Disclaimer: Haikyuu! pertenece a Furudate Haruichi.
Date cuenta Hajime
VI. Malditos Celos (Dieciséis años).
—Ella me gusta, realmente me gusta... —lo dulces de miel, dejaban de ser de azúcar para verlo hostilmente, Hajime apretó la mandíbula ante la sinceridad de las palabras de Hotaru.
Esos "me gusta" iban en serio, podía sentirlo, no eran como aquellos "me gusta" que decía Tooru solo para fastidiarlo de vez en cuando, pero a pesar de la verdad en esa sentencia, Iwaizumi sonrió con complacencia.
—¿Y eso es todo lo que ibas a decirme?, ¿para eso me llamaste?, ¿para hablarme sobre tus estúpido sentimientos, Romeo?
Lo sospechó en cuanto recibió la noche pasada ese correo. Salía de bañarse cuando su teléfono vibró, avisándole que tenía un mensaje nuevo, de un número desconocido.
De: ¿?
Para: Iwaizumi
Asunto: Mañana.
"¿Puedes reunirte mañana conmigo detrás del gimnasio de volley, antes de tus entrenamientos?"
Al principio creyó que se trataba de alguna chica que quizá quería declararse, y a lo mejor confundió su número con el de Tooru, o probablemente él mismo Oikawa se lo había dado a alguna niña a propósito para librarse de ella o jugarle una broma pesada. Eso, hasta que observó las iniciales que venían al pie del mensaje.
"A.H."
Solo podía ser ese maldito y para hablarle de ti. Ahora que lo tenía de frente, acuchillándolo con la mirada y diciéndole todas esas cosas, podría declarar su hipótesis como comprobada.
—Así es, solo por eso, y por ello mismo, quiero pedirte un favor de la manera más atenta... —escuchó al castaño. Le parecía repulsivo que actuara y hablara de esa forma tan "elegante", cuando era un pervertido acosador de primera.
—¿Quieres que te ayude a conquistarla, o que? —respondió fastidiado— Porque si ese es el caso, déjame decirte que, conmigo, estás perdiendo tu tiem...
—No es eso —cortó tajante—. Es más, después de esto, espero no verte y mucho menos oír de ti, nunca jamás...
—¡¿Huh?! —frunció el ceño hasta casi juntar sus cejas.
—Escucha —inició Hotaru—, bailar es una de las maneras más hermosas de expresar tus emociones; y, cuando tienes una pareja fija, como es el caso de ella y yo, no puedes evitar el contacto visual y crear un vínculo.
—¿Y eso qué?
—Pues, últimamente, cuando bailamos y conectamos, noto su tristeza y la fata de ánimo. Creo que es obvio, que siendo ella la chica que me gusta, iba a preocuparme, así que le pregunté, aunque lo único que logré que soltara fue tu nombre... No me agradabas de antes, Hajime, al menos, no hasta que me contó aquella noche todo lo que le has hecho. Incluso ahora, ¡cuando ni siquiera estás en la misma clase! Sea lo que sea que le estés haciendo, déjala en paz.
—¿Y si no qué?
—Soy un bailarín respetable, pero puedo ensuciarme los nudillos aunque sea un par de veces.
—¡Bailarín y una mierda! Apuesto a que solo bailas porque en los ritmos latinos, puedes tocarle las nalgas y los pechos a las chicas. Y ella, que haga lo que quiera, no puedo ni siquiera tomar en serio a alguien que le movió el trasero a muchos hombres antes de ti. Ya está usada...
Y entonces, la mejilla de Hajime enrojeció después del sonido causado por el tacto piel con piel, pero sus ojos se dilataron y su cuerpo se negaba a devolver el golpe, estaba impotente; porque no fue Hotaru él que lo había golpeado, sino tú.
Habías llegado un poco antes, tal vez no escuchaste todo, pero si la parte en la que Hotaru le pedía a Hajime que te dejara en paz, y cuando éste, te depreciaba cruelmente.
Nuevamente, había ido demasiado lejos.
Aunque ya sospechabas que algo andaba mal. Fue así, cuando te topaste con Tooru, de camino a la salida para esperar a Hotaru; él iba hacia los bebederos a llenar su botella. A pesar de que ya no lo veías tan seguido, él continuaba saludándote y hablándote con normalidad, cada que se encontraban.
—¡Hey, bailarina-chan!, el gimnasio estás por allá —señalo con su pulgar sobre su espalda, aquella dirección.
—¿El gimnasio?, ¿por qué querría ir al gimnasio?
—¡¿No me digas que no lo sabes?! Entonces, tal vez debas apurarte e ir si no quieres perderte como dos hombres se baten en un duelo a muerte tu amor...
—¿A qué te refieres, Oikawa-kun?
—Ese niño bonito, el bailarín que Iwa-chan odia, lo citó hoy tras el gimnasio, ya deben de estar partiéndose la cara mutuamente —comentó divertido—, lástima que no era entrada general. Así que ve allí y dime quién gana; aposté veinte dólares y cinco panes de leche con Hanamaki y Matsukawa, a que Iwa-chan no salía bien librado de ésta, bailarín-chan se veía muy molesto...
Ay no.
Diste la vuelta y te apuraste a correr temiendo lo peor.
—¡Bailarina-chan! —gritó Oikawa a la distancia—, ¡¿cuándo es tu siguiente presentación?!
