Dolce
"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos." – (Rayuela), Julio Cortázar.
Capítulo V:
"Contingencia"
Nunca una ducha con agua fría le había parecido tan agradable y rejuvenecedora como la de aquella mañana. Sakura salió del baño con una sonrisa en los labios. Había dormido espectacularmente y la herida en la rodilla sólo le dolía un poco.
Y es que, luego de un sueño como el que había tenido…
Shaoran y ella. Desnudos. En un jacuzzi. Haciendo cosas malas.
¡Grrr!
Tomoyo estaba sentada en la mesa del comedor de la suite, degustando un rico desayuno.
-¡Buenos días, bella durmiente! –Exclamó al ver a su prima-. Te ves muy radiante esta mañana. ¿Dormiste bien? ¿Cómo está tu rodilla?
Sakura sonrió mientras recordaba su sueño. Se sentó junto a su prima, frente al plato que contenía waffles con crema y fresas.
-Dormí excelente, Tomoyo, como un bebé. Y la rodilla está bien, gracias a tus mágicas manos. –Le sonrió-. ¿Y tú qué tal? Veo que pediste el desayuno, el favorito de ambas.
Tomoyo sonrió y le dio un bocado a sus panqueques de banana.
-En realidad, no lo pedí yo. Mientras te bañabas un muchacho tocó la puerta y lo trajo, dijo que era un regalo de alguien, pero no me dijo quién. Aunque no me cuesta adivinarlo. ¿Shaoran, no es así?
Sakura asintió y esbozó una sonrisa al recordar que Shaoran le había preguntado cuál era su número de habitación y no le había dicho el por qué. Ahora lo veía.
-Ahora, lo que no sé es cómo hizo para enterarse de que tu desayuno favorito son los panqueques de banana, si yo no se lo dije.
Esta vez fue el turno de Tomoyo de sonreír.
-Supongo que ahí el mérito se lo lleva Eriol.
Intentó restarle importancia al detalle, pero su sonrisa mostraba claramente que estaba encantada con aquello: Eriol había recordado cuál era su desayuno favorito y había tenido el gesto de enviárselo a su habitación.
-¿Vas a contarme qué fue lo que hablaste con Eriol ayer? –Preguntó Sakura interesada.
Su prima bebió de su jugo de naranja y suspiró.
-Como ya te mencioné antes, Eriol vino a tocarme la puerta y a pedirme que lo perdonara, Sakura. Yo le dije que se fuera porque no quería saber nada de él, pero insistió tanto que tuve que abrirle. -Hizo una pausa-. Tenía la expresión de un perrito arrepentido.
La castaña se rió al imaginar al pelinegro con aquel semblante. ¿Eriol arrepentido y disculpándose? Definitivamente, ese hombre había madurado.
-Y sin rodeos, sin excusas, me ofeció una disculpa. Así sin más. Simplemente me dijo que lo perdonara por lo imbécil que había sido no sólo durante la cena, sino durante nuestros años en el colegio. –Explicó Tomoyo, aún sorprendida-. Se disculpó por haberme tratado mal, por haber divulgado nuestras intimidades, por haber sido egoísta, por no haberme dado todo el respeto, cariño y atenciones que yo me merecía, ¿Puedes creerlo? –Abrió los ojos-. ¡Y me dijo que yo tenía razón al llamarlo patán, pesado y desvergonzado! Que era cierto, que eso es precisamente lo que había sido, pero había cambiado ahora. Y si su reacción fue la de ponerse a la defensiva y atacarme durante la cena, es porque sintió que yo tenía razón, y fue un reflejo. Uno muy malo.
Sakura escuchaba atentamente mientras comía sus waffles. Sólo había que compartir algunos minutos con Eriol para darse cuenta de que había crecido mucho como persona. Podría decirse que aquella había sido una reacción normal de cualquier persona que no se esperaba que le dijeran sus cuatro verdades en la cara, y mucho menos después de tantos años y de que ya hubiera dejado atrás aquella pesada y desagradable actitud. Y, sin embargo, Eriol había sabido reconocer su inmadurez.
-Hasta se le aguaron los ojos, Sakura, ¡imagínate!
La aludida estuvo a punto de ahogarse con el jugo de naranja. ¿Eriol llorando? ¿Él, que había llamado debiluchos a todos sus compañeros que derramaban lágrimas en el colegio? ¡Hubiera pagado por verlo!
-¿En serio Tomoyo? ¡No te creo! –Exclamó sorprendida. Su prima asintió repetidas veces-. ¿De verdad? ¡Júramelo!
