Renesmee.
Un mar en calma, un cielo despejado y radiante. Eso es lo que veo en sus ojos. Son perfectos, únicos, quizás. Nunca había visto a alguien poseerlos.
Hasta que me doy cuenta de que en realidad no conozco la mitad de mi vida. Pero estoy segura de que son únicos. Nadie podría llegar a tener esa profundidad azulada, ese brillo transparente que a pesar de ser calmado parece traspasarme.
Él me mira y yo no le aparto la mirada. Con solo mirarme me ha atrapado, imposibilitado cualquier movimiento.
¿Cómo es eso posible?
Recorro con mi vista su rostro; mandíbula cuadrada, mentón partido, labios finos y un cabello castaño que esta peinado a la ligera. No recuerdo haberle visto antes.
— ¿Estás bien?
Cuando asiento una leve sonrisa torcida asoma por la comisura de su boca ¡Dios es hermoso!
— ¿Cómo te llamas?
Me quedo mirándole. Esa pregunta no puedo responderla con un asentimiento, pero mis cuerdas vocales no están dispuestas a hablar.
Suspira lentamente, se sienta derecho alejándose de mi -No, no te vayas- y vuelve a mirarme. Mi conciencia sonríe por dentro.
— ¿No quieres decirme?
Su voz aterciopelada me recorre otra vez. Asiento como una idiota ¡No puedo pensar coherentemente con este adonis frente a mí!
— ¿Sí o no?—sonríe, al parecer mi estupidez le causa gracia.
— Ness—aclaro mi garganta—Renesmee, prefiero Ness, o eso creo…
Por unos breves segundos creo que no me va a responder, aparto la mirada, concentrándome en las sabanas de la cama. No quiero que vea lo tonta que me vuelvo en su presencia.
— ¿Crees?
— Perdí la memoria hace unas semanas… Me dijeron que me llamaba Renesmee, pero… ¿Cómo saber si es cierto? Me han mentido demasiado—hablo rápido, casi sin respirar.
— ¿Cómo te gustaría llamarte?—me pregunta, sorprendiéndome.
— ¿Qué? Yo… bueno—me quedo en silencio meditando mi respuesta—Luna, me gusta ese nombre. Se me hace familiar, no se…
— Entonces te diré Luna—su sonrisa vuelve a iluminarme—soy Bastiaan.
Pasamos una cortina de extrañas piedras gris-azuladas que cuelgan del techo y nos adentramos en una extensa sala.
— Y este es el lugar principal—me dice mientras caminamos a través de almohadones gigantes que según él son sofás—aquí nos reunimos, o hacemos lo que queramos. Todos en la manada pueden estar aquí, eso te incluye por el tiempo que estés.
Por el tiempo que estés. ¿Cuánto se supone que será? ¿Cuánto cree él que será? No puedo volver con Luz, ni con los híbridos. Y mi familia… no se quienes son o donde están. Habiéndolos rechazado a través del moreno, no creo que estén muy felices.
— Ya te he dicho que no tengo donde ir, Bastiaan—me dejo caer en uno de los almohadones—no quiero ser una molestia para vosotros—él hace ademan de querer hablar pero le corto—No, yo… cuando pueda conseguir un lugar, o trabajar, no se… como sea… Quiero decir, soy vampiro o por lo menos la mitad de mi lo es. Licántropos y vampiros no pueden ser compañeros de una casa. Eso lo aprendí hace poco y es verdad. Lo sabes.
— La parte de ti que es humana es bienvenida aquí—se sienta a mi lado, mas lejos de lo que yo quisiera ¡Por favor! ¿Qué estoy pensando?—y como no podemos partirte al medio, puedes quedarte. Te encontramos perdida en el bosque, casi muriéndote desmayada, tu parte vampiro te salvó. Cualquier humano hubiera muerto, ahora no vamos a dejarte sola.
— Hablas como si eso creyeran todos los de la manda y te recuerdo que solo te he visto a ti.
