Renesmee.
Marlene volvió a faltar a clases.
James y Janet faltaron a clases.
Percibí que hoy no será un buen día al despertarme y ahora en la cafetería lo confirmo al ver que ni Marlene, ni James, ni Janet están aquí. Me salteo el comer, no tengo hambre.
Salgo de ese lugar infestado de corazones latiendo rítmicamente y me dirijo a la secretaria. Pido información de Marlene y me retiro.
Ahora se la dirección de su casa ¿Para qué perder el tiempo? Camino hasta el estacionamiento y me subo en mi nuevo auto, el mismo con el que fui ayer a la Push. Es un Ferrari blanco descapotable. Me contradigo a mi misma cuando me quejo de los autos de James y Janet.
Conduzco a una velocidad no muy prudente por las calles de Forks, atravieso varias calles hasta llegar a un pequeño barrio de casas iguales. Me detengo justo enfrente. Toco a la puerta fuertemente.
Al cabo de unos minutos una pelinegra muy parecida a Marlene sale a mi encuentro.
— Soy una amiga de Marlene – explico rápidamente – ¿Puedo pasar a verla?
No dejo que me responda, en su mente ya leo lo suficiente.
— ¿Qué le ocurrió? ¿Esta bien? ¿Sabe algo de ella? – esta vez no estoy fingiendo ninguna clase de preocupación, es verdad.
— Hace tres días que no viene querida – su voz se va transformando en sollozos – no responde su celular – su vista se nubla, pero lo disimula – la policía nos ha dicho que están ocurriendo desapariciones… Pero no sabemos. No sé donde esta mi niña – siento el impulso de abrazarla y lo hago – no sabía que ella tenía una amiga como tú, siempre ha sido una chica solitaria desde la muerte de su padre – mi cuerpo se tensa, eso era algo que yo no sabía.
— Estará bien – le afirmo – todo se solucionara – sé que es probable que esa sea la mentira más grande que he dicho en toda mi vida.
Marlene no estaba enferma como yo quería creer. Esta desaparecida o mejor dicho está muerta a manos de algún nómade desquiciado. Lo peor es que yo sabía que corría peligro, lo presentía, pero no hice nada. Me quede como una estúpida sentada esperando a que acabaran con su vida.
El día esta soleado, ahora comprendo porque James y la ladrona de vidas; Janet no han asisto al colegio. Soy impulsiva, en pocos segundos estoy en camino a la casa de los Cullens, mi casa. Porque si antes no hice caso de mi intuición y paso lo que paso con la única amiga que logre hacer, ahora seguiré mi intuición y se exactamente que Janet tiene algo que ver en todo esto.
Puedo percibir las mentes de todos, menos la de mi padre, pero sé que está allí. Camino hacia la puerta, no llego a tocar que alguien me la está abriendo.
— Justo a quien quería ver – sonrío de lado al ver a Janet.
Pero no le doy la oportunidad a responder, cuando me abalanzo sobre ella con mi mano derecha en su cuello y la arrincono contra la pared de adentro de su casa.
— ¡¿Qué es lo que sabes de Marlene Smith?! – grito con toda la rabia que tenia contenida hace días, no pasa ni una fracción de segundos cuando todos los Cullens nos rodean.
— No sé nada – miente, en su mente puedo ver los planes de James.
— ¡Esta creando neófitos! ¡¿Cómo puedes permitirlo?! – grito con más intensidad –
La suelto dejándola contra la pared, se lo que necesito. Edward también sabe lo que el amigo de su "hijita" quiere hacer. Me dispongo a salir sin dar explicaciones, pero Emmet y Jasper me detienen.
Rosalie está a un lado de Alice con los ojos expectantes. Esme y Carlisle están al otro lado de la habitación y por último Edward, mi padre… Su mirada esta vacía y su cuerpo rígido como una roca. Las comisuras de sus labios parecen no moverse y sus parpados han quedado petrificados.
— Janet, ¿Cómo has podido ocultarnos eso? – reacciona mi padre para hablar.
— Yo… Yo… – hasta en su propia mente esta tartamudeando.