-¡Te lo juro, Sakura, te lo juro! Se le aguaron los ojos y soltó una lágrima que se la limpió rapidito, como para que yo no me diera cuenta. Pero tú más que nadie sabes que yo soy muy perceptiva.
Ella asintió. Notó que Tomoyo no había contado nada de esto en tono de burla, sino muy seria y conmovida.
-Acepté sus disculpas porque me di cuenta de que estaba siendo sincero. Y… yo, pues, también me disculpé con él. –Bebió de su jugo de naranja y miró a otro lado-. Le pedí perdón por haberlo insultado y humillado durante la cena. Eriol me dio un abrazo y me aseguró que se portaría como todo un caballero conmigo e hicimos un borrón y cuenta nueva.
Sakura sonrió ante aquello.
-Me parece muy bien, Tomoyo, ya era hora. ¿Eso fue todo?
Tomoyo se sonrojó ligeramente y volvió a beber jugo. Comió algunos bocados de sus panqueques antes de responder:
-No.
-¿Qué pasó después? –Preguntó tranquilamente su prima, mientras bebía jugo.
-Me besó.
Sakura casi se ahoga ante aquello. Tosió un par de veces y escupió el poco jugo que había bebido. Miró a su prima con los ojos muy abiertos, con la expresión de quien jamás se hubiera esperado esa respuesta.
-¿Eriol te besó? –Exclamó mientras se limpiaba con la servilleta.
-Sí. –Contestó Tomoyo sonrojándose-. Y me gustó, Sakura.
La castaña esbozó una sonrisa que le abarcó la mitad del rostro.
-¡Lo sabía!
Tomoyo frunció el ceño-. ¿Cómo que lo sabías?
-Sabía que ustedes dos todavía tenían historia. –Bebió un sorbo de su jugo y miró a su prima de forma pícara-. Y… ¿no pasó nada más?
La pelinegra dejó el tenedor en el aire para mirar a su prima de forma dura.
-No, Sakura, no pasó nada más. No tuvimos sexo de reconciliación, si eso es lo que estás insinuando. –Llevó el tenedor a su boca y comió.
-Ay, Tomoyo, ya te hubiera gustado, a mí no me engañas.
-Claro que no, ¡qué cosas dices!
Sakura sonrió y dio la conversación por finalizada. No le convenía hacer enojar a su prima con ese tema, ya que era capaz de asociar su enojo con Eriol y volver a desquitarse con él. Ya era demasiado bueno para ser cierto que hubieran hecho las pases.
-.-
-¿¡Qué!?
Tomoyo pegó el grito en el cielo al oír aquello.
-¡Sakura, no puede ser! ¿Cómo pasó? –Preguntó preocupada.
-No me dio muchos detalles por teléfono, apenas me dijo que se cayó en el conservatorio y le tuvieron que enyesar la pierna. Dijo que luego me contaría.
Tomoyo suspiró y negó con la cabeza.
-Este Kero… un día nos va a matar de un susto, Sakura, por Dios que sí. ¿Qué les digo a los de la revista?
-Diles que me tuve que ir por razones de fuerza mayor.
Tomoyo asintió y se despidió de su prima con un beso.
Lo que suponía ser un un sábado en un hotel en la playa, con un evento para la revista Fasshon y alguna que otra aventurilla con Shaoran, se había transformado en vayamos volando a la ciudad porque Kero está enyesado y y no quiere estar solo.
A Sakura no le molestaba ir a atender a su mejor amigo. Tampoco le importaba tener que dejar el hotel ni perderse el evento de Fasshon. Lo que realmente le molestaba, o más bien, desilusionaba, era tener que alejarse de Shaoran. Le había hecho tanta ilusión haberse encontrado con él que la idea de pasar un fin de semana juntos se había ido incrementando.
¿Cuánto tiempo tendría que esperar hasta verlo de nuevo?
Suspiró. No lo sabía. Shaoran y ella eran como Oliveira y La Maga, los protagonistas de Rayuela. Jamás se ponían de acuerdo para verse porque sabían que terminarían encontrándose de todas maneras.
Al llegar al edificio de su mejor amigo, agradeció que el portero le abriera la puerta. Subió por el elevador y una vez estuvo en el quinto piso, se dirigió hasta la puerta del apartamento de Kero. Se agachó para buscar la llave debajo de la alfombra y cuando la tuvo abrió la puerta. Todo estaba en silencio. Como si Kero no estuviese, como si…
¡Pum!
Un golpe seco interrumpió sus pensamientos. Sakura se imaginó que Kero probablemente se había caído de algún sitio.
