Dolce

"El sexo es una emoción en movimiento." –Mae West.

Capítulo VI:

"Fruición"

Después del quinto Cosmopolitan, el rostro de Sakura seguía ardiendo, aunque ya no por la vergüenza de haber hecho una sesión de pole dancing frente a un montón de desconocidos. Ahora era por aquel cóctel que conseguía distraerla de las peores vergüenzas de su vida. Como aquella vez en la playa luego de que Yoshiro le hubiera dicho que era gay.

Negó con la cabeza para alejar esos pensamientos y se sentó en el sofá.

¿En qué momento se le había ocurrido tomar clases de pole dancing? ¿Y para qué? Si nunca, hasta ahora, había utilizado esa habilidad. Ah, sí, porque es un ejercicio que ayuda a tonificar todos los músculos del cuerpo, en especial lo de las piernas.

Bufó, haciendo que su flequillo bailara. Abrió una de las botellas de agua y se sirvió en un vaso. Si bien no estaba ebria, después de todos esos Cosmos podía sentir el alcohol en su cuerpo. Al menos así no le incomodaba tanto que la gente se le acercara para felicitarla por sus increíbles dotes artísticas.

Naoko, que había estado bailando con Rika y Tomoyo, se acercó a ella y se sentó a su lado.

-¿Te cansaste de bailar? –Le preguntó con una sonrisa.

-Sabes que no es algo que me encante, Saku. –Contestó su amiga-. No todas tenemos ese talento para mover el cuerpo. –Le guiñó un ojo y Sakura se rió.

-La que parece estárselo pasando bomba es Aruka.

Las dos amigas dirigieron sus ojos a la pista de baile, donde Aruka bailaba muy entretenida con un pelirrojo muy alto.

-¡Cómo para no estarlo! –Exclamó Naoko haciendo que Sakura la mirara-. El tipo es bellísimo, ¡todos sus amigos lo son!

Sakura sonrió y alzó una ceja.

-¿Y tú cómo sabes?

-Porque los vi en la barra. Ay, Sakura, hay uno de pelo castaño guapísimo que seguro te encantaría.

-Si tú lo dices, te creo. Si hay algo de lo que no dudo en la vida es de tu buen gusto, Naoko.

Siguieron conversando durante unos minutos más, hasta que Sakura sintió que una mano se posaba sobre su hombro. El rostro de Naoko cambió por completo. Sus ojos y su boca se abrieron sorprendidos. Y justo cuando Sakura iba a voltearse para averiguar quién la había tocado, una voz familiar le habló muy cerca del oído:

-¿Cómo estás, belleza?

Al girarse para verlo, sus rostros quedaron a escasos centímetros.

-Shaoran, ¡qué sorpresa encontrarte aquí! –Él le dio un beso en la mejilla-. Ella es una amiga, Naoko Yanagisawa. Naoko, él es Shaoran Li.

¿Un amigo? ¿Cliente? ¿Protagonista de sus fantasías sexuales? ¿Hombre con el que se había besuqueado en un hotel en la playa? ¿Cómo debía presentarlo?

Naoko asintió con la cabeza y le extendió la mano a Shaoran, sin decir nada. Sorprendida e impresionada de que su amiga no sólo conociera a ese hombre, sino que tuviera ese trato tan cariñoso con él.

-¡Es él, Sakura! –Se acercó al oído de su amiga sin importarle que Shaoran estuviera presente-. ¡El hombre guapo que te dije!

Sakura se rió ante la casualidad. Sí, el gusto de Naoko jamás se equivocaba.

-Ehm, voy a buscar otro Apple Martini. –Le guiñó un ojo a su amiga y se puso de pie-. Encantada.

Shaoran le sonrió y ella se retiró. Aprovechó para sentarse junto a Sakura.

-No sabía que bailaras tan bien. No me dijiste que tenías esa habilidad.

Sakura agradeció que las luces de los lounges y discotecas fueran tan tenues, porque se había puesto del color de su vestido. ¿Shaoran la había visto bailando como una stripper frente a todo el mundo? ¡Qué bochorno!

Cambió el tema preguntándole qué hacía allí, qué tal los negocios, el clima, Meiling, y otras trivialidades. Shaoran también hizo algunas preguntas, de las cuales sólo una captó verdaderamente la atención de Sakura.

