Dolce

"Un flirteo es como una pastilla: nadie puede predecir exactamente sus efectos." –Catherine Deneuve.

Capítulo II:

"Caramelo"

—¡Sabes que lo estás haciendo a propósito, Sakura! —Exclamó Tomoyo, indignada de que su prima y supuesta mejor amiga quisiera enviarla a aquella cita de trabajo con Eriol Hiragizawa. ¡Qué barbaridad!

—Está bien, me atrapaste, lo estoy haciendo a propósito. —Dijo Sakura, sin intentar defenderse—. Pero es que, Tomoyo, no es posible que a estas alturas de tu vida no puedas llevarte bien con Eriol, quien está invirtiendo en las tiendas de la compañía en Inglaterra y además fue con quien perdiste tu virgini…

—¡No lo digas! —Tomoyo la miró desafiante y soltó un suspiro pesado—. Simplemente, no lo digas.

Faltaba más. ¿Cómo alguien podía tener tanta maldad dentro de sí mismo?

—Mira, te lo voy a poner así: o vas a la cita con Eriol o dejo de ir al trabajo en Dolce. Fin de la historia.

Tomoyo peló los ojos por la sorpresa e indignación, y la fulguró con la mirada. Golpeó la mesa con las manos. Y ella era su prima. ¡Su prima y su mejor amiga, por el amor de Dios!

—No te atreverías.

—Oh, sí que lo haría. Y también le diría que estás enamorada de él y no te has acostado con nadie desde el instituto porque no puedes superarlo.

—¡Pero eso no es cierto!

—Eriol no tiene por qué saberlo, Tomoyo de mi corazón.

La pelinegra se puso de pie, y antes de entrar a su habitación le dio una última mirada de odio a su prima.

—A veces me pregunto por qué eres mi mejor amiga.

Sakura sonrió satisfecha. Se alistó sin mucho apuro, pensando en lo que Kero le había contado anoche, sobre Meiling Li.

Entonces se preguntó que cuándo había sido la última vez que había salido con alguien. Había sido Koyi, uno de sus pretendientes, el menos aburrido de todos. Pero no había funcionado ya que sólo le gustaba hacerlo rápido y furioso. Y no es que Sakura tuviera algo en contra de eso, pero de vez en cuando le gustaba hacerlo un poco menos… salvaje.

Por eso era tan difícil encontrar a un hombre que le gustara. O era guapo pero aburrido, o era divertido pero tonto. O el sexo era demasiado desenfrenado o muy pasivo. No tenían un equilibrio entre lo elegante y lo casual. Entre lo serio y lo desordenado. Entre lo delicado y lo salvaje.

Estacionó su Lexus plateado y se dirigió al restaurante. Hacía un día precioso, con un cielo muy azul y un sol brillante. Al entrar, saludó a varios de sus compañeros y Pedro se le acercó.

—Buenas tardes, hay un cliente que pregunta por ti.

Le entregó dos menús con una sonrisa y le sonrió cálidamente.

—Está en la terraza, estoy seguro de que cuando lo veas lo reconocerás de una vez.

Le guiñó un ojo y le dio una palmadita en la espalda. Sakura se extrañó. ¿Quién sería? ¿La señora Seyo? ¿La familia Yokomoto?

No hizo falta que se preguntara nada más, sólo tuvo que salir a la terraza y verlo.

Allí estaba el cliente de anoche, Shaoran Li, conversando animadamente con una mujer. Tenía puesta una camisa azul marino de cuello blanco, remangada hasta los codos y unos pantalones cortos blancos. Se veía cómodo y guapo. Muy guapo. Al acercarse a su mesa, pudo contemplarlo de cerca y con la luz del día.

Y en una fracción de segundo grabó todo de él: su pelo castaño revuelto; sus ojos de un color ámbar muy puro, parecido al caramelo, rodeados de unas pestañas espesas y masculinas, y enmarcados por unas cejas gruesas; sus labios, sensuales y atrayentes.

Definitivamente, Shaoran Li era un bombón.

Él sonrió complacido al verla llegar.

—Buenas tardes —Dijo Sakura entregándole un menú a cada uno—, qué bueno verlo por aquí otra vez, señor Li. Veo que hoy viene acompañado.

