Dolce

"Lo primero que hace una mujer cuando quiere que un hombre la alcance es echarse a correr." –Moilère.

Capítulo IV:

"Etílicos"

La risa de los cuatro presentes inundó la terraza del restaurante. Sakura reclinó la cabeza hacia atrás y se llevó una mano a la boca. El chiste que había contado Eriol había sido bastante gracioso, cargado de un humor inteligente.

—Dime, Tomoyo, ¿Eriol siempre fue así de gracioso? —Inquirió Shaoran, luego de limpiarse las comisuras de los labios con la servilleta de tela—. Cuando yo lo conocí, ya lo era, pero no sé si sea desde siempre.

La pregunta hizo que las dos mujeres dejaran de reír progresivamente. Sakura miró a su prima expectante, sabiendo que Shaoran acababa de entrar en un terreno bastante… peligroso. Tomoyo bebió un sorbo de su copa de vino blanco e intentó dibujar una sonrisa amable, mientras evitaba a toda costa la mirada inquisitiva de Eriol.

—Pues, no, no siempre. —Comentó intentando sonar casual—. Pero supongo que con el tiempo su sentido del humor y sus chistes se fueron moldeando. —Esta vez se atrevió a mirar a Eriol. Sonrió.

Sakura se mordió el labio inferior, intentando no reír. Shaoran lo notó y aquello le sacó una sonrisa.

—¿Ah, sí? —Preguntó curioso—. ¿Y cómo era antes?

Tomoyo volvió a posar sus ojos amatistas sobre los azules de Eriol. Podía mentir y decir que antes, el humor de Eriol había sido agradable, sutil y un poco soso; o podía decir la verdad: que había sido pesado, cruel y de muy mal gusto.

Veritas vos liberabit, pensó. La verdad os hará libres.

Y lo dijo.

Sakura se tapó la boca con la servilleta para disimular su risa. Eriol miró a la pelinegra con sorpresa, como quien acaba de escuchar algo que no se esperaba. Shaoran abrió los ojos sorprendido y se rió.

—¿Pesado? —Preguntó Eriol, su ceño ligeramente fruncido.

—Es cierto, eras bastante pesado y poco gracioso. —Aquello lo dijo con tal seriedad que Sakura se tensó en su lugar.

Oh, no. No, no, no ¡no! Se desesperó mentalmente, este no es el momento ni el lugar para sacarse los papeles a la luz. Vamos Tomoyo, lee mi mente, vamos, sé que puedes desarrollar poderes telepáticos en menos de diez segundos, ¡vamos! Maldita sea, ¡no está funcionando!

—¿Eso piensas? —El ceño fruncido de Eriol se había acentuado.

Ella asintió luego de beber un poco más de vino.

—Pero como ya dije antes, la gente cambia, y tú lo has hecho.

—¿A qué te refieres?

Tomoyo pareció pensarlo. Sakura la miró rogándole mentalmente para que fuera sutil y no dijera una barbaridad.

—Ahora eres todo un caballero, un hombre muy dulce y elegante, y hasta algo encantador. —Aquello último lo dijo restándole importancia, pero Eriol pareció no notarlo. Shaoran no pudo evitar reírse.

—¿Eso qué significa? —Su pregunta demostraba claramente que la conversación no estaba gustándole—. ¿Antes no lo era?

Tomoyo se sintió diabólicamente tentada a contestarle. Él estaba pidiéndole —no— suplicándole que le dijera lo imbécil, troglodita, cavernícola y patán que había sido en sus años escolares y de relación. Miró a su prima de reojo y advirtió que sus ojos le rogaban, por pura diplomacia, que por favor no continuara. Tomoyo decidió que sería Eriol quien tuviera la última palabra.

—¿De verdad quieres que te lo diga, Eriol? —Dijo tras un largo suspiro—. Porque a estas alturas no creo que tenga importancia.

Eriol abrió la boca para responder, pero Sakura se adelantó, intentando prevenir una escena.

—No, no, no hace falta. —Dijo rápidamente. Sus tres acompañantes la miraron con atención—. Quiero decir, eso pasó hace tantos años ya que… es como dice Tomoyo, no tiene importancia. Lo que importa es que esas cosas han quedado atrás, ¿no creen? —Esbozó una sonrisa de desesperación—. ¿Desean pedir otra botella? Esta ya está por terminarse.

Shaoran se dio cuenta de lo que estaba tratando de hacer y decidió que un cambio de planes no vendría nada mal. En los años que tenía conociendo a Eriol, lo había visto perder la calma solo en dos ocasiones (y aquello siempre era un espectáculo). Esta prometía ser la tercera.

—No, no. —Intervino con una sonrisa dibujada en el rostro—. Déjala que hable, Sakura. Si Tomoyo cree que es conveniente y pertinente decirlo, pues, que lo haga. —Miró a la pelinegra—. ¿No es así, linda?

—Solo si Eriol está de acuerdo.

—¿Y bien? —Presionó Eriol con poca delicadeza—. Sé honesta, por favor.

Tomoyo tomó su copa de vino y bebió lo que le quedaba. Sakura se mordió el labio inferior y tomó una bocanada de aire. Aquí vamos, pensó.

La curiosidad mató al gato, Eriol, pensó Tomoyo con una sonrisa mental.