-¿Quieres ir a otro lugar?

-.-

El camino en Uber hasta la casa de Shaoran fue rápido. No porque el lounge quedara cerca de su apartamento, sino porque desde que se subieron a la parte de atrás del auto, Sakura y Shaoran no dejaron de besarse. Al llegar al loft, continuaron besándose en el sofá, mientras la botella de Veuve Clicquot se enfriaba en la hielera sobre la mesa frente a ellos.

El beso, que se había prolongado demasiado, estaba dejando a Sakura sin aire y a Shaoran con ganas de deshacerse de la ropa de ambos. Coló sus manos por debajo del vestido se Sakura y le acarició las piernas. Ella intentó recuperar un poco de aire, pero Shaoran no se lo ponía fácil. Con un movimiento rápido, se posicionó sobre ella en el sofá, rodeando sus caderas con las largas piernas femeninas, y levantando el vestido rojo como pudo.

Y Sakura sintió que si quería continuar con lo que estaban haciendo –pero con menos ropa, debía separarse de Shaoran para tomar aire y algo de agua. Intentó empujándolo suavemente, pero él continuaba impasible. Entonces tuvo tomar fuerza y empujarlo con más brusquedad de la que quería, haciendo que él se separara más de lo esperado.

Sakura soltó, por fin, el poco aire que le quedaba y cerró los ojos para respirar profundo, ajena a la mirada ambarina que la miraba con incertidumbre.

-Creo que ya se enfrió el champagne. –Dijo abriendo los ojos e incorporándose. Tantos besos le habían dado sed.

Shaoran, que se había sorprendido ante la inesperada reacción de Sakura, asintió con la cabeza y se dispuso a descorchar la botella para servir ambas copas. Le ofreció la primera a Sakura. Ella la tomó y después de sonreírle le dio un sorbo.

-Mmmm, ojalá tuviéramos fresas.

Shaoran hizo un repaso mental del contenido de su nevera, y sonrió al recordar que sí había.

-Tus deseos son órdenes, preciosa. –Le dio un corto beso a Sakura y se puso de pie para dirigirse a la nevera.

Sakura aprovechó para arreglarse el pelo y el vestido. Por primera vez en la noche, mientras Shaoran colocaba las fresas en un plato, pensó en que quizás se había precipitado al irse con él de la discoteca. Shaoran y ella ya no eran unos niños, y esa invitación no había precisamente para una charla amistosa.

De hecho, desde que habían llegado, la única charla que tuvieron fue cuando Shaoran le preguntó si quería champagne y ella le dijo que sí, y él le preguntó si le gustaba Veuve Clicquot y ella le contestó que era su favorita, y él preguntó cuál le gustaba más de todas y ella le respondió Rosé, y él se disculpó porque sólo tenía Brut, a lo que Sakura le dijo que estaba bien porque esa también le gustaba. Tal vez debería mantener la compostura...

Shaoran regresó con las fresas y una sonrisa en el rostro. Dejó el plato sobre la mesa, bebió un sorbo de su copa y se sentó a su lado.

-Estás muy bella esta noche, Sakura.

Y tú no te quedas atrás, precioso.

-En realidad siempre estás hermosa –se acercó a ella y le acarició el pelo-, pero ese vestido rojo te hace ver irresistible.

Acercando su boca a la de Sakura, pasó su lengua por el labio inferior de Sakura. Ella cerró los ojos y ahogó un suspiro.

-Irresistible…

Su mano descendió por el suave rostro de Sakura, rozó su cuello y su clavícula, y con sus dedos acarició su escote.

¿Compostura?

¡Sí, claro!

Ella no había ido al apartamento de Shaoran para comportarse como una colegiala abstemia. ¿A quién quería engañar? Ya había tenido suficiente contingencia. Era hora de sucumbir a los placeres carnales que Shaoran tenía para ofrecerle.

Sin querer perder el contacto, Sakura se separó de él ligeramente para tomar una de las fresas. La mordió y depositó el resto dentro de su copa. Y cuando iba a continuar con lo anterior, Shaoran se alejó de ella para tomar su copa sentarse en su lado del sofá, creyendo haber captado el mensaje. Aparentemente, Sakura no quería continuar con lo que estaban haciendo. Lo había detenido una primera vez con la excusa del champagne, y ahora con las fresas.

