Capitulo 22:
Asesinato en Londres
El impacto fue mucho, y tal como lo había predicho Manta…el espíritu navideño se transformó en un aura algo triste, los chicos estuvieron allí intentando que a Sayuri se le bajase la fiebre. Estaba en verdad muy grave y sus heridas no habían sanado del todo, Fausto se dedicó totalmente a la chica.
- No te preocupes Manta, - dijo Yoh, intentando ser positivo. – Estoy seguro que tu hermana se mejorará…
Aún diciendo esto, ninguno de los presentes pudo sonreír en aquél momento, Manta y Lyserg eran quienes estaban más preocupados por la chica…todos conseguían sentir su respiración agitada. Su rostro parecía afectado, como si estuviese teniendo una pesadilla.
- No…por favor…no…- decía ella. – Sálvenme…por favor…
- ¿Qué pasa Sayuri?...Fausto, ¿qué le ocurre? – preguntó Manta, acercándose a ella muy preocupado.
- Está hablando entre sueños, - le contestó el doctor. – Lo más seguro es que esté recordando lo último que vio antes de quedar inconsciente…
- Eve…no le hagan daño a Eve…por favor…aléjate de ella…- seguía diciendo la chica, el sudor corría por su frente. - ¡Aléjate de ella!
Sayuri hizo un movimiento muy brusco, intentando levantarse con mucha fuerza, Fausto la retuvo e intentó que permaneciera acostada, sujetó su muñeca y le tomó el pulso.
- Le está subiendo la presión…- dijo Fausto, muy preocupado. – Está teniendo convulsiones… les pido a todos que se retiren por favor…
Al decir esto, todos asintieron y salieron de la habitación, sin embargo, Manta tuvo que ser obligado a salir…ya que no quería dejar en ese estado a su hermana, quien al fin había despertado. Lyserg se quedó afuera de la habitación, no podía negar que estaba muy preocupado, sin embargo, lo único que podían hacer era esperar…esperar a que Fausto consiguiese sanarla. Manta, con un aire muy deprimido, se sentó junto a él.
Ayu 's POV
Los fuegos finalmente habían terminado, y disimuladamente fui alejándome poco a poco de Hao, para que me soltase al fin. Él parecía bastante contento, se quedó mirando unos segundos el templo…¿qué es lo que querrá?
- Parece que mi presencia ha perturbado los sueños de una princesa…- dijo él.
No entendí a lo que se refería, así que preferí callar. Hubo un silencio entre los dos.
- Es muy tarde, creo que ya es hora de irse a la cama – le dije mientras bostezaba y estiraba los brazos.
- Está bien…buenas noches, Ayu.
Tras decir esto, se acercó peligrosamente a mí, creía que me iba a besar otra vez…pero no lo hizo, su rostro estaba a pocos centímetros, y sentía que mis mejillas se estaban calentando… ¡maldita sea! ¡Porque justamente su cara tiene que ser tan parecida a la de Yoh…! Qué injusticia, tan solo fuese él el que me besase, sería otra cosa. Hao me sonrió lo que se puede decir "tiernamente" y se disponía a marcharse, dándome la espalda y caminando paso a paso, le escuché decir:
- Ojalá nuestros caminos se crucen de nuevo, Tsukimiya Ayu, ya que se acerca el día en el que será la batalla final y deberás decidir…a quien apoyar.
Me sobresalté como me lo había dicho, se refería claramente a que tendría que optar por ir con Yoh o con él, pero…¿se referirá solamente a formar alianzas…o es que…? Mientras yo pensaba, Hao se volteó hacia mí, tras de sí la oscuridad de un bosque lo rodeaba, su presencia fue desapareciendo lentamente, junto con esa sonrisa…mis mejillas se sonrojaron, le miraba fijamente, mientras él se iba. ¿Qué está pasando? Su boca está murmurando algo…puedo distinguir qué es lo que dice a pesar de toda la oscuridad.
- Te amo, Ayu…
Haruko 's POV
- Eres un idiota…¡qué haremos con el árbol! – le grité.
Al fin de cuentas, Horohoro inventó una excusa de mil argumentos para llegar a casa tarde… pero al no poder inventar algo que evitase que llegásemos con el famoso arbolito de Navidad, finalmente encontramos la oficina de correos y el muy tonto está acarreando el árbol. ¡Maldita sea! ¡Siempre termino metiéndome en estas cosas!
- ¡Apresúrate! ¡El tren está por llegar! – le grité, corriendo hacia la estación.
Ya teníamos los boletos, sin embargo, como es Navidad había mucha gente en los alrededores, y encima Horohoro caminaba muy lento y apenas podía sostenerse en pie por el maldito árbol que llevaba…¡porqué prefirió llevarlo de todas maneras! Éste niño no tiene cerebro…nos subimos a un tren bala, y Horohoro ocupaba más del espacio que ocupa normalmente en el tren, su rostro no se dejaba distinguir por todas las ramas y pedía disculpas a cada momento.
- Tira el árbol de una vez y le dices algo estratégico a Anna…- le dije, molesta.
- ¿Crees que no lo pensé? – me dice él, con su cara de tonto. - ¡He pensado en todas las excusas creíbles…! ¡No hay nada! ¡No sé cómo decirle que el árbol misteriosamente se perdió!
- Veamos…¿cuáles fueron tus excusas?
- Pues…puedo decirle que el árbol se lo comió un perro…o que justamente nos encontramos con un leñador y no resistió el poder cortar algo de madera…¡o que me dices de ésta! ¡Los alienígenas no tienen oxígeno en su planeta! ¡Así que necesitan un lindo arbolito para su planeta!
Dios…éste chico es más tonto de lo que creí.
- Horohoro…los alienígenas no necesitan oxígeno – le dije, en tono sarcástico. - ¡¿Por qué no mejor le dices que el Grinch quería robarse la Navidad…por eso es que nos quitó el árbol?!
- ¡Oh! ¡Ésa si está buena! – exclamó en tono de niño pequeño.