—Lo que he estado tratando de no decir, Eriol, es que antes eras pesado, grosero e insensible. Un sinvergüenza y un descarado, que además de ser bastante pervertido, no tenía reparo alguno en decir las cosas de cualquier manera. Eras un impertinente y un inmaduro, ¡un canalla!

E, increíblemente, se sintió muchísimo mejor luego de decirlo. Tras desahogarse después de tantos años, sintió que finalmente podía cerrar el ciclo y poner su alma en paz en cuanto a Eriol se trataba.

Shaoran, que había abierto la boca por la impresión de las primeras palabras —adjetivos calificativos y despectivos en su mayoría— esbozó una sonrisa divertida. Miró a Sakura y alzó las cejas. Ella le devolvió la mirada con un gesto de evidente preocupación.

La expresión facial de Eriol mostraba clara indignación, además de sorpresa, naturalmente. Él era un hombre tranquilo y pocas cosas lo alteraban, pero cuando se sentía atacado y exhibido públicamente, perdía todo tipo de autocontrol.

—Déjame decirte que tú tampoco eras una santa, Tomoyo. —Comentó con desdén.

La sonrisa de Shaoran disminuyó al escuchar a su mejor amigo. Esperaba que no dijera nada demasiado fuerte o fuera de lugar. Vamos, Eriol, esto no es un tira y jala, pensó. Sé un caballero y compórtate.

—unca dije que lo fuera. —Aclaró Tomoyo.

—Qué bueno, porque en realidad eras muy poco tolerante y bastante dramática. Tal vez incluso un poco histérica.

Mierda, no, pensó Shaoran. Esa palabra no.

—Era difícil no serlo —Respondió Tomoyo; su semblante no se había alterado ni un poco—, teniendo a un tipo como tú al lado.

Eriol se sintió aún más ofendido que antes. Shaoran sintió tensión y entretenimiento casi a partes iguales. Sakura ya se había preparado para lo peor y se había entregado al momento. Su prima había abierto la caja de Pandora, le había quitado el corcho a la botella del pasado, y la misma no dejaría de hacer efervescencia hasta que tanto ella como Eriol lo sacaran todo.

—No puedo creer que después de todos estos años sigas guardándome rencor. —Eriol fingió que era él quien no estaba molesto, intentando así invertir los papeles y hacer que Tomoyo quedara como la mala de la película—. Es absurdo.

Tomoyo advirtió el trasfondo del comentario, y no pudo evitar tornarse a la defensiva. Esto era típico de Eriol.

—¿Disculpa? —Soltó una risa irónica—. Te recuerdo que fuiste quien me pidió que hablara, ¡y con honestidad! Sabes muy bien que yo siempre he sido una persona franca.

—Y poco sutil. —Agregó Eriol cruzándose de brazos.

—La verdad es una píldora difícil de tragar, en ocasiones. —Contraatacó—. ¿O te atreverías a decir que te estoy difamando, Eri?

Él pareció pensarlo, sin pasar por alto el apodo con el cual lo había llamado. Así solía decirle cuando salían juntos. Tomoyo no estaba difamándolo, todo lo que había dicho era cierto. Él había sido un verdadero patán en sus años de adolescente y se arrepentía enormemente de ello. Pero no lo admitiría todavía, no si aún podía defenderse.

—Creo que estás exagerando —decidió añadirle un poco de sal a la herida—, estás sobreactuando y siendo dramática —y, por qué no, un poco de limón—: como siempre.

Aquello fue más de lo que Tomoyo podía soportar. Había hecho uso de todo su autocontrol y diplomacia más por decencia y por no arruinar la cena que por cualquier otra cosa, porque ganas no le faltaban de decirle a ese estúpido lo patán que había ido y que aparentemente seguía siendo. Pero ahora, ahora era diferente. Ahora era personal.

—¡Yo sobreactuando! —Exclamó.

Eriol asintió con la cabeza. Sakura tomó su copa de vino y la bebió fondo blanco. Shaoran se preparó para lo que seguía.

—¿Y crees que también sobreactué cuando le dijiste a todo el mundo que tuvimos sexo?

—Oh… —Dejó escapar Shaoran.

—¿Me pasas la botella? —Preguntó Sakura, resignada, como si nada estuviera pasando a su alrededor.

Shaoran asintió y le sirvió. Sakura volvió a beber. Él sirvió más en su copa y luego un poco más en la de ella. Bebieron.

Eriol abrió la boca para contraatacar, pero Tomoyo apenas había comenzado.

—¿O cuando le contaste a tus amiguitos que yo usaba relleno en el sujetador? —Bien, probablemente Shaoran no necesitaba saber eso, pero ya qué más daba—. Y entre ellos se encargaron de difundirlo por todos lados, como los muy imbéciles que eran, dignos amigos tuyos, por supuesto. ¿Ahí también sobreactué?

Eriol apenas consiguió balbucear algunas cosas. Shaoran miró a Sakura sorprendido y ella sólo asintió, dándole a entender que aquello era cierto. Sirvió más vino en la copa de ambos. Volvieron a beber.

—Qué buena cosecha. —Comentó la castaña—. ¿Uvas argentinas o chilenas?

—Tú también dijiste cosas, Tomoyo. —Expresó Eriol dolido—. No hables como si yo fuera el único.

—Chilenas. —Respondió Shaoran mirando la etiqueta de la botella.

Tomoyo no podía creer cuánto descaro había en ese hombre. Es que, ¿en qué momento se le había ocurrido hacerse novia suya, por todos los santos? ¡Y acostarse con él! ¡Su primera vez! Que ese recuerdo estuviera por siempre ligado a semejante idiota. Un horror.