Corrió hasta su habitación y al abrir la puerta se encontró con una imagen muy graciosa: Kero estaba boca abajo en el suelo. Se había caído y la silla, que se le había venido encima, estaba sobre su espalda. Sakura se percató de que tenía la pierna derecha enyesada desde el pie hasta un poco más arriba de la rodilla.
-¡Vaya! –Dijo mientras se inclinaba para ayudarlo-. Eso sí que fue una caída.
Kero sonrió-. Estaba intentando matar un mosquito.
Sakura soltó una carcajada y pronto su mejor amigo se unió a ella.
-¡En serio! El muy desgraciado ya me tenía harto, zumbando por toda la ha…
-Me refería a la caída que te hizo eso.
Señaló el yeso de su amigo mientras terminaba de acomodarlo en a silla. Se sentó sobre la cama junto a Kero. Él sonrió y se llevó una mano al pelo, despeinándose.
-Ah, esto. –Sakura asintió. Kero soltó una risita y se acarició el rostro-. Esto, mi querida Sakura, se llama karma. –Ensanchó su sonrisa pícara y acercó su rostro al de su amiga-. Karma, castigo, a curiosidad mató al gato... etc.
La castaña alzó una ceja sin entender.
-¿Estás diciéndome que esto te pasó porque estabas haciendo algo malo, planeando hacerlo o ya lo habías hecho?
-La primera.
-Y… ¿se puede saber qué fue eso tan terrible que estabas haciendo como para que te fracturaras una cantidad considerable de huesos? ¿O me convertiría en cómplice de algún crimen?
Kero rió-. Voy a contártelo, ¡pero! Antes tienes que comprender las circunstancias.
-Ajá…
-Todos hemos sentido tentación en algún momento de nuestra vida, ¿no? –Ella asintió con la cabeza, pensando en Shaoran-. Y a veces… es más fuerte que nosotros. La carne es débil, Sakura.
Como si ya no lo supiera…
-¿Y bien? –Preguntó impaciente y muriendo de curiosidad.
Kero se inclinó hacia atrás y se llevó ambas manos al pelo, volviendo a despeinarse. Soltó una risita divertida y miró a Sakura de forma pícara.
-¿Recuerdas a Meiling Li, la prima del protagonista de tus fantasías eróticas? –Sakura dijo que sí, intentando no reírse-. Bueno, no sé que tengan los Li, pero ella es la protagonista de las mías. Hoy, luego del ensayo para un ballet que vamos a presentar en dos meses, Meiling Li se quedó practicando sola luego de que todos se fueran. –Explicó-. Pero en vez de quedarse en los salones habituales, se dirigió al teatro principal. Lo sé porque yo me encontraba por allí, hablando por teléfono. Me gusta por la intimidad. Tenía muchas ganas de verla, pero supuse que ella no quería ser molestada, así que me quedé observándola de incógnito, en el paso de gato, encima del escenario.
Cerró los ojos y su rostro adquirió una expresión inmaculada, como si estuviera evocando una imagen hermosa, celestial, sublime.
-De repente alguien la llamó por teléfono para decirle algo y ella le dijo que enseguida se cambiaba e iba para allá. Como no había nadie alrededor y los camerinos del teatro estaban cerrados, Meiling se cambió allí frente a las puertas de los camerinos. –Su sonrisa pícara apareció nuevamente-. Tuve que bajarme del paso de gato; pero la única manera de hacerlo, dirigirme a donde ella estaba y verla sin que se diera cuenta, era por unas escaleras de madera vieja.
Sakura abrió la boca sorprendida y poco a poco sus labios se fueron curvando en una sonrisa divertida.
-Desde la escalera la podía ver perfectamente. Su cuerpo estaba cubierto por una fina capa de sudor, y la luz se reflejaba en su piel de manera exquisita. Y cuando yo pensaba que ya había visto mucha piel… se quitó el sujetador deportivo. Estaba dándome la espalda así que tuve que sujetarme de la escalera con una mano para poder inclinarme y verla mejor… y ahí fue cuando ¡pum! La escalera se vino abajo, y créeme que yo estaba a algunos metros sobre el suelo.
Sakura soltó la carcajada del siglo al ver el rostro divertido de Kero y al imaginarse la escena. Es que, ¡sólo a él le pasaban estas cosas! Claro, claro. La curiosidad mató al gato, o al menos, en este caso, le quebró una pierna.
-¡Ay, Kero! –Tuvo que llevarse ambas manos al vientre por la risa-. ¡Las monjas del colegio estarían muy decepcionadas de ti!