- Debe ser una broma…
Estuvimos así todo el recorrido, Horohoro inventando excusas estúpidas para evitar el castigo, y yo claro, haciendo como si le escuchaba, solo que en realidad tenía un par de audífonos en mis oídos…¡así que no le hacia caso! Una vez llegamos a casa, entramos corriendo directo hacia la sala.
- ¡Disculpen el retraso! – exclamamos Horohoro y yo.
Los chicos estaban todos alrededor de la sala. Si mal lo recuerdo, Lyserg y Manta eran los únicos que no estaban allí, todos parecían algo tristes: la casa estaba hermosamente adornada, parecía que la fiesta sin nosotros estuvo buena. Junto a nosotros, llegó corriendo Ayu, con una sonrisa torpe.
- ¡Disculpen! ¡Estaba contemplando las estrellas desde el jardín de atrás! – dijo ella, dirigiéndose hacia los chicos. - ¿Eh? ¿Haruko? ¿Horohoro? ¿Qué hacen aquí? ¡Llegan muy tarde!
Decido no responderle, parece ser que el ambiente aquí está más serio de lo que nos hemos dado cuenta. ¿Es que algo habrá ocurrido? Mientras nosotros miramos a los chicos con confusión, ellos continúan cabizbajos y con un aura algo lúgubre. Una puerta se abre, y entran junto a ellos, Manta y Lyserg, quienes están peores.
- ¿Cómo está? – preguntó Yoh, viendo que entraron.
- Ya se le pararon las convulsiones, - le respondió Lyserg, sentándose a su lado. – Se quedó dormida…
Hubo un silencio, mientras todos suspiraban llenos de preocupación. No tuve que usar mi poder vidente para saber qué era lo que pasaba.
- Sayuri Oyamada se despertó, ¿no? – dije.
- ¡¿Qué?! – gritaron Horohoro y Ayu, mirándome.
- ¡Qué tonterías dices, Haruko! – rió Ayu.
- Es cierto…además, con el daño que recibió física y psicológicamente sería muy peligroso ¿no? – me dice el tonto.
Claro que ya lo sé, y es por eso que todos tienen ése aire de preocupación. Los chicos me miran sorprendidos, Yoh cierra los ojos y hace el intento de una sonrisa.
- Tienes razón, Haruko, - me dice – efectivamente Sayuri despertó…
- ¡AHHHH! – gritan el par de imbéciles que están junto a mí.
- Pero parece que está muy mal, tiene una peligrosa fiebre y tiene muchas visiones de lo que Hao y los demás le hicieron sufrir…es probable que alguna presencia haya perturbado en sus sueños…
Maya 's POV
¿Una presencia? La única forma de hacer que Sayuri se sobresalte de tal manera…es que la persona de la que provienen esos poderes se haya acercado…ahora que lo pienso, Ayu no volvió en mucho rato después de aquella vez que tocaron el timbre…y yo me quedé en el escenario. ¿Será posible que…? No, no puede ser. Pero tengo que comprobarlo, cuando estuve aquí también sentí su presencia…pero no creí que fuese cierto, pensaba que el hecho de que Len estuviese toda la noche con Pilika era la razón por la que ya estaba sintiendo cualquier tontería…¡Ah! ¡Maldita chiquilla! ¡Voy a calcinarla! ¡No soporto que se acerque a Len! Pero está bien…debo soportarlo…Len nunca me dijo que quería pasar la Navidad conmigo, así que supongo que está bien.
- Ayu…- digo de repente. - ¿Puedo hablar contigo un segundo?
- Ehh…si, claro…- dice la pelirroja, algo nerviosa.
Me levanto del suelo y voy con ella. Caminamos juntas un pasillo de oscuridad, que es propio de los templos antiguos, sobretodo de la casa de los Asakura, la cual siempre está infestada de espíritus. Creo que Ayu se está colocando nerviosa ya que se está abrazando a mi brazo. ¡Ah! ¡Como le explicaré la seriedad de éste asunto…!
- Ayu, cuando tocaron el timbre hace un rato…¿quién era? – pregunté, directamente.
Ella se sobresaltó. Parecía muy nerviosa…mm, sospechoso, estoy casi segura de que me está ocultando algo.
- Ehhh…¡No era nadie, Maya! ¡Era solo un grupo de chicos que cantan villancicos! – dice ella, moviendo nerviosamente las manos. – Me quedé escuchándoles…y les di algo de dinero… después de eso empezaron los fuegos…¡y no pude regresar!
- Ahh…bueno, - murmuro, sin tragarme una.
- ¡Gomen-nasai! ¡Te dejé sola cantando! ¡Es que además quería hacer tiempo ya que no quería…!
- Estuviste con Hao, ¿cierto? – dije, interrumpiendo sus disculpas.
Ella se sobresaltó y se sonrojó de golpe. En verdad, ¡Ayu es muy notoria para expresar sus emociones! No sé cómo es que Yoh aun no se da cuenta de que está enamorado de él…es un tonto.
- ¿Cómo…? ¿Cómo lo sabes? – me preguntó muy nerviosa.
- Sentí su presencia…y no creas que pasará desapercibido, por los demás, al menos Haruko, Anna y yo sentimos su presencia…- intenté ser suave con lo que le iba a decir, - y Sayuri también lo sintió…
- ¿Sayuri? ¿No que estaba durmiendo?
- Mientras tú estabas flirteando con él, ella se levantó, parece que recibió un trastorno al sentirle…
- ¡No puede ser! ¿Significa que el daño que ella recibió se lo hizo Hao?
Parecía estar diciendo esto más para sí misma que para mí. Aún no entiendo claramente lo que ocurre, ¿será que los sentimientos de Ayu están cambiando de camino? Pero…eso no puede ser, ella…él…aunque por muy parecido a Yoh que fuese, no es el mismo, nunca lo será, ha hecho cosas terribles. Y yo, que soy carne de su carne, lo sé a la perfección y le temo… aunque es muy probable que Ayu ya haya descubierto que es la única que puede vencerle…o quizás me equivoque.