— Eso creen todos, lo que yo creo lo creen ellos. Soy el líder—en sus ojos brilla una pequeña mota de orgullo—En total somos 28, la mayoría se ha ido al bosque—cuenta—somos una manada que prefiere vivir allí, la casa la tenemos por apariencia.
Asiento.
Recuerdo como Luz, que era mitad licántropo, jamás demostró serlo (por el tiempo que yo la conocí, por el que recuerdo) Siempre fue humana, sus costumbres incluso. Por mi mente se cuela el moreno, él según olí era un licántropo, olía como puedo oler a Bastiaan.
Algo que antes no me había planteado aparece. Si él venía de parte de mi familia, y era un lobo ¿Cómo es posible? Si bien conozco, vengo de una familia de vampiros, todos ellos.
¿Quién era Jacob?
— ¿Me has estado escuchando?
— ¿Qué? Lo siento yo… trataba de recordar a alguien.
— Espero que haya valido los diez minutos que hable de gusto—parece enojado hasta que me sonríe de medio lado como ya lo he visto hacer— ¿Quién era?
— Nadie importante—o eso creo.
Le devuelvo la sonrisa al momento en el que nos ponemos de pie.
Podría jurar que nunca he visto a alguien comer como lo hacen ellos. Es increíble, si no lo estuviese viendo no lo creería.
Miro mi pequeño plato, con una porción de carne asada, miniatura en comparación con la de los demás. Hago una mueca, ni siquiera tengo hambre.
Bastiaan tenía razón, todos me han aceptado, pero solo porque él se los ha dicho. Puedo ver de reojo como me miran cuando creen que no los observo, puedo percibir su disgusto de tenerme aquí, como una invasora. Y tienen razón, soy una invasora en su territorio.
Por un lado quiero irme, desaparecer en las profundidades del bosque y vivir solitariamente como una cazadora. Pero por el otro, quiero quedarme y hacer todo lo posible por agradecerle a Bastiaan ¿Quién adopta a una hibrida perdida en el bosque? Nadie, solo él puede hacerlo. Sus motivos son desconocidos para mí.
Tomo otro trozo de carne y me lo llevo a la boca. ¿Vivir como una cazadora en qué sentido? Sangre animal o… NO. Jamás me atrevería a hacer tal cosa. No podría.
De reojo miro a Bastiaan quien habla animadamente con una joven de cabellos color fuego. Rápidamente vuelvo mi mirada al plato. No puedo encajar con ellos, no pertenezco aquí. Ellos sonríen, cuentan chistes que no entiendo, están unidos. Yo no…
— ¿Pasa algo?—volteo a mirar al joven a mi lado. Ni siquiera recuerdo su nombre.
— No, nada—él asiente y vuelve a charlar con su amigo.
En el momento en que estoy por comer otro trozo de comida un joven entra gritando a la habitación.
— ¡BASTIAAN!—el joven grita agitado.
A mi lado Bastiaan se pone en pie como un resorte.
— ¿Qué ocurre?—veo como intenta hablar tranquilamente, pero la alarma salta en su ceño fruncido.
— ¡Tienes que venir! ¡AHORA!
Y sale corriendo por donde vino, esta vez es seguido por Bastiaan. Ahora la cena se vuelve un caos. Todos comienzan a hablar más fuerte de lo necesario, se levantan apurados y siguen a su líder.
En cuestión de segundos solo yo he quedado aquí.
Los minutos pasan y yo no me he movido, mordisqueando mis uñas hasta ver la carne bajo ellas me he quedado quieta. Pero la curiosidad es demasiada. Nadie ha vuelto aun, la sala esta completamente vacía y están lejos como para oírles algo.
Me levanto despacio, corriendo la silla que chilla contra el piso, dejo mi plato intacto y camino por donde vi a todos salir. El bosque se abre paso, pero no veo nada, pero si lo oigo. Rugidos, voces. Están cerca. Sigo caminando, adentrándome cada vez más. Y de pronto la vista cambia, lo que antes era un bosque repleto de frondosos árboles, ahora se abre a un enorme claro.
Pero eso no llama mi atención. Más bien lo que ocurre en el.