—Eriol, no seas ridículo. Yo no dije nada que no fuera cierto.

—Tú… tú dijiste que yo, pues, que yo tenía…

—¿Qué tenías un problema de duración? —Dijo ella cortante.

Eriol se sonrojó y Shaoran golpeó la mesa mientras soltaba una carcajada. Sakura bebió un poco más y alzó las cejas, previendo lo peor.

—¿Alguno de ustedes quiere más? —Ofreció lo poco que quedaba en la botella.

Tomoyo se lo sirvió y bebió casi de un solo golpe.

—Eso no fue una difamación. Era cierto. Y solo lo dije después de que tú ya me habías lastimado.

Eriol abrió la boca sumamente ofendido, todo el color yéndose a su cara. Shaoran no lo podía creer. Sakura tarareó una canción mientras buscaba al mesero con la mirada.

—Disculpe. —Llamó al mesero—. ¿Podría traernos un tartar de atún? Gracias.

—La diferencia es que tú dijiste todas esas cosas cuando todavía estábamos juntos; en cambio yo lo hice por despecho, después de terminar. Pero, ¿sabes? —Continuó luego de beber un poco más de su vino—. Creo que eso es lo único que puedo agradecerte. Que gracias a que nuestra primera vez duró un minuto o menos, no sufrí demasiado.

Shaoran estalló en una carcajada que captó la atención de otros comensales. La mandíbula de Eriol tocó la mesa. La copa de Sakura abandonó la mesa.

—Salud. –La castaña alzó su copa y Shaoran brindó con ella.

—Dinero. —Dijo Shaoran.

—¿Amor? —Dijeron los dos.

Los pelinegros se pusieron de pie bruscamente, con obvias intenciones de retirarse —o asesinarse, en el peor de los casos— y comenzaron a caminar dando grandes zancadas en direcciones opuestas.

Sakura soltó la bocanada de aire que había estado aguantándose desde que comenzó la discusión.

—¿Te divertiste? —Le preguntó a Shaoran lo obvio.

—No tienes idea. —Respondió él cuando la miró, sin dejar de sonreír.

—¿Crees que debamos ir con ellos?

Él negó con la cabeza—. Hay que dejar que se enfríen un poco, que se calmen y se sientan mejor. Así tú y yo podemos comer en paz. —Dijo y terminó de beber el contenido de su copa—. Aunque debo admitir que la escena se me hizo demasiado divertida. Supongo que les hacía falta.

Sakura frunció el ceño ligeramente al no entender. ¿Qué era lo que hacía falta?

—Eso, que Tomoyo y Eriol liberaran sus tensiones y sacaran los trapos sucios. —Explicó—. Era justo y necesario.

—¿Tú crees? —Preguntó ella algo dubitativa.

Él asinti—. Claro, la tensión que había entre esos dos era tan palpable, que podía tocarse, olerse y saborearse. ¡Tan grande que no cabía en este hotel!

Sakura se rió. Shaoran tenía razón. Sabía que luego de esto, los humos se bajarían y Tomoyo se sentiría como una mujer nueva. Así era su prima.

—Además, conozco a Eriol. —Agregó Shaoran—. Es mi mejor amigo. Luego de un rato irá corriendo a pedirle perdón a Tomoyo por haberse comportado como imbécil mientras comíamos y durante aquellos años que estuvieron juntos. —Explicó—. Actuó así porque no supo cómo reaccionar, y porque Tomoyo le gusta de verdad.

Sakura sonrió y acercó su rostro al de Shaoran, para crear un ambiente un poco más confidencial.

—¿Eso crees?

Shaoran asintió con la cabeza.

—¿Sabes? Tomoyo y Eriol no son los únicos que tiene tensión entre ellos. —Su voz aterciopelada, su mirada seductora y la cercanía entre sus rostros casi la hicieron olvidarse de que no estaban solos.

—¿Ah, no? —Preguntó Sakura fingiendo ingenuidad—. ¿A quiénes te refieres, Shaoran?

Él esbozó una sensual sonrisa ladina.

—A nosotros, Sakura.

—¿Ah, sí? —Se llevó la copa a los labios, para beber lo último que le quedaba.

—Aunque claro, la de nosotros es bastante más… sexual.

Sakura no pudo evitar atragantarse con el vino blanco, así que tosió y bajó la copa, para luego limpiarse con la servilleta de tela.

—¿Estás bien? —Preguntó él. Ella asintió-— ¿Te he puesto nerviosa con mi comentario? —Sakura negó—. ¿Segura?

No. De hecho sí había conseguido ponerla un poco nerviosa. Era tan cierto lo que había dicho sobre la tensión sexual que había entre ellos. Tanto que, ¡Dios mío!

Si hasta tenía ganas de decirle: ¡rompámosla, Shaoran! ¡Hagámoslo aquí, sobre la mesa! ¿O prefieres frente al mar? Porque a mí me da igual, siempre y cuando me digas cosas sucias mientras me lo haces. Pero no podía decirle eso, o al menos no debía. Se moría de ganas de acostarse con Shaoran, pero tal vez sería mejor esperar un poco. Retrasar el placer. Como Tom Cruise y Penélope Cruz en Vanilla Sky, se convertiría en una «pleasure delayer», sólo por Shaoran. Eso contribuiría a aumentar el deseo.

