Quien diría que lo haría tan rápido el segundo capítulo, bueno, mejor así. La inspiración me pegó fuerte, pero espero que lo disfruten, son 1.325 palabras más que el anterior!
Disclaimer: Vocaloid no me pertenece
Pareja: GakupoxYuma
Advertencias: Yaoi, pasado trágico, mucha cosa sad, pseudo-incesto, drama, mucho drama.
El viento de otoño se sintió más frío que cualquier otro año. La pequeña casa estaba abarrotada de gente adulta, todos discutiendo en voz baja, murmurando y mirando acusadores a sus espaldas.
La sala estaba casi en penumbras, el sol débil de otoño calentaba ya nada, pero iluminaba el cuarto sin luz eléctrica. Si hubiera sido verano, las cigarras hubieran llorado fuera.
Sus miradas y palabras apuntaban a un niño pequeño de cabello rosa, cuyos ojos azules, que ya no tenían nada que llorar, estaban mirando vacíos hacía la foto de su difunta madre colgada en la pared. Una madre que al ver las deudas que su marido generó, prefirió acabar con su vida, dejando a su único hijo atrás.
—… Hay que vender la propiedad…
—Pero… … Además, hay que hacer algo con el niño…
—Es vástago de tu hijo, hazte cargo, no quiero a alguien de su sangre en mi casa.
—Sigue siendo su nieto, encarguese usted…
—… … …
—… …
—No me lo tiren a mí…
—… … No puedo hacerme cargo, olvidalo.
Todos, absolutamente todos lo rechazaban. Nadie lo quería, ahí ni en ninguna parte. Todos se querían deshacer de él, nadie quería tomarlo bajo su tutela.
Su casa tenía que ser vendida para pagar las deudas de juego de su padre que lo abandonó para irse con una mujer. Su padre no lo quiso, su madre tampoco, y cualquiera de su familia menos, nadie deseaba cuidar un niño así.
"Está bien." Se repetía así mismo como un hechizo, pero no funcionaba. Sabía que nada estaba bien, seguro lo mandarían a una de esas casas del estado, llenas de niños no deseados. Pero eso era mejor que escuchar a todos los adultos tirándolo de un lado a otro como si de una pelota se tratase.
La puerta principal de abrió, todos se quedaron en silencio. Una mujer vestida en un kimono hermoso entró. Sus rasgos gentiles estaban acompañados de un cabello verde peinado en un moño. Mas Yuma no la miró.
Ceremoniosamente entró y presentó sus respetos a la difunta.
Yuma la ignoró. Era igual que los demás, otro adulto discutiendo sobre él sin incluirlo a él.
—¿Y qué van a hacer con el pequeño Yuma?
Levantó levemente sus ojos, era la única que se había referido a él por su nombre y no como "ese niño", como hizo el resto.
—Decidimos dejarlo en un hogar de acogida, nadie puede hacerse cargo…
"Nadie quiere hacerse cargo." Se quejó en su interior. Sólo clamufaban sus intenciones con palabras bonitas para quedar bien. "Egoístas"
—Si ese es el caso, mi marido y yo nos haremos cargo.
Los ojos de Yuma se apartaron por primera vez del retrato fúnebre de su madre y miraron a la mujer, que se había girado para verlo a él.
—Pero ya tienes dos hijos…
—Una boca más que alimentar no es problema alguno, y mi casa es grande.
—Aún así…
—No digan más, ya tomé mi decisión, y es mejor que la de cualquiera de ustedes.
Yuma estaba impactado. Ningún miembro de su propia familia había querido recibirlo en su casa, pero esa mujer que nunca había visto, en sólo un segundo optó por adoptarlo dentro de su familia. No podía entenderlo.
No podía entender alguien que lo quisiera, su propia madre, antes de suicidarse, la noche anterior, le había dicho que era mejor no verlo más, no quererlo más e irse.
La mujer dejó de escuchar las quejas del resto y se acercó a Yuma, que la miraba confundido.
