Sé muy bien que este fic no es muy popular, pero sin embargo me dio la inspiración, y ante ustedes está esa nueva entrega de 'Hielo'. Trataré de actualizar otro fic mío de Frozen (uno más popu9lar xD), dentro de la próxima semana o el domingo. Eso, disfrute de la lectura :)

Disclaimer: Frozen pertenece a Disney y asociados, NO a mí.

Hielo

Capítulo II

Por

Flashback

La verdad de las cosas, era que a pesar de su situación económica y social, Elsa Arendelle era una muchacha, triste, sola, y pesar de tener tan solo once años de edad, una chiquilla amargada y tan seca como una pasa.

—Primita, ¿por qué esa cara? — decía Hans, el favorito de sus abuelos, con un tono burlesco en su forma de hablar.

—Nada que te importe, Hans— dijo la chica casi bufando.

—Elsa, cuida los modales con tu primo.

La chica miró con estrechos ojos a su abuelo Rudhiger. Sin embargo, ella no era nada de boba y sabía perfectamente que si no quería tener problemas con su superior, que era de esa manera como ella veía a su abuelo, debía al menos fingir buenos modales frente a si hostigoso primo.

Y por supuesto, una estúpida sonrisa se esbozó en el rostro del chico.

Elsa no estaba muy segura de sus sentimientos, pero lo que sí tenía mucho en cuenta era que no amaba ni a Hans, ni a su abuelo.

¿Acaso ella amaba a alguien…? Pero, ¿cómo amar si uno ni siquiera es amado?

No había conocido cariño de ni su madre o su padre, y menos aún de su seco y estoico abuelo… qué hablar de su tía Emma, quien sólo tenía ojos para su hijo, o el mismo Hans quien sólo tenía ojos para sí mismo.

—¿Por qué no me dejaron con la familia de mi madre? — era la pregunta que siempre tenía la chica en su cabeza.

Ella, en verdad, conocía poco y nada a los O'Shannell la familia de su madre, sabiendo sólo que eran una respetable familia de Irlanda del Norte, mas creía que con firmeza que ellos le tratarían mejor que los Arendelle.

Sintiéndose enojada y frustrada, cuando sus lecciones con el profesor Bishop terminaron, ella no hizo caso a su abuelo, y haciéndose la rebelde no fue a tomar el té cuando era la hora debida, y se encaminó hacia los extensos terrenos que compendia las tierras de su familia.

—"No te acerques mucho a los terrenos del sur, donde están los Summers" —repitió la pequeña en su cabeza, las palabras que continuamente su abuelo le decía a ella y a su primo.

Sin embargo, estaba ella ya harta de su abuelo, de su primo, de su tía, y al fin y al cabo, ser una Arendelle, aún cuando por lo general ella se aferraba a su apellido, como único recuerdo de su padre.

Siendo así, y sacando valentía de quién sabe dónde, la chica se atrevió a hacer lo que estaba prohibido casi por regla, se encaminó hacia el sur del lugar.

Al poco caminar, cruzó una gran arboleada, y se enfrentó de lleno con un inmenso palacete, igual de grande que el de los Arendelle, con la diferencia que se notaba que era mucho más antiguo, y que tenía grabado el escudo de los Summers en la entrada.

La chiquilla se quedó admirando la inmensa edificación, hasta que escuchó como algunas voces comenzaron a acercarse a ella.

La verdad, era que Elsa solamente había conocido a una sola persona de su edad, y ese alguien es Hans, por lo cual su referencia en cuanto a varones no era la mejor precisamente… y tampoco de las niñas, y es que Elsa desconfiaba de ellas casi por naturaleza, tal vez debido a cómo era su tía o ella misma.

—No te conozco, ¿eres de aquí? — dijo de pronto una muchacha, a lo que la chica la miró curiosa.

Y es que repito, los conocidos de la misma edad de ella se limitaban a solo ella y su primo.

—Soy Elsa Arendelle — contestó la joven algo pomposa, alzando el mentón en alto.

Una cosa era que casi odiase a su abuelo, pero otra muy distinta era no sentir orgullo por su sangre danesa, de la cual tanto le gustaba referirse, como si pertenecer a esa familia le hiciese superior.

—Ah…— la muchacha pestañeó rápidamente — yo soy Anna.

La muchacha de piel extremadamente pálida estuvo tentada por preguntarle el apellido, pero sabía que si lo hacía esta diría tal vez 'Summers', y la conversación se quedaría hasta allí solamente.

Y ella quería por un momento olvidar…

—¿Has dicho 'Arendelle'? — preguntó la otra chica presente, de rasgos refinados y cabello castaño. — Anna, es mejor que nos vayamos, esa familia no es de lo trigos muy limpios.