Shaoran no entendió aquello en un principio, porque estaba sumergido en el verde de sus ojos, y no fue sino hasta que Meiling se aclaró la garganta que él notó su presencia.

—Ah, sí. Ella es mi prima Meiling. Es la primera vez que viene a Dolce.

Sakura no pudo evitar dibujar una sonrisa ante las ironías de la vida, y reconocer a Meiling como la bailarina de Kero. Su amigo había estado en lo cierto, Meiling Li era una mujer bella. Tenía el pelo largo y negro, y los ojos de un color castaño rojizo. Hasta tenía un parecido a Shaoran.

—Así que tú eres Meiling Li.

—¿La conoces? —Preguntó Shaoran, curioso.

—La verdad no, pero he oído mucho de ti. Todo bueno, por supuesto. —Le sonrió y la pelinegra correspondió al gesto-. Eres una bailarina muy reconocida, ¿o me equivoco? –Ella asintió, orgullosa-. Tengo un amigo que sigue el ballet muy de cerca y me habló maravillas de ti, dijo que eres fantástica.

Se ahorró el nombre de Kero y las ganas de reír. Y de decirle que su amigo, además de considerarla una bailarina talentosa, también pensaba que era una mujer bella y una experta en el arte del sexo oral.

—Meiling, ella es Sakura, lo mejor de este lugar.

Después de ti, pensó Sakura. Le regaló una sonrisa y decidió tomar la orden de las bebidas.

—¿Qué van a tomar?

—Yo quiero una copa de chardonnay —Dijo Meiling—. Y Shaoran una Coca-Cola.

Ella asintió y se retiró, no sin antes sonreírle a Shaoran. Él delineó su cuerpo con los ojos, sin perderse ningún rincón.

—¿Lo mejor de este lugar? —Preguntó Meiling, con un tono de burla lleno de curiosidad.

Él sonrió—. ¿No la viste? Es una diosa japonesa de ojos verdes y piernas largas.

—Sí, es muy guapa, pero yo pensé que lo tuyo eran las mujeres de pelo largo.

—Ahora me gustan las que llevan el corte Bob.

Meiling rió. No sabía que su primo conociera ese término.

—Me cayó bien.

—Sólo porque dijo que eras una gran bailarina.

—En realidad no fue solo por eso. ¿Qué vas a pedir?

—Un carpaccio di manzo.

—Yo también, tengo años sin comer uno. Pero lo quiero de pulpo. —Cerró el menú.

—No deberías, los mariscos son afrodisíacos y tú no necesitas que tu libido suba ni un poquito más.

Ella frunció el ceño y lo miró con hostilidad y diversión.

—¿Qué estás insinuando, Xiao Lang?

—¿Yo? Nada, ¿por qué habría de estar insinuando algo? ¿O estaría mintiendo si dijera que eres una mujer con un apetito sexual muy grande?

—Pues, eso es lo que dicen.

Unos minutos después, apareció Sakura con las bebidas, lista para tomar su orden.

—¿Ya saben qué van a ordenar?

Shaoran le dio un largo sorbo a su Coca-Cola.

—Solo hay una cosa que quiero, y tristemente no está en el menú.

Sakura sintió que la temperatura del ambiente había subido de repente, y agradeció la interrupción de Meiling.

—Yo quiero un carpaccio de pulpo.

Shaoran la miró con seriedad por haber roto el momento. Ella se encogió de hombros.

—¿Qué? Tengo hambre.

—¿Y usted, señor Li?

Aquella formalidad lo hizo sonreír.

—¿Por qué me llamas señor? ¿No te gusta mi nombre?

—¿Le molesta que lo llame señor?

—En realidad me ex...

Meiling carraspeó y Sakura se sonrojó al percatarse del rumbo que había tomado la conversación. Se retiró sin decir nada más, luego de que Shaoran le dijera que también quería un carpaccio, pero de res. Meiling comenzó a reír.

—¿Qué es tan gracioso?

—El hecho de que te desvivas por llamar su atención y que la pobre mujer sólo quiera hacer su trabajo.

Él frunció el ceño—. ¿Estás diciéndome que no le gusto?