- Ayu…- susurré de pronto, - ¿tú y Hao…?
- ¿¡Ehh!? ¡Qué estás pensando Maya! ¡No seas idiota! – dijo ella, sonriendo torpemente. – Yo siempre he estado y siempre estaré enamorada de Yoh…¡no tienes porqué preocuparte!
Mmm, puede ser, pero incluso si estuviese el resto de su vida enamorada de Yoh…eso ¿sería bueno? Tampoco estoy segura de eso, pero Ayu me confunde a menudo. Suspiré bruscamente y cogí a Ayu de la mano.
- En fin…vamos…- dije, algo molesta.
- ¿Eh? ¿Adonde? – me preguntó ella, confundida.
La miré con cara de pocos amigos, no me había agradado nada el que Ayu se estuviese juntando a escondidas con Hao, con el enemigo, con aquél ser que ha hecho sufrir a tantas personas y que ha lastimado a muchos. Encima, Sayuri ha entrado en shock por su culpa… solo tiré a Ayu del brazo y la guíe hasta la habitación.
Lyserg 's POV
Nos encontrábamos fuera de la habitación. Fausto estaba atendiendo a Sayuri, y el único que se quedó a su lado fue Manta…de seguro que yo era el más preocupado de todos, sin embargo, se notó un ambiente bastante turbio. Horohoro y Haruko se habían sorprendido mucho que apenas al llegar se habían llevado esa sorpresa, la señorita Ayu y la señorita Maya llegaron de repente, por algún motivo, noté que la prometida de Len estaba algo alterada…o más bien, molesta. Y Ayu parecía igual de preocupada que los demás.
- Este shock se produjo a causa de la presencia de un ser que le trae malos recuerdos, - dijo la señorita Anna, de brazos cruzados.
- Deduzco que Hao se acercó a la casa y ella pudo presentirlo, - dijo la señorita Haruko – yo también…de lo lejos, sentí el aroma a muerte que siempre lleva consigo…
- Lyserg, ¿de casualidad Hao le hizo algo a Sayuri? – me preguntó Yoh, para mi sorpresa, muy serio.
Bajé la cabeza y perdí mi mirada hacia cualquier lugar…llevándome a un mar de recuerdos que no quiero asimilar otra vez. Recordé a Eve, a todos los buenos momentos que pasamos los tres juntos, jugábamos con Morphin y mostrándole a Sayuri todo lo que le ofrecía nuestra enorme Inglaterra. De pronto, como muchas veces anteriores, sentí el deseo de llorar…
- ¿Lyserg…? – escuché decir.
Me sobresalté distraídamente, y vi junto a mí a la señorita Ayu, con sus grandes y adorables ojos mirándome compasivamente. Sin aguantar más el llanto, las sonrisas…los recuerdos…el horror que después vivimos por uno de los sirvientes de Hao, y todo lo que esto acarreó más tarde…los malos recuerdos que mantuvo Sayuri, la pelea en busca de la venganza, y finalmente la derrota…Si lo pienso detalladamente, salvo porque no quiero que olvide mi rostro y los buenos momentos que pasamos en Inglaterra, sería bueno que ella olvidase todo lo demás…incluso que olvidase a Eve…
Me abracé a Ayu, me atraje hacia ella y me sujeté firmemente de sus ropas. Ella pareció sorprenderse, pero correspondió al gesto, y me acurrucó en su pecho, acariciando mi cabeza. Sentí como las lágrimas caían, y poco a poco empecé a sollozar desconsoladamente, sin poder apartar ni un momento de mi mente todo lo vivido estos últimos seis meses. Así es…seis meses desde que no veía a Yoh y a los demás, desde que abandoné a los Soldados X y regresé a una vida normal, rehaciendo mi vida y dejando la venganza de lado…olvidándome por completo de Hao, sintiendo que la fuerza inigualable estaba conmigo, ya que tenía a los mejores amigos de todo el mundo. Hasta ése día…hasta ése maldito día…seguí llorando bajo el regazo de Ayu.
- ¿Qué te pasa, Lyserg? ¿Te sientes mal? – preguntó con inocencia Ayu.
Su personalidad inocente, tranquila, pero al mismo tiempo valiente a la hora de llegar a defender a sus amigos, era lo que tenía Ayu que a Lyserg le recordaba mucho de su vieja amiga. Los chicos intentaron tranquilizarlo, ya que la historia parecía ser bastante trágica, el único, que para sorpresa de todos…no dijo palabras de aliento como de costumbre, ni buscó el consuelo para su amigo, fue Yoh, quien se limitó a mirarle con recelo. De éste detalle se percató Anna, quien fue la primera en acercársele.
- Cuéntanos qué pasó en Londres, Lyserg…- pidió la sacerdotisa.
El chico quedó mirándole con los ojos llorosos. Después del rato, se tranquilizó y se acomodó para comenzar su relato. Fue entonces cuando Manta salió de la habitación, su rostro estaba preocupado y no podía levantar la mirada. Todos se detuvieron a mirarle, como esperando su respuesta. Él simplemente negó con la cabeza.
- Aún está en shock…se calmó un poco, pero apenas lo hizo, volvió a dormirse – comentó Manta, sentándose en el suelo, junto a Lyserg.
El pequeño miró unos instantes al peliverde, sus ojos también parecían querer derramar un par de lágrimas.
- Lyserg…¿quién es Eve? – preguntó de repente. – Cuando entró en el shock, no dejó de pronunciar ése nombre…
Todos se giraron a ver a Lyserg. Era cierto…Sayuri la mencionó anteriores veces, y Lyserg también la renombraba en sus pensamientos, con tristeza, con melancolía…rogándole al cielo poder olvidar su rostro y su sonrisa…Lyserg suspiró y decidió contarles:
- Ella era una muy buena amiga mía y de Sayuri, - dijo el chico – nos llevábamos muy bien…
- ¿Era? – preguntó Maya, confundida.