¿Qué quieres hacer, belleza? Me estás enviando señales mezcladas.

-¿Quieres, quieres ver una película?

Sakura estuvo a punto de preguntarle a Shaoran qué había dicho, no estando segura de haber escuchado bien. ¿Ver una película? Ella no quería ver una película. ¡Quería hacer una película!

Un film XXX.

-¿O prefieres comer algo?

Sin esperar respuesta por parte de Sakura, Shaoran se puso de pie y caminó hasta el islote de la cocina.

-Hay frutas… bananas, duraznos, peras.

No sabía qué era lo que quería Sakura con exactitud, pero aparentemente no era sexo. Y él iba a complacerla, porque le gustaba demasiado.

-Si prefieres algo más elaborado, puedo preparártelo.

-Shaoran.

-Pero no tenemos que comer si no quieres. –Comentó viendo que ella lo miraba extrañada desde el sofá-. Podemos hacer lo que tú quieras.

Sakura no entendía nada de lo que estaba sucediendo. ¿Por qué razón Shaoran se habría separado de ella? Y no conforme con eso, había empezado a ofrecerle una cantidad de cosas que ella no…

Por un momento, hubo algo en la mirada de Shaoran que llenó a Sakura de incertidumbre. ¿Estaría arrepintiéndose de haberla llevado a su casa?

-¿Quieres que me vaya? –Preguntó a quemarropa. Shaoran parpadeó confuso-. Si no quieres que me quede, entiendo.

-No, no, claro que quiero que te quedes, es sólo que…

Es sólo que no quiero que pienses mal de mí.

Dejó su frase incompleta sin saber qué decir. Estaba loco por quitarle la ropa a Sakura y hacerle el amor allí mismo, contra la pared, en el suelo o sobre la mesa de la cocina. Quería besarla, tocarla, tenerla entre sus brazos. Pero, ¿y si ella no quería? ¿Y si pensaba que él era un atrevido? Después de todo, apenas se conocían.

Sakura lo miró impaciente. Expectante. ¿Y si no le había gustado lo que hacían? No, no podía ser eso. Minutos atrás la había besado como si no hubiera un mañana y le había dicho que se veía irresistible.

¿Qué pasa, precioso? ¿Te vas a echar para atrás justo ahora?

Su mente se iluminó por un momento. Y creyó, entonces, saber lo que podía estar pasando por la mente de Shaoran.

-Si quieres, puedo…

Sakura se puso de pie y caminó hacia él con paso lento pero firme. La frase quedó suspendida en el aire en el momento en que ella colocó su dedo índice en los labios de Shaoran.

-¿Dijiste que podemos lo que yo quiera?

Él asintió con la cabeza, incapaz de decir nada al tenerla tan cerca. Ella esbozó la sonrisa más sensual que Shaoran había visto en su vida.

-Quiero que vuelvas a besarme. –Le rodeó el cuello con las manos y acarició su nuca. Acercó sus labios al oído de Shaoran y pasó su lengua por el lóbulo-. Y esta vez no solo en la boca.

-.-

Meiling le colocó la tapa al marcador rosado luego de terminar de dibujar la bailarina. Pasó su mano sobre el dibujo, en el yeso de Kero.

-Listo. –Comentó con una sonrisa-. Ahora me llevarás contigo adonde vayas.

Kero estiró el cuello para ver el diseño: una bailarina de ballet con el pelo negro recogido y un tutú rosado.

-Gracias –sonrió-, pero no hay muchos lugares a los que pueda llevarte con esto. –Señaló su yeso.

Meiling se rió. Kero le parecía un hombre muy peculiar e interesante. Por eso había le había prometido que iría a verlo. Además, tenía una duda que la estaba trastornando, porque la mayoría de las veces la ignoraba en los pasillos y casi nunca le hablaba, a menos de que fuera estrictamente necesario.

Decidió preparar emparedados para ambos. Quizás con el estómago lleno podrían conversar mejor.

