Harry se detuvo en seco. El andar del hombre de la vereda de enfrente lo ponía inquieto, creía conocerlo pero en la oscuridad propiciada por esa mañana tormentosa, él no podía distinguir su rostro. El vagabundo parecía caminar a la par suyo como si se tratase de su reflejo y lo estuviera siguiendo. Harry temió, muchas cosas giraron por su mente. La profecía, las palabras de Trelawney todavía hacían eco en cada rincón de su mente y aunque no las creía ciertas, una duda se dibujó ante él ¿y si tal vez había una posibilidad? Un escalofrío recorrió su cuerpo y los grandes ojos de Albus vinieron a él. El misterioso hombre lo miraba, lo estaba mirando. Harry volvió a detenerse y lo observó de reojo, tomando lentamente la varita de su bolsillo. ¿Podría ser…? No, era imposible o por lo menos hasta donde él sabía. El vago se echó contra una pared, estaba ebrio, drogado o confundido mediante un hechizo. En un instante había desaparecido sin que Harry tuviera oportunidad de preguntarle su nombre o siquiera verle su cara. El joven imitó la acción del extraño, su corazón latía cada vez más rápido y estaba sudando frío, juró en voz alta regresar y así apareció en la puerta de la casona Weasley. Se limpió los zapatos en la alfombra de entrada. De improviso Ginny salió a recibirlo.
- ¿Qué es lo que ocurre Ginny? ¿Qué haces fuera de la cama?- preguntó con su voz amortiguada por el fortísimo abrazo de su esposa. Mientras entraban y tomaba entre sus brazos a James que pedía insistentemente que lo alzaran, había notado que eran los únicos allí. Ginny lloraba.
- ¿Esta bien Albus?, ¿Dónde están todos?- inquirió algo desesperado ante la tranquilidad inusitada del hogar.
- ¡Es Hermione, Harry!, ¡Está en San Mungo y muy grave!- espetó gritando de tristeza y derramando cuantiosas lágrimas.
Harry sintió como si un peso hubiese caído de repente en su estómago. Se sintió flaquear y debió dejar a James en el suelo y tomar asiento.
- ¿Qué le ocurrió?- preguntó débilmente.
- No lo sé, empezó teniendo mucha fiebre y fuertes dolores, luego se desmayó. Toda la familia salió para allá y me pidieron a mí que me quedara ya que no podía hacer un viaje tan largo luego de haber dado a luz.
- Cálmate mi hermosa Ginny, mi amor… no llores- exclamó Harry intentando consolar a su mujer que se había puesto a llorar en su hombro frenéticamente. El pequeño James se aproximó con lentitud a sus padres y casi como un adulto acarició sus mejillas buscando fortalecerlos.
- Gracias corazón- exclamó Ginny devolviendo la caricia a su primogénito.
- Aguarda aquí, iré y volveré enseguida.
- Mantennos informados- dijo Ginny mientras se despedía del hombre.
- Claro, cuídalos- beso a su esposa y revolvió los cabellos de James mientras el recién nacido Albus miraba el cielo raso desde su cuna, sin llorar, sin gritar, como si supiera…
Se encontró en medio de una calle desierta, caminó hasta un negocio abandonado y exclamó bien fuerte: "HE VENIDO A VISITAR A HERMIONE WEASLEY, ESTA EMBARAZADA; SOY HARRY POTTER". Hasta el maniquí pareció sonreír por la manera en la que había hablado y se había presentado y así Harry atravesó el vidrio aun con las mejillas ardiendo de la vergüenza. Al entrar a San Mungo se topó casi al instante con un tropel de cabezas pelirrojas que había pasado frente a sus ojos, no lo habían visto pero Harry con sigilo los siguió desde lejos. Arribaron a la habitación 503. Cada uno de ellos ocupó un lugar, Victoire dormitaba en el regazo de Fleur quien la sostenía con desdicha, Bill se hallaba a su lado con la mirada perdida, Charlie se encontraba pegado a la puerta de brazos cruzados y George iba y venía igual de nervioso que en el parto de Ginny. Harry, en silencio, ocupó un lugar en un banco junto a sus suegros que le dedicaron una débil sonrisa y esperó… y esperó, hasta que hubo caído la noche y una tormenta potente se desató. Harry se había quedado dormido sentado, pese a lo incomoda de su posición y de su dolor de espaldas y aun así tuvo un extraño sueño.