Lobos, lobos, muchos lobos. Y están enfrentados, mirándose de una forma desafiante, inteligente. Si alguien lo viera, un humano cualquiera, dudaría de si son solo animales. Sus miradas asustan, te dicen claramente que no debes acercarte.
Sin embargo, hay algo más. En medio, con una mirada felina y agazapada hay personas, quiero decir, vampiros. Vampiros a los cuales yo les tendría miedo.
Y a ninguna de ellas las reconozco. Solo son imágenes de rostros bellos.
— Hemos venido en paz.
El vampiro rubio ni siquiera se toma la molestia de gritar. Solo lo dice, como cualquiera diría un saludo. Hemos venido en paz. Como si eso cambiara las miradas amenazantes de los lobos. Como si eso cambiara algo.
Como si un ratón se lo dijera a un gato.
— Es nuestra hija, solo pedimos a nuestra hija—la mujer castaña da un paso al frente abandonando toda pose felina y dejando de lado todo rastro de maldad en su rostro. Ahora solo hay suplica. Y por más que lo intente, no sé quién es.
Avanzo entre los arboles hasta llegar al borde del claro. Para así escuchar lo que el vampiro de cabello cobrizo susurra, pero no lo oigo de todas formas.
Ningún lobo se ha movido, más que para gruñir. Los veo, a los que están detrás de los vampiros. Parecen estatuas gigantes, sin moverse, sin pestañear. Solo mirando hacia el frente. Pero entonces, uno de ellos se mueve, el más grande. Uno de color extrañamente rojizo. Su enorme hocico se mueve de atrás hacia adelante, como si olfatease algo. Y de pronto su cabeza de gira mirando, mirándome a mí.
Mi cuerpo no reacciona a mis órdenes, porque simplemente no puedo pensar. Solo quedarme estática, mientras soy inspeccionada por aquel lobo. Su mirada penetrante y oscura, igual que la del moreno.
Es él.
No parece querer dejar de mirarme y junto a él, el vampiro de los cabellos cobrizos se voltea con rapidez. En segundos, todos los vampiros y todos los lobos solo tienen un punto en donde fijar su mirada. Y ese punto, soy yo. Y a cada segundo me siento encoger.
— Renesmee—la mujer que antes habló ahora está a mi lado. Se ha movido más rápido que la luz, sin dejarme tiempo a reaccionar, se ha abalanzado hacia mí con un abrazo que no puedo corresponder.
Retrocedo en el momento que sus manos heladas se apartan de mi cuerpo. Su ceño se frunce levemente. A mi lado un Bastiaan humano con apenas unos pantalones cortos la mira desafiante.
— ¿Cariño?—la castaña de ojos dorados insiste con su mirada, mis hombros se encogen de manera involuntaria. No sé qué hacer, no sé qué es lo que espera que haga.
— No sé quién eres, lo siento—digo la verdad y luego me disculpo ¿Por qué lo hago? No tengo idea.
El joven de cabellos cobrizos la abraza por la cintura, mientras ella parece ahogar un grito. Los vampiros no lloran, Luz me lo dijo un día. Pero ella, está al borde. Puedo notarlo, como si su tristeza fuera visible. Porqué lo es.
Un moreno que hace tiempo eche de mi habitación ahora está frente a mí. Con esos ojos que como dije una vez: me traspasan, como si él supiera todo lo que siento, como si me conociera desde antes. Antes incluso de nacer.
— ¿Tú eres… Jacob?—mi voz es tan baja y tímida que temo que no me haya escuchado. Aunque también sé que lo hizo.
— Lo soy—una mueca similar a una media sonrisa se forma en sus labios, pero no está lo suficientemente feliz como para sonreír de verdad— Esta es tu familia—dice mostrándome a los demás vampiros—pero ella—señala a la mujer que me abrazó—te conoce más que nadie, tu vida entera la has pasado a su lado. Es tu madre, Bella.
Oigo sus palabras. Comprendo lo que significan. Aun así, no causan ningún efecto en mí. Es mi madre, incluso se parece un poco a mí. Y me odio por no recordarlo. Me odio por tenerla frente a mí y no saber nada de ella, como ella sabe de mí.