—Creo que tienes razón, Shaoran. Pero yo cambiaría la palabra tensión por atracción.

—En ese caso, no es sólo sexual. —Dijo él.

El mesero regresó, interrumpiendo así su conversación. Colocó el tartar de atún sobre la mesa y luego una botella nueva de vino blanco, y se percató de que el hombre y la mujer que acompañaban a los castaños ya no estaban más.

—¿Los señores se retiraron de la cena? —Preguntó con curiosidad.

-Sí, ahora solo nos atenderás a nosotros...

—Kenji, señor. —Completó el muchacho.

—Nuestros amigos se retiraron porque no pudieron aguantarse a que termináramos de cenar. —Intervino Shaoran—. Si sabes a lo que me refiero.

El muchacho no tuvo ni que pensarlo dos veces para entender a qué se refería Shaoran. Soltó un oh y se sonrojó levemente.

—¿Entonces sólo serán usted y su hermana, señor?

Shaoran frunció el ceño ligeramente. ¿Su hermano?

—Eh, en realidad ella es mi…

—Melliza —interrumpió Sakura—, ¡cómo lo supiste! Siempre es una alegría que nos encuentren similares. Antes nadie ponía en duda que éramos mellizos, pero a medida que fuimos creciendo, el parecido entre nosotros fue desvaneciendo. Eso, sumado al color de ojos diferentes, pues, te podrás imaginar.

Shaoran miró a Sakura entre sorprendido y divertido.

—A propósito, señorita, tiene usted unos ojos muy peculiar. —Acotó Kenji—. Es bonito y distinto.

Ella sonrió ante el cumplido. Ay, qué tierno, pensó. Shaoran rió al darse cuenta de que a aquel mesero casi adolescente Al chico le gustaba su hermana.

—Muchas gracias, Kenji, eres muy dulce.

—¿Se les ofrece algo más?

—Otra botella de vino, cuando nos acabemos esto. Y un tartar de salmón.

El chico asintió y retiró la botella vacía para luego marcharse, no sin antes regalarle una sonrisa simpática a Sakura, la cual fue correspondida por una igual.

—¿Mellizos, eh?

Sakura se rió y se encogió de hombros.

—Para qué corregirlo, ¿o es que no te hizo gracia que nos encontraran parecidos?

Shaoran sonrió—. Pues, sí, no voy a negártelo. Aunque, me hizo aún más gracia lo mucho que le gustaste y lo nervioso que se puso cuando le sonreíste. Pero, ¿en qué estábamos antes de eso?

—Hablábamos sobre la atracción.

Shaoran destapó la nueva botella de vino blanco y llenó ambas copas. En poco tiempo no quedó nada del tartar de atún. Kenji, el mesero, regresó con el tartar de salmón.

—Muchas gracias, Kenji, ¿podrías decirnos qué tienen para ofrecernos de postre?

—Puedo recomendarles un…

—¿Tienes algo de chocolate? —Interrumpió Shaoran.

—Sí, sí, claro, tenemos una gran variedad de…

—Me comería un lava cake.

Ella lo pensó—. ¿Es muy grande? Después de todo el vino y los tartar, ya no tengo tanta hambre.

—Pueden compartir uno entre los dos, si así lo desea su hermano.

Sakura soltó una risita tonta la cual encantó a Kenji. Shaoran sonrió.

—Por supuesto. Me encanta compartirlo todo contigo, ¿no es así, hermanita?

Ella asintió mientras comía un poco de ceviche.

—Antes hacíamos todo juntos, pero ya de mayores, lo hemos dejado.

—Tú sabes, Kenji. Hay una edad en que todo niño siente que no debe estar cerca de las chicas.

Él asintió sonriendo.

—Y no es que las de mi hermana sea una persona desagradable. —Explicó Shaoran—. Mírala tú mismo, por favor, ¿te parece que hay algo desagradable en ella?

Sakura miró a Kenji, batió sus pestañas y juntó sus brazos acentuando su escote. El muchacho dejó de respirar en el momento en que fijó sus ojos en los verdes de Sakura y luego en sus pechos. Se sonrojó ligeramente.

—Eh, sí, sí, claro... quiero decir, ¡no! No, en lo absoluto. Claro que no.

Tanto Sakura como Shaoran aguantaron la risa.

—¿Qué te parece ese lava cake?

—S-sí, sí, claro. —Esbozó una tímida sonrisa y comenzó a caminar de espaldas, sin despegar sus ojos de Sakura.

Ella le guiñó un ojo, haciendo que el muchacho casi se tropezara. Shaoran no pudo aguantarse más y se rió.

—¡Guao! A mí nunca me miraste de esa forma cuando iba a Dolce.

Ella sonrió de forma sexy y se encogió de hombros.

—No quería que te atragantaras con la comida.

Él sonrió—. Volviendo al tema, ¿no te gustaría que retomáramos todas esas cosas que según tú compartíamos juntos?

Estiró su brazo por encima de la mesa y alcanzó la mano de Sakura. Con sus dedos la acarició.

—Es una oferta tentadora, debo admitirlo, pero me temo que tendré que pasar ya que lo preguntaste de la forma inapropiada.

Shaoran alzó las cejas—. ¿Inapropiada? ¿Y cuál es esa forma apropiada que no he sabido decir?

Sakura se mordió el labio inferior y esbozó su sonrisa más sensual. Alzó su mano libre y acarició el rostro masculino de Shaoran.