—Bien, Yuma-kun, deja que me encargue de los papeleos y esta tarde iremos los dos a casa—dijo dulce, con una mirada cálida.
El pequeño de cabello rosa no hallaba las palabras correctas para decir, sólo murmuró, dentro de su estado de confusión:
—¿Por qué?
Ella acarició su cabeza y le sonrió.
Después de eso, todo pareció pasar en un parpadeo.
La mujer del kimono, que luego descubrió se llamaba Kamui Megumi, y fue amiga de su madre, aunque había perdido contacto cinco años atrás, cuando había conocido a Yuma por primera vez, se encargó de hacer lo más rápido posible los trámites de adopción, y al día siguiente le fue permitido llevárselo a casa.
Pese a la distancia que Yuma imponía, Megumi se mantuvo firme y, con su amable gracia, ella lo acogió de todos modos en su cuidado. Tomando su mano con un amor maternal que Yumia sintió descubrir por primera vez. Kamui Megumi era la primera verdadera madre que Yuma conoció.
"Una mujer que me abandonó… no puede ser mi madre"
Durante el camino, esa vez, ella le preguntó que quería de cenar, él respondió que cualquier cosa estaba bien. La verdad es que no cenaba hacer cinco noches. Sólo se había llenado con pan. Le ofrecieron curry, Yuma dijo un quedo "Está bien." No quería ser metiche, no quería imponerse, sino, lo más posible era que lo dejaran.
Yuma se sintió sonbrecogido por la enorme casa de estilo japonés, que más tarde descubriría tenía un dojo en la parte trasera. El gran portón era imponente para su pequeñez.
Sentía que iba a ser rechazado, discriminado, tratado como un trapo sucio como lo fue por su propia familia. Pero el señor Kamui fue amable al igual que su esposa, lo primero que hizo fue revolver su cabello y saludarlo con un amistoso "¿Así que tu eres Yuma? Bienvenido"
Se sintió ofuscado, avergonzado por la cariñosa recepción, su padre, de lo poco que recordaba de él, jamás tuvo esos arrebatos cariñosos y paternales con él, era distante y sólo llegaba a casa para beber y dormir. Kamui-san era un hombre de apariencia imponente, fuerte y hasta turbador, pero era de corazón gentil.
Aunque le tomó años acercarse a él, como fue con Megumi, lo terminó por ver como el único padre que tenía en el mundo. No había otro.
—Gakupo, Gumi, vengan aquí.
Yuma se sintió asustado al ver aparecer dos niños. ¿Y si terminaba siendo en verdad sólo un tercer niño ignorado y tratado diferente a los dos hijos biológicos?
El mayor tenía el cabello morado hasta los hombros, ya tenía once años, llevaba ropa japonesa al igual que su padre, tenía una mirada seria, que hizo a Yuma retroceder un par de pasos. La menor debía tener cinco añoz, era más joven que él, su cabello verde era muy corto y tenía un accesorio en forma de flor en el cabello, sus ojos le miraban curiosos. Ambos hermanos iban tomados de la mano.
Yuma se sintió ofuscado, e incluso amenazado por las dos presencias ante él.
Sintió miedo, irracional y tonto miedo, de el mayor, que ya era más alto que él y le miraba hacía abajo con una mirada seria.
Yuma no tenía la capacidad de decirle nada, sus ojos azules desenfocados denostraban que estaba temeroso, exponía que no pertenecía ahí. Y pese a todo eso, el chico de cabello morado le mostró una sonrisa gentil y acogedora, tomándolo desprevenido. Realmente le sobrecogió.
—Es bueno conocerte, Yuma-san, mi nombre es Gakupo y la pequeña aquí es Gumi—dijo con una voz cordial, tirando de la mano a la pequeña, quien le sonrió amistosa.
