna.
— ¡Y lo de leer la mente! ¿Dos dones va a tener? –
