Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.
Me apresure para entrar en la clase, me instalé en mi silla y me dejé caer en la mesa. Maldición, todo esto era tan difícil, no había podido dormir nada en toda la noche, pensando en que era lo que debía hacer; por suerte era el único alumno que no compartía pupitre con nadie, podía pensar tranquilo, sin que me estuvieran hablando y preguntando cosas estúpidas. Todos eran lo bastante listos para saber que no me agradaba nadie, eso resultaba bien para mantenerlos alejados de mí.
Es que si alguien me hablaba, es que si alguien pretendía preguntar qué era lo que me pasaba, esa persona seria víctima de todo el odio, de toda la confusión que sentía en estos momentos; necesitaba desahogarme y descargarme de la peor forma. Me estaba convirtiendo en una bomba de tiempo.
El aula se fue llenando despacio conforme los chicos iban regresando del receso. Me enderece en la silla y dejé transcurrir el tiempo. De nuevo, deseé ser capaz de dormir y dejar de pensar.
Todo estaría tan tranquilo si no hubiese sucedido lo de ayer, ya no quería pensar en nada, el hecho de no poder hablar con Itachi o mi padre me irritaba y desconcertaba, no sabía nada, no entendía las cosas, solo sabía que no podía hablarlo con ellos.
La nueva se acercó a la mesa del profesor. Pobre chica, el único pupitre libre era el que estaba junto al mío, el más agradable compañero que podía tener.
Automáticamente desvíe la mirada para no tener que saludarla, pero era la nueva y no tendría por qué hablarme. Dudaba que se sintiera muy cómoda en ese asiento.
Comenzaba lo que para ella prometía ser un trimestre muy largo, al menos en esta clase.
Sakura Haruno caminó hasta llegar al pasillo que la dirigía a su mesa, conforme su pie tocó el suelo, sus ojos se posaron en mí en un movimiento que ella pretendía que fuera sigiloso. Su mirada se encontró con la mía y me vi perfectamente reflejado en el amplio espejo de sus ojos.
La sorpresa que me produjo ver mi cara proyectada en sus pupilas, sus ojos color jade me salvaron de no pensar en aquellos momentos tan difíciles.
Pero no me lo puso fácil, quito la mirada y mis pensamientos regresaron a torturarme, era como una guerra en mi cerebro a través de la cual apenas podía razonar. Mis pensamientos bramaron incoherentes, fuera de todo control.
¿Porque demonios me tenía que pasar esto?, ¿Qué era lo que debía hacer?, cuando te dicen lo que no debes hacer es lo primero que viene a tu mente, son las primeras opciones que tomas en cuenta.
Ella caminaba ahora más despacio, como si comprendiera la necesidad de no llegar hasta aquí.
Los nervios la hicieron comportarse de modo torpe, por lo que tropezó y se tambaleó hacia delante, casi cayendo sobre la chica sentada delante de mí. Parecía débil, vulnerable, incluso más de lo que es habitual en alguien.
Intenté concentrarme en el rostro que había visto en sus ojos, un rostro que reconocí como confundido.
Era la cara del hombre vulnerable que había en mí, el que había combatido y derrotado a lo largo de mucho tiempo, con esfuerzo y disciplina inflexible. ¡Con qué rapidez emergía ahora a la superficie!
Los problemas se arremolinaron nuevamente a mí alrededor, dispersando mis pensamientos y casi impulsándome fuera del asiento. Quería escapar de todo, aunque dijeran que era un loco desquiciado que no le hace frente a sus problemas.
Pero no, esta era una regla fundamental, quedarme y esperar.
Sabía lo que iba a suceder ahora. La chica debía venir a sentarse a mi lado y yo tendría que ignorarla, mi mente no está clara en este momento.
No podía seguir aguantando esto, ¿Cómo debía hacerlo?, ¿Cómo debía ignorar esto que me atormentaba?
El maldito desconocido fue muy claro al decir que no podía contarlo, mi familia podría salir lastimada, que regresarían.
