Yay! Por fin se me ocurrió actualizar, sí, soy muy floja, pero en fin. Este iba a ser el último capítulo pero decidí que era mejor extender la historia un poco más, por lo menos para adentrarme más en los sentimientos de Gakupo, así que serán cuatro capítulos, no me gustan mucho los número pares, pero en fin(?)

Kai Momo: No sabes lo feliz que me hace que alguien se interese en mi historia, realmente es una lástima que esta linda pareja sea pasada desapercibida, me hace muy feliz que te guste. Y podría haberla hecho una historia larga, pero soy mala con los long fics, suelo atrasarme mucho en actualizar lol

Disclaimer: Vocaloid no me pertenece

Pareja: GakupoxYuma

Advertencias: Las mismas de antes, además de mucha cosa sad y Gakupo sufriendo... Soy diabólica


Gakupo contempló en silencio el piso de la cocina, sus ojos miraban vacíos el decorado de la cerámica.

Un suspiro se escapó de sus labios. Sentía el dolor de su pecho subir por su garganta y exteriorizarce por ese suspiro. Se sentía un idiota.

En su mente se repetían las imágenes de su discusión anterior con Yuma, en su mente se repetían las palabras descorazonadoras dichas por esos labios que lo tentaban constantemente. Veía esos ojos azules desafiarlo, esa mirada herida. Ese calor que poco a poco desaparecía de su cuerpo.

No sólo su calor, sino también su aroma, el sonido de su voz y su conexión. Sentía que todo iba desmoronandose poco a poco ante sus ojos, y por más que estirara sus brazos en esperanza de alcanzarlo, no tocaba nada más que el aire dejado atrás.

Sentía que la distancia iba aumentando, crecía tanto que ni poniendo todas sus fuerzas en ello no podía alcanzarlo. Eso le aterraba.

Habían pasado ya quince minutos desde la discusión, y aún no hallaba en su interior las fuerzas para reponerse. Sus piernas no tenían la suficiente energía para permitirle dar siquiera un paso. Sus sentimientos, los de Yuma, sus palabras, las de él, la discusión de ambos le imposibilita erigirse y sobreponerse a la situación. No podía.

"Soy un idiota, realmente lo soy" Pensó jalando su cabello con una de sus manos. Sus ojos empezaban a ver todo borroso, estaba a punto de estallar en llanto. No podía soportarlo.

"¿Mendigarte amor? ¿Segundo lugar? Realmente eso eh estado haciendo estos dos últimos años... o tal vez han sido más, ¿Me dirías, Yuma? No, no lo harías.

»Aunque te rogara, aunque me postrara a tus pies, sólo me darías una mirada fría y me abandonarías así, ¿Cierto? Lo lamento, lo lamento tanto."

No podía dejar de disculparse en su corazón, sabía que de ese modo, sus sentimientos no le alcanzarían, no llegarían hasta él. Gakupo sentía el frío trazo de las lágrimas caer por sus mejillas. Se sentía penoso, era un hombre de veintiún años, ya no era un niño para llorar por las penas del corazón, pero lo hacía igual.

Ver al gran samurai del dojo Kamui, Kamui Gakupo-dono, de ese modo, llorando por una discusión con su hermano mayor, sería una gran sorpresa. Él siempre lucía tan noble, tan digno, tan maduro y varonil.

Pero las palabras crueles de su hermano menor que había logrado aguantar durante dos años le habían deshecho por completo.

Pero el pensar en esas palabras, "hermano menor," realmente le hacían dudar fe si mismo. ¿Acaso aún podía llamarlo su hermano? ¿Después de todo lo que había pasado entre ellos?

No sólo Yuma, Gakupo también, ambos estaban llenos de dudas en sus corazones. Gakupo se sentía perdido, angustiado, no podía hallar la respuesta, había vuelto a ser un niño inseguro.

"Maldigo el día en que te convertiste en mi "hermano", realmente lo maldigo" Pensó con la garganta hecha un doloroso nudo.

Se sentía sucio, como un pecador, era un pecador con sentimientos indecentes y condenados. Sentía como sus manos eran teñidas de negro, como si marcaran un crimen.

Estaba sucio.

Sus sentimientos eran sucios e inmorales.