Desde que ella había llegado a su apartamento, Kero había tenido la urgencia de disculparse por lo que había sucedido. Por haberle dado a entender algo incorrecto el día que al entrevisto, y luego haberse aprovechado de ello. Pero no se atrevía a hacerlo porque no sabía cómo abordar del tema. ¿Cómos se iniciaba una conversación de esas? Meiling había establecido una charla casual, preguntando cómo se sentía y luego si podía hacerle dibujos. Él le había dicho que sí, y ella se dispuso entonces a dibujar una especie de gatito amarillo con alitas, y luego una bailarina de ballet.

-Debe ser muy fastidioso tener un yeso como ese en la pierna, –dijo Meiling mientras le ponía Nutella al pan-, tener que depender de los demás para hacer casi todo, y eso.

Kero asintió con la cabeza.

-Bueno, al menos tengo la dicha de que me visiten mujeres hermosas.

Sonrió. Meiling alzó la vista y le correspondió con una cálida sonrisa.

-Meiling. Quiero disculparme contigo por lo que pasó cuando te conocí.

-También yo.

Él frunció el ceño, confundido y sorprendido ante aquella respuesta.

-¿Tú? –Parpadeó. Ella asintió con la cabeza-. ¿Por qué?

Esbozó una sonrisa y Kero se sintió desarmado. ¿En serio Meiling estaba disculpándose con él por algo como eso? De todas las respuestas que hubiera esperado, aquella era la última. No pudo evitar reírse, para sentirse arrepentido inmediatamente. Se incorporó en la silla para estar sentado en una mejor posición.

-Yo te debo una disculpa. Ese día, cuando te hice esa pregunta, no lo hice con segundas intenciones. Jamás le pediría a una mujer que se acostara conmigo a cambio de un favor, dinero, o cualquier cosa que no fuera disfrute personal. Pero cuando tú te agachaste, yo no... –Se sintió avergonzado al escucharse a sí mismo decir esas palabras en voz alta-. No te detuve. No te dije que me habías entendido mal, me aproveché de la situación. Lo siento mucho, no estuvo bien. Debes pensar que soy un degenerado sexual. Y no te culpo, probablemente lo soy. -Suspiró-. Incluso antes de que entraras a mi oficina, el puesto era tuyo. Tus credenciales son impecables.

-¿Crees que eso es lo que pienso de ti, Kero?

Él asintió con la cabeza.

-¿Crees que no sé que aquello no era una insinuación sexual?

Kero frunció el ceño.

-Por un momento, una parte de mí de verdad creyó que esperabas que me acostara contigo para darme la posición. -Explicó ella-. Pero luego, cuando vi que te quedabas estático y que parecías enormemente sorprendido, supe que no te referías a eso. Pero...

Calló. No sabía cómo debía continuar. Kero la miró expectante.

-¿Pero?

-Lo estaba disfrutando.

Kero se quedó completamente sorprendido, sin palabras.

-Me parece que los dos somos igual de degenerados. -Dijo ella y dibujó una sonrisa que bien podía por vergüenza, diversión o resignación.

Kero soltó una carcajada y Meiling le correspondió.

-Supongo que tienes razón.

Meiling alzó su vaso con jugo de manzana y le extendió el suyo a Kero.

-Brindemos, entonces, por tener una cualidad tan terrible en común. –Sonrió-. Y por los emparedados de Nutella.

Kero se rió.

-Por ti.

-.-

Sakura no estaba segura si la sensación de embriaguez que invadía su cuerpo era producto del champagne o de los besos de Shaoran.

Estaba completamente desnuda, acostada sobre el lecho improvisado que Shaoran había armado en el suelo. Su cabeza descansaba en un pequeño cojín rojo, que combinaba con el pañuelo de satén que le vendaba los ojos. Había sido idea de Shaoran, para darle más erotismo a la situación.

Se sentía expuesta, a merced del hombre de ojos ámbares que en ese instante recorría con su mirada cada centímetro de su cuerpo. Y jamás, en sus veinticinco años e incontables encuentros sexuales, se había sentido tan deseosa y deseada como en ese momento.

Shaoran continuó con lo que hacía, mojando una de las fresas en su copa de champagne.

Esta vista debe valer más que todo el oro del mundo.

