Disclaimer: Haikyuu! Pertenece a Furudate Haruichi.
Date cuenta, Hajime...
III. La negación (Ocho años).
Cuando ingresó a la primaria, fue aún peor, ¿por qué tenías que estar tú en todos los lugares a dónde iba? ¡Ah si! Porque tus padres trabajaban y los Iwaizumi te cuidaban todo el tiempo, hasta que pasadas las 7 PM te recogían y te llevaban a casa cargando, mientras dormías en el sofá de tus vecinos, después de ver las caricaturas de T.V. Abierta.
Al ser esas tus circunstancias, al pobre Hajime no le quedaba de otra más que soportarte en las mismas escuelas, mismos salones, y ni en su casa le dabas un respiro. Él siempre decía que lo agobiabas, a veces ni siquiera se tentaba el corazón y te lo soltaba en la cara, pero tú no abrías la boca para responderle, porque de cierto modo, intentabas ponerte en sus zapatos aunque fuera un poco.
—¡Oye, Iwaizumi! ¿es cierto que te gusta...? —cuando uno de sus compañeros dijo tu nombre y luego te señaló burlonamente, mientras hacían una actividad artística en clase, Hajime instantáneamente frunció el ceño e hizo un gesto de desagrado.
—¡Claro que no! —gritó sin contenerse ni un poco, para que todos los presentes en el salón lo escucharan y lo tuvieran bien claro—, ¡nunca sería novio de una niña tan fea!, ¡ni siquiera me agrada!
Hubo un silencio sepulcral en el que todos te volteaban a ver, unos con lástima, otros con burla y los del montón simplemente con curiosidad. No es que te gustara Hajime, y de hecho, de antemano sabías que no le agradabas mucho, y de paso, también esperabas una respuesta de ese tipo cada que sacaban el tema de que ustedes deberían de "estar juntos"; porque los fines de semana, cuando las dos familias hacían parrilladas, a las dos mamás les parecía divertido emparejar a sus hijos.
"—¡Me niego!, ¡jamás querré a una torpe como ella! —siempre decía él con su ceño que para colmo, después del incidente de la torre de mecanos, siempre se quedaba así cada que cualquier cosa se trataba de ti, aunque le habías llevado una tarjeta y un helado para disculparte— ¡Es muy fea! —pero a pesar de que lo decía completamente en serio, los adultos solo se burlaban de él.
—¡Dices eso porque apenas tienes ocho Hajime! —le decía su papá—, pero cuándo tengas unos veinte y veas la belleza en la que se convirtió tu vecina, te arrastrarás por el suelo para que acepte casarse contigo.
—¡Que no quiero! —repetía"
Tú sabías que bromeaban, pero que Iwaizumi se enojara tanto por eso, a veces te confundía. Sin embargo, luego sacudías tu infantil cabecita negando varias veces, de nada servía hacerte ilusiones con él, si de todos modos iba a rechazarte. Te habías jurado a ti misma, nunca enamorarte de él.
Entonces si ya sabías sus reacciones para contigo, ¿por qué te dolía tanto que lo dijera en voz alta?, ¿por qué delante de todos? Incluso delante del maestro, con los presentes observándote luego de haber sido prácticamente humillada por Hajime, sin deberla ni temerla.
Para no ponerte a llorar como Magdalena, dejaste de colorear la flor que dibujaste como tu actividad, y que pensabas regalarle a Iwaizumi después, como disculpa por siempre meterte en sus asuntos sin querer. Te levantaste, limpiaste con la manga de tu uniforme los primeros brotes de lágrimas que amenazaban con intensificarse, y sin pedir permiso te saliste corriendo a esconder algún lado para hacerte bolita, al menos hasta que se te pasara la tristeza, o te diera hambre.
Tu compañero de clases, y cruel vecino, sintió un poquito de culpa al ver la mirada reprobatoria de su profesor, pero luego levantó sus hombros con indiferencia y le dio igual. No era su culpa si se sentía de ese modo. Además, daba por sentado que luego en la tarde, ibas a perdonarlo de todas formas e igual, las cosas volverían a la normalidad.
Y así fue.
Aunque, a pesar de todo, Hajime no entendía porque, incluso unas dos semanas después del incidente, la mayoría de sus compañeros, lo veían feo cuando te acercabas a hablar con él como si nada.
.
.
.
Continuará...
