Disclaimer: Haikyuu! pertenece a Haruichi Furudate.
Date cuenta Hajime.
VII. Desplante de Primavera (Dieciocho años).
—Hajime se va a Kyoto hoy a las dos de la tarde, ¿irás a despedirlo?
Después de que tu madre dijera eso, escupiste la leche que habías tomado minutos antes de tu tazón de cereal, para no ahogarte de la impresión por la noticia. "Hajime", hace tanto que no sabías ni escuchabas nada de él y ahora ese nombre parecía tan... Lejano.
—¿Qué?
—¡Ay por Dios, hija! Ten más cuidado —reclamó tu mamá. Mientras limpiaba algunas gotas del lácteo que llegaron a su cara, brazos y blusa.
—Lo siento. Mamá, ¡¿qué dijiste de Hajime?! —cuestionaste apurada.
—Que hoy sale su tren a Kyoto para irse a la Universidad, lo reclutaron para el equipo de volley —y, por alguna razón, el color abandonó por completo tu cuerpo—, ¡no me digas que no lo sabías!
Negaste lentamente.
Pero, ¿cómo saberlo si cumpliste tu promesa? Habías dejado de ir a su casa, incluso en los sábados de parrilla, cuando se juntaban las dos familias, ponías excusas con ensayos o cosas así para faltar. Al pasar a tercer año, sus salones incluso estaban en pisos diferentes, y se había vuelto tan ajeno a ti, que si de casualidad te lo llegaste a encontrar por ahí, en el comedor o en los pasillos, ni te enteraste.
Se graduaron así de la preparatoria, sus días en Aoba Johsai habían terminado como dos desconocidos. No sabías tampoco qué clase de planes para el futuro había pensado, tú por tu parte tenías más que claro que querías bailar, por lo que ahora, sin tener que preocuparte por tareas, proyectos y esas cosas; podías ir todos los días al dance studio, practicar e ir a concursos, ganarlos y hacer presentaciones. Todos ellos ahora remunerados, por lo que tu apretada agenda a penas te dejaba respirar; obviamente no ibas a tener tiempo para andarte preocupando por el futuro de Hajime Iwaizumi.
Aunque claro, tampoco te esperabas eso.
—¿No te dijo nada? —prosiguió tu mamá, los padres de los dos no estaban conscientes del conflicto entre ambos, y seguían creyendo que acabarían juntos en un futuro más lejano de lo que parecía— Que raro, juraría que serías la primera en enterarte, por ser su amiga de la infancia y todo eso.
—Pues al parecer no —rogaste para que no se notara el temblor en tu voz ante la incómoda situación. Trataste con "naturalidad" retomar tu desayuno.
—Tal vez no quería decírtelo, para que no estuvieras triste sino hasta el último momento. Te quiere tanto.
—Sí... Lo dudo mucho.
—¡Pero es verdad! —rodaste los ojos ante la insistencia de tu madre— En fin, aquí el punto no es si te lo dijo o no y por qué razón, sino que, ahora que lo sabes, ¿irás a despedirlo?
Pensaste un micro segundo las cosas, luego, te llevaste otra cucharada de hojuelas azucaradas y humedecidas, de tu tazón a la boca.
—No lo creo, por algo no me dijo nada —tragaste bocado—. Además, tengo ensayo a esa hora, no puedo llegar tarde, ya lo hice la semana pasada la vez que me pediste ayuda para limpiar tus cuadros. Hotaru se enojó, y con mucha razón, soy bailarina, una artista, los artistas nunca llegan tarde.
—Pero es Hajime.
Terminaste el cereal, te levantaste y fuiste al fregadero para empezar a lavar tus trastos.
—Precisamente, porque es Hajime, Hotaru será todavía más intolerante.
Tu madre no entendió el por qué de aquello, y eventualmente frunció las cejas, pero tú cerraste la llave del agua, te secaste las gotas restantes de las manos y subiste por las escaleras hasta tu habitación, sin darle tiempo de preguntar nada, pero es que era tan vergonzoso el simple hecho de recordar aquella tarde tras el gimnasio; la cual siempre suprimías cada que quería volver a aparecer esa escena en tu mente, y así, poder continuar con tu vida cotidiana sin anomalía alguna.