Me acobardé ante la idea de lo que se avecinaba. Incluso en mis peores momentos, jamás había sentido tanto miedo, jamás había estado tan confundido.
El Antiguo Sasuke en mi mente se burló de mí, el que no sentía miedo por nada, al que no le importaba nadie.
Aun cuando una parte de mí intentaba apartarse de aquella idea horripilante, la otra le hacía frente y volvía a pensar en lo mismo.
Alguien sentado cerca de mí, a la izquierda, cerró de golpe una carpeta. Durante un escaso segundo, pude pensar con claridad. En ese precioso segundo, vi que todo marcharía bien.
¿Por qué tenía que pasarme esto?, ¿Por qué me cargaban esta responsabilidad?, ¿Por qué ese idiota tenía que destruir la poca paz que me quedaba?, Acabaría conmigo.
Estaba enloqueciendo, y al aguantar esto solo me hacía odiar a los demás, a los que se veían tranquilos, a los que no tenían problemas, a los que estaban ajenos a lo que yo sentía.
Volví la cara para no verla en cuanto me invadió una repentina furia, un odio irracional.
¿Quién era ella?, ¿Por qué sentarse aquí, por qué en este momento?
Su tranquilidad me hacía perder la paciencia, estaba tan calmada; estaba tan ignorante a todo lo que me estaba pasando. ¡No quería perder todo lo que había ganado hasta ahora!, pero me hacía perder la paciencia y quería gritarle y preguntarle porque estaba tan tranquila. No podía… Ella no podía hacerme eso.
Mire hacia otro lado, evite cruzarme con su tranquilidad, evite sentir su presencia. El alivio fue instantáneo, pero incompleto.
Iba a explotar, el recuerdo rondaba en mi cabeza y afloraba mis dudas y problemas. Ni siquiera podría resistir esto durante mucho tiempo. Pero quizás era capaz de soportarlo una hora. Una hora. Sólo el tiempo necesario para salir de esta habitación llena de tranquilidad. Si era capaz de contenerme, sólo durante una hora.
Estaba incómodo, pero era manejable.
Me saludo, maldición… ¿Estaba loca?, ¡Saludaba a una bomba de tiempo!, finge demencia, no la mires, ignora a todos.
¡Una hora! ¡Sólo una hora! Debía dejar de pensar en esto que me atormentaba.
En silencio, la nueva me ignoro, mantuvo el cabello entre nosotros, inclinándose hacia delante para no verle la cara, ¿Quería esconder esos ojos de mi vista?, aunque me hubieran tranquilizado un poco.
El odio que me dominaba en este momento, porque yo odiaba su tranquilidad, esa frágil adolescente que se sentaba a mi lado ajeno a lo que sentía, la odiaba con la misma fuerza que a los demás, debía hacerlo, por el amor a mi familia, porque no quería que le hicieran daño, porque no podía hacer nada, solo callar. Odiarla, odiar el modo en que ella me hacía sentir, me ayudaba un poco a no pensar en lo demás.
Odio e irritación. Impaciencia. ¿Es que la hora no iba a terminar nunca?
Y cuando la hora terminara… Entonces ella saldría, todos saldrían de la clase, y ¿qué haría yo?
Estaba tan incómoda por estar cerca de mí como cualquiera en su lugar, como yo habría esperado antes de que comenzara a odiar su tranquilidad. Podría soportarlo una hora, ¿y dos?
Aunque la odiaba, sabía que mi odio era injusto. Me di cuenta de que a quien detestaba realmente era a mí mismo por ser un cobarde.
Una alumna entro a la clase y le entrego un papel a Kakashi. Me llamaban desde la Dirección, Itachi me esperaba.
No pude moverme con la lentitud habitual mientras salía de la clase. Esa era mi oportunidad de salvarlos a todos de mi ira. Algún observador ocasional hubiera averiguado que había algo raro en mi forma de caminar, pero nadie pareció notarlo.
No quería pensar en mí como en alguien que se debía ocultar. Se parecía demasiado a la cobardía, pero sin duda ése era el caso ahora.