-Primero, no me lo pidas en un contexto en el que fingimos ser hermanos. Eso me recuerda terriblemente a Touya, mi hermano mayor, lo cual me baja la libido increíblemente, y no queremos eso, ¿o sí?

El negó con la cabeza, encantado con la increíble sensualidad de Sakura.

—¿Y segundo?

—No voy a decírtelo todo, Shaoran, ¿o cuál es el chiste de que yo te diga cómo hacer las cosas para que tú las hagas y yo caiga rendida a tus pies? La diversión está en que tú las descubras.

Él cerró los ojos—. Mmm, rendida a mis pies… me gusta cómo suena.

Ella rompió el contacto y se puso de pie, con intenciones de dirigirse al baño.

Shaoran abrió los ojos cuando la sintió pasar a su lado.

—¿Adónde te vas?

—Voy al tocador.

Ella se detuvo detrás de él y colocó ambas manos sobre sus hombros. Acercó su rostro a la oreja izquierda de Shaoran y susurró, en voz muy baja:

—Te diría que me acompañaras, pero se supone que somos hermanos.

Le acarició el lóbulo de su oreja con la lengua y Shaoran cerró los ojos ante aquel excitante contacto. Sakura se separó de él y se dio la vuelta para marcharse al tocador. Él abrió los ojos y se giró, para encontrarse con el firme trasero de ella, y sus caderas contorneándose con su paso femenino y sensual.

Volvió a encontrarse excitado por Sakura con muy poco contacto. A pesar de que ya no era un adolescente, Sakura lo hacía sentir como uno. Sus palabras, sus gestos, su cuerpo, sus roces... conseguían excitarlo con rapidez. Debía admitir, además, que le gustó muchísimo lo que le había dado a entender, diciéndole que era él quien tenía que descubrir cómo seducirla. Eso significaba que ella estaba dispuesta a dejarse seducir por él.


El sonido de un jarrón, florero o algún objeto de cristal cayendo –y rompiéndose- hizo que Tomoyo se despertara asustada. ¿Qué había sido eso? ¿Qué hora era? ¿Sakura ya habría llegado?

Se incorporó sigilosamente y miró el reloj que estaba en la mesita de noche: 00:30. Encendió la lamparita y se levantó de su cama al escuchar pasos fuera de su habitación.

Abrió la puerta y se topó con la sala de la suite aparentemente en perfecto orden, excepto por…

—¡Ay! ¡Ayayayay!

—¿Sakura? ¿Qué pasó? —Preguntó asustada. Aplaudió y las luces se encendieron, mostrando una escena desagradable.

Sakura estaba sentada en el suelo recostada de la pared, acariciándose una de sus rodillas, de la cual estaba brotando un líquido rojo muy parecido a la sangre. Entonces Tomoyo ató los cabos sueltos al ver lo demás.

Su prima acababa de llegar –quién sabe de dónde- en estado de ebriedad –quién sabe cuán grave- y se había tropezado con el jarrón de cristal –quién sabe cuán caro- que estaba muy mal situado cerca de la puerta de entrada. Se había agachado a recoger los pedacitos desperdigados por ahí –aún con las luces apagadas- y se había cortado la rodilla con un cristal.

—¡Tomoyo! —Exclamó Sakura al ver a su prima—. ¿Te desperté? ¡Ay, lo siento mucho! Es que me tropecé con este jarrón.

—Ya lo he notado. —Comentó ella, acercándose con cuidado de no cortarse también con los cristales—. Ven, déjame ayudarte.

Estiró su mano para que Sakura la tomara. La castaña lo hizo con algo de dificultad debida al alcohol que se encontraba en su sistema y a la herida en su rodilla. Se puso de pie y se dirigió al enorme sofá donde Tomoyo le indicó que se sentara.

—Ya vuelvo, voy a buscar el botiquín de primeros auxilios y me cuentas qué estuviste haciendo con Shaoran Li durante todo este tiempo.

Ella asintió y comenzó a reírse mientras se acostaba boca arriba en el sofá.

Ah, Shaoran.

Luego de haber regresado del tocador, Shaoran y ella terminaron de comerse el tartar de salmón y de beber el vino. Para cuando terminaron el lava cakecon el helado, ya no quedaba ni una gota. Sakura se despidió de Kenji con una sonrisa y un guiño, y Shaoran le pasó un brazo por los hombros a su supuesta hermana.

—¿Qué quieres hacer, preciosa?

Sakura propuso ir a ver el espectáculo que había en la playa y él accedió. El show duró aproximadamente una hora, donde los dos castaños bebieron del sake que los meseros estaban repartiendo para los espectadores.

Decidieron ir a bailar sería una buena idea, a pesar de que ya sentían las tres botellas de vino y el sake que habían bebido hacer un pequeño efecto en sus cuerpos. Shaoran conocía el hotel como la palma de su mano, así que llevó a Sakura a un lounge donde se bailaba salsa. ¡Salsa en un hotel de Japón! Quién lo diría.

—Oh, y no es lo único, hay otro donde puedes bailar tango, uno de flamenco y otro de música electrónica.

Sakura sonrió. Tuvo que alzar la voz para que Shaoran la escuchara, ya que el volumen de la música era bastante alto.

—¡Guao! ¡Es como si tú lo hubieras diseñado!

