Disclaimer: Haikyuu! pertenece a Furudate Haruichi.
Date cuenta Hajime.
VIII. Propuesta -El final- (Veintidós años).
La televisión del departamento compartido era lo único que hacía ruido, al menos un poco. Se encontraba solo, viendo la grabación de aquel concurso que no pudo ver, porque su entrenador les ordenaba irse a la cama a más tardar a las nueve y éste se había transmitido a las once de la noche anterior.
—Maldita sea —mascullaba, porque ni él mismo sabía qué demonios hacía viendo esa cosa.
Estaban a punto de anunciar al ganador del concurso, cuando la puerta de su apartamento se abrió de golpe, dejando pasar a su roomie, que iba como una bala, muy apresurado y directo a la video casetera para poner pausa; después, se puso a correr de un lado al otro en busca de una maleta y las cosas que iba a poner adentro de la misma.
—¡¿Qué demonios...?!, ¡Oikawa!, ¿qué estás haciendo? —preguntó, pues quiso volver a ponerle play y Tooru se interpuso delante de la pantalla para que no lo hiciera, además, de que las únicas cosas que metía en la maleta eran de Hajime.
—Debes volver a Miyagi-ken, ¡de inmediato! —se limitó a contestar.
—¿Eh? —frunció el ceño confundido, y un poco molesto por la interrupción—, ¿para que querría yo volver a Miyagi? —cuestionó, pero no obtuvo respuesta para esa pregunta.
— Si tomas el Shinkansen de la una llegarás pisándole los talones al reloj, sin embargo, deberás tomar un taxi inmediatamente después, sin perder el tiempo, y pedirle que tome la lateral del segundo piso para ganar unos segundos...
—¿Te das cuenta de que no entiendo una mierda de lo que dices?
—¡Eso no importa ahora Iwa-chan! Sólo haz lo que te digo y cuando tomes el taxi, dile que te lleve de inmediato al aeropuerto.
—No tengo tiempo para tus tonterías —renegó—, quiero ver en que acaba esto —señaló la bloqueada pantalla.
—Te daré un adelanto —retomó Tooru—, bailarina-chan y su compañero, él de siempre, ganaron el primer lugar y su premio, es ir en una gira por todo Latinoamérica junto a una de las más importantes y reconocidas compañías de baile latino en el mundo. Escucha, Hajime —por primera vez se dignó a usar su nombre a secas, pero la situación era crítica—, bailarina-chan se va del país esta tarde en el avión SF146M de las cinco, y probablemente nunca va a volver.
Entonces, en ese momento, a Iwaizumi Hajime se le heló él cuerpo y le dio un tic en la ceja, además de tener en el cuerpo una horrible sensación de desasosiego, igual una cubeta de agua con hielo deslizándose por tu cuerpo en pleno invierno, ¿acaso eso era verdad?
—N-no me importa —tartamudeó, intentando parecer indiferente, ocultando lo mucho que le había afectado la noticia.
—¡Oh no, no saldrás con eso otra vez!, ¡¿y sabes por qué Iwa-chan?! ¡porque te importa tanto que tienes la grabación de cada uno de los concursos de baile, en los que ha aparecido desde que estamos aquí!, ¡porque te importa tanto que usas el mismo dije para celular que iba a regalarte aquella tarde!, ¡te importa tanto así que sigues todas sus redes sociales!, ¡claro que te importa, tus ojos perdieron el brillo en cuanto te conté lo que ocurrirá!.,¡y mientras tú sigues aquí comportándote como un niño, ella está haciendo sus maletas, o probablemente ya éste camino al aeropuerto!
Hajime, asustado por haber sido descubierto en todas esas cosas tan vergonzosas, que según él escondía tan celosamente, se puso de pie y se abalanzó sobre Tooru, cayendo ambos al piso. Iniciando así, una lucha de poder.
—¡Eso a ti no te interesa! —le vociferó.
—¡Pero a ti sí!, ¡porque la vez que estuvimos ebrios el viernes de hace dos semanas; me preguntaste por qué cada que se trataba de ella, eras un tonto oso gruñón!
—¡No mientas!
—¡No lo hago!, ¡te responderé esta vez porque entonces, yo también estaba demasiado borracho para contestar!
—¡No lo hagas!
—¡¿Hasta cuando vas a seguir negando que estás enamorado de esa mujer?!
—¡No lo estoy! —gruñó apretando sus parpados con fuerza, sintiendo como la cara se le ponía carmín y caliente, peor que un asador al rojo vivo. Oikawa dejó de pelear y se relajó estando espaldas planas al piso, observando las reacciones de su amigo; pues parecía que éste, en cualquier momento iba a romper en llanto, por tantos sentimientos encontrados dentro de su pecho.