Lyserg dio un suspiro y su cara parecía aún más triste, cerró los ojos, apretándolos con fuerza…haciendo lo posible por no volver a desfogarse. Manta subió la mirada para verle. Algo había en los ojos de ambos jóvenes que se asimilaba mucho.
- Eve…era muy linda y buena persona…también era divertida y algo torpe, se parece un poco a Ayu-chan…por eso es que al ver su rostro…yo…- la voz de Lyserg se debilitaba de a poco…
Involuntariamente, escuchando su voz y perdiéndose en las palabras, los chicos cerraron los ojos, como reviviendo aquella situación.
Flash Back
En Londres, Inglaterra…
Poco después del torneo de shamanes, muchos shamanes regresaron a sus respectivos países. Y Lyserg Diethel no fue la excepción, aunque le hubiese quedado estar más tiempo junto con Yoh o haberse despedido mejor de sus amigos los Soldados X, aún así se enviaba cartas con ambos. Pero no era lo mismo…salvo Morphin, las calles de Londres se le hacían tan solitarias como antes, extrañando día a día a sus padres y a sus amigos, pero su corazón aliviado porque el rencor le había abandonado, sabía que Hao no volvería a cometer más homicidios y eso le calmaba mucho. O al menos eso creía.
- ¡Ah! ¡Disculpa! ¡No estaba viendo por donde veía! ^^U ¿Estás bien? – preguntó la chica con la que acababa de chocar.
Las calles de Londres eran muy amplias, pero en esos días calurosos estaban infestadas de turistas y de algunos ingleses molestos por el calor. Lyserg había chocado con una muchacha de cabello anaranjado, ojos azules y unas lindas gafas, sostenía en contra de su pecho un par de libros.
- No, yo estaba distraído, perdóname, - se disculpó Lyserg, esbozando una sonrisa.
El peliverde ayudó a la niña a recoger los libros que a causa de la caída se habían soltado de sus brazos. Mientras la ayudaba, Lyserg se detuvo a ver una de las novelas: Sherlock Homes, sin duda una de sus favoritas.
- ¿Te gusta ese libro? – preguntó la chica, con curiosidad.
- Claro. Es mi favorito… ¿adónde te diriges ahora? ¿A la biblioteca? – preguntó Lyserg, amablemente.
Debido a sus gafas, pensó que la chica era bastante intelectual.
- ¡Oh, no! – respondió la muchacha, sonriente. - ¡Voy a casa de una amiga! Me pidió éste libro prestado…
- Mm…pues tiene muy buen gusto, las novelas de detectives son mis preferidas – dijo Lyserg, quien tenía un sofisticado gusto literario. – Sobretodo si están ambientados en nuestro país…
- ¿Eres de aquí? ¡Pareces extranjero!
- ¿En serio lo crees? Bueno…lo tomaré como un cumplido, - ambos rieron.
Lyserg le entregó los libros que se le habían caído, mientras la chica los cogía otra vez: eran muchos, y estaban muy pesados.
- ¿Todos esos libros se los llevas a tu amiga? – preguntó Lyserg, arqueando las cejas.
- ¡Pues si! Tengo muchos de ellos y no he leído ninguno…- sonrió la muchacha – supongo que a Sayuri le servirán más…tiene un resfriado y no tiene nada que hacer en su alcoba. Espero que estos libros que tanto le gustan sean suficientes como para que se entretenga…
"Qué buena amiga" pensó Lyserg, sonriendo por lo bajo. El chico entonces tomó la mitad de los libros, la pelirroja le miró, confundida.
- Vamos donde tu amiga, - dijo Lyserg, sonriéndole con los libros en la mano. – Debe de estar esperándote…además así no te pesarán tanto…
Y el peliverde volvió a sonreírle, la pelirroja parpadeó un poco y se sonrojó. Era primera vez que un chico tan guapo le hablaba en un tono tan amable. Ella sonrió, y cogiendo el resto de los libros, fueron juntos hasta donde se estaba alojando Sayuri Oyamada, la hermana de Manta, quien había llegado a Inglaterra como estudiante de intercambio.
- Por cierto…me llamo Lyserg Diethel, - dijo el chico, de repente.
- Yo soy Eve Volfied, ¡encantada de conocerte! – respondió ella, acomodándose las gafas, ruborizada.
Mientras caminaron con los libros, pasando por varias esquinas en diferentes lugares de toda la ciudad que tan bien conocía Lyserg…llegaron a una casa bastante elegante y acogedora, aunque no demasiado grande. Eve entró a la casa, siendo recibida por una señora de mediana edad que se encontraba cocinando…
- ¡Ya llegué a casa! – exclamó Eve, sonriendo.
- Oh, hija…la cena ya está casi lista, - respondió su madre - ¿eh? ¿Y quién es él?
La madre había cambiado su expresión al ver a Lyserg, aunque era una mujer muy amable y modesta, era primera vez que su pequeña hija de tan solo trece años traía a un joven tan lindo. Lyserg también miró desconcertado a la mujer. "La llamó hija…¿es que acaso me trajo a su casa?" pensó Lyserg, bastante confundido, ya que creía que los libros eran para la casa de su amiga. Sin explicarle nada a nadie, Eve tomó del brazo a Lyserg y se lo llevó a subir las escaleras, el confundido shaman la siguió, sin entender qué pasaba…fue entonces cuando entraron de golpe a una habitación.
- ¡Ya llegué! – exclamó la chica.
La habitación emanaba un delicado aroma a fresas del bosque, Lyserg, muy confundido, detrás de Eve, se asomó para contemplar la amplia habitación, de la que era iluminada por fuertes rayos de luz. El sol se asomaba por la ventana y el viento acariciaba suavemente sus rostros, y movía los cabellos de la mujer que se encontraba acostada en la cama. Era una chica hermosa, un par de pétalos de flor de cerezo se colaron por la ventana, mientras la chica movía de un lado a otro su cabello rubio ceniza, y abría de par en par unos ojos tan profundos y de un precioso color canela. Su tez blanca…parecía ser de porcelana. Ella se encontraba con un camisón con vuelos, como aquellos que suelen usar las abuelas, de pijama. Al ver a su amiga, la bella muchacha sonrió, y luego se detuvo a mirar a Lyserg.