—Estoy diciéndote que no creo que tengas muchas posibilidades. —Hizo una pausa, y hubo algo que le pareció sumamente curioso, eso sumado al hecho que su nombre se le hacía bastante conocido—. Ahora, lo que no entiendo es cómo una mesera puede costearse unos zapatos tan caros.

—¿Uh?

—Sus tacones son Christian Louboutin. Son caros.

—¿Cómo te diste cuenta de eso?

—Soy mujer y tengo buenos gustos, reconocería unos Louboutin a cientos de kilómetros de distancia. Sobre todo si se trata de los clásicos.

Shaoran se encogió de hombros.

—Quizá ahorró para comprárselos o fueron un regalo.

—O quizá algún cliente enamorado se los regaló de propina, luego de haberlo seducido descaradamente mientras lo atendía. —Sabía que con eso lograría picar a Shaoran.

—No creo que Sakura haga eso. —Frunció el ceño.

—¿Y tú cómo lo sabes? Ni siquiera la conoces.

—Tú tampoco —Meiling estuvo de acuerdo en esa—, pero no es la impresión que me da.

—Está bien, ¿y qué sabes de ella?

—Bueno, sé que se llama Sakura, que le gustan los buenos zapatos y que tiene unas piernas de muerte.

Meiling aplaudió—. ¡Excelente! ¡Ya es hora de que le entregues el anillo y la lleves al altar! Oh, cierto, ni siquiera sabes si está casada. O si es lesbiana.

—Te recuerdo que fuiste tú quien le hizo sexo oral a un tipo que ni siquiera conocía.

Touché. —Dijo Meiling riendo.

Él sonrió complacido y bebió de su Coca-Cola.

—Te reto a que le preguntes si es lesbiana. —Le retó. Shaoran bajó la copa y la miró desconcertado—. Ya sabes, como en los viejos tiempos.

—¿Estás loca?

—Ay, Xiao Lang, no seas aburrido. ¿Hace cuánto no jugamos a los retos?

Él lo pensó—. Pues, la última vez fue cuando me dijiste que le dijera a la vecina de enfrente que me excitaba verla en el ascensor y el pasillo.

Meiling se rio al recordarlo.

—¿Qué es lo peor que puede pasar esta vez? ¿Que no te conteste?

—Que me diga que sí es gay.

Meiling se rió al imaginarse la escena.

Shit happens, baby. Todos los días.

A Shaoran no le causó mucha gracia aquella frase.

Cuando Sakura llegó con sus pedidos, Meiling lo golpeó por debajo de la mesa, y no dejó de lanzarle miradas insistentes hasta que él habló.

—Sakura —Utilizó un tono bastante serio para captar su atención—, mi prima Meiling quiere saber si eres lesbiana, pero le da vergüenza preguntártelo directamente.

Meiling abrió los ojos exageradamente al escuchar eso, golpeó a Shaoran por debajo de la mesa y se sonrojó. Sakura se aguantó la risa.

—No, no lo soy.

—Ah, Mei, que lástima. No vas a poder invitarla a salir, como querías. —Shaoran se acercó a Sakura, y colocó una mano junto a su boca, como una barrera de sonido para que Meiling no escuchara—. Tiene debilidad por las castañas.

—Muchas gracias por aclararme la duda —Meiling sonrió—, ahora, ¿podrías decirnos si para ti es importante el tamaño? Es que mi primo está interesado en ti y bueno, digamos que tiene un pequeño problema. —Arrugó el ceño ligeramente—. No sé si sabes a qué me refiero.

Shaoran olvidó por un momento que Meiling lo estaba humillando frente a Sakura cuando ella soltó una carcajada burbujeante y musical. La pelinegra sonrió triunfante y le sacó la lengua a su primo.

—Eso no es verdad, por si acaso. —Comentó Shaoran, avergonzado y encantado por su risa, al mismo tiempo.

—¿Qué no es verdad? —Ambos miraron a Sakura, que parecía muy divertida—. ¿Que estás interesado en mí o lo del tamaño?

Shaoran sonrió porque lo había tuteado, y porque ahora era ella quien coqueteaba. No tardó en responderle pícaramente.

—Sí estoy interesado en ti, y en el caso de que quieras saber lo otro, pues, puedes comprobarlo cuando quieras.