Sin embargo, Anna en vez de hacerle caso a su amiga, fue y agarró de la mano a Elsa, la cual mostró sorpresa tan pronto como lo ella lo hizo.

—¿No te gustaría tomar el té con nosotros?

La chica amiga de Anna miró con sorpresa, y el muchacho que se encontraba allí, seguramente pariente de la conocida de Anna, a juzgar por sus rasgos hizo lo mismo.

Todo se estaba tornando algo extraño para Elsa; primero se escapaba de casa, por decirlo de alguna forma, traspasó los límites prohibidos, y una Summers, de seguro, la estaba invitando a tomar el té.

Estuvo a punto de decir que no, cuando de pronto recordó a su desagradable primo, a su austero abuelo y a su arribista tía. ¿Acaso ella quería volver a ese sitio?

—Pero es mi sitio— pensó la muchacha. No le quedaba otra, esa era su familia y nadie más, además de ser sus únicos conocidos.

Pero Anna podría ser su nueva conocida…

Harta del último suceso con Hans, y para impresión de los chicos que se parecían entre sí, la niña finalmente asintió con la cabeza ante el ofrecimiento de Anna.

Los Summers, a pesar de que eran igual de ricos y aristócratas que los Arendelle, no eran ni extremadamente pomposos o extremadamente arribistas.

—Así que, ¿quién es ella, cariño? — preguntó una mujer parecida a Anna, la cual Elsa dedujo que debía de ser su madre.

—Elsa— dijo simplemente Anna, bebiendo algo de su té.

—Señora Summers, ella es una Arendelle— añadió rápidamente la otra muchacha, como estando escandalizada por el hecho que alguien de esa familia, que no tenía buena reputación entre ese círculo, estuviese allí mismo.

—Ella es mi invitada, Lara— dijo enseguida Anna, aunque no en un tono molesto, sino uno fluido y ameno.

Si bien, los siguientes minutos en la vida de Elsa no fueron precisamente los mejores o los más relajados de su vida, sí fueron uno de los más auténticos, sin protocolos, sin demostrar que era mejor o peor que otro por el apellido.

Además, el hecho que había rencillas entre Summers y Arendelle era innegable. Ambas familias tenían tanto disputas de índole político como de índole comercial. Y sin embargo, sin embargo, la niña por primera vez en sus once años de vida, experimentó algo parecido a eso llamado cariño.

—Está oscureciendo, es mejor que me vaya— habló de pronto la chica, viendo a través de las ventanillas de la habitación como el Sol comenzaban a ponerse.

—¿Volverás?

La muchacha posó sus ojos azul hielo en los verdes azulados de Anna, y cuando vio la expresión de éstos, supo entonces que sí volvería.

—¡Elsa! — la voz de Rudhiger Arendelle inundó toda la habitación — ¿dónde se supone que has estado?

—Simplemente me interné en el bosque y perdí la noción del tiempo—dijo Elsa, mirando a su abuelo a los ojos, siendo tan astuta e su actuar, que su mentira fue rápidamente tragada por el hombre.

—¿Dónde más estaría, abuelo? Els no tiene amigos— añadió de forma desagradable Hans, esbozando esa enfermiza sonrisa en su rostro.

A la chica le hubiese gustado decir que sí tenía amigos, que sí conocía a más gente que no fuese su primo, pero estaría mintiendo o diciendo la verdad al mismo tiempo. Ahora sí tenía una conocida, Anna, aunque aún no eran amigas.

—Eso es cierto…

En los días siguientes, a Elsa no le costó ni un poco escapar de casa, para así visitar a Anna. En vista que nadie le prestaba realmente atención, ella sencillamente se preocupaba de estar presente en cosas necesarias, tales por ejemplo en las horas de comida.

En el resto del tiempo, ella simplemente atravesaba la arboleada sur de los terrenos de los Arendelle, y se dirigía hacia donde los Summers tenían sus tierras.

Ciertamente, o al menos esa fue la primera impresión de la chica, fue la de una tremenda aceptación por parte de la familia de Anna.

Pronto, muy pronto, ambas muchachas comenzaron cada vez a volverse más y más cercanas. Mientras Elsa estaba demasiado embobada y entusiasmada por le hecho de tener un amiga, una conocida que no fuese Hans, Anna veía en Elsa una persona en quien confiar.

Sin embargo, el tiempo pasó y ya las recurrentes salidas de Elsa hacia los terrenos de los Summers, eran cada vez más y más evidentes.

Claro, Hans no era un joven brillante, pero hasta él podía sospechar que su prima hermana tenía algo escondido, algo entre manos.

De esta forma, un buen día sábado, donde las nubes estaban más grisáceas que nunca, casi como si estuviese a punto de llover, el muchacho siguió de forma discreta a Elsa, ya unos seis meses desde su primera visita a los Summers.