- Konnichiwa…- le saludó con una tímida sonrisa.
- Lyserg, ésta es Sayuri Oyamada…¡es alumna de intercambio! – exclamó Eve, haciendo de anfitriona. – Te traje los libros que me pediste, incluso unos más. Lyserg me ayudó en el trayecto…
El peliverde no podía dejar de mirarla. Simplemente era hermosa, era primera vez que sentía eso por una mujer…sin siquiera haber cruzado dos palabras con ella, el chico vio con sus ojos verdes como todo el viento parecía quererla, tocarla y revoloteando por sus cabellos. Ella le sonreía amablemente…en esos momentos, había pasado completamente por alto que se apellidaba "Oyamada", de la misma forma que lo hacía Manta, y tampoco había prestado atención a que era japonesa, como muchos de sus grandes amigos. Solo parecía sentir que ésa chica lo estaba absorbiendo, aquellos grandes ojos que parecía que se lo iban a tragar con la mirada, poco a poco…el viento también acarició sus mejillas, las cuales se teñían de un color rosa.
- Konnichiwa, Oyamada-san…- saludó Lyserg, tímidamente, y haciendo una reverencia.
A partir de ése día, un extraño vínculo entre los tres se había formado. Una amistad que al menos duraría unos cinco meses…Lyserg comenzaba a ver muy seguido a las chicas a su casa, hasta el día en el que Sayuri sanó, todos pudieron salir juntos a pasear por Londres. Debido a su enfermedad, la chica no había conocido mucho, y se quedó totalmente impresionada al ver lo grande y hermoso que era Inglaterra. Eve era muy extrovertida, y solía hacer que la conversación fluyera entre los dos, ya que era la más habladora y siempre con su cálida sonrisa, hacia que Lyserg venciese un poco su timidez. Pero no era el único…Sayuri también era bastante callada, al menos cuando estaba con Eve parecía reír y hablar un poco más, pero junto a Lyserg, se cohibía completamente y se quedaba a su lado…callada, sonrojada y sonriendo por lo bajo.
La relación de ambos sin duda que era extraña, pero a Lyserg claramente le gustaba Sayuri, aunque él aún no era consciente de ello. La chica siempre lo acogía y le sonreía ampliamente, no hablaba mucho…solo decía cosas como "si", "no" o "claro"…en casos de que alguien se dirigiese a ella. Pero para nada era una persona estoica, aunque no mostraba muchas emociones, siempre se le veía con una delicada sonrisa, sus manos siempre estaban juntas y sus ojos brillaban con una intensidad similar a la de las estrellas…como si estuviese esperando algo o a alguien.
Claro…hasta ése día…los ojos de Lyserg se llenaron de lágrimas solo recordarlo, pero aún así…se animó a continuar.
Como muchas veces anteriores, el shaman de los ojos esmeralda había decidido ir a visitar a sus amigas a la casa de los Volfied, sin embargo…al entrar, la madre de Eve no se encontraba en la cocina como era de costumbre. Aún así, Lyserg subió lentamente las escaleras, intentando no importunar a nadie. Iba seguido, y ya prácticamente parecía otra persona de la casa, pero aún así no le gustaba perder la educación cada vez que iba. Al entrar a la habitación de Sayuri, un hilo de sangre fue a parar directo a su mejilla…
Los ojos de Lyserg se abrieron de par en par, impactados por lo que veían. Totalmente helado, entrando en un shock, por lo que había tras la puerta…Sayuri gritaba y lloraba, como nunca lo había hecho. La expresión en sus ojos cuando lo hizo era algo que ni en las imaginaciones más rebuscadas de su mente lo habría pensado, Lyserg no podía imaginar a Sayuri expresando una emoción de manera tan fuerte…tan potente…
- ¡EVE! – gritó la niña.
Las lágrimas cayeron al suelo de forma estrepitosa, y el silencio producido después de aquél grito permitía escuchar pasar el viento tras la ventana. Eve, la simpática y divertida pelirroja, con una herida mortal en el hombro…lentamente cayendo de espaldas hacia su amiga, quien le cogió con fuerza. Sus ojos muy abiertos, su boca susurró un par de palabras…antes de que su rostro empalideciera y su mano cayese a un lado. Sayuri se puso a llorar de forma desconsolada, sosteniendo el cuerpo de su amiga, totalmente desangrado, después de recibir una mortal herida…Lyserg aún no salía del impacto, su garganta retenía las palabras que estaban por salir…pero ni él sabía qué era lo que diría…
Estaba muerta. Eve estaba muerta…se había cruzado en un ataque realizado a Sayuri, y su hombro derramaba sangre de forma monstruosa, sus ojos parecían blanquecerse poco a poco…mientras el peliverde notó que su alma los había abandonado. ¿Qué ser tan desalmado pudo haber cometido tal atrocidad?
- Estúpida humana…- dijo una voz, que al sonar en los oídos de Lyserg, pareció darle como una hilera de hielo en toda su espalda. – Se cruzó para defender a su amiga…sino lo hubiese hecho habría permanecido con vida…
- Así son los humanos, señor Hao, - dijo un extraño ser, junto a él. – Todos igual de diminutos…
Sayuri seguía llorando, mientras acariciaba el rostro de Eve, ya desfallecido. Añorando el descanso eterno, después de todos esos buenos momentos y esas sonrisas que ella les producía a ambos…los había dejado, los había dejado para no volver jamás. Un par de lágrimas se derramaron de los ojos del peliverde, que aún no salían de su asombro. Hao no se volteó a mirarle, simplemente cerró los ojos y caminó junto a él, ignorándole, tras él…el monstruoso ser que le acompañaba, llevaba una larga katana...que goteaba sangre. Aquél ser a servicios de Hao había sido el culpable de aquél acontecimiento que a ojos del peliverde parecía aún no asimilarse en su cabeza.