— Él es tu padre, Edward—y de ahí salió mi cabello cobrizo.
El vampiro es guapo. El color de su cabello es idéntico al mío e incluso sus finos labios son similares. Nadie negaría que es mi padre. Pero tampoco lo recuerdo, nada que haga me hace ver algo de él en el pasado. Incluso diría que es la primera vez que lo veo.
— Ellos son Alice y Jasper—sus cabezas se inclinan y la pequeña vampiro de cabellos cortos sonríe como si fuera navidad—Emmet y Rosalie—ambos asienten, y ella, podría jurar que jamás vi a una mujer tan bella—Esmee y Carlisle, tus abuelos.
Mis ojos nuevamente observan detenidamente, tratando de recordar todo de ellos. Para que cuando se vayan, poder decir que los conocí, que los recuerdo.
— ¿Cómo he perdido la memoria?—tantas preguntas, tantas cosas que podría saber y eso es lo único que egoístamente pregunto.
— Creemos que Janet te ha hecho algo en tu memoria—habla Carlisle, mi abuelo.
— ¿Janet? ¿La vampiro?
— Si—el mismo hombre asiente—ella pertenecía a nuestro clan. Era nueva entre nosotros.
— Luz la mató, no sé cómo, pero lo hizo y también al otro vampiro—el cual no recuerdo el nombre, creo que nunca me lo dijeron.
Bastiaan toma mi brazo con suavidad, me volteo hacia él.
— ¿Qué harás?—pero no comprendo su pregunta.
— ¿De qué hablas?
— Han venido por ti, quieren que vayas con ellos.
Bella, Edward, Alice, Jasper, Rosalie, Emmet, Carlisle, Esmee, Jacob.
Bella, Edward. Mis padres, son mis padres ¡Tus padres, Renesmee recuerda por favor, son tus padres!
Esmee, Carlisle. Tengo abuelos, son mis abuelos…
Alice, Jasper.
Emmet, Rosalie.
Míralos Renesmee, son tu familia, recuerda… recuerda ¡Por favor!
Jacob… Jake.
¡NO PUEDO HACERLO! No puedo…
Miro a Bastiaan, miro a sus lobos, quienes me recibieron cuando lo necesite. Me rescataron cuando estaba perdida, sola y al borde de la muerte.
Ellos, quienes no recuerdo, quienes dicen ser mi familia.
No puedo ser una carga para Bastiaan. No pedo vivir sola.
Soy inútil.
— Nessie—la voz del moreno me llama— ¿Vendrás?—hay algo inexplicable que ocurre cuando le miro. Algo que dice Confía con letras mayúsculas.
Tomo aire. Lo suelto y asiento.
— Iré.
FIN de la Primera Parte.
THE END
Llego el final y fue taaaaaaaan simple. Lo se, lo se. No me odien.
Como dije una vez; abra una continuación y alli tendran todo su romance y blabla (Lo pongo asi a la ligera y eso es lo que mas amo de las historias. Me contradigo sola!)
Esta historia no fue lo que yo esperaba. Traduccion: empezo siendo una historia que se suponia seria de romance entre Ness y Jake y bueno, veran que se transformo en Drama.
Subiré un epilogo y junto a eso la reseña de la parte dos que se llamará: Amarte: Mis colmillos en tus manos.
Mi imaginacion es WOW ¿Vieron, no? Jjajaja no se me ocurrio otra cosa, pero ya que... si se os ocurre algo me dicen!
MUCHAS MUCHAS MUCHAS GRAAAAAACIAS.
TENGO QUE PONERLO EN MAYÚS PORQUE NO SE COMO EXPRESARLO 3
TODOS LOS COMENTARIOS HAN SIDO HERMOSOS Y ME HAN APOYADO MUCHO, INCLUSO CUANDO RECIEN EMPECÉ QUE ERA MUY NOVATA (lo sigo siendo, lo se)
MI AGRADECIMIENTO PARA QUIENES LLEGARON HASTA EL FINAL ES INFINITO!