Kero también se rió y se encogió de hombros.
-Creo que me lo merecía, ¿no te parece? Y eso no es lo peor. –Sakura se secó las lágrimas y miró a su mejor amigo con atención-. Como la caída fue estrepitosa y estruendosa, era imposible que Meiling no se diera cuenta, sumándole la resonancia y acústica del teatro.
-No…
Sakura se llevó una mano a la boca.
-Sí. –Asintió Kero-. Lo escuchó, se puso una camiseta encima y corrió a socorrerme. Fue ella quien me llevó al hospital.
Nuevamente, la habitación sucumbió a la carcajada de Sakura. ¡No podía ser! Esto era demasiado de película para ser cierto.
-Ay, Kero, estas cosas sólo te suceden a ti y al pato Lucas.
El rubio alzó las manos y se encogió de hombros.
-¡Qué te puedo decir! Ella tenía que irse así que me prometió que me llamaría para ver cómo seguía. Naoko me llamó para preguntarme algo y le conté que me había caído y estaba en el hospital. Se puso como loca y fue a buscarme, ella me trajo a la casa. Y se hubiera quedado conmigo pero tú y Tomoyo la explotan laboralmente.
Le sacó la lengua y Sakura le dio un empujón en la frente.
-Naoko es adicta al trabajo, de eso no tenemos culpa ni Tomoyo ni yo. –Explicó con la cabeza sin dejar de sonreír-. Qué tonto eres, Kero, ¡pero qué gracioso! ¿No sientes algo de arrepentimiento?
-¿Estás loca, Sakura? Obtuve lo que quería: vi a Meiling casi desnuda y encima conseguí un poco de su atención. ¿Qué importan un par de fracturas y algunos huesos rotos luego de algo como eso?
La castaña abrió la boca con incredulidad. Soltó una risa y negó con la cabeza.
-¡Estás loco, Kero, y ya no tienes remedio!
Se dejó caer sobre la cama y estuvo riéndose un rato. Kero no dejó de sonreír en ningún momento.
-Espera un momento. –Frunció el ceño y se incorporó-. ¿Un poco de su atención, dijiste? –Su amigo asintió-. Pero… hay algo no entiendo. El día de su entrevista, cuando se conocieron, tú me contaste que ella te hizo un blowjob, ¿no? –Kero asintió con la cabeza-. Y luego de eso, ¿no has tenido ningún otro tipo de contacto con ella?
-No.
Sakura rió-. O sea que, probablemente, la percepción que tiene Meiling Li de ti es que eres un sátrapa torpe y accidentado.
Kero frunció el ceño y suspiró resignado.
Luego de un rato, decidieron llamar a Tomoyo para contarle lo que había sucedido. La pelinegra rió exageradamente del otro lado del teléfono mientras Sakura preparaba algo de comer y Kero se dibujaba una casita con un sol en una parte del yeso, sentado en una silla de la cocina.
Tomoyo les dijo que el evento comenzaría en unas dos horas y que había aprovechado el tiempo haciendo yoga en la playa con un grupo de turistas, nadie que conociera, porque había ido sola, por supuesto...
-¿Con quién más iría, Sakura? Si tú te fuiste a socorrer a Kero, ¡ay, Kerberos! Es que esas cosas te suceden por andar por ahí cual adolescente cachondo espiando a su vecina. ¿Cómo se te ocurre? ¡Pudiste haberte matado! Pero bueno, ahora voy a conocer el hotel. Sí, sola también. ¿Con quién iría? No me vengas con lo que sé que estás pensando, Sakura, porque no. Aunque eso no tendría nada de malo, porque ya somos amigos, sería algo inocente. Algo bueno para nuestra nueva relación de amistad, porque eso es lo que hacen los amigos, ¿no es así? Una simple caminata, un simple recorrido de amigos, inocente, bienintencionado. Claro, ¿por qué no? Lo llamaré a su habitación porque no será una cita romántica sino de amigos, y las amigas podían llamar a sus amigos e invitarlos a una salida inocente, ¿no?
Sakura y Kero asentían y se aguantaban la risa por todas las veces que Tomoyo decía las palabras amigos, amistad, inocente, queriendo aclarar que entre ella y Eriol no había nada más que…
-Una simple e inocente amistad.
-Claro, Tomy. –Dijo Sakura mirando a Kero-. Pásenlo bien, entonces. Luego me cuentas cómo te fue paseando y en el evento. Un beso, ¡saludos a Eriol!