Desde entonces, pasaron tres años, pero Yuma no terminaba de adaptarse, aunque ahora hablaba y no sólo asentía o negaba con la cabeza, nada cambió desde que llegó. Se sentía un intruso, un criminal dentro de la casa. Siempre caminaba cauteloso y miraba desde las esquinas, se asomaba por las puertas antes de entrar y apenas comía más de lo necesario, nunca tocaba el postre.
Pensó que, debido a su actitud, no pasaría mucho antes de que ya no lo quisieran ahí. Huía de Gumi, quien siempre intentaba conectar con él. Rechazaba cualquier avance.
Para evitar a los hermanos, siempre se escondía en el dojo, más de una vez el señor Kamui intentó convencerlo, pero siempre se negó. Gakupo, aunque sabía que Yuma estaba en alguna parte del dojo, le dejó ser, aunque siempre miraba con preocupación en su dirección, consternado.
A la única que le hablaba era a Megumi, pero no siempre, sólo lo hacía un par de veces a la semana y cuando tenía que hacerlo.
Pero su cáscara empezó a desmoronarse cuando él tenía ya 10 años y Gumi 8. Ella estaba decidida a ser no sólo la hermana adoptiva de un modo legal, sino que también una amiga para Yuma.
El chico se cabello rosa solía quedarse en el patio, casi nunca estaba dentro de la casa. Sentado bajo alguno de los árboles, haciendo sus tareas o sólo leyendo, siempre intentaba ser lo más aplicado posible en la escuela y no pedir ayuda cuando no entendía algo, siempre hacía lo posible por no causar problemas.
Gumi salió detrás del árbol.
—¡Yu~uma-nii-chan~ vayamos a jugar!—exclamó mientras saltaba frente al mayor.
El libro resbaló de sus manos y cayó al suelo cuando sin cuidado alguno Yuma se puso de pie, fue más bien un salto. Pegó su espalda contra la corteza.
Sus ojos azules miraban con precaución a la pequeña. Gumi tenía una sonrisa oreja a oreja y las manos escondidas a su espalda.
—…
El mayor no dijo nada y se quedó cauteloso, sus uñas se enterraron en la corteza rígida del árbol.
Gumi flaqueó un poco al notar el aura de rechazo de su hermano adoptivo. Gumi, desde que lo conoció, siempre intento estar en términos amistosos, pero parecía que no era posible, Yuma vivía alejándose y poniendo barreras a su alrededor.
—Vamos a jugar un rato, ea aburrido estar estudiando siempre—argumentó moviendo los brazos, pero Yuma no hizo más que agarrar sus cosas y emprendió a alejarse.
Sin querer darse por vencida, Gumi avanzó hasta Yuma y le agarró de las muñecas, sorprendido, Yuma dejó caer sus pertenencias.
—¡No seas así y juguemos juntos como hermanos!
La mente de Yuma se bloqueó y su cuerpo entero se puso rígido, sentía que empezaba a palidecer. Estaban traspasando su espacio y querían sacarlo de su burbuja, pero él no estaba listo. Espantado, Yuma se protegió con todas sus fuerzas y empujó a Gumi, sin querer la tiro contra el suelo.
—¿Gumi, estás bien?
La voz de Gakupo devolvió a Yuma a la realidad, el pánico le había hecho olvidar donde estaba y no le permitió fijarse que Gakupo venía del dojo.
El hermano mayor se apresuró en ir a socorrer a Gumi, al sentir la mirada de Gakupo sobre él, Yuma no pudo lidiar contra la presión y salió corriendo sin escuchar a los hermanos Kamui llamándole.
Asustado, corrió hasta la bodega que se encontraba entre el dojo y la casa, abrió y cerró la puerta de un portazo y se apresuró en esconderse entre las katanas de práctica y unas esteras de tatami. Se hizo una bola en sí mismo y hundió su rostro en sus rodillas.
Sin quererlo, sollozo, por primera vez en más de cinco años lloró de verdad. Sentía que todo se le venía encima. Sentía que era su culpa que ya no lo quisieran más ahí y lo abandonaran como hicieron sus padres, la familia que sintió tener por poco lo iba a desechar de igual modo.