Shaoran se rió. Ella abrió los ojos y la boca sorprendida. ¿Shaoran había hecho ese hotel? ¿Esa estructura lujosa, elegante, paradisíaca y hermosa era obra de él?

—¡¿En serio?!

Él asintió.

—No es la gran cosa, deberías ver la casa de Lego que hice el otro día, ¡eso sí que es increíble!

Sakura se rió y tomó a Shaoran de la mano.

—Ven, ¡vamos a bailar!

Sakura se dirigió al centro de la pista de baile. Muchas parejas bailaban con destreza, por lo que Shaoran se sintió un poco inseguro de sus conocimientos con respecto a la salsa.

—Eh, Sakura, no sé muy bien cómo se baila esto.

—Sólo mira cómo lo hacen los demás y déjate llevar. —Le guiñó un ojo y Shaoran no pudo evitar sentirse motivado ante aquello.

No fue difícil agarrarle el ritmo a la música y a Sakura, que parecía ser una experta en el tema. Ella se movía con mucha destreza y facilidad, como si nada más importara. Shaoran la tomó de la cintura y la acercó a él. Le encantaba tenerla cerca, tocarla… pero al mismo tiempo lo hacía querer más. Quería besarla, quería posar sus labios sobre la piel de Sakura, sobre cada rincón de su cuerpo. Quería que estuvieran los dos solos, sin nadie más, sin ninguna prenda de ropa. Quería, quería…

Sakura se meneó con gracia y Shaoran sonrió.

—Eres buenísima, lo haces muy bien.

Ella colocó sus manos sobre las mejillas de él.

—Me lo dicen mucho. —Le guiñó un ojo y cuando Shaoran intentó acortar distancias para besarla, se alejó, para continuar bailando.

Él no pudo evitar reírse. Estuvieron en aquel sitio un largo rato, bailando y compartiendo juntos. Fue Sakura quien propuso salir, porque el vapor de los cuerpos de las personas sumado al baile y sumados al alcohol que habían bebido le había dado calor.

Estuvieron dando vueltas por el hotel, cantando canciones que les venían a la mente. Shaoran detuvo el elevador en un piso al azar, con la excusa de enseñarle a Sakura que él podía hacer el moonwalk de Michael Jackson y que además podía imitar a Prince a la perfección. Sakura rió escandalosamente y él le tapó la boca mientras se reía, en un volumen más bajo que ella.

—¡Vas a despertar a todo el hotel!

—¡Ay, qué exagerado! —Dijo ella cuando logró liberar su boca de la mano de Shaoran—. Tan sólo despertaré a las personas de este piso.

Él se rió y asintió con la cabeza. Sakura suspiró y se recostó de una pared para recuperar el aliento.

—Creo que no debimos mezclar vino con sake, Shaoran.

Él estuvo de acuerdo. Shaoran comenzó a cantar una canción que a Sakura se le hizo enormemente familiar, pero que no pudo reconocer en el momento. Culpó al alcohol por ella y cerró los ojos. Él, por su parte, recorrió el cuerpo de la castaña con sus ojos. Se acercó a ella y apoyó uno de sus brazos en la pared, junto a la cabeza de Sakura. Respiró y sintió su perfume llenarlo por completo. Colocó su mano libre sobre la estrecha cintura de su acompañante y rozó su mejilla con la de ella.

—¿Estás intentando aprovecharte de mí, Shaoran? —Preguntó sin abrir los ojos—. Porque… déjame decirte que sigo estando consciente.

Él se rió—. ¿Por qué clase de hombre me tomas? Te estoy acariciando precisamente porque sé que estás consciente. Y jamás haría nada sin tu consentimiento. —Le dio un beso en la mejilla—. ¿Te molesta? —Sakura negó con la cabeza, aun sin abrir los ojos—. ¿Puedo continuar?

Ella asintió y Shaoran repartió algunos besos por su mejilla y mentón.

—Hueles muy bien. —Susurró contra su piel, haciendo que ella se estremeciera.

Ese hombre iba a matarla. Haría que perdiera todo el autocontrol que tanto trabajo le había costado mantener. Conseguiría que Sakura le suplicara para tener sexo allí mismo, contra la pared.

¡Grrrr!

—Tú también.

Shaoran acarició su cintura y la rodeó con sus brazos, consiguiendo así que ella abriera los ojos.

—No puedo explicarte lo mucho que me encantas. —Dijo mientras miraba sus labios—. Me gustaste demasiado desde la primera vez que te vi en Dolce. Pero ahora...

Ella sintió un calor apoderarse de su cuerpo y rodeó su cuello con sus manos.

—Tú también me encantas. —Se sintió como chocolate cerca del fuego—. Eres guapo y masculino, ¡y no eres gay!

Él sonrió. Sakura acarició su nuca y una de sus mejillas. Shaoran la atrajo aún más hacia su cuerpo. Bajó una de sus manos hasta que la tela del vestido se terminó y sólo hubo piel. Acarició su pierna y continuó repartiendo besos por su mentón y cuello. Ella tomó el rostro de Shaoran entre sus manos y lo besó en los labios con determinación. Bien, si no iban a tener sexo contra la pared, ¡al menos iban a besuquearse contra la pared!

Shaoran la asió aún más contra su cuerpo, haciendo que Sakura se estremeciera entre sus brazos. A pesar de que tenía ganas de devorar cada centímetro de la piel de Sakura, Shaoran trató de no ser demasiado brusco. Ella le correspondió plenamente. Se besaron con pasión durante un rato, hasta olvidarse de dónde estaban.