La llamada terminó y Kero le colocó la tapa al marcador morado. Se había escrito la palabra «amigos» en una parte del yeso, justo arriba de la casita con el sol. Sakura se rió y colocó los tallarines en el colador.
-Así que Eriol Hiragizawa se estás hospedando en el mismo hotel donde estaban ustedes... –Comentó Kero alineando los marcadores de colores-. Interesante.
-Shaoran Li también estaba allí.
Kerberos alzó la vista y miró a su amiga. Sakura comenzó a servir los tallarines.
-¿Ah, sí? –Ella asintió con la cabeza-. ¿Por qué no me lo habías dicho?
-Porque no habíamos hablado de ello. Por cierto, tengo que contarte algo que pasó ayer durante una cena que tuvimos los cuatro.
Sakura le contó a Kero con lujo de detalle lo que había sucedido durante la comida: la discusión entre Eriol y Tomoyo, mientras Shaoran y ella se bajaban el vino hechos los locos. Kero rió a carcajadas, imaginándose la escena claramente.
-.-
Los humores de Eriol y Shaoran eran dos polos opuestos.
El primero estaba contento, risueño, de buen humor, alegre y entusiasmado; se había reconciliado con Tomoyo y al mediodía ella lo había llamado a su habitación para agradecerle por haberle enviado el desayuno, e invitarlo a dar un paseo por las instalaciones del hotel.
El segundo, por su parte, era todo lo contrario. Estaba cabizbajo y un poco malhumorado, con un deje de desilusión y de amargura encima. Hoy, al igual que su amigo, se había despertado de muy buen humor y había tenido una idea: enviarle el desayuno a Sakura. Cuando Eriol vio lo que planeaba hacer, decidió que también le enviaría su desayuno favorito a Tomoyo. Luego tuvo una pequeña reunión con el señor Müller, el dueño del hotel. Conversaron sobre la fiesta de inauguración, que se celebraría de la mano con el evento de la revista Fasshon. Hasta ahí, todo bien. Las cosas se tornaron agridulces cuando, saliendo de su reunión, se topó con Tomoyo y con Eriol. Le preguntó por Sakura a la pelinegra y ella le contó que había tenido que regresarse a la ciudad por un asunto personal de suma urgencia.
Shaoran ya se había hecho la idea de que estaría con Sakura ese día. ¡Y ya había logrado un acercamiento importante! Aquello fue como un baldazo de agua fría en una noche de invierno.
Pero ya lo había decidido, la próxima vez que fuera a cenar a Dolce, invitaría a salir a Sakura Kinomoto.
-.-
Sakura terminó de colocarse el labial y se miró en el pequeño espejo. El tono perfecto para la ocasión perfecta: la despedida de soltera de su amiga Rika Sasaki.
Iba a casarse esa semana con Yoshiyuki Terada, un hombre quince años mayor que ella. Se habían conocido tres años atrás en la universidad. Rika estaba terminando su carrera cuando decidió tomar Literatura y Lengua Árabe como materia electiva, asignatura impartida por el simpático y elocuente profesor Terada. La mayoría de los alumnos matriculados en la clase eran mujeres, ya que el profesor Terada era un hombre alto y atractivo. Impartía su materia con un amor y una pasión que se les contagiaba fácil y rápidamente a sus estudiantes. Cuando se conocieron, Rika tenía veintiún años y el profesor Terada treinta y seis.
A ella le había encantado desde el primer día. «Amor a primera vista», decía siempre que contaba la historia de cómo se habían conocido. Muy pronto se convirtió en la alumna más sobresaliente de la clase. Semanas más tarde, Rika les confesó a sus amigas que aquello era parte de su plan para llamar la atención del profesor. Primero, comenzaría sentándose en la primera fila y empezaría a leer e investigar sobre los temas tocados en clase, para poder instruirse lo suficiente y que Terada se diera cuenta de lo buena que era. Luego, le haría comentarios casuales sobre películas, libros y hasta música. Quería llamar la atención del profesor, pero de una manera discreta y que pasara desapercibida ante sus compañeros. Y así lo hizo. Pronto Terada notó la ferviente actitud de la alumna Sasaki con respecto a la materia. Siempre sabía la respuesta, y cuando no, al día siguiente la llevaba y con información de más. Parecía estar casi tan enamorada del tema como él. Inclusive le gustaba la música en árabe. Aquello no podía ser casualidad.