Acarició los labios de Sakura con sus dedos y acercó la fresa a su boca. Cuando ella intentó morderla, él la alejó. Repitió la acción un par de veces más, hasta que ella atrapó la mitad con sus dientes. Entonces él mordió la otra mitad y sus labios se fusionaron en un beso. Con una de sus manos, acarició el cuello y la nuca de Sakura, hasta llegar a su clavícula. Con la otra tomó la copa de champagne y vertió el líquido sobre el torso desnudo de Sakura. Ella se tensó por el contraste del líquido frío contra la calidez de su piel. Suspiró.

Shaoran abandonó el beso para encaminarse por el cuello de Sakura y poder recorrerlo con su lengua, lamiendo los restos de Veuve Clicquot, haciendo que ella volviera a estremecerse. Tomó la otra copa y vertió su contenido a la altura de su pecho.

-Shaoran…

Pasó su lengua por los pezones de Sakura, haciendo que ella arqueara la espalda mientras dejaba escapar varios suspiros que se perdieron en la intimidad del momento. Tuvo que pasar sus manos por el pelo de Shaoran para canalizar, de alguna manera, el cúmulo de sensaciones que invadía su cuerpo.

Él sonrió al saber que aquello estaba gustándole a Sakura. Disfrutaba mucho de hacerla suspirar y gemir, de sentirla estremecerse bajo su cuerpo. La hacía desearla todavía más.

Ella, por su parte, se sentía torturada por las manos y la boca de Shaoran. Sus caricias y movimientos tenían precisión de cirujano… o de arquitecto. Se tomaba todo el tiempo que fuera necesario en cada parte, sin descuidar ni un centímetro de su piel. Y sus juegos eran demasiado excitantes.

Y sí, Shaoran era un excelente arquitecto, pero el suma cum laude se lo llevaba en el arte del erotismo.

La mano derecha de Shaoran se deslizó por la húmeda cintura de Sakura. Descendió despacio hasta llegar al interior de sus muslos, y allí se tomó unos segundos para acariciarla. Con su mano izquierda, le separó las rodillas ligeramente, y ascendió con la derecha hasta llegar al punto que más le interesaba en ese momento.

Sakura no supo qué esperar de aquella caricia, hasta que los dedos de Shaoran comenzaron a recorrerla lánguidamente. Quiso abrir la boca para decirle algo, pero no sabía qué. Y el silencio sólo consiguió excitarla más.

Los labios de Shaoran se acercaron a los suyos, pero no la besaron. Sakura podía sentir su masculino rostro a escasos centímetros de ella, pero cada vez que intentaba acortar la distancia, Shaoran se alejaba. Su aliento le acarició el cuello, sus labios la rozaron apenas, su lengua zigzagueó por su mentón. Y su mano continuó acariciándola.

Las sensaciones de placer se intensificaban con cada caricia. Al no poder ver nada, su cuerpo se había vuelto receptivo a cualquier sonido y sensación.

Desesperada, Sakura alzó su brazo y acercó el rostro de Shaoran tomándolo por la nuca, para poder besarlo. Él correspondió con las mismas ganas.

Quiso decirle que la tomara allí, gritarle ¡poséeme!, que hiciese con ella lo que quisiera, pero no supo hacerlo. Ni siquiera pudo continuar besándolo con sincronización, porque las arcadas y los suspiros no se lo permitían. Cada gemido terminaba ahogado al fondo de la boca de Shaoran.

-Sha…oran.

Presionó sus manos en los hombros masculinos y recorrió su espalda con sus dedos. Su cuerpo se contorsionó, su mente se nubló, y su boca emitió la traducción fonética de lo que estaba sintiendo. Inclinó la cabeza hacia atrás mientras su respiración se agitaba. Sintió los fuertes latidos del corazón de Shaoran contra su pecho… y se dejó ir.

Él se sintió triunfador cuando Sakura arqueó la espalda y lanzó un último gemido, más fuerte que los anteriores, y respiró agitadamente mientras relajaba su cuerpo. Aprovechó para besarla con toda la exaltación que sentía y acarició su vientre. Y justo cuando Sakura comenzaba a responder el beso con el mismo frenesí, Shaoran separó su cuerpo del de ella, incorporándose.

Sakura intentó levantarse y quitarse la venda de los ojos, pero Shaoran lo la dejó.

-Aún no termino, preciosa. –Le dio un corto beso en los labios y ella volvió a acostarse, a la expectativa de qué sería lo siguiente.