Yuma era su hermano menor, no tenía una familia más que la familia Kamui, los padres de ambos son los mismos, la misma hermana menor, el mismo techo y la misma vida dentro del mismo grupo familiar. Entonces, ¿Por qué? ¿Por qué debían aparecer esos indeseables sentimientos hacía su hermano cuatro años menor?

Yuma llegó a su casa como su hermano y fueron criados como tal. Pero algo en el camino algo se torció dentro de él, algo se alteró. Ya no lo veía del mismo modo que veía a Gumi, ya no lo veía del mismo modo en que lo veía cuando eran unos niños.

"¿Por qué las cosas debían cambiar de ese modo?" Se cuestionaba a sí mismo todos los días, todas las mañanas al despertar y todas las noches al acostarse.

Todo era tan perfecto antes, antes tenía una hermana menor mimada y un hermano menor muy apegado a él. Eran un par de hermanos normales que hacían cosas de hermanos, pero algo se torció en él, algo se arruinó.

Cuando Yuma entró en la adolescencia, tal vez fue en ese entonces, tal vez después. Empezó a verlo diferente, ya no era el mismo niño retraído y asustado de todos, eso lo hacía feliz, pero a medida que Yuma iba convirtiéndose en un atractivo joven, los pensamientos y sentimientos dentro de Gakupo iban cambiando.

En un momento, empezó a desear tener a su hermano entre sus brazos, pero de un modo que no debería, quería tenerlo todo para él, poder llevarlo a su cama todas las noches y quedárselo ahí, monopolizar no sólo sus ojos, sino también sus labios y pensamientos, poder tocarlo eróticamente, poder recorrer cada parte de su cuerpo, cada parte de su interior. Saber cosas que nadie más debía, no sólo carnal, sino que también sentimentalmente. Poder no sólo ser su refugio, sino que también su apoyo ante las adversidades.

Quería no ser ya el comprensivo hermano mayor que siempre había querido ser, quería ser el apasionado novio en quien Yuma siempre pudiera encomendarse.

Gakupo sabía y sabe que eso estaba mal, no debería ser. Lo sabía mejor que nadie. Pero entre más se negaba sobre esos sentimientos, más fuertes se volvían, menos dudaba de ellos, y eso le aterraba.

Le aterraba la idea de que esos impúdicos sentimientos que cada vez crecían con más fuerza dentro se él terminaran lastimando a ese chico tan imporatante por quien do dudaría un segundo en dar la vida. Sentía que se estaba ahogando en su angustia. No había nadie a quien contarle su problema, ni Gumi, ni sus padres, ni sus amigos, y mucho menos Yuma. Si el muchacho de cabello rosa llegaba a enterarse de como lo deseaba, sería el fin de todo. Sería repudiado, rechazado, y no podía soportar esa idea ni por un instante.

"No puedo vivir sin Yuma, si él se alejara de mí, yo..."

No podía, no podía siquiera contra la idea. Yuma le admiraba y respetaba, y aún así, aún así, tenía esos sucios anhelos hacía él, aún así le veía de otro modo a como él lo veía.

Para Yuma, él era el hermano mayor generoso que le había ayudado a salir de su oscuro pasado, le había permitido saber que no había nada malo en que intentara ser feliz. No era más ni menos que eso. Pero eso no le permitía borrar esos sentimientos.

Se sentía tan avergonzado al despertarse por las mañanas, sentir su miembro erecto y saber que era debido a que había soñado con Yuma. Mirarlo a la cara y saber que lo único que deseaba era que Yuma se entregara por completo a él.

Y los años no le permitían borrar esas inquietudes, sólo las fortalecían.

Se pudo poner de pie, sus brazos se agarraban sin ganas de la mesa, ahí estaban los restos de la cena.

Él jamás querría herir a su amado Yuma, entristecerlo, pero su amor no hacía más que causar daño. Eran sentimientos tóxicos y dañinos que sólo generaban catástrofes.

"Si no me hubiera enamorado de ti, Yuma, todo podría seguir como antes" Se lamentaba mientras recogía los platos.

No le tomó mucha contemplación el saber que lo que sentía por Yuma no era un amor fraternal, sino uno romántico. Le había empezado a amar como se ama a una pareja. Había traicionado los sentimientos de Yuma, le había sido desleal como hermano.

Y sólo podía sentir culpa.