- Harry, Harry- decía en un susurró una voz femenina. El susodicho abrió los ojos y no pudo ver nada, estaba todo oscuro. Por lo que podía notar se hallaba en un desierto o en una playa porque reinaba un silencio incomodo roto por lo que parecía ser el sonido del agua y porque además, parecía que entre los dedos de sus manos tenía arena. De repente una luz, una luz verde a lo lejos como un rayo.- HARRY- gritaba la misma mujer.
- ¿Ginny?- preguntó él pero nadie le respondió.
- Papá ¡ayudame!- una voz, la voz de un niño. Harry no sabía quién de los dos era si James o Albus, estaba confundido.
- ¡Hijo!, ¿dónde estás?- gritó intentando ponerse de pie pero no podía, el suelo comenzó a moverse y empezó a deslizarse llevándolo a él consigo.
- ¡Papá!- había gritado nuevamente el niño aún más alterado. Harry estaba desesperado, caía arrastrado por aquella cascada de arena cuando un símbolo apareció en el cielo, una calavera con una serpiente saliendo de su boca y enroscándose por su cabeza, la marca tenebrosa.
- Harry Potter- espetó una voz que no había hablado hasta el momento, una voz fría y distante, que helaba hasta el alma y que Harry conocía muy bien. Y prorrumpió en una carcajada sonora mientras el hombre caía inevitablemente. Despertó.
George se hallaba junto a él y lo movía enérgicamente.
- Estás blanco como un fantasma Harry- exclamó el gemelo sobreviviente con una media sonrisa.
- Solo… fue una pesadilla.
Mientras él se componía la puerta de la habitación 503 se abrió y reinó el silencio. Ron caminó hacia fuera ante la mirada expectante del resto de su familia. Levantó su vista lentamente y Harry notó como se había llevado una mano a su cabeza completamente emocionado. Con la mirada llena de lágrimas exclamó eufórico con su voz temblando.
- NACIO, NACIO, ¡DIOS MIO!, ES HERMOSA- Había comenzado a llorar de felicidad. Harry nunca en el tiempo que conocía a Ron, durante sus años en Hogwarts ni siquiera en el día de su boda, lo había visto tan feliz. Molly se abrazó a su marido e hizo lo mismo con el menor de sus hijos varones, lo que fue una señal para que todos se aproximaran a él. Harry lo abrazó y Ron le dirigió una sonrisa significativa, más importante que mil palabras.
- Mi Hermione está en perfecto estado. Ya no tiene fiebre y ahora está durmiendo. Estoy… muy orgulloso de ella.- exclamó con un tono en su voz desconocido hasta el momento.- Aguarden aquí, la traeré para que la conozcan- dijo el rozagante padre mientras desaparecía del pasillo. La calma había vuelto a la familia y todos conversaban animados cuando Ron regresó otra vez con un pequeño bulto en sus brazos, cubierto por sabanas celestes y exquisitamente perfumadas. Todos acercaron con cautela la cabeza a la niña mientras Ron decía alegre: "Conozcan a mi princesa". Era una pequeña preciosa pero por el momento, según Bill, parecida a cualquier otro bebé. Su cabello era castaño y estaba toda colorada e hinchada, una pequeña nariz y grandes ojos. Harry no se animaba a arriesgar el parecido aunque a primera vista parecía tener más de Hermione que de Ron.
- Es… hermosa, me recuerda mucho a ti hijo- exclamó la abuela embelesada, tocando delicadamente su frente.- ¿Han decidido qué nombre le pondrán?
- Todavía no lo sabemos aunque acepto ofertas.
- Roxanne- exclamó George.
- Molly- dijo Bill y su madre le guiñó un ojo.
- Katrine- susurró Charlie.
- Paggege una rosita rococó - dijo Fleur suavemente.- Tan delicada y pergfumada.
- Bien dicho Fleur- dijo Ron con ahínco- Rose, se lo diré a Hermione, Rose Weasley- y volvió a desaparecer con la criatura. La platinada colocó una expresión de autosatisfacción en su rostro:
- Espego ser su magdina- la abuela le dirigió una mirada fugaz de resentimiento. Harry rió ante esta situación mientras observaba a través de la ventana las gotas de lluvia caer.