Su guiño hizo que Sakura quisiera desnudarlo allí mismo para comprobarlo. Ese hombre la hacía tener pensamientos tan impuros.

—Que disfruten su comida. —Tras decir eso se marchó.

—Nunca respondió lo del tamaño. —Dijo Meiling mientras probaba su carpaccio.

—Al menos sabemos que no es lesbiana. –Comentó Shaoran, aliviado.

La comida continuó con algunos comentarios por parte de Meiling sobre lo poco interesada en él que estaba Sakura, hasta que llegó la hora de pedir el postre, y la presencia de la castaña le encendió el bombillo.

—Antes del postre, mi primo quisiera que le aclarases una duda.

Shaoran la miró sin entender y Sakura tragó grueso. Esperaba que no fuera una pregunta demasiado íntima. Las anteriores habían sido un poco inapropiadas considerando las circunstancias, pero no sentía que hubieran cruzado una línea demasiado peligrosa. ¿Y si le pedían hacer un trío? Pero, ¿hacer eso no sería incesto, siendo Shaoran y Meiling primos? Bueno, ella misma una vez se había besado con un precioso chico italiano y con Tomoyo, al mismo tiempo, durante unas vacaciones de la universidad.

—¿Eres casada?

¿Qué? ¿Eso era todo? ¿Una simple pregunta sobre su estado civil? Suspiró aliviada. Gracias.

—No.

—¿Tienes novio, prometido o algo así?

—No, no y no.

—¿Quieres ser monja?

¡Jajajaja!

—No lo creo.

Shaoran sonrió satisfecho y Meiling asintió, complacida.

—Yo quiero un tiramisú. —Le sonrió y recostó su espalda al respaldar de la silla.

—¿Y usted, señor Li?

—Solo quiero una cosa.

Sakura supo que se refería a ella. Quiso gritarle ¡sí, tómame! Pero le pareció poco ético, y probablemente la despedirían de inmediato.

—¿Qué le parece una tarta de fresas?

Shaoran se cruzó de brazos, como un niño pequeño al que no le quieren complacer su último capricho.

—¿Qué tal un mousse de chocolate?

—Un mousse de chocolate estará bien. —Dijo Meiling, intentando salvaguardar a Sakura.

Ella asintió aliviada y le agradeció con una mirada y una pequeña sonrisa, antes de irse.

—Xiao Lang, ¿por qué no lo afrontas? No. Le. Gustas. ¿A caso nunca viste la película Simplemente no te quiere? Sólo acéptalo.

Él le tiró su servilleta—. Cállate. Estoy seguro de que le gusto aunque sea un poquito.

—Puede ser, pero, ¿qué tal que sea una chica virgen fanática religiosa que viva en casa de sus padres. O peor —los ojos de Meiling se iluminaron de maldad—: que sea menor de edad.

Shaoran analizó las probabilidades. Sakura definitivamente no parecía ser menor de edad, era toda una mujer, pero las apariencias podían ser muy engañosas. Se estremeció de solo pensarlo.

Cuando ella llegó con los postres, Shaoran y Meiling cruzaron miradas, y luego posaron sus ojos en ella.

—No, no soy asesina serial. No, no fumo ni uso drogas. No soy vegetariana, pero a veces me gustaría serlo. Sí, fui a la universidad. Sí, tengo licencia para conducir. ¿Algo más? —Contestó Sakura, sin que se lo preguntaran.

—¿O sea que no eres menor de edad? —El tono de voz de Shaoran sonaba casi suplicante.

Sakura rió—. Hace bastantes años dejé de serlo.

Él suspiró aliviado.

—¿Puedo ser yo quien les haga una pregunta esta vez? —Ellos asintieron, curiosos—. ¿Qué tan extraño puede ser que dos primos que probablemente tienen mucho que contarse, prefieran pasar su almuerzo interrogando a la mesera que los atiende?

Ellos se rieron a carcajadas. Sakura sonrió, esos dos le recordaban mucho a su relación con Tomoyo.

—Extraño, sí. —Comentó Meiling.

—Bastante, la verdad. —Secundó Shaoran.