—Vamos a mi habitación. —La voz de Shaoran le hizo cosquillas en el cuello a Shaoran—. Quiero besarte todo el cuerpo, probarte entera...

Sakura no necesitaba tocarse para saber que estaba completamente húmeda. Shaoran la excitaba demasiado, desde sus besos y caricias hasta sus palabras. Y podía sentir que él estaba duro a través de la tela de sus pantalones. Pero estaban borrachos, y no quería acostarse con él estando ebria.

—Yo también quiero que me beses en todas partes, pero... mejor después.

Él volvió a devorar su boca en un beso voraz. Se aventuró a acariciar sus pechos por encima de la tela de su vestido. Ni siquiera se inmutaron ante el sonido de una puerta abriéndose, pero tuvieron que girar sus rostros al escuchar dos voces infantiles acompañadas por unos cortos pasos.

—Aiko, ¡espérame! —Un niño de aproximadamente nueve años corrió por el pasillo, hasta alcanzar a una niña mayor que él, de aproximadamente doce años—. ¡No vayas tan rápido!

—Cállate, Koyi, nos van a escuchar. ¿No te das cuenta que no debemos salir de la habitación sin papá y mamá? ¡Y menos a esta hora!

Él asintió—. ¿Dónde dijiste que estaban los chocolates, Aiko?

—No lo dije, ahora guarda silencio si no quieres que…

Su frase se vio interrumpida al encontrarse con una pareja que parecía estar muy acaramelada en medio del pasillo, contra una pared. El niño se detuvo detrás de ella, un poco asustado ante los dos adultos que acaban de ver y oír lo que él y su hermana mayor estaban tramando. La chica también se detuvo y miró a la pareja con desconfianza.

—¿No deberían estar durmiendo? —Preguntó Shaoran sin separarse de Sakura, utilizando una voz paternal—. No está bien que dos niños solos anden por los pasillos a estas horas.

—¿Y ustedes no deberían buscarse un cuarto? —Se defendió la niña—. No está bien que dos adultos que se anden toqueteando por los pasillos, a ninguna hora.

Sakura soltó una carcajada y Shaoran alzó una ceja y miró a la niña con sorpresa y diversión. Se separó de Sakura y le dio la razón a la niña.

—Aiko, vámonos, tengo miedo. —El niño tiró del pijama de su hermana.

—Tienes toda la razón, pequeña. —Dijo Shaoran, ignorando el comentario del niñito—. Y por eso voy a ahorrarte el viaje.

Ella alzó una ceja sin comprender a qué se refería aquel hombre. Shaoran introdujo ambas manos en sus bolsillos y sacó dos puñados de chocolates envueltos en un papel fucsia y dorado brillante.

Los ojos del niño brillaron al reconocer el envoltorio.

—¡Trufas!

Shaoran sonrió, así que el pequeñín sabía lo que era bueno.

—Me agrada tu buen gusto.

El niño, quien aparentemente había olvidado por completo su miedo, se acercó a Shaoran dispuesto a tomar los chocolates, pero su hermana lo detuvo.

—¿Adónde vas, Koyi? ¿No recuerdas que papá nos dijo que no debíamos aceptar dulces de extraños? Pueden ser veneno.

—No seas tonta, Aiko. Son Godiva, mira el envoltorio. —Dijo su hermano—. Y ellos no se ven como malas personas.

Sakura se agachó y miró al niño con atención.

—Pero, ¡qué ojos tan lindos tienes! —Exclamó al darse cuenta de que el niño tenía unos ojos verdes muy bonitos—. Se parecen a los míos.

El pequeño frunció el ceño tomó el rostro de Sakura con ambas manos, para examinar mejor los ojos de la castaña. Ella se sonrió a sí misma, ¡era tan adorable!

—Mmm, sí se parecen. Son casi del mismo verde.

—Pero los tuyos son mucho más bonitos. —Dijo Sakura con una sonrisa.

El niño se sonrojó y apartó la mirada luego de soltar el rostro de ella.

—G-gracias…

Tomó los chocolates de las manos de Shaoran y volvió a agradecerle.

—Gracias, supongo. —Agradeció Aiko—. Ustedes no vieron nada, nosotros no vimos nada. Buenas noches.

Los adultos asintieron riendo y se despidieron con la mano. Los niños corrieron de vuelta a su habitación.

Sakura soltó una carcajada y se apoyó de Shaoran, para reír con más libertad. Él también rió.

—¿En qué estábamos? —Preguntó seductoramente, tomándola por la cintura. Acercó sus labios al lóbulo de la oreja de Sakura y lo rozó—. Ah, sí… me estabas diciendo que te morías de ganas de que te llevara a mi habitación y te hiciera guarrerías hasta la madrugada...

—Shaoran, los niños tiene razón, no debemos hacer estas cosas en el pasillo.

Él sonrió y pegó su cuerpo al de Sakura.

—¿Eso es un sí a la propuesta de ir a mi habitación? —Buscó sus labios, pero ella no lo dejó besarla. Se escabulló de sus brazos y le sonrió.

—Es tarde ya, mejor deberíamos ir a dormir. Cada quien en su cama, claro.

Le dio la espalda y comenzó a caminar en dirección de los elevadores. Shaoran la siguió. Entraron en uno de los ascensores y Sakura marcó su piso.

—¿Cuál es el tuyo?

