Recordatorio: Los personajes de esta saga pertenecen a Meyer . . . Se prohibe el plagio. . .

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Edward Cullen se encontraba estático en la puerta, su mirada pasaba de Bella a Randall.

Intento decir algo pero, ¿qué podría decir él a ellos? No tenia ningún derecho, no era nada de Bella, ni siquiera su amigo.

Nadie decía nada.

Randall era el único que sonreía. Bella, se mantenía en silencio mientras miraba a Edward.

-Oh.- soltó Randall aun sonriendo. -Creo que mi turno acabo. -aviso.

Se levanto de la cama y camino hacia afuera.

-Suerte. -susurro a Edward cuando paso por su lado.

Edward apretó sus manos, quería despedazarlo poco a poco por haber tocado a su Bella.

Pero ella también participo...se recordó mentalmente.

Decidido cerró la puerta y camino hasta la cama -aquella misma cama donde otros la habían tocado- cerró aun más sus manos y se sentó a solo unos centímetros de ella.

Ambos se miraron.

Inútilmente Bella se aclaro la garganta y vio la hoja de él, la tomo entre sus manos y empezó a leer en un suave susurro.

Nombre: Edward.

Edad: Aparento 17.

Gustos: Principalmente tú, tocar el piano, leer, escuchar música clásica y conducir mi Volvo.

¿Qué piensas de ser mi consorte?: Aún no puedo hacerme la idea de todo esto.

¿Alguna preocupación?: Seria que escogieras mal.

Si te llegara a escoger, ¿crees que funcionaria?: Si lo nuestro cuando eras humana funciono, entonces... No veo por que no funcionaria esto.

¿Algo qué quieras decirme?: Es mejor hablarlo en persona.

Por ultimo: Si te concediera pedirme algo ¿seria…?: Una última cita.

-Una ultima cita. -repitió desviando la mirada de él.

Edward sonrío arrogantemente. -Fui un tonto.

Bella lo miro confundida. ¿Tonto? ¿Por qué?

-Ellos, fueron mucho más inteligentes que yo.

-Oh. –Bella comprendió a que se refería. -¿Cuál es tu regalo?

Edward miro hacia sus manos, levanto una de ellas y se despeino aun más su cabello.

-Creo que lo he dejado abajo.

Bella asintió. -¿Lo traes...?

El sonido de la puerta abriéndose los interrumpió.

-¡Hola Bells!

Bella POV.

Sonreí por primera vez en un gran tiempo. Emmet estaba con mi regalo entre sus manos y me sonreía.

-¿Puedo pasar? -pregunto balanceándose.

Rodé los ojos y asentí.

El camino hasta mi cama con paso humano, viendo distraídamente mi habitación y deteniéndose para ver mejor algunas fotos de mi pared.

-¡Súper! -exclamo deteniéndose otra vez. -Tienes el juego de Guitar Hero.

-¡Emmet! Podrías darme eso. -Edward señalo el regalo. -Y largarte de una vez.

No pude evitar reírme, aun se peleaban como antes.

Hice una ligera mueca. Ese era un pasado del cual no quería recordar nada. Emmet bufo y camino hasta Edward.

-Ten Eddie y esta bien, ya me voy ¡Adiós Bells!

-Adiós Emm.- el azote de mi puerta me interrumpió. -Sigue igual de siempre.

Edward río. -Si, dudo mucho que cambie con los años.

Asentí, y en vez de mirarlo a él mire el pequeño regalo, tenia una forma de rectángulo.

-Ten, ábrelo.

Lo tome entre mis manos y le di un par de vueltas, era obvio que era una roca. Empecé delicadamente a quitar el papel, conciente de que viniendo de él iba hacer algo sobre los dos.

Cuando termine desenvolverlo me tope con una especie de rectángulo pero sin ningún grabado, solo estaba lisa.

-Esta al reverso. -escuche su susurro.

Me permití inhalar el aire que nos inundaba, su característico olor me llegó. Gemí audiblemente y sentí el clásico rubor inundar mis mejillas.

Aun después de tanto tiempo su olor no pasaba desapercibido para mi, antes me deslumbraba al grado de desmayarme ahora hace que prácticamente quiera saltar encima de él.