Luego del postre, cuando Sakura pasó a recoger la cuenta ya pagada, se encontró con una tarjeta corporativa con los datos de Shaoran. En el revés, había otro número (el que Sakura intuyó era su número personal) y un mensaje escrito a mano:

«Si quieres interrogarme, no lo pienses dos veces».

Se sonrió a sí misma y se fijó que otra vez había dejado una jugosa propina.


Eriol Hiragiizawa sonrió al ver a su mejor amigo luego de casi cuatro meses sin verse. Estaba idéntico a como lo dejó en el aeropuerto.

—¡Shaoran! —Le dio un abrazo amistoso, el cual el castaño correspondió inmediatamente.

—¿Cómo te fue en tu Inglaterra natal? ¿Mucho pescado frito con papas?

Eriol rió—. Más o menos. Me fue muy bien, pero siempre es bueno volver.

Comenzaron a caminar en dirección a una cafetería que quedaba cerca de la casa de Eriol, para desayunar.

—¿Cuándo fue que llegaste?

—Hace una semana, y me hubiera quedado más tiempo, pero tenía esta cita con una socia nueva, para hablar sobre las sucursales de su empresa en Inglaterra. —Hizo una pausa para reírse irónicamente—. ¿Te acuerdas que te dije que eran dos mujeres? —Shaoran asintió con la cabeza—. Una de ellas e smi exnovia.

Shaoran se sorprendió—. ¿Azuka?

—No, no —negó con la cabeza—, me refería a mi primera novia, Tomoyo. Con quien las cosas terminaron mal...

Los ojos de Shaoran se abrieron en sorpresa y diversión.

—¿En serio?

—Sí, al principio no sabía cómo iba a resultar todo, pero me alegró saber que ella ya lo superó. Está preciosa, Shaoran, muy cambiada.

—Eso pasa, cuando las dejas se convierten en diosas y dejan atrás todos sus defectos.

—Te lo juro —Suspiró—. Recuerdo que terminamos porque discutíamos mucho; yo la llamé loca y ella me dijo patán, le conté a todo el mundo que usaba relleno en el sujetador... y luego ella les dijo a todas las chicas que yo no era muy bueno en el dormitorio.

El castaño no pudo evitar soltar una carcajada al imaginar la escena.

—¿Era cierto? —Preguntó divertido.

—Lo era. —Eriol suspiró—. Pero no sabes lo que fue escucharla hablar en ese tono profesional... es increíble como cambian las personas. Aunque claro, era de esperarse. Han pasado, ¿nueve, diez años? —Frunció el ceño intentando recordar—. Me dijo que me iba a llamar hoy, para encontrarnos y así poder conversar de amigos, y no en plan de trabajo. —Cerró los ojos por un momento, como evocando el recuerdo de Tomoyo—. Me pregunto cómo será en la cama ahora...

—Ya somos dos. —Suspiró Shaoran.

Eriol abrió los ojos y frunció el ceño.

—Pero tú no la conoces.

—No, no, quise decir que conocí a alguien y estoy en las mismas que tú, preguntándome cómo será en la cama.

—¿Ah, sí? ¿Alguna señorita de la alta sociedad, quizá?

Shaoran se rió—. Es una mesera de Dolce.

—¿En serio? —Preguntó incrédulo. Su amigo normalmente apuntaba a un perfil muy distinto.

—Tiene unos ojazos verdes y unas piernas larguísimas. Me encanta.

—¿Desde hace cuánto estás saliendo con ella?

Shaoran sintió un baldazo de agua fría.

—No... no estamos saliendo. La conocí antes de ayer en Dolce. Ayer fui a almorzar con Meiling y pedí que me atendiera.

—Comprendo, comprendo —Dijo mientras abría la puerta de la cafetería—, ¿y ella qué piensa de ti?

Baldazo número dos.

—No lo sé. —Suspiro—. Ayer le dejé mi número pero no me ha llamado. Meiling dijo que me averiguaría su horario de trabajo.

—¿Meiling? —Preguntó sentándose en una mesa pegada a la ventana.

—No preguntes cómo. Recuerda que Meiling sabe cosas.

Eriol se estremeció—. He de confesar que Meiling es una de personas que consigue intimidarme con facilidad. Siempre me ha mirado como si supiera lo que estoy pensando todo el tiempo. —Sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal—, además, tiene cara de…

Hizo una pausa.