- Vamos…Mokuro, - dijo la voz de Hao, tras de Lyserg.
Aquél hombre alto, de cabello infinitamente largo, tan largo como si filosa katana…bañada en sangre, se volteó mostrándole una mirada totalmente indiferente a Lyserg. Éste se paralizó al verle sonreír…su rostro era parecido al de una chica, unos ojos color malva, mirándole como todo un seductor. Su cabello estaba amarrado con dos coletas bajas, y su cabello tan lacio, que acariciaba su cuerpo…Lyserg dudó si es que en verdad era hombre, pero al ver su pecho desnudo, tras unas mantas blancas, casi transparentes, comprobó que aquél sujeto en verdad era un hombre. La katana la arrastraba en el piso, mientras ésta se limpiaba de la sangre de Eve…el hombre de mirada tan provocativa pasó junto a Lyserg, con una tenebrosa sonrisa trazada en sus labios.
- ¡HAOOOOO! – se escuchó gritar segundos más tardes.
La fuerza de aquél grito, desahogándose y dejando escapar todo el dolor que una vez había sentido…en su mente asimilando otra vez cuando ése monstruoso ser había asesinado a sus padres, y ahora mataba a su amiga. A una buena amiga. Era algo que no podía perdonar, pero…¿qué podía hacer? Su fuerza aún no era suficiente, y no había nada que evitase que Hao viniese a buscar a Sayuri…él no podría evitarlo.
Y así ocurrió, una semana más tarde del asesinato de Eve, tanto Lyserg como Sayuri cayeron en una especie de depresión…sin poder levantarse el ánimo el uno al otro, solo se abrazaron y se consolaron en silencio. El día en el que Sayuri le reveló a Lyserg la razón por la que Hao la buscaba, esa misma tarde el shaman fue a por ella, imposible de resistirse…el shaman la agarró de los cabellos y la lanzó sin piedad al suelo, riendo satisfecho, y dándole una orden a dos de los guerreros que le acompañaban. Uno de ellos, el cabello largo y plateado: el domador de bestias, Tamaki, con sus cadenas aprisionó los poderes de Sayuri y la amarró al piso. Después de ello, el hombre de cabello todavía más largo y una mirada hambrienta de sangre y matanza, Mokuro, alzó su katana al cielo e hirió a Sayuri de tal forma que ni sus pensamientos pudiera coordinar bien…
Lyserg intentó detenerlos, pero un ataque del espíritu dorado de Hao fue suficiente como para acabar con él, y dejarle inconsciente…para cuando despertar encontrarse en un mar de sangre, y que Sayuri no estaba a su lado…
Fin del Flash Back
Mientras Lyserg hablaba, los corazones de cada uno de los shamanes se helaban como un témpano de hielo…comprendiendo las atrocidades de las acciones de Hao, y la razón por la que Sayuri había perdido la memoria: ésas estúpidas extensiones seguían haciendo de las suyas de manera escalofriante. Maya derramó un par de lágrimas, apretando los puños, pensando en cómo Tamaki pudo haber contribuido a tales acciones…
Al detener su relato, Lyserg miró hacia el cielo nocturno, alzando sus ojos a las estrellas…por una parte, se sentía bien de haberles contado la verdad. Sin embargo, cada uno de los chicos se llevó una mano al corazón, impactados por lo que él les contaba…Manta era uno de los más desconcertados: su hermana nunca le había dicho tales cosas en las cartas que ambos se enviaban. Después del rato, Fausto salió de la habitación, anunciando que la fiebre le había bajado y que ahora Sayuri dormía, y les aconsejó a los shamanes que fuesen a sus habitaciones.
Ayu se separó de ellos y se dirigió al patio, en el mismo lugar donde había observado las estrellas con Hao, contempló el estrellado cielo. Pensando en él, pensando en las atroces cosas que había hecho en compañía de sus guerreros…y a su mente llegó el recuerdo de sus padres, de aquellos hermanos tan unidos que acabaron con ellos, de la misma sanguinaria forma que ése tal Mokuro acabó con la gran amiga de Lyserg. Cerró los ojos, mientras la brisa elevaba un poco sus cabellos rojizos. Recordando así el relato del peliverde, pensando que cada suspiro que ella hacia, el viento lo manipulaba…es decir, Sayuri lo manipulaba. Y ahora apenas podía recordar quién era, sus memorias cayendo en la perdición, y con pocas esperanzas de volver a reconocer. Mientras los demás se dirigían a sus habitaciones, Yoh la siguió entre la oscuridad…
- Esta Navidad ha sido maravillosa…- susurró Ayu, bajando la mirada – sin embargo, quisiese comprender más cosas…quisiese saber porqué aquél ser mata sin piedad a todos aquellos seres queridos…cercanos a nosotras…
La pelirroja alzó la mirada a las estrellas, en sus ojos parecía reflejarse cada brillo travieso del cielo. Yoh se acercó lentamente, escuchando lo que ella decía; Ayu nuevamente pensó en sus padres y en aquella chica a quien ni siquiera había conocido. Pero la sentía cerca…sentía que aún así estaba presente en los corazones de Lyserg y Sayuri, apoyándolos y riendo como siempre.
- Solo…quiero derrotar a Yuuji y Sayaka, - dijo Ayu, decidida – pienso vencerlos cueste lo que cueste, no podemos permitir que hagan más daño…ni ellos, ni ninguna de las extensiones de Hao…además, prometí que vengaría la muerte de mi madre y mi hermano…
- Yuuji y Sayaka no son oponentes débiles…- mencionó Yoh, a sus espaldas.
El chico caminó hacia ella, con las manos en los bolsillos y la mirada baja. Parecía curiosamente triste, aquellas palabras habían salido por sí solas. Ayu se sobresaltó al escucharle y se volteó, Yoh estaba detrás de ella, sin mirarle, caminando un poco, se encontró a su lado. Ayu le miró sonrojada unos segundos, pero después bajó la mirada y volvió a ver el cielo, con semblante decidido.