Ambos se habían quedado conversando varias veces después de clases sobre el tema expuesto ese día, sobre alguna película, un libro o una canción. A veces conversaban entre clases o cuando se encontraban por ahí en la universidad. Un día se toparon en el supermercado y estuvieron hablando durante cuarenta y cinco minutos, sin notar que el tiempo había transcurrido siquiera. Rika ya podía notar que el profesor estaba claramente interesado en ella como alumna y como persona, que le agradaba y que congeniaban perfectamente. Ahora venía la parte más fácil, pero al mismo tiempo, la más difícil. El arma de doble filo: tenía que hacer que Terada se interesar en ella como mujer.
Un día se presentó en la clase con una blusa bastante escotada. Se sentó con los brazos cruzados y el torso inclinado hacia delante. Como estaba en la primera fila, fue imposible que Terada no lo notara. Y por más que intentó controlarse y disimular, fueron varias las ocasiones donde pasó y posó sus ojos por el atrayente y hechizante escote de su alumna. Inclusive perdió el hilo de lo que decía en dos ocasiones. Y Rika las notó todas. Al final de la clase, todos sus compañeros se fueron y ella se demoró más de la cuenta arreglando sus carpetas y cuadernos. Cuando el salón de clases estuvo vacío, se puso de pie y se acercó al escritorio de Terada. Él, que estaba sentado recogiendo sus folios, alzó la vista para encontrarse con el sugestivo escote de Rika Sasaki. Lo miró embobado durante algunos segundos para luego mover la cabeza al salir de su estupefacción. Bajó la mirada intentando ocultar su sonrojo y le preguntó a su estudiante qué quería. Ella le dijo que la clase de hoy había estado particularmente interesante. Terada alzó la vista y Rika le regaló una sonrisa, para luego dirigirse a la puerta. Él la siguió con la mirada, hipnotizado ante el vaivén de sus caderas. Antes de salir, Rika se detuvo en la puerta, giró el rostro y con una sonrisa pícara le dijo:
-Por cierto, se ve particularmente guapo con esa camisa azul, profesor.
Y así como lo dijo, se marchó. Nunca más volvió a llevar ropa sugestiva a las clases, ni decirle piropos a su profesor. Rika sabía que no hacía falta. Aquello había sido suficiente para que Terada comenzara a fijarse en ella de una manera diferente a la habitual. Ya no podía verla simplemente como su estudiante más sobresaliente; no, ahora era su estudiante favorita, en toda la universidad y en todo el mundo. Su persona favorita.
Hubo varios días donde se sorprendía a sí mismo pensando en ella. Imaginándola como su pareja, y no como su alumna. Había comenzado a hacerle preguntas acerca de su vida y sus gustos, su familia y sus amigos. Se interesaba cada vez más por ella y varias veces tuvieron acercamientos que los estremecieron a ambos. Inclusive ella llegó a tutearlo en varias ocasiones, disculpándose por su atrevimiento. A Terada aquello le hacía mucha gracia. El semestre pasó dejándolos a los dos cada vez más prendados el uno del otro; él, pensando en cómo hacer para dejar de pensar en ella ahora que ya no sería su alumna; y ella, con una frustración enorme, porque a pesar de que sabía que su plan había funcionado, Terada jamás propasó la línea.
Pero el día llegó. Una semana después de que finalizara el semestre se encontraron en la calle. Estaba comenzando a llover. Terada se atrevió a preguntarle a Rika si quería tomar algo caliente y ver aquel filme del cual le había hablado tanto, que su casa quedaba a la vuelta de la esquina. Rika lo vio como su oportunidad de oro y accedió de inmediato. Pero no habían dado ni tres pasos cuando comenzó el diluvio. Por supuesto que ambos llegaron empapados al apartamento del profesor Terada. Allí él sacó dos toallas para que se secaran y no pudo evitar fijarse en lo sensual que se veía su alumna así, sentada en el apoyabrazos del sofá, empapada de pies a cabeza, con sus pantalones de jean muy cortos y un poco rotos, sus Toms de color rosa pálido, su camisa de cuadros abierta sobre una camiseta blanca que se había transparentado, dejando ver su sujetador negro.
Rika, por su parte, jamás se había sentido tan atraída hacia su profesor como aquella tarde. Y supo que era ahora o nunca. Por eso fue ella quien tomó la iniciativa. Se puso de pie dejando caer la toalla que reposaba sobre su regazo, y con paso lento pero determinado caminó hacia él, que había observado todos sus movimientos sin emitir una palabra o un suspiro. Su corazón comenzó a galopar en su pecho cuando ella posó sus suaves y femeninas manos sobre sus hombros. Estuvieron así durante unos segundos, mirándose y deseándose en silencio, hasta que ella deslizó sus manos hasta las mejillas de Terada y le plantó un apasionado beso francés. Una cosa llevó a la otra y pronto estuvieron desnudos rodando por el suelo del apartamento.