-¡Bella! -voltee hacia la puerta, no la había escuchado abrir.

-¿Si? - le pregunte a Jane que miraba burlonamente a Edward.

-¡Oh!, es que ¿recuerdas el chico que se acostó contigo aquella vez? -un leve gruñido la interrumpió. Ella lo ignoro. -Cuando te cansaste demasiado

La mire confusa. -Hay varios, ¿por qué?

-¡Oh! porque ya no vas a poder escoger a uno de ellos. -señalo a Edward. -¡Carlo esta aquí!

Sonreí. -¿Carlo? ¡Oh por Dios! ¿El mismo Carlo de Venecia?-pregunte dejando el regalo sin atreverme a mirarlo sobre mi cama.

Ella asintió. - Acaba de llegar y quiere verte.

Me gire hacia Edward. -Vamos abajo.

El asintió sin ninguna expresión y se dirigió hacia donde se encontraba el resto de mi familia.

Jane tomo una de mis manos y literalmente me arrastro.

Cuando llegamos a la sala, todos los Cullen, Randall y sus padres, y mi familia se encontraban expectantes.

-¿Donde esta Carlo? -pregunte ansiosa.

Solamente mi familia río.

-¿Alguien dijo mi nombre? -pregunto una voz con acento italiano a mis espaldas.

Me gire rápidamente.

Frente a mi se encontraba él, obviamente no había cambiado nada, seguía igual de siempre su cabello negro con un corte moderno -parecido al de Edward- una camisa de alguna marca reconocida -Burberry- y unos clásicos jeans y sus vans blancos.

-¿Terminaste la inspección?- me pregunto extendiendo sus brazos y dando una vuelta.

Asentí riendo. -¡Carlo! -exclame corriendo hacia el y colgándome de su cuello. -¡Te extrañe! ¿Qué haz hecho? ¿Cómo te ha ido? ¿Encontraste...?

El se aparto de mí y puso su dedo sobre mis labios. -Tranquila. -río.-Yo también te extrañe, no hecho mucho ya sabes conocer el mundo y me ah ido bien y no, no he encontrado la reliquia familiar pero hoy me avisan donde esta.

Fruncí el seño. -¿Quién?

-Un viejo amigo.

-Oh. -volví abrazarlo. -¡Es genial que estés aquí!

Papá carraspeo. -Hija, el no se va a quedar por tanto tiempo.

-Lo se, sabia que mentías, Jane. -mi hermana solo se encogió de hombros.

-Pero puedo quedarme esta noche. -dijo Carlo.

-En ese caso. -hablo mi padre de nuevo. -El concurso se...

-¿Qué concurso? -pregunto confundido Carlo.

-Luego te cuento. -le dije.

-Bien, entonces el concurso finalizara mañana. ¿Algo que quieras agregar? -preguntó mi padre.

-Reúnanse a las diez de la noche aquí. -señale la sala.

Todos asintieron.

-Muy bien, si nadie mas va a decir algo, ¡estaremos en mi habitación! -les dije corriendo hacia arriba con Carlo aun lado de mi.

Edward POV

Evite gruñir y correr hacia ella.

¿Carlo? ¿Quién demonios era Carlo? Era obvio que él se acostó con ella, Jane lo dijo -la mire de reojo- ella me miraba burlonamente.

-Familia, amigos, estaré en mi despacho así que cualquier cosa no duden en pedirla.

Todos asentimos.

-Pueden moverse por la casa con toda libertad que deseen. Nos vemos a las diez. -anuncio riendo y saliendo de la sala.

-¿Qué hacemos?-preguntó Emmet.

-No se. -contesto Alice. -Pero veo que Jasper y tu jugaran billar.

Emmet se levanto sonriendo. -¡Te acabare!

-Ya quisieras. -le contesto Jasper siguiendo a Emmet hacia la sala de juegos.

Mis hermanas se miraron entre si.

-¿Tú que harás Edward?

-Voy a cazar. -les dije solamente, conciente de que los Vulturis no me quitaban la vista de encima.

-Pero Edward, si aquí hay sangre de puma.

Mire a Didyme. -No gracias, prefiero cazar.

Ella simplemente asintió.

-Nosotros te acompañamos. -se ofrecieron mis padres y mis hermanas.