-…Lo sé, pero yo tampoco lo soy…me volveré más fuerte…- expresó Ayu, con mucha seguridad.
Yoh se quedó junto a ella, y tras decir esto, le miró unos segundos. Después de una pausa, el shaman se giró, resuelto a marcharse. No entendía muy bien el porqué, pero estaba molesto, molesto de que éste fuese el único momento de toda la Navidad en la que Ayu estuvo junto a él.
- Como quieras…- le respondió, cortante.
- ¿Ya te vas? – le preguntó, con tono algo triste.
- No tengo nada que hacer aquí…además tengo mucho sueño…
Yoh intentó mostrarle una sonrisa, pero le fue imposible, no tenía ánimos para nada…solo quería volver a la cama, sin dejar que los sentimientos volvieran a apoderarse de él. Ya tenía suficiente de emociones fuertes, y los asuntos de Ayu solo le concernían a ella…pero aún así ¿por qué se preocupaba tanto? Simplemente no podía evitar de pensar en las palabras de Anna, que por más fueron ciertas…lo desconcertaron mucho: Ayu en verdad pasó la noche buena junto a Hao, en lugar que con él…en lugar que con sus amigos. Yoh soltó un gruñido por lo bajo, intentando controlarse. El chico estaba apunto de marcharse cuando las palabras de Ayu lo hicieron detenerse:
- ¡Espera…! Etto…Yoh, ¿tú me podrías ayudar? – preguntó, algo sonrojada.
El chico se volteó a verla, con un semblante confundido.
- ¡Entréname por favor! – pidió Ayu, haciendo una reverencia. - ¡Sé que Yuuji y Sayaka son muy fuertes, y que todos los guerreros de Hao me superan enormemente…!
Yoh, al escucharla mencionar el nombre "Hao" se molestó aún más…
- Me derrotarán sin dificultad alguna…- dijo Ayu, con voz débil. – Con el nivel que tengo ahora, no soy nada para ellos…sé que si me vuelvo a enfrentar contra él en estas condiciones perderé sin duda alguna…
Yoh la miró fijamente. Ella estaba haciendo una reverencia, susurrando "por favor" una y otra vez, estaba molesto, pero fuera de eso, él siempre había sido una persona muy comprensiva, y aquello que Ayu sentía al recordar a sus padres era similar a muchas sensaciones que él alguna vez había tenido veces anteriores. La miró por unos segundos y luego se decidió a dar una respuesta:
- Desde mañana…nos encontraremos todas las mañanas en la entrada del parque Chuoh, allí nunca va mucha gente…a la hora que salga el sol…
Ayu esbozó una enorme sonrisa, mientras se ponía a saltar de felicidad frente a él.
- ¡Muchas gracias! – gritó finalmente.
Sin poder contener sus emociones, corrió hasta llegar donde estaba él y le dio un efusivo abrazo: no pudo evitar sonrojarse pero estaba demasiado contenta como para tener vergüenza. ¡Iba a poder entrenar todos los días con Yoh en las vacaciones. El shaman se quedó completamente sorprendido y paralizado ante su reacción, sentía que sus mejillas estaban ardiendo. "Espero que Anna esté dormida…" pensó el muchacho, mientras la pelirroja habló otra vez:
- Me tengo que ir…Kururu está sola en casa y va a regañarme, - dijo Ayu, apoyando su mentón en el pecho de Yoh, para mirarlo a los ojos.
Yoh seguía sin asimilar sus ideas, asintió con la cabeza mientras la chica se alejaba lentamente de él, para despedirse.
- De acuerdo…entonces…- dijo de repente, acercándose a él.
Sin darse cuenta, Ayu cogió sus hombros, y le dio un suave beso en la mejilla, beso que Yoh sintió como una caricia tan dulce como aquellos chocolates que tanto le gustaban. Ayu lo soltó rápidamente, estaba algo sonrojada.
- ¡Adiós…! – fue lo último que se escuchó cuando ella salió corriendo, perdiéndose tras la oscuridad.
- Adiós…- respondió el shaman, atónito.
Su reacción fue muy diferente a la de veces anteriores…Ayu…¿por qué al fin de cuentas en quien termina pensando es en ella? ¿Por qué él siempre intenta acercarse cada vez más a ella? No lo entendía, lo que hizo al despedirse…fue tan cálido…un beso, un simple beso…no lograba entender como es que ella podía hacerlo sentir tan diferente, no lo sabía, pero le gustaba esa sensación…
- Tal vez…solo tal vez…Anna tiene razón…- pensó, recordando la última vez que había discutido con la sacerdotisa.
Se marchó a su habitación. Miró el desastre que habían dejado los chicos en la sala, la fiesta de Navidad había terminado y era más que seguro que Anna los obligaría a limpiar todo. Haruko y Ayu ya se habían ido a su casa, mientras que los demás chicos se fueron cada uno a su habitación. Él, Horohoro, Len, Ryu y Kaoru dormían en una misma habitación, mientras que Lyserg y Manta prefirieron dormir junto a Sayuri, para que no se quedara sola. Las chicas dormían juntas, excepto Anna, quien tenía habitación propia. Por un momento, pensó que Ayu se quedaría a dormir en el templo con los demás.
"Ahora que lo pienso…nunca se ha quedado" dijo así mismo, Yoh, confundido. Haruko tampoco. Ambas solían preferir quedarse en sus casas…eso, o Anna tenía algo que ver en el asunto; era extraño, ya que a Maya le dejó quedarse el tiempo que quisiese. Miró el cielo nocturno: era tarde, esperaba que a la pelirroja no le pasase nada. No se preocupaba por Haruko, ella sabría cuidarse sola. Yoh suspiró. Aún buscando excusas en su interior, la realidad se veía al desnudo y claramente…y en verdad que siempre se preocupaba más por Ayu que por los demás, tanto así, que llegaba a ser preocupante. Le dolía la cabeza y su mente divagaba en los recuerdos de aquél tierno beso, no era la primera vez que ella se le acercaba tanto…ya había tenido la oportunidad de sentirla de esa forma, pero se había limitado a pensar que eso era algo extraño. Solo eran amigos…solo amigos.