Por más que intentara ser un niño ejemplar: comía todo lo que le dieran, no pedía nada y lo que le daban lo aceptaba sin quejas, era el mejor en su clase y jamás pedía ayuda, jamás hacía ruido. Aunque nunca hablaba ni era amable con sus hermanos adoptivos, apenas le hablaba a sus padres adoptivos y se escondía en los rincones de la casa cuando no estaba fuera en el patio.
"Realmente soy un problema, por eso mis padres no me querían, no puedo hacer feliz a nadie." Pensaba deprimido.
El sonido suave de la puerta abriéndose le hizo levantar la mirada, era Gakupo, que tenía la misma expresión seria de hace tres años atrás, cuando lo conoció.
"Sólo fingen amabilidad porque me adoptaron debido a que me tenían lástima… porque nadie me quería."
Estaba listo para que le gritaran o lo golpearan, era lo que esperaba. Pero nada de eso paso, en su lugar, Gakupo se arrodilló, aún tenía su traje de práctica y estaba todo sudado.
Gakupo le miró en silencio, buscando las palabras adecuadas para decir.
—Si me vas a golpear, hazlo rápido—dijo lúgubre el menor, mirando a los morados ojos al otro chico, quien abrió los ojos sorprendido.
—¿Por qué haría eso?—preguntó completamente anonadado.
Yuma no entendía la sorpresa de Gakupo ante sus palabras.
—Porque empujé a Gumi…
Gakupo se rió entretenido. Yuma apretó los puños.
—Eso fue un accidente, sé que no harías algo así, no eres un mal chico—afirmó esbozando la misma sonrisa que cuando se presento, tan cálido, tan gentil que hacía que el corazón de Yuma se estrujara en su pecho.
—¿C-cómo puedes saber eso? Nunca hemos hablado realmente... yo, siempre me estoy escondiendo—admitió avergonzado.
Gakupo tendió su mano para acariciar la cabeza de Yuma, al principio estaba tenso, pero no tardó mucho en relajarse por la gentil caricia.
—Llamalo intuición.
Gakupo intentaba hallar las palabras correctas que decir. No era Gumi la única quien quería conectar con Yuma. La diferencia en que mientras Gumi aún era un niña, Gakupo ya era un adolescente y ya entendía mejor el mundo, y sabía la situación que tuvo que vivir Yuma antes de llegar a la casa Kamui.
—No sé porqué te escondes, pero está bien, debe ser difícil estar en un hogar desconocido, pero nadie aquí va a juzgarte ni nada, así que quedate tranquilo.
Las palabras afectivas lograron penetrar en el corazón afligido de Yuma, que no pudo evitar soltar todas sus aflicciones ahí mismo, con la voz temblorosa.
—Como quieres que esté tranquilo, siento que soy una molestia esté donde esté, mis padres no me querían aunque era su hijo, porqué ustedes me aceptarían aunque sólo cause problemas, soy un intruso… no pertenezco aquí ni en ningún lado.
Gakupo no podía entender en su cabalidad los sentimientos que Yuma estaba experimentando. Para nada, pero sí quería ayudarlo para que no se sintiera de ese modo, "Debe ser aterrador, y solitario." Pensó sin poder apartar sus ojos de ese par azul que siempre parecía lidiar con la desdicha.
—No digas esas cosas…
La voz de Gakupo sonaba insegura, realmente se encontraba perdido, pero iba a hallar el camino.
—No eres un intruso, desde hace tres años eres parte de esta familia, y nada cambiará eso, puede que antes las cosas estuvieran mal—No era capaz de hablar de modo directo del suicidio de la madre de Yuma y el abandono de su padre, le tomaría varios años terminar de procesarlo—, pero ahora eres un Kamui, y te queremos, sin importar como seas o serás, aquí es tu hogar, así que deja de esconderte, no haz hecho nada malo.