Él dirigió sus ojos a la cubeta con hielo que enfriaba la botella de champagne. Tomó uno y lo alzó sobre el cuerpo de Sakura. El líquido no tardó en caer sobre la cálida piel, mezclándose con las pequeñas gotas de sudor que cubrían su cuerpo.

Aquello hizo que ella jadeara y diera un respingo. Shaoran acercó el hielo a su piel y zigzagueó desde el abdomen hasta uno de sus pechos. Sakura suspiró y se tensó ante la fría sensación. Con el hielo, trazó círculos alrededor de los pezones de Sakura, para finalmente tocarlos apenas con el frío cubo. Ella arqueó la espalda y se mordió el labio inferior.

Mon Dieu! ¿Qué había sido eso?

-¿Te gusta? –Le preguntó muy cerca del oído.

Ella asintió con la cabeza, todavía sin atreverse a hablar. Shaoran acercó su boca hasta los pechos de Sakura, y exhaló sobre el punto álgido de cada uno, mientras volvía a descender por el cuerpo de Sakura con el hielo, sólo deteniéndose al llegar a su feminidad.

Ella cerró las piernas en un reflejo inconsciente. Shaoran hizo presión sobre aquel delicado botón femenino, consiguiera que Sakura gimiera y se llevara las manos a la boca.

-¡Dios! –Exclamó.

La acarició con el hielo durante unos segundos más, hasta que decidió contemplarla. ¿Cuántas veces se había imaginado verla así, desnuda y dispuesta frente a él?

Se arrodilló frente a las piernas ligeramente flexionadas de Sakura, y las colocó sobre sus hombros.

Comenzó su labor llenando de besos sus pantorrillas y el interior de sus muslos, y con una de sus manos tomó otro hielo de la cubeta, volviendo a situarlo en su feminidad. Lo dejó allí por unos segundos, para que ella sintiera que sus sentidos se enfriaban. Cuando decidió que era suficiente, alejó el hielo y acercó su boca para exhalar aire tibio. Segundos después, acarició con su lengua el punto más sensible de la anatomía femenina, haciendo que Sakura gimiera fuertemente.

Aquello había sido un corrientazo de placer. El contraste del hielo frío con la tibieza de la boca de Shaoran había puesto todos sus sentidos alerta. Y su lengua… su lengua era la perdición, su tortura, su debilidad. Su delírium trémens.

Él continuó recorriendo aquel pasaje ascético con su lengua. El cuerpo de Sakura se contraía una y otra vez. Sus gemidos acariciaron los oídos de Shaoran, una y otra vez, perdiéndose en el tiempo y el espacio.

Sakura era un paradigma de perfección y sensualidad. Una impecable pieza de Música Contemporánea.

Un acorde dominante séptima. Relajado y firme, inestable y tenso.

Sakura volvió a gemir su nombre, sintiéndose fuera de sí, poseída por algún espíritu del sexo, mientras él continuaba con su férvida labor. Aquella zona palpitante había comenzado a convertirse en el éxtasis más puro y alucinógeno que Sakura había experimentado en toda su vida. No era consciente del volumen en el cual emitía los sonidos que salían de su boca –probablemente era uno muy alto, ni de cuán fuerte se aferraba a los hombros de Shaoran, porque ya no tenía el control de su cuerpo. Todo era cuestión de instinto.

¿Cuál era su nombre? No lo sabía. ¿Dónde vivía? Tampoco. No sabía nada. Sólo estaba segura de una cosa: aquel iba a ser el mejor orgasmo de su vida.

Una contorsión. Shaoran aumentó la presión.

Dos. Sakura cerró los ojos con fuerza y presionó sus dedos contra la piel de Shaoran.

Una tercera, y... la petite mort. Su cuerpo entero se tensó y sus manos se aferraron a los cojines que tenía a los costados como si su vida dependiera de ello. Creía haber gritado, pero no tenía idea de qué había dicho. Porque aquel había sido, en efecto, el clímax más perfecto que hubiera experimentado.

Shaoran se separó ligeramente del cuerpo de Sakura para darle unos segundos de relajación. Se sentó, tomó su copa y la llenó con champagne. Mientras bebía, sintió que la mano de Sakura se había posado sobre su muslo. Sonrió.