—¿De qué?

—De dominatrix.

Shaoran soltó una carcajada. Su móvil comenzó a vibrar en su bolsillo, y al mirar la pantalla se rió todavía más. Hablando del rey de Roma…

—Hola, Mei, justo estaba hablando de ti.

Pero Meiling no estaba por la labor de una charla casual.

—Tu amada trabaja los lunes, martes, jueves y domingos. Los lunes y los domingos de seis de la tarde hasta la hora de cierre. Los martes y jueves después del mediodía.

Shaoran parpadeó sorprendido. Meiling sí que era eficiente. Y extraña.

—Se llama Sakura Kinomoto, tiene veintisiete años. Le gustan los gatos, Coldplay, el vino blanco y el deporte.

Shaoran estaba perplejo—. Meiling, ¿cómo sabes todo eso?

—Tengo mis contactos. De nada.

La llamada finalizó y Shaoran pudo jurar que Meiling había sonreído complacida tras decir eso último. El que no sonrió fue Eriol, quien mantuvo su expresión claramente perturbada.


Sakura no podía dejar de reírse de lo que Tomoyo, al otro lado del teléfono, le estaba contando.

—Tomoyo, te juro que no me puedo dejar de reír, ¡voy a chocar por tu culpa! ¡Eres una descarada!

La pelinegra sólo sonrió y utilizó un tono serio y profesional.

—Espera, ¿estás conduciendo?

—Sí, pero el teléfono está conectado al Bluetooth, con ambas manos en el volante. No te preocupes.

—Bien. —Suspiró aliviada Tomoyo—. Como te decía, tenía que sacar provecho de mis atributos, Sakura, ¿cómo se te ocurre que después de que Eriol me llamó plana en el colegio no iba a ponerme un escote? Pero no pienses mal, fue un escote elegante, nada vulgar.

—¿Y te hizo algún comentario? —Sakura agradeció al cielo que hubiera lugar para estacionarse frente a la cafetería favorita de Kero. Se extrañó al no ver el coche de su amigo, pues era siempre muy puntual.

—No, pero tenías que haber visto su cara. Aunque, he de decir que lo disimuló bastante bien. Se portó como todo un caballero.

—Te dije que estaba muy cambiado —Abrió la puerta de su auto y se bajó—, ya no es el mismo desvergonzado y tonto de antes. Y sus nuevas gafas lo hacen ver muy mono.

—Eso no puedo negártelo. Quedé en llamarlo hoy para encontrarnos y conversar.

—Donde hubo fuego…

Sakura entró a la cafetería y fue directamente a la barra, para ver el enorme menú que estaba guindado en la pared.

—Cállate, Sakura. —Espetó Tomoyo. La castaña se rió—. Bueno, te dejo, voy a llamarlo antes de que me arrepienta. —Y colgó antes de que su prima comenzara a molestarla de nuevo.

Al segundo siguiente de haber finalizado su llamada con Tomoyo, Sakura recibió un mensaje de WhatsApp de Kero:

No podré ir a desayunar contigo, Saku, lo siento. Surgió algo importante que debo atender. Besos, ¡te quiero!

Sakura frunció el ceño. Sí que debía ser importante, porque para que ni siquiera la llamara...


Shaoran había observado todos los movimientos de Sakura por la ventana, desde que se había bajado de su Lexus (definitivamente sí que pagaban bien en Dolce) hasta que había fijado su atención en el menú. Llevaba puesto un vestido blanco de verano, que le llegaba hasta la mitad de los muslos, y unas plataformas altas.

—Eriol, mira, es ella —la señaló sin reparo alguno, ya que estaba de espaldas a ellos. Eriol se giró para verla. Aquel corte y color de pelo de ese color tan particular se le hizo muy familiar. Un momento, ¿Shaoran había dicho que tenía ojos verdes?

—¿Sakura?

Ella se giró para ver quién la había llamado y se sorprendió al toparse con Eriol Hiragizawa, que estaba sentado en una mesa junto a un hombre muy apuesto, con una mirada muy familiar.

El acompañante de Eriol no era otro que Shaoran Li, su cliente más reciente. Y más hot.

Se acercó a ellos y ambos se pusieron de pie para saludarla.