Habían pasado tres años en los que se habían dado una serie de nacimientos en la familia Weasley que había hecho aumentar la pandilla de nietos para Arthur y Molly. Fleur había vuelto a ser madre primero de Louis (idéntico a Bill pero rubio como ella) y luego de Dominique. George también había vuelto a ser padre (anteriormente lo había sido de Fred Jr) ya que Angelina, su esposa, había dado a luz a una hermosa niña llamada Roxanne. Ginny había tenido a Lily Luna casi al mismo tiempo en el que Hermione había parido a Hugo en un hospital muggle para el desagrado de su abuela paterna quien no confiaba en la medicina sin magia. Era una descendencia abundante y Molly se sentía completamente feliz de ver a los hijos de sus hijos correr libremente por su casa llena de vida, revolotear como colibríes en primavera y deshacer las camas, romper los platos y ensuciar los sillones. James era muy parecido en carácter a Fred el gemelo fallecido "y a mi padre" agregaba Harry, además de ser muy unido a Fred Jr entre los que había de distancia cuatro meses de edad. Albus por su parte, era muy callado y muy tímido, siempre solía aislarse de los demás. Ginny lo sobreprotegía, los quería a todos por igual pero por el pequeño de sus hijos varones sentía cierta debilidad. Era delgaducho y de cabellos negros azabaches pero no llevaba anteojos a diferencia de su padre. En aquel entonces estaba próximo a cumplir cuatro años.
Una mañana Molly y Arthur habían organizado una gran fiesta en el jardín de la Madriguera por el cumpleaños de Victoire. La niña contaba con ocho años y era muy bella, y aun siendo una descendiente de veela bastante lejana, tenía un encanto casi magnético que atraía a Teddy Lupin con quien le gustaba hablar y quien apenas le llevaba dos años. Además era muy unida a su prima Lucy, hija de Percy. Aquella mañana toda la familia estaba allí, incluido el susodicho, que se había hecho un hueco en su agitada vida laboral para saludar a su sobrina predilecta. Hacia un día soleado, Harry parecía haberse olvidado de la profecía pues el ministro jamás se la volvió a mencionar como si se tratase de un sacrilegio. El joven hombre andaba distendido sobre una vieja escoba jugando Quidditch con Ron, George y Charlie. Las mujeres conversaban y Bill y Arthur intentaban hacer una barbacoa a la usanza muggle. Hermione cambiaba los pañales a Hugo ante la atenta mirada de su suegra.
- Yo conozco un hechizo mi niña que es ideal para no hacer esto típicamente a lo muggle- espetó con una sonrisa. Hermione negó con la cabeza a la vez que colocaba el pañal en su hijo.
- Gracias Molly pero quiero hacer las cosas como las hacían mis padres conmigo.
- Pero Hermione…
- Gracias señora pero ya estoy harta de esta discusión- exclamó contundente y salió al exterior otra vez a reunirse con sus cuñadas. Molly se enojó por un instante y luego sonrió para sí por lo parecida que resultaba ser su nuera a ella cuando se inmiscuían en lo que respectaba a la crianza de sus hijos.
Albus estaba sentado a escasos pasos de la mesa de los adultos. Estaba con la mirada perdida, pensando mientras sus primos y hermano se deleitaban jugando con una doxy que James había atrapado. En aquel océano de pensamientos, Teddy se aproximó a él cautelosamente y un gran susto se pegó cuando el jarrón de ponche estalló en mil pedazos derramándose todo el líquido sobre el mantel blanco y sobresaltando a los presentes.
- ¿Quién hizo esto?- gritó Molly iracunda con la mirada fija en James.
- Yo no fui abuela- exclamó este débilmente mientras se acercaba a ella.
- ¿Qué ocurrió Ginny?- dijo Harry desde su escoba.
- Albus ¿qué hiciste?- le preguntó Teddy en un tono bajo de voz.
El pequeño guardó silencio, todavía espantado y se sacudió la cabeza intentando despertar de su ensimismamiento.
- Es que… no se- exclamó a la vez que se encogía de hombros.
El niño guardó el secreto y James se llevó una severa reprimenda. Aun así Harry no estaba muy seguro. Aquella noche, ya en su casa, le quiso preguntar a Albus quien jugaba con un autito sobre la mesa de la cocina, preguntarle sobre si había hecho magia, ya que era muy común aquello en la época de infante.