Se giró levemente mientras ella se incorporaba para besarlo. Él le quitó la venda y se encontró con sus bonitos ojos verdes.

-Hola, preciosa.

-Hola.

Sin decir nada más, Sakura le pasó los brazos alrededor del cuello y lo besó con ganas. Él correspondió acariciando su cintura con una mano y su espalda baja con la otra.

Ella comenzó a trazar un camino de caricias por su pecho y su abdomen. Shaoran no pudo evitar tensarse al sentir que las manos de Sakura se acercaban peligrosamente a la zona más sensible de su cuerpo. A estas alturas, era consciente de que no podía darse el lujo de más preliminares. Estaba demasiado excitado, y si Sakura comenzaba a tocarlo sabía que no aguantaría mucho. Ahora lo que quería –y necesitaba- era hundirse dentro de ella con urgencia.

Con un movimiento rápido, consiguió que Sakura quedara acostada boca abajo sobre el lecho improvisado.

-No sabes cuánto te deseo –dijo mordiendo y lamiendo su cuello-, desde el primer día que te vi en Dolce.

Sakura lo despeinó y acarició sus hombros.

-Y yo a ti.

Sin decir nada más, Shaoran alzó una de las piernas de Sakura para que lo rodeara, volvió a besarla con frenesí y se hundió en ella.

En el momento en que Sakura sintió que Shaoran comenzaba a moverse, ya dentro de ella, supo que aquello no iba a ser delicado y sutil, sino sexo salvaje y apasionado. Del que trastorna la psiquis y rejuvenece el cuerpo.

Y si Shaoran quería hacerlo con desenfreno, ella iba a complacerlo encantada.

El vaivén era rápido y vehemente, haciendo que ambos se olvidaran de cualquier cosa que no fuera ese momento. Shaoran pensó que ése estaba siendo un encuentro increíble, y quiso que también lo fuera para Sakura. Se estaba entregando con devoción a ella, para que pudiera disfrutar al máximo de su compañía, de sus besos, de su calor.

-Dios, Sakura…

Ella mordió sus labios, su mentón, su cuello y sus hombros. Las embestidas de Shaoran eran firmes y constantes, y hacían que su cuerpo temblara debajo de él.

Él sintió que el clímax estaba próximo, pero no podía terminar antes que ella. Alzó sus caderas y colocó una de sus manos en su espalda baja. Así podría controlar el movimiento con mayor facilidad y sentiría aún más.

Sakura lo rodeó con su otra pierna mientras acariciaba su espalda. Sintió que todo era demasiado. Primero sus dedos, luego su lengua, y ahora su…

¡Oh, por Dios!

¿Qué había sido aquello? Dejó escapar un gemido que en otras circunstancias hubiera sido un grito. Shaoran había hecho un movimiento, algo brusco pero muy acertado, que le había encantado.

-¿Eso… te gustó? –Preguntó él.

-¡Sí!

¡Hazlo de nuevo, por favoooooor! Quiso decirle, pero no pudo. ¿Cómo podía hablar en aquel momento? A duras penas le había dicho… no, le había gritado un sí desesperado.

Shaoran aprovechó aquello y repitió la movida un par de veces más, haciendo que Sakura volviera a gemir, y sintiendo cómo sus dedos se asían a la piel de su espalda.

Mientras su propio cuerpo se dejaba ir con la intensidad de aquel orgasmo, el cuerpo de Sakura se aferró al suyo como si su vida dependiera de ello.

Y antes de un último suspiro, Sakura le mordió el hombro izquierdo y succionó su piel, dejándole una marca.

Una marca que no notaría hasta días después y por pura casualidad, frente al enorme espejo de su habitación en un hotel de Hong Kong.


La última escena ha sido bastante... explícita. Fue una de las primeras que escribí de esta historia. La edité mil veces, cambié un montón de detalles… espero sus comentarios al respecto.

Tal parece que por la última frase, Shaoran se va de viaje. ¿Negocios, placer, familia? Ya lo sabremos.

Por cierto. La petite mort es un eufemismo que usan los franceses para llamar al orgasmo, y significa la pequeña muerte. Gracias a todos por su paciencia y sus comentarios. ¡Nos leemos en el próximo capítulo!