—Sakura, ¡qué sorpresa encontrarte! —Exclamó Eriol, haciendo énfasis en la palabra sorpresa, dándole una mirada de confusión, para que ella captara inmediatamente que Shaoran le había contado sobre su supuesto empleo.

Ella le sonrió un tanto desconcertada—. Oh, sí, ¡sorpresa, sorpresa! —Exclamó—. Ya sabes que yo soy una caja de sorpresas, Eriol.

—Ya va, ¿ustedes dos se conocen? —Preguntó Shaoran sin entender.

—Sí, fuimos juntos al colegio. —Comentó Eriol, sin agregar nada más.

El móvil de Eriol comenzó a vibrar en su bolsillo, por lo que se excusó para contestar. Era Tomoyo, quería que quedaran para desayunar. Él, por supuesto, no iba a negarse, así que se disculpó con Shaoran y Sakura, no sin antes decirle a la castaña que le debía una buena explicación a su curiosidad. Ella, por su parte, agradeció mentalmente que Eriol no dijera nada. No le apetecía que Shaoran supiera quien era ella realmente.

Shaoran la invitó a sentarse en su mesa. Sakura accedió con una media sonrisa, sabiendo que no sería muy cortés de su parte rechazar la invitación, sobre todo cuando ninguno de los dos tenía con quién desayunar. Cuando se hubo sentado, Shaoran le dijo:

—Siempre estás hermosa, pero hoy te ves particularmente bella.

Sakura esbozó una sonrisa cortés y trató de no parecer demasiado complacida con aquel sencillo halago. Shaoran se sentó frente a ella. Hicieron sus pedidos y estuvieron conversando sobre cómo habían conocido a Eriol, y lo mucho que había cambiado con el pasar de los años.

—Entonces, Shaoran —Dijo Sakura y él sonrió al oír que lo llamaba por su nombre—, ¿qué es lo que haces cuando no estás conquistando meseras en Dolce?

Él rió—. Pues, intento conquistar a las maestras de mis hijos. Tú sabes, lo usual. —Le guiñó un ojo.

—¿Eres casado?

—Oh, no, soy soltero y sin compromiso. —Sonrió—. Tampoco tengo hijos. Era una broma.

—Lo supuse. Y supongo que tu profesión es la de detective privado, porque te gusta interrogar a las personas.

—En realidad, hago casas. —Ella alzó una ceja y lo miró curiosa—. En serio, soy arquitecto, hago casas y edificios.

—¿Has diseñado algún edificio conocido? —Preguntó interesada.

—¿Dirías que Dolce es un edificio conocido?

Ella abrió los ojos y la boca, sorprendida.

—¿ diseñaste Dolce?

Él asintió con la cabeza, como si no fuera la gran cosa.

—Vaya... ya sé por qué te quieren tanto allí.

—Y tú, ¿qué haces cuando no estás atendiendo los pedidos de clientes desesperados por tu atención?

Ella sonrió—. Pues, al igual que tú, yo también creo cosas. Me dedico a diseñar, de hecho.

Él fingió asombro. Aquel toque de misterio le estaba gustando. Al parecer Sakura estaba lejos de ser una mujer aburrida. Le regaló una sonrisa ladina.

—¿Qué clase de cosas diseñas?

—Ropa y piezas de joyería.

—¡Vaya! —Exclamó él—. ¿Y crees que tus diseños lleguen a ser conocidos?

Ella rió por dentro. Sus diseños eran de los más conocidos y vendidos de todo Japón.

—Por supuesto. —Fue todo lo que dijo.

-¿Y crees que algún día pueda vestirme con algo de Sakura Kinomoto?

—Sólo si te gusta usar ropa de mujer. —Frunció el ceño—. Espera, ¿cómo sabes mi apellido?

Mierda, mierda, ¡mierda! Acababa de meter la pata y debía pensar rápido.

—Se lo pregunté a Pedro. Espero... espero que no te moleste.

Sakura pareció pensarlo. Shaoran no parecía alguien peligroso, y si Pedro le había confiado su apellido, debía ser un hombre decente. Además, era amigo de Eriol. Ya podría averiguar más sobre él a través del pelinegro.

—No te preocupes. —Respondió.