— A los Vulturis no les gustara saber que los Cullens sabían algo sobre este nuevo ejército de neófitos – digo mirando a Janet a los ojos.
— ¡No lo sabíamos! – chilla la voz cantarina de Alice.
— Janet Cullen, suena a Cullen ¿O vais a negarlo? – miro con bronca a Alice pero me contengo, en el interior amo a esa duendecillo.
— No estábamos informados de lo que Janet conocía – la voz de Carlisle hace eco en la mansión.
— ¿Y tu Edward? ¿A caso no lees la mente al igual que yo? – olvide de Janet no lo sabía, joder.
— No me meto en los pensamientos de mis hermanos –
¿Hermanos? ¿Ha dicho hermanos? Pero… pero…
— Pensé que era tu hija – digo avergonzada cuando oigo la risa de Emmet a mis espaldas – ¿Qué rayos es tan gracioso Emmet?
— No es gracioso en absoluto – responde Rosalie – Edward no tiene hijos.
— ¿Qué hay de Renesmee? – las miradas de odio van dirigidas a Emmet.
El dolor se reflejo en los ojos de todos, Emmet pedía perdón mentalmente a Edward por hacerle recordar el motivo de su soledad. Todos silenciaron, nadie emitió ninguna palabra. En las mentes pude verme a mí misma jugueteando de pequeña, sonriendo, cantando, tocando el piano, en brazos de Rosalie…
Carlisle me dijo que mejor sería irme, aun a la distancia sabia que ellos seguían allí de pie. Cada uno en el mismo lugar en que los había dejado, pensando en Renesmee; pensando en mi.
¿Ahora que se que no me han reemplazado por qué no les conté la verdad?
¿Por qué simplemente no dije "Soy Renesmee"?
¿Por qué preferí alejarme?
¿Por qué me comporto tan estúpidamente?
Jacob.
Sentí un olor distinto en el bosque, no era humano, no era vampiro… Era una combinación. El viento me traía la fragancia más dulce, era el mismo aroma… Ese perfume embriagador que solo un ser en todo este mundo poseía; Mi amada Nessie.
Las hojas de los arboles me golpeaban al correr entre ellos, el viento me daba en contra y ese perfume entraba por mis fosas nasales. Corrí, a una velocidad desesperada, como si de eso dependiera mi vida.
Me detuve en seco al ver a una muchacha sentada en un tronco caído, la luz de la luna alumbraba su larga cabellera ondulada de color cobre. Sus manos estaban posadas a ambos lados de su cuerpo. Podía ver solo su espalda, su figura era delicada y proporcionada. Llegaba un vestido blanco, su pálida piel lucia increíblemente cremosa.
Tan sumida en sus propios pensamientos no supo que yo estaba allí. Renesmee, no cavia duda alguna de que era ella. Me acerque despacio, con cautela. El corazón me latía a mil por segundo, la temperatura de mi cuerpo aumentaba a niveles exagerados. Estaba nervioso, tenía temor.
Una pequeña rama de quebró en cuanto la pise, causando que ella se despertara del sueño de sus pensamientos.
Al voltearse pude verla, contemple cada centímetro de su ser. Sus ojos como el chocolate derretido, sus pestañas alargadas, sus finas cejas y sus labios rojos. Nada en mi cambio, todo seguía igual; el nerviosismo, el temor, el corazón latiéndome a mil. Sin embargo sabía que estaba frente a Luna, Luna Swan y no frente a Renesmee Cullen.
— Hola Jake – su voz era adormilada y podía percibirse su tristeza –
— Luna ¿Qué haces aquí sola? – no pareció escucharme, ya que no me respondió. Me senté a su lado – ¿Estás bien?
— No importa eso…
— Claro que importa – le contradigo.
— ¿Qué harías si las personas que mas amas están sufriendo por tu culpa? – preguntó mirándome a los ojos, el corazón dejo de latirme al ver su expresión de dolor.
— Intentar solucionarlo – le respondo preguntándome si lo dice por ella – ¿Te ocurre a ti? Digo, ¿Hay personas que amas que sufren por tu culpa?
— Sí, pero no es tan fácil de solucionar.