Asentí. -Con permiso. -me despedí de los demás y camine hacia las afueras del castillo, con mi familia siguiéndome.

Bella POV

-¡Vaya! Entonces necesitas un nuevo consorte.

Asentí dejándome caer en mi cama. Ya le había explicado todo sobre lo del concurso.

¡Demonios! pensé al sentir que mi cabeza toco algo, era el regalo de él. Lo deje abajo de mi almohada y decidi mirarlo despues.

-¿Y a quién escogerás? –preguntó.

-La verdad, no lo he pensando.

El asintió.

Me gustaba estar con él, a pesar que entre nosotros hubo algo ya que el me ayudo a alimentarme cuando estaba en Venecia, existía un lazo muy grande amistad entre nosotros.

-Bells. -me hablo. -Falta un minuto para las diez.

Gemí. -Esta bien ¿vamos? -voltee a verlo.

-Claro.-dijo levantándose y poniéndose a un lado de mi cama. -¡Sube!

Reí mientras me subía en su espalda, pase mis brazos por su cuello y el corrió.

-¡Listo! Hemos llegado. -anuncio bajándome de su espalda. -Son dos euros.

Puse los ojos en blanco. -¿Me cobras? Pero si tú te ofreciste.

Carlo río. -Solo por hoy no te cobro.

Bufe y mire a mi familia. -¿Y papá?

-Aquí estoy ¿Qué es lo que pensaste?

Hice una mueca y mire a Randall y a Edward.

-Hay otro reto.-anuncie. -Será una especie de salida juntos.

-Como una cita. -pregunto sonriendo Alice.

Asentí. -Tienen lo que queda de la noche y mañana para planear. A la una empieza tu cita Randall y se acaba a las ocho y para las dos de la mañana se acaba tu cita Edward.

Ambos asintieron.

-Muy bien, mañana haré mi elección -hice otra mueca.

-Bueno entonces yo me voy. Marco cariño, ¿vamos? -mi tía miro a su esposo.

-Hasta mañana. -se despidió mi tío.

-Nosotros iremos a mi cuarto. -Jane, Alec y Dimitri se levantaron. -Nos vemos al rato.

-Y no hagan nada indebido. -se burlo Dimitri mientras los tres desaparecían.

Reí junto con Carlo.

-No lo haremos. ¿Verdad? -me pregunto abrazándome por la espalda.

Solo reí en respuesta.

-Estaremos viendo una película allá. -señale la sala de televisión que estaba detras de la familia Cullen. -Cualquier cosa, me dicen.

Tome de la mano a Carlo y camine hacia allá sin despedirme de ellos.

-¿Cuál vemos? -me pregunto Carlo.

-¿Esta? -le pregunte.

El extendió su mano, tomo la película y empezó a leer la contraportada.

-¿Ya la viste? -pregunto.

Negué.

-Es de terror.

Puse los ojos en blanco. -Ya lo se.

-¿Y aun así quieres verla?

-¿Quieres ver otra?

-¿Tú quieres ver esta? -me preguntó de nuevo.

-Si quieres ver otra película, solo dime...

-¡Ya! ¡Cállense ustedes dos! -escuchamos el grito de Alec.

Me voltee para mirarle, el estaba en la sala de juegos, junto con los demás. Crei que estarian en su habitación.

Mire a Carlo. -¿Y bien?

El se encogió de hombros. -Te asustaras.

-No creo.

El río. -Eso dijiste la última vez y tuve que acompañarte a todos lados ya que no querías ir sola.

Las risas de mis hermanos no se hicieron esperar.

Dimitri río mas fuerte. -Yo recuerdo eso.

-Bella no podía ir a la cocina o estar en su cuarto sola por que temía que la niña del aro la atacara.

Gruñí. -¡Cállense! Hay que verla.

Carlo asintió. -Bien, pero tu nuevo consorte tendrá que estar tras de ti desde mañana.

-¿Desde mañana? -pregunté.

-Eres mía esta noche. -dijo guiñándome un ojo y levantándose a poner la película.

Reí abiertamente ignorando un leve gruñido que provenía de él a solo unos metros de mí.

Tenía que distraerme y no pensar tanto en lo que vendrá mañana.

Tendría mi nuevo consorte.