—Entonces, ¿trabajas en Dolce para subsidiar tus diseños?

—No. —Respondió escuetamente—. Digamos que... Dolce es algo completamente temporal.

Su pedido llegó, y los ojos de Sakura brillaron al ver sus waffles cubiertos de fresas frescas y caramelo. Shaoran había pedido panqueques con chispas de chocolate y Nutella. Además de una malteada del mismo sabor. Sakura no pudo evitar preguntar lo obvio.

—¿Amante del chocolate?

Él cerró los ojos y se llevó las manos al corazón.

—Es mi verdadera pasión.

Dos hoyuelos se formaron a cada lado de los labios de Shaoran cuando le sonrió a Sakura. Ella le devolvió el gesto, más por lo guapo que se veía sonriendo que por el comentario anterior.

—La mía son las fresas.

Continuaron comiendo, y cuando ya estaban por finalizar su desayuno, Sakura habló:

—¿Sabías que si juntas tu pasión con la mía tienes algo enteramente celestial y delicioso? —Él la miró un poco confundido—. Me refiero al chocolate y a las fresas, por supuesto.

Shaoran sonrió—. Cierto. Eso significa que nos complementamos maravillosamente.

Ella rió por lo bajo y suspiró mentalmente. Ah, Shaoran. Qué encanto de hombre. Gracioso y simpático, además de atractivo. Y no era casado. Ni gay. Y ya era lo suficientemente difícil encontrar a un hombre así en el mundo como para que de repente la mayoría de los buenos partidos comenzaran a salir de clóset.

De la clase de Sakura, tres de los chicos —ahora hombres— eran gay. Quién lo hubiera pensado, viéndolos jugar al fútbol y hablar de chicas como los demás. Pero una vez se supo, todo tuvo sentido. Ahora sabía por qué Yamato y Sayuu salían siempre de últimos de las duchas, luego de la clase de educación física. Y por qué siempre que había que hacer un trabajo en parejas se juntaban. Sí, sí, claro. De hecho, una vez ella misma los había visto más cerca de lo normal en la piscina.

Y luego estaba Yoshiro. Oh, Yoshiro. La vergüenza...

Al terminar de comer, Shaoran se ofreció a pagar la cuenta y a cambio de eso Sakura se ofreció a llevarlo a su casa, ya que él no tenía su coche consigo. Al subirse al coche, Shaoran no pudo evitar hacer un comentario.

—Al parecer pagan muy bien en Dolce. —Ella rió mientras ponían en marcha el vehículo—. ¿O son tus diseños los que pagaron por esta belleza?

—Lo segundo.

Durante el camino, Shaoran no pudo evitar recorrer las piernas de Sakura con su mirada una y otra vez, preguntándose si practicaba algún ejercicio para verse tan bien y tener un trasero tan firme. Sakura, por su parte, estaba encantada de tener a Shaoran en su coche, porque así podría oler su perfume cada vez que se subiera. O al menos hasta que se esfumara.

Cuando llegaron, Sakura se giró para mirar a Shaoran y él hizo lo mismo. Ambos compartieron el mismo pensamiento: se imaginaron besando al otro fogosamente. Pero ninguno hizo nada.

—Muchas gracias por el desayuno, fue muy amable de tu parte invitarme. —Dijo Sakura, alejando los pensamientos impuros de su cabeza.

Él sonrió—. El placer es siempre mío. Además, tú estabas regalándome tu compañía. —Comentó Shaoran, espantando así cualquier fantasía irrealizable en aquel momento.

Ella le devolvió la sonrisa, complacida con sus encantos.

Se bajó del coche y caminar hacia el portal de su edificio. Sakura se estremeció al sentir su aroma, todavía en el vehículo. Inclinó su cabeza hacia atrás, hasta dejarla recostada y sonrió.

Definitivamente, no se arrepentía de haber perdido aquella apuesta con Tomoyo. De hecho, si tuviera que regresar en el tiempo, lo haría de nuevo.

Una y mil veces más.


¡Muchísimas gracias a todos por sus bellos reviews! De verdad me encanta que les haya gustado tanto la historia. Shaoran es un coqueto irresistible. Creo que todos entendemos la situación de Sakura.

Un beso grande a todos, pórtense muy mal.