Yuma, quien siempre creyó que todo lo que pasó con su familia biológica era en parte su culpa, el que le dijeran que "No había hecho nada malo" liberaba su alma de las pesadas cadenas de su pesar.
Aunque hasta ese entonces no había cruzado palabras ni había tenido contacto físico con Gakupo, no fue capaz de abstenerse de tirarse entre los brazos de Gakupo y llorar. Por supuesto, el mayor quedó anonadado por la repentina muestra de afecto, pero de todos modos correspondió el abrazo y con gentileza recibió los sentimientos de Yuma.
Habían pasado ya cinco años desde que Yuma había sido abrazado por último vez.
Podía decirse que ese día cambio la mentalidad de Yuma, y le ayudó a recibir con menos resistencia la amabilidad de la familia Kamui, empezó a responder cuando le hablaban, aceptó practicar con katanas en el dojo, ahora jugaba con Gumi y podría decirse que incluso eran amigos, le pedía ayuda a Gakupo con las tareas… Aunque no fue de la noche a la mañana, y le tomó un año entero hacer todas esas cosas.
Pero ya no sentía que sobraba en esa casa.
A medida que el tiempo pasaba, Yuma mostró su verdadero ser, y Gakupo, junto al resto de la familia, le aceptó de ese modo.
Y con el pasar del tiempo, se hizo más apegado a Gakupo, le compartía sus incertidumbres, preocupaciones e incluso le hablaba de tonterías. Le seguía a cualquier lado, siempre le escuchaba y a veces sólo estar a su lado en silencio era suficiente.
Gakupo logró convertirse de verdad en su hermano, sin embargo, a medida que Yuma empezaba a crecer y madurar, sus sentimientos empezaban a desformarse y dejaban de ser claros, Yuma empezó a fijarse en cosas que tal vez no debería, el cambio de voz de Gakupo, como su musculatura empezaba a desarrollarse, sus rasgos eran más atractivos y masculinos. Todas esas cosas empezaban a ser demasiado notorias para Yuma, y llegó un punto en que apenas podía apartar su mirada de su hermano mayor.
Nada de eso le paso con Gumi, ella también creció, dejo de ser esa niña infantil y juguetoba para ser una señorita preciosa, aunque descuidad y alegre que cuando era más pequeña, pero ninguno de esos cambios llamó la atención de Yuma, siendo que pasaba todo el día con la chiquilla en la escuela.
Gumi lo notó, y prometió hacerlo un secreto entre ambos. Gakupo no tenía ni idea.
Las cosas que antes eran normales que ambos hicieran juntos empezaron a ser raras en los ojos de Yuma: bañarse juntos, tomarse de la mano al cruzar la calle, incluso dormir juntos.
Aunque Gumi tampoco hacía esas cosas más con ambos, era más bien por una cosa de género, ella era una niña y ellos niños, por lo que no fue algo agravante. Pero alejarse de ese modo de Gakupo hizo mella en Yuma.
Hizo que empezara a dudar de lo que sentía en verdad.
Y todo eso quedó claro la última vez que durmieron juntos, aunque nunca lo hicieron en el verdadero sentido de la palabra. Yuma se colaba en el futon de Gakupo cuando tenía pesadillas.
El primer problema fue la pesadilla en sí. Yuma soñó que Gakupo dejaba de tener tiempo para él, que se estaban distanciando, que ya no existía más la conexión especial que había entre ambos… Porque Gakupo se había enamorado de alguien, Gakupo había preferido esa persona antes que a él. Y eso lo aterró.
Fue al cuarto de Gakupo, se metió en la cama y lo despertó, pero el mayor estaba aún aturdido por el sueño. Yuma necesitaba una respuesta que le diera paz mental.
—Gakupo, tengo que preguntarte algo…
Gakupo abrió uno de sus ojos y le miró confundido. Un "¿Hmm?" Fue toda su respuesta. Le sacudió un poco pero el ya hombre le hizo seguir.