—¡El viernes a las ocho!, ¡luego te paso las cortesías! —le respondiste. Ibas con prisa, pero sabías que a Oikawa realmente le gustaba ir a verte bailar, de corazón y con buena fe, por lo que siempre le regalabas uno que otro descuento.
Después, te concentraste en correr lo más rápido posible, con cuidado de no torcerte los tobillos o lastimarte las rodillas. No sabías con qué intensión Hotaru había citado a Hajime, pero no podía ser para algo bueno, no después de ver como su amable expresión cambiaba a una tenebrosa y llena de rencor, después de contarle tu fallida historia de amor infantil.
Por eso también, tenías otra cosa clara, sin importar cuál fuera la razón, era inconmesurablemente imposible que fuera un "duelo a muerte por tu amor", como se había referido Tooru.
—...Porque Hajime ya tiene una novia... —susurraste bajito, recordando que la había conseguido a penas unas semana después de iniciar segundo de prepa.
Eso era lo que te inquietaba desde entonces, aunque jurabas e hiper jurabas que no estabas enamorada de Iwaizumi, porque de lo contrarío te lastimaría y te dolería mucho. Aunque de por si, ya habías llorado por eso.
La gota que derramó el vaso fue aquello, si no lo perdonaste la vez pasada a los doce años, mucho menos ahora, que insultó a Hotaru, a ti y a lo que más amabas en el mundo, siendo él un ignorante en el tema.
—No sabes una mierda de nosotros —dijiste hostil, viéndolo con dolor y rencor luego de golpearlo, mientras él tocaba su acalorada mejilla—. Tampoco del baile... No quiero volver a verte, jamás.
Avanzaste hacia Hotaru, que también se había quedado helado ante tu semblante y tomaste su mano.
—Tú y yo, hoy bailamos hasta que te desmayes o hasta que amanezca, lo que ocurra primero —sentenciaste, él solo asintió sin más—. En cuanto a ti, Hajime, a partir de ahora podrás evitarte muchas molestias, felicidades, lograste lo que querías desde siempre, te has deshecho de mi...
Aguantaste las lágrimas después de eso, mordiéndote el labio inferior con fuerza, para avanzar dirección a la salida, seguida por tu compañero. Fue aun más solitario cuando Iwaizumi Hajime, no hizo nada por enmendar su error, pero eso ya se te había hecho costumbre.
Él, por su parte, una vez de que se aseguró que estabas lo suficientemente lejos, golpeó con el puño el muro del gimnasio mientras maldecía.
¡Claro que sabía a qué se refería Hotaru con "molestarte"! Y se sentía cobarde por eso, pero en aquel entonces, le parecía una buena idea, sí, no estaba pensando claro, pero ese no era el punto.
Ni siquiera le gustaba su actual novia, a penas y recordaba su nombre y más o menos su cara, bien pensaba rechazarla, pero a la chica se le ocurrió hacer su maravillosa declaración, en el portón de entrada, a la hora de la salida. Justo cuando tú estabas ahí para esperar a ese bastardo de Hotaru.
Así que cuando fue su turno, mintió:
"Tú también me gustas"
Lo dijo tan alto como para asegurarse de que lo oías, pero cuando la chica lo abrazó contenta, pudo percatarse de que tenías los audífonos puestos, y de que justo en esos momentos llegaba Hotaru. Tal vez ni siquiera te habías percatado de su presencia por perderte en la música, como demostrabas que lo hacías a bailar.
"¿Y ahora qué?" Se preguntó al verte caminar, alejándote de a poco, al lado del castaño y sin mirar atrás, ni un poquito.
Lo que nunca supo es que en los audífonos no se escuchaba nada, por lo que oíste sus palabras fuerte y claro, pero a pesar del pequeño dolor punzante que se abría paso en tu pecho, te habías puesto a fantasear, en lo feliz que serías, si en algún momento él te dijera esas palabras solo a ti, ya después llorarías silenciosamente al bailar, hasta que tus pies ardieran y a tus zapatos se les hicieran agujeros. Porque esa idea, ahora más que nunca, parecía imposible.
Peor como él no sabía eso, y lo único que conocía en esos instantes, eran los celos queriéndolo hacer vomitar, al verte ir con Ayase, sonriéndole de forma tan vacía; se le hizo fácil devolverte el favor con la misma moneda, quería verte quemándote y retorciéndote por los celos.
Así que como ya no estaban en la misma clase, te buscaba cada que podía, para besarse y darse arrumacos con su novia, de forma bastante explícita, siempre asegurándose de que lo vieras. Sin embargo, al paso de los días, ver que no surtía efecto y seguías actuando como si nada, comenzó a desesperarse.
Por eso le había causado algo de satisfacción cuando Hotaru dijo que estabas triste. Aunque de haber sabido que las cosas acabarían así, probablemente nunca lo hubiera hecho.
—Me deben veinte dólares y cinco panes de leche —dijo Oikawa a sus acompañantes, los tres escondidos en el arbusto, lo habían visto todo.
—¡¿Eh?!, ¡¿y por qué?! —reclamó Hanamaki.
—¡Si! Ni siquiera fue ese chico quien lo golpeó —añadió Matsukawa.
—Lo sé, pero seré yo él animará a Iwa-chan, y necesito el dinero y un buen ánimo para eso.
Los otros dos se miraron dudosos, todavía sin saber si pagarle o no.
—Además, vean por donde lo vean, Iwa-chan es él que más salió lastimado de todo esto.
Sin más que decir, colocaron el dinero en las palmas de Oikawa, con una evidente incomodidad en el ambiente.
.
.
.
Continuará...