—Escucha, Iwa-chan —su tono fue calmo al sentir las primeras gotas ajenas caer sobre su rostro—, sé que es complicado, ya que se supone que la odias, pero piénsalo, tú mismo lo sabes desde hace tiempo, amas a bailarina-chan desde que eras un niño, y eres un oso gruñón con ella, porque temes que se entere de tus sentimientos y se aleje. Sin embargo, eso ya lo lograste, así que por una vez cree en las estúpidas soulmates y ve a alcanzar a esa mujer antes de que sea demasiado tarde...
Eso era más o menos cierto, recordaba con exactitud cada condición para tu alma gemela, por alguna razón quedaron grabadas en su mente aunque eso era una tontería de chicas de secundaria: Siempre se dio cuenta de que estando tu presente; cada que no quedabas en primer lugar en los concursos sentía frustración, a veces cuando cerraba sus ojos antes de dormir, podía jurar que escuchaba tu voz llamándolo, y nunca necesitó ver los colores del mundo, porque gracias a ti, el mundo siempre estuvo tan lleno de color como siempre.
—La amo... —susurró despacio, rindiéndose al fin a sus sentimientos.
—Lo sé, pero ahora debes correr a alcanzarla, o se irá sin saberlo.
—Ya es demasiado tarde, Oikawa, aunque la alcance y se lo diga, esa gira es una gran oportunidad para ella, jamás la perdería para quedarse con un hombre que la hirió tantos años.
—Eso tú no puedes saberlo, nunca consideraste los sentimientos de bailarina-chan, por eso, tampoco te diste cuenta de con que ojos te miraba, sin importar lo que hicieras o dijeras. Ve al aeropuerto de Miyagi-ken y déjale esa última decisión a ella; pero no te quedes con el arrepentimiento de no haber hecho nada. Además, compraste "eso", ¿no es así?
—Sí... —susurró Hajime avergonzado, así que Tooru también estaba al tanto de ese gasto.
—Entonces, ¿qué estás esperando? —le sonrió amigablemente.
El moreno asintió y se levantó, luego ayudó a su amigo a ponerse en pie, le dio un abrazo fraternal, y lo único que tomó antes de salir corriendo apresurado por la puerta fue "eso", su chaqueta, dinero, celular y su discurso mental probablemente se le olvidaría al tenerte en frente.
Mientras tanto, tú te desparramabas en el asiento del auto, buscando un poco de comodidad, el transito estaba a vuelta de rueda, ¿siempre era así de camino al aeropuerto? Suponías que sí, Hotaru volteó a verte y sonrió ampliamente, ya lo habías rechazado con anterioridad alegando que sería mejor quedar como amigo siempre para no romper su buena química al bailar. Aún te quería, pera ya había madurado y asimilado que no tenía oportunidad.
Una vez en el aeropuerto, mientras tu compañero iba a terminar de hacer los registros, tú te sentaste en una de las bancas de metal a esperar. Admiraste el dije que colgaba de tu celular, era exactamente igual al que le ibas a dar a Hajime, pero que probablemente Oikawa se lo quedó, en rosa. Apagaste el teléfono para desconectarte de todo, de una buena vez.
No le habías dicho nada a él, a tu tía y tío les pediste que guardaran el secreto y a Tooru lo convenciste para que no hablara. De cierta forma estabas aliviada, al irte, podrías por fin sacar a Hajime completamente de tu vida y darte la oportunidad de conocer a más personas. Ya sabías que estabas enamorada de él desde siempre, bastaba con ver lo ansiosa que esperabas la navidad para verlo aunque sea a lo lejos cuando iba a visitar a su familia, pero ahora, ya era tiempo de darle la vuelta a la página y escribir un nuevo capítulo.
—Hubo un error en el sistema —llegó Hotaru a dónde estabas—, dieron boletos de más y el avión ya no tiene cupo; pero no te preocupes, nos acaban de programar para el siguiente, que sale media hora después, además, así no estaremos presionados por la revisión de maletas y documentos...
Simplemente le sonreíste, media hora más, media hora menos, ¿qué más daba?
Sin embargo, no sabías que esos miseros treinta minutos, a Iwaizumi Hajime le salvaban la vida, puesto que el tren había tenido un percance, se descompuso y se detuvo en Fukushima, el próximo tardaría siete horas en llegar aproximadamente, y él ya no tenía tanto tiempo, por lo que había tomado un autobús al que se le poncho la llanta a mitad de carretera, el servicio de taxis no estaba disponible y lo único que le quedaba era la bicicleta prestada de un niño de primaria, después de pedir un aventón en la carretera. Parecía que el mundo conspiraba en su contra precisamente ese día, y tendría que ocurrir un milagro para que alcanzara a llegar a tiempo.