Porque después de todo, aún seguía doliendo, al menos un poco cada vez.
Inmediatamente te desnudaste y entraste a la ducha, tenías que relajarte todo lo posible antes del ensayo, puesto que después de la noticia de la partida de Hajime, solo un baño de agua muy, muy caliente, burbujas de lavanda, aceites terapéuticos, velas aromáticas y música suave; podrían ayudarte a destensar los músculos.
Después de al menos tres horas ahí dentro, saliste dispuesta a vestirte, pero debido a que lo primero que te recibió, fue tu celular, sobre la cama, parpadeando para anunciar que tenías un nuevo mensaje, otra vez tus planes iniciales se vieron interrumpidos.
De: Oikawa Tooru.
Para: (T/N)(T/A)
Asunto: ¡Bye-bye!
"¡Hey, bailarina-chan! Parece que no podré verte bailar de nuevo en un buen rato :(
¡Pero, la buena noticia es que fui reclutado para la Universidad de Kyoto para jugar volley! Me voy hoy a las 2:00 PM Y sé que es repentino, pero, ¿podrías irme a despedir?
Estaré en el andén oriente bajo el reloj esperándote.
No faltes )
Hasta entonces."
Así que a Oikawa también lo habían reclutado, era muy extraño que te invitase a despedirlo, puesto que no eran grandes amigos. Si bien, iba a apoyarte a varias de tus presentaciones, él decía que verte bailar solo era un hobby anti estrés y nada más, jamás ninguno de los dos lo había visto más allá de eso.
En fin, lástima que no podrías ir a despedirlo por tu ensayo. Luego le responderías el mensaje con una disculpa, pues después de leer la pantalla del celular, tu prioridad se había vuelto vestirte e ir a la tienda de conveniencia, pues el calor que te dio el baño, volvió ir por un gari-gari en el objetivo máster del día. Además, el clima lo ameritaba.
Una vez que estuviste lista, te dispusiste a salir de tu habitación y caminar hasta las escaleras. Cuando estuviste a punto de bajarlas, te percataste de que no llevabas la cartera, te diste un ligero golpe en la frente por tu torpeza, mientras planeabas dar media vuelta y regresar por el dinero; empero, antes de hacerlo, escuchaste la voz de tu papá desde abajo en el comedor, al parecer ya había vuelto de su reunión de tenis y hablaba con tu mamá.
—Es una lástima que piense de ese modo.
—Se lo dije también, no creí que su amistad con Hajime significara tan poco, que aun después de todos estos años, no pueda posponer un ensayo para ir a despedirlo y desearle buena suerte.
...Si, claro, porque ustedes no aguantaron sus desprecios durante tanto tiempo; pensaste, luego de molestarte un poco, pero decidiste quedarte oyendo un poco más, porque dado que tú eras el tema de conversación, la curiosidad era demasiado fuerte como para negarla.
—Hajime es un buen hombre... —prosiguió tu padre.
—Siempre creí que estaba enamorada de él —comentó su acompañante, provocando un pequeño sobresalto en tu pecho, luego negaste repetidas veces.
—Tal vez si lo está, y por es no quiere ir. Lo entendería solo de ese modo, Hajime también la quiere; lo ha dicho varias veces en los sábados de parrilladas, también va a verla a todas sus presentaciones, aunque nunca entendí muy bien por qué siempre se iba antes del final...
—¿Y si es por eso que a nuestra hija parece no importarle? Querido, ella no sabe que Hajime has estado ahí apoyándola desde que decidió bailar...
Entonces, el pecho se te oprimió hasta tal punto, que sentías que las costillas podrían perforarte los órganos, eso te había conmovido mucho, incluso hasta llegar al borde de las lágrimas. No sabías que Iwaizumi iba a tus presentaciones, tampoco que te quería... ¿Sería verdad? Habría que averiguarlo.