- Sasuke, tenemos que hablar – me dijo Itachi mientras me esperaba apoyado en el auto.
Claro que teníamos que hablar, ¿pero entonces que le diría yo?, hermano sabes que me están pasando cosas extrañas, me vigilan, me amenazaron, ahora tu morirás por no poder permanecer con la boca cerrada, Hmp. Esa no era una opción.
- ¿Qué sucede? – Le pregunte disimulando mi mal humor.
- Quiero… quiero que sepas algo, pero júrame que no le dirás a mi padre – Este miro hacia el suelo evitando cruzar su vista con la mía.
- Claro, habla – Me subí a su Alfa Romeo mientras este manejaba sin destino.
- Quiero que sepas esto, porque es importante, no puedes decírselo a mi padre, me lo han prohibido… pero tu… -De pronto lo entendí todo, él lo sabía, él tenía el mismo problema que yo… ¿Pero acaso era un idiota?, ¿Acaso me lo contaría aun cuando se lo habían prohibido?, ¿Qué pretendía?, ¿Qué nos mataran?
- Sasuke, ayer me han visitado unos hombres, no sé quiénes eran… pero me han amenazado con hacernos daño si es que lo contaba, pero tengo que hacerlo, tú tienes que saberlo y tener cuidado ¿recuerdas la historia que nos contó nuestro padre?, lo de… - Itachi estaba muy nervioso, él no había cumplido con el juramento de silencio, era un idiota.
- Lo sé, sé de qué historia me hablas… pero…
Mire hacia mis pies, estaba muy confundido, no sabía cómo debía enfrentar esto, yo no rompería el juramento porque sabía lo que pasaría, yo si le tome peso a las palabras de ese maldito idiota del estacionamiento, yo no quería que… le hicieran daño a mi familia.
- Sasuke, júrame que estarás atento a cualquier cosa, debemos actuar con normalidad, no ha pasado nada.
- ¿Cómo sabes que ellos no se han enterado ya de que has hablado? – Él se asustó ante la idea, Itachi no era de los que perdían la tranquilidad con facilidad pero sabía la magnitud de todo esto, yo solo fingí no saberlo.
- No lo sé, pero tengo esperanzas de que no lo sepan – apretó el volante y luego lo golpeo con rabia pura.
- Lo prometo, no diré nada – dije en voz baja, y este sonrió con alivio.
- Te dejare en casa, le diré a alguien que regrese por tu auto después, yo iré a la universidad…
- De acuerdo, después nos vemos – le respondí mientras bajaba del auto, pude ver como Itachi estaba afligido y no lo culpaba por ello, había sido un buen hermano al contarme lo que pasaba, se había preocupado por mí, me había puesto antes que a él… antes que al silencio, para no dejarme ajeno a todo esto, a diferencia de lo cobarde que yo era.
Sasuke, esto seguirá tranquilo por un tiempo. Seguirás actuando así hasta que esta bomba de tiempo estalle o se calme. Pero esto no será para siempre, ya no te sentirás ahogado en este problema, te sentirás bien otra vez. Podrás pensar de nuevo con claridad. Y ahora serás capaz de volver a enfrentarte contra lo que no querías ser, no tienes por qué odiar la tranquilidad de otros, tienes la posibilidad de elegir. Siempre hay una oportunidad, pensé.
No me había sentido así en la clase, cuando me había ahogado en las dudas y en mi vulnerabilidad; pero ahora estaba lejos de ella y de los otros. Quizás, si la evitaba cuidadosamente, con mucho, mucho cuidado, si dejaba de observarlos hasta que mi vida se volviera estable y en paz no tendría necesidad de comportarme así.
Arriba, el cielo era claro, brillando intensamente, azul en algunas partes y amarillo en otras. Una vista maravillosa. Exquisitamente hermosa. O por lo menos, debió serlo. Lo hubiera sido, si yo hubiera logrado verlo, pero no lo hacía.
Había algo mal en mí.
Sasuke Uchiha