—Hola Anna —saludó la muchacha de cabellos platinados, ahora ya de doce años, sonriendo, sonriendo cómo nunca antes lo había hecho.

—¡Elsa! —soltó de forma efusiva la otra chica, poco menos que lanzándose a los brazos de la joven.

Y es que Anna Summers, al ser hija única, veía en la chica de ojos azulados una especie de figura fraterna, algo así como la hermana mayor que siempre ansió y quiso querer. ¿Y Elsa? Bueno, ella también veía a Anna como una hermana.

Pero había algo más, algo más que un simple cariño fraterno, algo que ninguna de las dos podía identificar con mucha claridad.

—¡Con que nos estás traicionadnos!

Rápidamente, ambas chicas se dieron la media vuelta, encarando a Hans en el acto, el cual además tenía una marcada sonrisa fanfarrona en la cara. ¿A quién engañaba? Adoraba encontrarle errores a Elsa, casi como si eso le hiciese sentir superior.

—Hans…

—¿Quién es él, Elsa? — Anna pereció ligeramente confundida puesto que jamás había visto a Hans, al punto de ni siquiera saber de su existencia.

—¿Con que les has ocultado cosillas, a tu nueva amiguita? —y el chico remarcó aún más esa horrible sonrisa.

—Él es mi primo, Anna.

—Exacto —la sonrisa de Hans sólo se hizo más evidente —. Soy Hans Arendelle, y por lo tanto mi prima también es de mi familia… ¿tú debes ser una Summers, o me equivoco?

—Así es, soy Anna Summers —Anna pareció resuelta —. ¿Algún problema con eso?

—¿Algún problema? — el muchacho alzó pomposamente una ceja—. Por que…

—Hans, calla.

—¿Qué me calle, Els? —soltó una molesta risilla —. Para empezar, no me das órdenes… ya quiero ver como se pondrá el abuelo Rudhiger, por todo esto.

—No te atreverías… —y esta vez los ojos de Elsa, mostraron un ligero temor.

Ella temía, temía que si su abuelo se enterase de sus recurrentes salidas hacia donde los Summers, ella recibiera un castigo, un castigo el cual consistiría en no ver nunca y jamás a la propia Anna.

—¡Justo ahora, que estaba haciendo una amiga de verdad! — se dijo la muchacha a sí misma, de forma frustrada, ya hastiada y cansada de las conjuras de su abuelo, de las conjuras de su primo, de esa maldita rivalidad.

—Pruébame —Hans miró casi con deleite a su prima —. Ahora, es mejor que nos vallamos.

Elsa, siendo así, miró con autentica furia a su prima, pero sabiendo que no podía hacer nada más, se resignó a tener que regresar a la residencia de los Arendelle, en compañía de Hans.

Al llegar, el muchacho prácticamente armó un escándalo, diciendo que su prima era una traidora, que manchó la honra de los Arendelle, que era prácticamente de la peor caña{a.

Pero lejos de regañar a Elsa, Rudhiger Arendelle sonrió de forma silenciosa, de una forma silenciosa, pero perturbada a la vez.

Fin de Flashback

Ayer había sido su ceremonia de compromiso, pero aunque ella debería sentirse dichosa y alegre con ello, sobre todo porque Krstoff, su prometido, realmente le agradaba y le gustaba, por alguna razón no estaba del todo contenta.

Y esa razón, era precisamente Elsa Arendelle.

—¿Algún problema, querida?

Los ojos azules verdosos se alzaron y se toparon con los ojos marrones, de precisamente de su prometido.

¿Cómo podría explicarle a Kristoff, el manojo de sentimientos y emociones que sentía al respecto? Y es que ni siquiera ella misma podía explicarse con exactitud y con claridad lo que realmente le sucedía.

Pero sólo sabía algo, sabía que todo estaba relacionado con su mejor amiga… porque ¿aún eran mejores amigas aún, cierto?

—No —y Anna sonrió de forma abierta — sólo estoy algo cansada, por la fiesta de anoche.

—Oh… —Krsitoff sonrió también, y rodeó a la muchacha por la cintura, y colocó su cabeza en el hombro de la joven —estoy feliz por todo esto, ¿tú no?

—Por supuesto —dijo la chica enseguida.

Mas aquel abrazo de Kristoff, aquel toque de Kristoff, aquel aroma de Kristoff, se sentía diferente, no se sentía igual, igual de emocionante, igual de provocador, igual de profundo.

Definitivamente no…

Definitivamente, no era lo mismo.

Porque, quiera o no Anna aceptarlo por completo, estar con Kristoff Bjorman no era lo mismo, no era lo mismo que estar con Elsa Arendelle.

Y eso Anna lo sabía a la perfección, quiera ella aceptarlo o no.

Les agradecería un review, ya sabes, me inspiran, y sigo buscando dibujante para mi cómic yuri. ¡Gracias ^-^!