Y esa noche en que Yuma se coló en su futon, esa noche que le pidió que fuera el único en su corazón, esa misma condenada en que lo había besado, dejándose llevar por la somnolencia y los anhelos de su traicionero corazón, esa jodida noche no hizo más que confirmar que ha era imposible el volver atrás. Era imposible que borrara sus sentimientos.

Había confirmado que había arruinado por completo el lazo fraternal que él creía poder mantener a consecuencia de traicionar los afanes de su corazón. Entendió que había traspasado la barrera que él se había prometido imponer.

"Me había hecho jurarme a mi mismo que iba a alejar esos pensamientos inmorales cuando estuviera con Yuma, eliminarlos por completo... pero fui débil"

Golpeó la mesa con su puño. Se sentía una deshonra.

Ni siquiera había podido darle la cara a su, en ese entonces, hermano de quince años. Había escondido su mirada como un cobarde. Ni siquiera había podido pedir disculpas.

Y cuando sus padres dijeron que debían irse a Kyuushu le aterró, le petrificó en su lugar. Iba a quedarse sólo con Yuma, y Gumi, y dudaba que sólo su resolución y dignidad le permitieran luchar contra sus deseos lascivos. No sería capaz de ocultar más lo que sentía.

El samurai sabía sin necesidad de que se lo dijeran, que para Yuma, él sólo era su hermano, nunca iba a ser algo más, jamás. Y él debía aprender a lidiar con ello, debía saber ocultar lo que sentía.

Era como si amar lo hubiera maldecido eternamente, todo por amar a la persona equivocada.

En su corazón, Gakupo sentía que la razón de que Yuma lo hubiese empezado a repudiar era que lo había besado, y así dejado al descubierto su corazón.

Gakupo no se podía permitir ir más allá de esa noche y ganarse el desprecio eterno de su amado y preciado Yuma. No iba a lastimar a ese precioso chico con el que compartía el techo, primero prefería morir.

Eso le impulsó a buscar un lugar donde desechar sus sentimientos y deseos sexuales. Ocupaba la mayor parte de su tiempo en el dojo, en los labores del hogar, pero no podía sacar de su cabeza a Yuma, todo le recordaba a él. En ese entonces empezó a acostarse con otros hombres, no le interesaban las mujeres en verdad, por lo que el matrimonio lo descartó como método de alejamiento.

Él era sin duda alguna, el soltero más codiciado de su ciudad, para ambos géneros por igual. No le fue difícil encontrar con quien compartir el lecho. Mas, por fácil que fuese entregar su cuerpo, entregar su alma le era imposible, y todo hombre al que buscaba tenía algo que le recordaba a Yuma. Y le hacía pensar, sin duda alguna, "Si no es Yuma, no sirve."

Sus propios sentimientos le avergonzaba, estaba tan apenado de sí mismo. Tan decepcionado de sí mismo, que la única solución que halló, además de seguir acostándose con otros hombres, fue distanciarse de Yuma. Pero no podía.

Intento imponer distancia, pero no pudo, y sin darse cuenta, en algún momento, fue Yuma quien le puso un punto y aparte a su cercanía. Empezó él a distanciarse, y cuando Gakupo intentó revertirlo, fue incapaz.

Y así se cumplieron dos años.

Gakupo terminó de secar la vajilla, ya había pasado una hora desde la cena, desde la discusión. Apretó con fuerza el paño de cocina y lo tiró a un lado sin cuidado.

Ya estaba más calmado, más en paz. Pero aún tenía la estaca de sus pecados hundida en su pecho.

"Realmente no hay nada que pueda hacer con lo que siento, podrían pasar mil años y aún seguiría amando a Yuma, pero debo disculparme, aunque sea darle una disculpa por las cosas que dije e hice, Yuma no tiene la culpa de que me sienta de este modo... aunque me gustaría poder culparlo" Pensó con amargura.

Decidió que debía ir hasta el cuarto de Yuma y disculparse con él.

Cuando llegó a la segunda planta, se halló frente a Yuma, quien lucía demacrado, y le dio una mirada amarga al verlo ahí.


Resultó ser un capítulo más corto, pero el anterior creo que explicó el transfondo, así que sólo debía explayarme con Gaku, en fin, espero les haya gustado, dejeb un review o algo por favor!