El tiempo pasó finalmente, ya subías las escaleras eléctricas que te llevarían a la entrada del abordaje. Al fin, el momento había llegado, pero antes de que pudieras darle el pasaporte a la señorita, un milagro realmente ocurrió. Después de escuchar tu nombre desde los altavoces de anuncios, de una voz que conocías también, giraste la cabeza de inmediato en dirección del sonido.
Iwaizumi Hajime estaba ahí, completamente sudado y con la cara sucia, su respiración era errática, no podías ni imaginarte que hubiera podido pasarle para llegar a ese estado. Aún más importante, ¿qué demonios estaba haciendo allí?
—¡No te vayas! —gritó al micrófono, llamando también la atención de los demás presentes—, ¡necesito decirte algo! —viste que de su chaqueta sacó una pequeña caja de terciopelo y se arrodillo ahí mismo dónde estaba, tú solo veías desde lo alto, aguantando las lágrimas por no saber que sentir exactamente en esos momentos— No puedes irte, porque yo necesito que te cases conmigo...
El aeropuerto explotó en gritos y aplausos, todo mundo los miraba, sobre todo a ti, esperando por tú respuesta. Sentiste una mano amiga tomarte del hombro para darte ánimos, era Hotaru, que sonreía amablemente.
—Ve, yo arreglo lo demás...
—Solo debo... Hacerle un par de preguntas —dijiste y comenzaste a bajar, todo mundo te abría paso, incluso habían detenido las escaleras eléctricas.
Al llegar con él, que seguía hincado mostrando el anillo, ya no supiste que decir.
—Escucha —dijo él, para tu fortuna—, sé que todo éste tiempo, desde niños he sido un completo idiota, si tan solo no hubiese sido tan necio,no estaría aquí pidiéndote matrimonio sin haberte besado una vez siquiera, en un intento desesperado por hacer que te quedes, porque los hombres somos tan tontos que necesitamos estar en situación de peligro para pedir perdón, pero ya recibí mi merecido, incluso le debo una bicicleta nueva a un niño que ni conocía. Sin embargo, puedo asegurarte que te quiero, a pesar de todo lo que te dije e hice, te quiero tanto. Si te quedas conmigo, prometo que nos casaremos, tendremos una linda casa, una bonita familia y una vida tranquila, ¿qué piensas?
—¿Qué pienso?—preguntaste llorando— Ponte de pie Hajime —le ordenaste y cuando lo hizo, te abalanzaste a él y lo rodeaste fuertemente entre tus brazos, sin importarte que tan sudado estaba—, pienso que eres un verdadero egoísta, ¿sabes lo mucho que aguante todo este tiempo?, ¿sabes lo celosa que estuve de tu equipo de volley y la forma en la que les sonreías?, porque nunca pude entender por qué no podías ser amable y alegre conmigo como con ellos, porque yo siempre fui la última opción para ti y ahora que he abierto una puerta amplia con mis propias manos, vienes aquí a pedirme todo ésto, dejando atrás todo lo que he conseguido. Y me haces sentir tan estúpida nuevamente, porque por un segundo lo consideré... Sin embargo —te separaste de él, para verlo firmemente a los ojos—, no pienso casarme contigo. No ahora, porque yo no me merezco esto, y tú no me mereces a mi. He aprendido mucho, y el amor, se trata principalmente de comprensión y respeto, también te quiero, como no tienes idea, pero no voy a tirar por la borda todos mis logros por ti. Así que subiré a ese avión, bailaré por el mundo y fingiré que esto no pasó, ¿de acuerdo?
Diste media vuelta, dispuesta a irte, digna de entre todo ese pesado ambiente y el inminente silencio que se sembró en el lugar. Hasta que Hajime volvió a hablarte, lo suficientemente alto para que te detuvieras otros segundos a escucharlo.
—¡Está bien! —anunció—, ¡no te cases conmigo ahora, ve y cumple tus sueños! Pero cuando quieras volver a casa, o sentirte protegida, ven conmigo, regresa a Japón, yo estaré aquí, te voy a esperar y no me importa que ahora yo sea tu última opción. Me esforzaré lo suficiente para volverme un hombre que te merezca, ¿de acuerdo?
1...2...3...
El beso.
Tres segundos, en lo que corriste hacía él para besarlo solo por tres segundos y luego volverte a ir. Depositando nuevamente una pequeña semillas de esperanza en el pecho de ambos.
Tal vez, algún día.
.
.
.
Fin.
.
.
.
Nota final: Bueno, aunque parezca que este el el final de esta historia, no os preocupéis ?) aun falta el epílogo, que será subido en aproximadamente unos minutos xD Gracias por leer hasta aquí.