Así que corriste lo más rápido que pudiste hasta tu cuarto, viste el reloj: 1:20 PM, pero la central estaba del otro lado de la ciudad. Apresurada tomaste un suéter, el móvil y la cartera, para bajar a toda velocidad.
—¡Papá!, ¡necesito que me lleves! —gritaste.
—¿Hotaru no vendrá por ti? —preguntó— De todos modos, aún falta mucho para la hora de tu ensayo. No tendrás problemas si te vas en transporte público.
—¡No voy a ensayar, quiero ir al templo!
—¿Al templo?
—¡Y después a la estación del Shinkansen! Si no corro, Hajime se irá y será demasiado tarde...
Tus padres se miraron mutuamente unos micro segundos, mientras procesaban la información, luego, reaccionaron y comenzaron a moverse nerviosos y apresurados.
—¡Necesitan irse ya! —gritó tu madre.
—¿En dónde dejé las llaves? —se quejó papá.
Finalmente, después de unos cuantos giros nerviosos al volante, intentando encontrar la ruta más rápida, y de unas cuantas compras exprés en el templo, ya estabas camino a la estación con el corazón en un puño, latiendo a mil por hora y el tiempo límite pisándote los talones. Tomaste tu teléfono, directamente a marcación rápida del primer contacto en tu lista de favoritos.
—¿Hola? —respondió.
—Hotaru, soy yo... —intentaste calmarte para tus adentros, buscando así, tener una conversación convincente y relativamente normal— Lo siento, tendré que cancelar el ensayo de hoy.
—¿Qué?
—De verdad, perdón, pero realmente son motivos de fuerza mayor.
—¿Paso algo grave? Te oyes agitada, ¿o estás enferma?
—N-no, estoy bien.
—¿Entonces?
—¡Es solo que...! —estabas a punto de perder el control, pero al final te detuviste para pensar con cuidado qué ibas a decirle— Tengo... Tengo algo importante que hacer hoy a las dos en la estación del Shinkansen, probablemente sea mi última oportunidad para hacerlo y realmente es importante para mi —suspiraste—, pues, eso... Adiós.
Colgaste sin dejarle responderte nuevamente, luego apagaste el celular por si acaso, a modo de prevención para evitar cualquier contratiempo. Sin embargo, un estúpido embotellamiento a tan solo tres cuadras y con solo cinco minutos restantes, te impidió avanzar más. Maldijiste por lo bajo, tomaste la bolsa del templo y saliste del auto para empezar a correr.
Mientras tanto en el reloj.
—Muy bien, Oikawa. Llevamos aquí desde que llegamos a la estación, abajo del reloj, con el puto sol quemándonos, esperando quién sabe qué cosa, ¿vas a decirme ya que era exactamente lo que querías que pasara? —comentó Hajime fastidiado, el castaño simplemente lo había arrastrado allí sin decir nada.
—Solo, esperemos un poco más.
—Pues ya son la 1:55, si no aparece lo que se supone que deba aparecer en los próximos dos minutos, me largo, no quiero perder mi tren, mucho menos cuando los boletos son primera clase gratis.
—No seas impaciente Iwa-chan, dale un poco más, de seguro tuvo contratiempos.
—¿Quién?, ¡además ya le di como cuarenta minutos!
—Bueno, en fin, allá tú si ya te quieres ir. De todos era tu regalo de despedida lo que esperábamos.
—¿Qué?, ¿regalo de despedida?
—¡Sí!, ¡de mi para ti! —hizo un signo de paz con los dedos, luego buscó en su celular algo— Espero que si le haya llegado mi mensaje, o que lo leyera.
—Tú vas conmigo a Kyoto, ¿no crees que es un poco estúpido darme un regalo de despedida?
—¿Qué puedo decir? A veces es bueno ser generoso.
Después de eso, los ojos del pelinegro se iluminaron como platos al escuchar la voz que lo llamaba a lo lejos. Rápidamente, giró su cuerpo en dirección a la entrada, para ver a la distancia aquella silueta humanoide que se acercaba presurosa a donde él estaba.
—¡Hajime!
—¿Qué hace ella aquí?
—Querías verla al menos una última vez, ¿no es así? Lo tenías escrito en la cara —se burló Tooru.