—El último, ¿segura de que no quieres que continuemos en mi suite?

Sakura se sintió atrapada cuando Shaoran la acorraló en una de las esquinas del espacioso elevador. Colocó sus varoniles manos en su cintura y la acarició casi con desesperación. Apartó su pelo cortó y besó su cuello repetidas veces. Ella cerró los ojos y se dejó llevar, abrazando a Shaoran.

Siempre que se había planteado planes de autocontrol, había podido seguirlos rigurosamente. Esta vez, en cambio, no estaba funcionando. Pero, ¿por qué? ¡Ah, sí, claro, estaba ebria! ¡Con lo difícil que era controlarse sobria y venía a beber demás! No, no podía seguir, no en el elevador, no hoy. Pero era tan difícil cuando lo tenía tan cerca, así… besando su cuello, lamiendo su piel… mordiendo todo lo que encontrara a su paso…

Mon Dieu!

Shaoran deslizó sus manos hasta que llegó a los muslos de Sakura y los acarició. Posó sus labios sobre los de ella y justo cuando iba a profundizar, una voz femenina anunció que habían llegado al piso quince.

¡Salvada por el elevador!

Colocó sus manos sobre el pecho de Shaoran y lo separó de ella.

—Buenas noches, qué descanses.

Le dio un corto beso en los labios y salió del elevador. Shaoran se despidió de ella con una pequeña sonrisa dibujada en los labios. De repente, Sakura se detuvo y se giró para mirarlo:

Come together!

—¿Cómo? —Preguntó Shaoran apretando el botón de abrir.

—Era la canción que cantabas antes. La de Los Beatles. —Cerró los ojos y comenzó a mover la cabeza mientras cantaba-. Come together, right now, over me!

Shaoran se rio—. No me lo pidas dos veces, Sakura...

Ella abrió los ojos y lo miró con picardía. Con la mano, se despidió de él y comenzó a caminar. Shaoran quitó su dedo del botón. Justo antes de que la puerta del elevador se cerrara, volvió a presionarlo.

—¡Espera! –La llamó. Ella sólo giró el rostro-. ¿Cuál es tu número de habitación?

—1506, ¿por qué?

Él le sonrió—. No puedo decírtelo todo, Sakura. La diversión está en que tú lo descubras. —Dijo citándola. Antes de que el elevador se cerrara, le guiñó un ojo.

Ella sonrió y se dirigió a su suite cantando y dando vueltas en el pasillo.

One and one and one is three, got to be good looking 'cause he's so hard to see!

Y luego pasó todo eso: entró a la suite, tropezó con un jarrón muy mal ubicado, lo quebró, se agachó para recoger los vidrios –en la oscuridad- se cortó la rodilla, Tomoyo corrió a socorrerla, la ayudó y ella le contó todo.

Ahora cada una estaba acostada en sus respectivas camas. Tomoyo había prometido que por la mañana en el desayuno le contaría lo que Eriol le había dicho luego de la discusión durante la cena, pero le había adelantado algunas cosas:

—¿Puedes creer que después de un rato vino a buscarme? Sakura, yo no sé cómo habrá hecho para averiguar en qué suite nos estamos quedando, pero lo hizo. ¿No le habrás dado tú esa información, verdad? Espero que no, no quiero que venga a molestarnos acá, o que esté llamando, ¿te imaginas? Ese sinvergüenza es capaz de llamar a las dos de la mañana por cualquier motivo, ¡imagínate! Bueno, el punto es que vino a tocarme la puerta y a hablar conmigo. Por supuesto que yo le dije que no quería hablarle ni mucho menos verlo, que ya había tenido suficiente de él, y que si venía a continuar le avisaba que no lo hiciera, porque no aguantaría nada más de él. Pero ya te dije que iba a contártelo por la mañana, Sakura, ahora las dos necesitamos descansar. Tú más que yo, porque te has caído y te has hecho una herida, ¡pobrecilla! Pero ya hablaremos luego, con más calma.

Asintió con la cabeza y agradeció cuando Tomoyo le apagó la luz de su habitación antes de salir. Se quedó dormida casi al instante.

Y soñó toda la noche con Shaoran.


¡Por fin Tomoyo lo soltó todo! Shaoran tiene razón, la tensión que había entre esos dos era demasiado tangible para que pasara desapercibida. Y bueno, ahora que ella ya lo ha dicho todo, está mucho más tranquila consigo mismo. Habrá que ver cómo está Eriol y qué fue lo que hablaron.

Y nuestros tórtolos favoritos no la han pasado nada mal. Shaoran es encantandor. Definitivamente, Sakura tiene razón: es muy difícil decirle que no.

La escena donde Sakura y Shaoran coinciden con los niños en el pasillo es basada en una muy parecida vivida por mí. Me pasó en un hotel en Aruba, mi primo y yo queríamos comer chocolates pero no teníamos más, así que vuestra humilde narradora tuvo la maravillosa idea de ir a buscar algunos y decidí inducir a mi inocente primo a que se aventurara conmigo. No habíamos caminado mucho cuando vimos a una pareja de adolescentes besándose contra una pared. Lo demás es muy similar a lo contado, hasta lo de la chica que le dijo a mi primo que tenía unos ojos muy bonitos.

Muchas gracias por sus comentarios, que mientras más largos más me entretengo leyéndolos. Son ustedes los mejores lectores del mundo. Nos leemos en el próximo capítulo.