Por otra parte, en la habitación de las chicas, había una de ellas que no podía conciliar el sueño, así que había decidido levantarse y pasear por la casa, como un espíritu ambulante. En el trayecto, se encontró junto a Len.
- ¡Len! – la chica de cabellos rosas se lanzó arriba del chico. - ¡Nunca había tenido un día tan divertido! Espero que vuelvan a hacer cosas como éstas…¿no crees?
Len ignoró la pregunta. Estaba algo adormilado, Maya se le había colgado encima como de costumbre, pero el muchacho simplemente cedió y asintió con la cabeza, sin reprocharle nada. Habían pasado demasiadas cosas, y estaba confundido.
- ¿Recibiste mi regalo? – preguntó Maya, bajando un poco la voz.
Len se sonrojó, y sin mirarle, asintió con la cabeza, Maya suspiró de alivio.
- Me encanto tu regalo, - dijo la chica - ¡aunque haya sido yo la que te obligó a comprarlo! Jeje.
- No…no soy bueno haciendo detalles…- murmuró Len.
Estaba sonrojado, la tenía demasiado cerca. Maya seguía abrazándolo con ternura, pero él se encontraba en un mar de confusiones, sin saber qué era exactamente lo que él sentía por ella.
Maya 's POV
- ¿Sabes algo, Len? – dije.
Di un suspiro y me solté de él. Estoy bastante agotada por todo lo que ha pasado este día…es verdad, la pasamos muy bien, fue maravilloso, y aunque Sayuri haya despertado, estoy contenta por ello, y quiero que Len sepa lo que pienso. Caminé unos pasos adelante, dándole la espalda.
- Estoy contenta por todo lo que pasó hoy…por todo…- dije. – También porque Lyserg se desahogó con nosotros…y nos contó el motivo de su venida, y no sé si creas que estoy loca pero estoy muy contenta que Sayuri-san haya despertado…aunque solo duerma, al menos tengo la certeza de que no está muerta…
Len pareció resoplar, finalmente se cruzó de brazos y se apoyó en la pared, fijando su mirada en mí.
- ¿Estás preocupada porque uno de tus camaradas le hizo daño…? – preguntó Len, secamente.
Sabía que se refería a Tamaki. A decir verdad…yo tampoco pude creerlo cuando escuché que él era el causante de que los poderes de Sayuri hubiesen sido sellados.
- Nunca lo hubiera perdonado si es que la hubiese matado, - le dije – sin Sayuri-san…vamos a decaer, el momento de la batalla final se acerca y tendremos que entregar todos nuestros poderes…
Suspiré, preocupada. Puede que a Len no le importe, pero con el tiempo que he pasado aquí le tengo un cariño enorme a cada uno de los chicos…y no quiero que les pase nada, ellos son como la familia que nunca he tenido. La familia que sinceramente no tengo. Creada tras unas gotas de sangre de Hao y mi cuerpo formado por lava ardiente, el espíritu de fuego me despertó a la vida…como un ser completamente diferente a muchos. No soy shaman, no soy humano…solo soy una parte de Hao, un cuerpo creado con ayuda de una décima parte de sus poderes. Al buscar a Len, sabía que encontraría lo que él encontró en su período de confusión…cuando no sabía a quién creer, cuando no tenía en quien confiar, sometido a las creencias de la dinastía Tao. A decir verdad, pensé que Jun Tao sería mucho más fría, pero resulta que tiene un corazón muy cálido…y más abierto que el de Len. Pero yo sé que él es una persona muy sincera, y que jamás le haría daño a nadie.
Si alguna de nosotras cinco desiste en la batalla final, cuando llegue la hora de derrotar a Hao…moriremos. No estoy segura qué exactamente pasará conmigo una vez matemos a Hao, si es que lo conseguimos…recuerdo que Mokuro, decía que el día en que el señor Hao muera, todo lo que él ha creado se desvanecerá en el olvido (incluyéndonos). Por otra parte, Tamaki siempre me llenaba de esperanzas, decía que el día en el que él muera, las orejas blancas se nos caerán…y seremos simples humanos, aún perdiendo nuestros poderes sobrenaturales, podremos rehacer nuestra vida. Al menos eso creo.
Me giré hacia mi amado y lo miré con una dulce sonrisa, él me quedó mirando con sus ojos color ámbar, tan estoico como siempre…Yo simplemente sonreí, la luna iluminaba mi perfil a mis espaldas. Quería preguntarle sobre lo que había pasado con Pilika en la fiesta, también pensé en decirle que Hao estuvo con Ayu…pero decidí que sería en otro momento. Caminé un par de pasos, pasando junto a él, con algo de sueño, marchándome a mi habitación…
- Buenas noches…Len – susurré en la oscuridad. – Y feliz Navidad…
Disclaimer: Como muchos de ustedes saben, este fanfic lo escribí el 2006 (¡hace más de diez años! Uff). Los capítulos más recientes también fueron escritos en esa época pero he decidido colgarlos acá de todos modos porque esta historia me trae bonitos recuerdos y quiero que al menos tengan a su disposición todo lo que se hizo con ella. También me gustaría pedir disculpas a todos los lectores que siguieron el fic hasta este punto, pues a pesar de que yo ya tenía estos capítulos escritos por algún extraño motivo -que ya no recuerdo- no los subí. Tal vez porque ya empezaba a estancarme con la historia y estaba previendo que acabaría dejándola inconclusa.
Había pensando en re-escribirla y volver a empezar, pero a decir verdad ya ni siquiera la trama que planeé me convence del todo, por lo que solo actualizaré hasta acá. En caso de volver a Fanfiction lo haré con historias nuevas.
Me disculpo otra vez por este abandono y que tengan excelentes lecturas.