—Cállate. —respondió avergonzado— No es así.
—Felicidades por ser seleccionado para el equipo Universitario de Kyoto, Iwa-chan —finalizó Oikawa.
—¡Hajime! —llegaste junto a él, con la respiración cortada y la cara roja, toda sudada. Te sujetaste las rodillas cuando lo tuviste enfrente, para recuperar el aliento antes de volver a hablar, él te observaba atento, ansioso por saber lo que ibas a decir— Yo...
—¡HEY! —una cuarta voz llegó interrumpiendo el momento. Era Hotaru que aparecía, llamándote a lo lejos, desde la entrada a la estación.
—¿Hotaru? —susurraste—, ¿cómo llegó aquí tan rápido?... La moto.
—¿Vienes a burlarte de mi, niña tonta? —Iwaizumi Hajime utilizó un tono frío y cortante, nuevamente, para dirigirse a ti.
—¿Qué...?
—¿O a qué demonios viniste? —te interrumpió—, ¿acaso no te dije que no quería nada que ver con una chica como tú, aquella tarde? O tal vez, no lo tuviste lo suficientemente claro y venías para confirmarlo. Fuera de mi vista.
—O-oye, Iwa-chan no creo que...
—Guarda silencio Oikawa, no entiendo para qué trajiste a alguien que le gusta perder el tiempo bailando, en vez de ponerse a estudiar y hacer algo serio.
Frunciste el ceño, muy enojada, con todo: Con él, por hablarte así, con tus padres, por meterte ideas absurdas en la cabeza, con Oikawa por llevarte allí, y con Hotaru por meterse en dónde no le llamaban; pero sobre todo, contigo misma por haber sido tan imbécil como para creer toda esa blasfemia e ir a ese lugar, en donde no eras bien vista.
—No te hagas ilusiones, estúpido gorila descerebrado, no vine para verte del circo de payasos del que te escapaste —respondiste fría, hostil, y después, lo barriste con la mirada—. Vine a ver a Oikawa Tooru-kun, él si es un caballero y tiene clase, además de un buen gusto, por eso vi conveniente venir a desearle buena suerte en Kyoto y la Universidad, porque él me invitó.
Avanzaste hasta el castaño, y le entregaste la pequeña bolsa que adquiriste en el templo, y le sonreíste con coquetería.
—Son amuletos —explicaste—. Uno es para el éxito, el otro es para el amor, suerte en Kyoto —diste la media vuelta, y antes de irte, decidiste decir una última cosa—. En cuanto a ti Hajime, espero que una rata de ciudad te muerda, te de lepra y te mueras; ahora si me disculpas, Hotaru me está esperando.
Te fuiste sin más, directo hacía tu pareja de baile, que no alcanzó a llegar hasta en donde estaban y no entendía nada.
—Llévame a casa y no digas nada —sentenciaste.
Una vez arriba del tren, Oikawa suspiró.
—Solo diré que eso no se hace, gracias por arruinar mi regalo de despedida, Iwa-chan.
—Oh, cállate.
—Como quieras —abrió la bolsa que le habías dado y sacó lo que contenía, admiró un poco los detalles y sonrió—, creo que éste es tuyo.
Le tendió un pequeño dije para celular, tenía la forma de un osito azul que abrazaba un corazón, él cual, en su centro tenía grabado el kanji de "fuku" (fortuna). Ese era el amuleto para el amor, Iwaizumi lo vio de reojo y luego tronó la lengua con desagrado.
—¿Y para qué querría yo algo tan tonto y cursi?
—Si no lo quieres, me lo quedo yo, se verá lindo en mi teléfono —hizo como si lo fuera a colocar, pero antes de siquiera sacar su aparato, Iwaizumi se lo arrebató de las manos y lo guardó en la bolsa de su sudadera sin decir nada, desviando la mirada, con un ligero sonrojo en sus mejillas cuando Tooru sonrió triunfalmente.
¿Por qué tenía que ser tan difícil?
¿Por qué siempre que se trataba de ti, se ponía de mal humor?
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Continuará...