A partir de ese día pasaban sus tardes amándose frente a la chimenea de Terada, enrollados en una manta recitando poemas y escuchando música árabe; él le decía cosas eróticas en árabe y ella hacía un poco de danza del vientre, y luego hacía en el amor durante lo que quedaba de día.
Naoko fue la última en enterarse, y pegó el grito en el cielo al saber la edad de Terada: treinta y ocho años. Por supuesto que pensó que era casado y con hijos, y ni qué de decir de que hubiera sido profesor de Rika en la universidad. Pero al conocerlo se olvidó de todo aquello. Terada era en verdad un hombre encantador. ¡Y sumamente culto!
A pesar de la diferencia de edad y de los comentarios de algunas personas, Rika y Terada se comprometieron luego de dos años de relación. Iban a casarse esta semana para luego pasar su luna de miel en los Emiratos Árabes.
-¿Seguro que no te molesta que me vaya, corazón? –Preguntó Sakura mirando a su mejor amigo con ojos de madre preocupada.
-Claro que no. Es la despedida de soltera de Rika y no puedes perdértela. –Sonrió como un niño pequeño-. Yo puedo arreglármelas solo, ve y diviértete.
Kero era el mejor amigo que alguien podía tener. Sakura se inclinó para abrazarlo. Le dio dos besos sonoros en las mejillas y le acomodó el pelo.
-Bueno, que conste que yo…
¡RING!
El sonido del intercomunicador la interrumpió e hizo que se sobresaltara. Los dos amigos se miraron extrañados.
-¿Quién podrá ser? Si no esperábamos a nadie… ¿o sí? –Sakura miró a Kero inquisitiva-. Seguro es Naoko que viene a ver cómo estás. Le voy a abrir y así me hace el relevo.
Sonrió y Kero le correspondió. Sakura caminó hasta el telefonillo presionó el botón que abría la puerta de abajo, sin preguntar quién era.
-Espero que sea Naoko y no un ladrón, Sakura. –Comentó él.
Ella se rió-. Los ladrones no tocan, simplemente entran.
El timbre no tardó en sonar y Sakura se dirigió a la puerta para abrirle a Naoko… quien había cambiado mucho desde la última vez que la había visto, hacía dos días. Tenía el pelo larguísimo y negro, los ojos de un color castaño rojizo, rodeados por unas largas y seductoras pestañas, y enmarcados por un par de cejas perfectas. Incluso estaba más alta.
Un momento. Ésa no era Naoko. Era Meiling Li, la prima de Shaoran.
-Sakura, ¡hola! –La recién llegada le regaló una radiante sonrisa y se acercó para darle un abrazo-. Qué sorpresa verte, no sabía que iba a encontrarte aquí. Vine a ver a Kerberos. Ayer le prometí que lo llamaría para ver cómo seguía, pero me pareció mejor venir a verlo. Espero no ser imprudente, ni interrumpir nada.
Sakura sonrió. Aquello le quedaba como anillo al dedo. Dejaría a Meiling a cargo de Kero –él estaría muy feliz- y ella podría irse a la despedida de soltera de Rika sin sentir culpa, a tomar Cosmos con la conciencia tranquila.
-No, para nada, de hecho llegas en el momento preciso. Acaban de venirme a buscar porque tengo un compromiso, así que tú puedes quedarte con Kero en mi ausencia. -Dijo rápidamente y la hizo pasar. Cuando Meiling abrió la boca para hablar, ella la interrumpió-. No te molesta, ¿verdad? Oh, qué bueno, entonces los dejo. –Expandió su sonrisa y le dio un corto beso en la mejilla-. ¡Adiós, gracias!
Cerró la puerta tras de sí y se subió en el elevador y comenzó a reírse. Kero se pondría muy feliz de ver la sorpresita que le había dejado. Se miró en el espejo y se sonrió así misma al verse tan guapa. Tenía puesto un vestido de la nueva colección de Lucy in the Sky, que la hacía ver particularmente sexy y resaltaba sus curvas. Lo había elegido porque, según Tomoyo, hacía que su trasero se viera más grande.
La puerta del elevador se abrió y Sakura salió. Se subió al auto de Naoko y la saludó con un beso en la mejilla. Ambas se dirigieron al lounge donde tendría lugar la despedida de Rika.
-Mira, yo la verdad agradezco que sea en un lounge y no en un club de strippers, porque la verdad es que no le encuentro nada de atractivo a un hombre haciendo un striptease.