- Papá…- se le adelantó Albus en voz muy baja- ¿con qué te heriste la cabeza?-
- Cuando era bebé me lastimaron- respondió lentamente.
- ¿Te dolió?
- Hasta hace poco.
- Papá…
- ¿Qué sucede hijo?
- ¿Quién es Tom… Tom Riddle?
Harry se quedó tieso, completamente frío y quitó los ojos del papel. Albus lo veía con su profunda mirada verde, tan igual a la suya. Harry por primera vez sintió preocupación.
- El era un hechicero malo Albus, fue quien le hizo esto a papá- espetó señalando la cicatriz de su frente- y fue quien… mató a muchas personas… ¿Dónde escuchaste aquel nombre hijo?
- En mis sueños papá.- respondió sin inmutarse mientras el auto de carreras con el que jugaba iba de un lado hacia otro, frenético sin que nadie lo llevara.
- De acuerdo ve… a dormir Albus y… si quieres me quedo contigo para que no sueñes de vuelta con él.- y tomó con una mano a Albus y con la otra el carrito.
A la mañana siguiente marchó temprano hacia el Ministerio, quería caminar para aclarar sus ideas. Hacía un día soleado, un cielo limpio, ninguna nube, un día bello de primavera.
- ¡Oye Harry!- se volteó y allí estaba Ron corriendo hacia él. - Dios… creí que me quedaría dormido, ya mis excusas no provocan el mismo efecto… me estoy quedando sin imaginación. Hugo no paró de llorar en toda la noche…
- Lily estuvo molesta, Ginny se la pasó con ella, puede que sea el virus de algún resfrío, no se… El que me preocupa es Albus.
- ¿Albus?- inquirió asombrado- ¿mi pequeño sobrino te causa problemas? Si es así entonces James es la reencarnación del mal, Albus no puede molestar a nadie, es demasiado bueno.
- Lo se, pero ayer me hizo una pregunta extraña, sobre Riddle…
Ron se detuvo y Harry lo miró fijamente.
- ¿Sobre Riddle?- repitió
- Sí, dice que sueña con él y debo admitir que… yo también- agregó con el ceño fruncido.
- No sabía eso Harry, ¿Te duele la cicatriz?
- No, son sueños, solo sueños- Respondió mientras comenzaban a caminar nuevamente. A medida que se fueron adentrando en un oscuro callejón Harry le comentó a su amigo sobre la profecía de Trelawney y sobre la manifestación de magia temprana de su hijo.
- Es increíble Harry, sobre la magia no, es decir, Bill empezó a hacer magia antes de los dos años, según papá, pero lo de los sueños y la profecía, la chiflada de Trelawney no lo sé… me cuesta creerlo.
- A mí también, otra vez repetir la misma historia, es… algo sin fin, ¿Entiendes? Voldemort está muerto…
- Sí…
En ese instante corrió un gélido viento, Ron y Harry se detuvieron y miraron hacia todos lados, aquel callejón lo conocía, estaba casi desierto, hacía años que no pasaba por él, luego de… De repente la figura del vago se materializó en la cuadra opuesta a la suya, Harry lo vio, sacó su varita y salió corriendo hacia él sin más, Ron también lo siguió sin saber hacia dónde se encaminaba. El hombre comenzó a correr, intentando huir de los dos pero no pudo llegar más lejos cuando Harry gritó "Petrificus totalus". Ron se detuvo junto a su amigo y ambos se quedaron viendo al vago que estaba en el suelo, boca abajo, con su cabello oscuro todo alborotado y el piloto que despedía un olor a basura increíble de soportar.
- ¿Quién es Harry?
- No lo se pero me ha estado siguiendo y quiero saber por qué.- Harry con lentitud, se acercó al cuerpo inerte en el suelo y por algún motivo su corazón comenzó a latir con mayor intensidad. Tomó con ambas manos los hombros del desconocido y con ayuda de Ron lo dio vuelta. Era un hombre adulto, su cabello era negro azulado y sus ojos estaban abiertos, aquellos ojos grises los miraban con enojo.
- ¡SIRIUS!
Despertó. Todavía era de noche y se había quedado dormido junto a la cama de Albus. Sudaba frío y le dolía sobremanera su cabeza, se llevó una mano al pecho y sintió su corazón latir con fuerza.
- Papá, ¿Soñaste lo mismo que yo?...