—Gakupo... yo... ¿Siempre seré importante para ti?—preguntó con un nudo en la garganta.
Sus ojos azules estaban ansiosos por obtener un resolución a su inquietud.
—Eres mi hermano, por supuesto…
Pero la respuesta somnolienta no era la que quería, pero, ¿Qué quería? No lo sabía.
—No… no me refiero a eso—refutó autómata.
Gakupo, algo más despierto, lo miró con seriedad profundo.
—¿Entonces?
—No lo sé.
Admitir que ni él lo sabía era como admitir la derrota. Quería certeza de algo que ni él terminaba por entender.
—Sólo… no prefieras a nadie sobre mí, eso… creo, sólo, no me des un segundo lugar.
No hubo repuesta al instante, y Yuma sintió que estaba siendo rechazado. Pero cuando estaba planeando irse, los brazos de Gakupo lo detenieron, el cuerpo del mayor se posicionó encima.
Y ocurrió algo que Yuma no soñando ni había imaginado jamás.
Gakupo juntó sus labios contra los de Yuma, besándolo. No era un beso fraternal en la frente o las mejillas, era un beso de pareja, en todo el sentido de la palabra, sus labios se movieron levemente sobre los propios, que jamás habían besado.
El contanto, aunque fueron sólo unos segundos, para Yuma fue una eternidad. Sentía las mejillas arder, su corazón estaba galopando como loco y su mente estaba en blanco, sólo podía ver a su, hasta entonces sin duda hermano, con los ojos cerrados, besándole.
Una vez que lo dejó, Yuma seguía sin ser capaz de procesarlo. No entendía que pasaba, no entendía sus sentimientos, no entendía nada ya.
Afligido por la incertidumbre que aceleraba su corazón, una vez que fue libre del agarre de Gakupo, en silencio se retiró del futon, en silencio abrió y cerró la puerta, para volver a su cuarto.
Se enterró en su cama, que estaba fría ya. Sentía vergüenza, horror, pero también satisfacción y placer por lo ocurrido, sentía que había sido humillado pero al mismo tiempo correspondido, ¿Correspondido de qué?
Al día siguiente, Yuma aún tenía presente en su mente lo que había ocurrido anoche, no podía sacar de su cabeza la sensación de haber sido besado. Gakupo también sabía que había hecho, él había besado la noche anterior a Yuma.
Y no podía borrar la idea de que incluso Gumia sabía, o que sentía que algo había pasado. Pero nadie dijo nada de eso, quedó como un asunto de otra realidad y fue ignorado.
Eso ocurrió dos años atrás, después de eso, los padres de los tres habían partido a Kyuushu, debido a que el hermano de Megumi falleció y necesitaban que alguien fuera a vivir a la propiedad. Y como Gakupo ya era un adulto, decidieron dejarlo a cargo del dojo y los dos menores.
Desde ahí la relación de Yuma y Gakupo fue en quiebre, pero el problema realmente no era el beso o lo que pasó en el cuarto de Gakupo, el problema empezó que desde que sus padres dejaron Tokyo para irse a Kyuushu, el mayor de los tres dejó de prestarle su completa atención al joven de cabello rosa y empezó a tener relaciones esporádicas con otros hombres, y a Yuma eso sólo causó más estragos en su corazón…
Yuma dió un par de vueltas en la cama, lentamente abrió sus ojos, comprobando que ya había pasado una hora desde su discusión con Gakupo.
Se aferró a sus sábanas, como si así lograra borrar lo sucedido. Después de la discusión, estaba tan alterado que fue a esconderse a su cuarto, y sin querer se quedó dormido.
—Que sueño más molesto…
Soltó al aire sus palabras, agotado.
Haber soñado con el pasado era una dolorosa molestia que sólo le hechaba sal a la herida.
Bien, con esto ya son 2/3, el siguiente debería ser el final, espero les haya gustado.
Se agradecen comentarios, positivos si es posible.
Gracias por leer