Comentó Sakura mientras se bajaban del auto. Naoko sonrió.
-Ay, Sakura, conociendo a Tomoyo y Aruka, ¿de verdad piensas que no va a haber un stripper? –Rodó los ojos-. A ellas les encanta hacer una locura de todo.
Era cierto. Sakura suspiró y dibujó una sonrisa divertida en su rostro. Qué más daba, era la despedida de soltera de su amiga. Entraron al local y no les fue difícil encontrar a sus amigas. Se dirigieron hacia ellas y las saludaron a todas.
-.-
Después de la tercera ronda de Cosmos y Martinis, Rika estaba muerta de la risa abriendo los poco discretos regalos que le habían llevado para que usara en su luna de miel.
Sakura agradeció que hasta ahora no hubiera ningún stripper. Pero cuando se dio cuenta de que había un tubo en la pequeña tarima qdel lounge, justo al lado de donde se encontraban sus amigas, se dijo a sí misma que un stripper sería mejor que eso. Porque aquello sólo podía significar una cosa.
-¡Sakura me va a enseñar cómo bailar en el tubo! –Exclamó Rika. Sakura sintió que su instinto asesino afloraba en ese momento-. Tengo que aprender para mi luna de miel, y como tú tomaste clases, pues… Tomoyo se tomó la molestia de pedir que lo colocaran.
Sakura miró a Tomoyo y quiso matarla con la mirada.
-Una clase. -Dijo-. Tomé una clase.
No era que tuviera un problema con hacer poledancing para sus amigas para sus amigas, lo que sí le vergüenza era hacerlo allí, con gente que no conocía viéndola.
-¡Vamos, Sakura! –Esta vez fue Aruka quien habló-. ¡Sedúcenos a todos!
A todos. Por lo menos Aruka era consciente de que ellas no serían las únicas testigos y espectadoras de aquel espectáculo.
-No creo que haga falta que yo te enseñe nada, Rika. –Comentó Sakura-. Tú eres muy buena en todo, si no pregúntenle a Yoshiyuki.
Todas se rieron ante el comentario con doble sentido. Rika se sonrojó un poco mientras sonreía pícaramente.
-¡Al menos necesito una demostración! Vamos, Sakura, hazlo por mí, por mi despedida de soltera.
Rika batió sus pestañas y las demás dijeron ¡anda, Sakuuuuuuura! a coro. Ella rodó los ojos y se puso de pie para dirigirse a la tarima.
-Está bien, está bien. Pero tampoco es que voy a darle la vuelta al mundo. Además ni siquiera estoy usando ropa apropiada para esto. Unas moviditas nadas más.
A buena hora le había tocado tener un corazón caritativo y abnegado. Si tan solo pudiera ser como el Grinch…
Sus amigas aplaudieron y pegaron grititos de emoción. Sakura comenzó a sentir un calor en sus mejillas. Qué vergüenza, pensó. Lo único que falta es que me encuentre a alguien conocido.
Una vez estuvo arriba, comenzó a prepararse psicológicamente para lo que venía. El bartender más guapo anunció que una de las invitadas de la despedida de soltera que se estaba celebrando en el lounge haría un baile en el tubo que había sido incorporado recientemente. La gente aplaudió y se escucharon silbidos.
Perfecto, pensó Sakura. Así nadie se perderá ni un segundo del show. Es que estás cosas sólo me pasan a mí.
De repente las notas de una canción famosísima comenzaron a sonar, haciendo que Sakura volviera a rodar los ojos y mirara a sus amigas con fastidio. ¿En serio? Quienquiera que hubiera elegido esa canción, ¿no podía ser más cliché? Era You can live your hat on, de Joe Cocker. La canción clásica para un striptease. Suspiró y decidió que no era momento de reclamarles por ser tan poco originales.
En cambio, decidió ponerse manos a la obra, sin imaginarse que unos ojos ámbares la observaban desde una mesa lejos de la tarima.
¿Qué les pareció lo que contó Tomoyo? Parece que Eriol verdaderamente cambió.
Siempre me gustó la fascinación que tenía Rika por el profesor Terada, a pesar de que la diferencia de edad hacía que fuera imposible (o al menos ilegal y enfermizo) que estuvieran juntos. Por eso decidí juntarlos en Dolce, sin cambiar mucho su esencia: ella la alumna y él el profesor. La diferencia está en que se trata de una relación universitaria y, por lo tanto, consensual.
Muchísimas gracias por sus reviews. Pórtense muy mal. ¡Nos leemos en el próximo capítulo!
