Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.


Vi la luna sobre el hombro izquierdo de Sakon. Resultaba extrañamente apropiado que fuera a ser la última cosa que viera. Si hubiese sido una muchacha corriente mi reacción lógica hubiese sido gritar, pero estos momentos el grito había quedado atrapado en mi garganta, sofocado por la angustia.
Y entonces algo levanto a Sakon y lo arrojo contra la lápida.
Eso fue lo que me pareció, mientras rodé a un lado, sin aliento, sujetando con una mano el vestido desgarrado mientras la otra buscaba a tientas un arma.
No la necesite. Algo se movió en la oscuridad, y vi a la persona que me había sacado a Sakon de encima. Sasuke. Pero era un Sasuke que no había visto nunca: aquel rostro de facciones elegantes estaba lívido y enfurecido, y había una luz asesina en aquellos ojos. Sin siquiera moverse, Sasuke emanaba tal cólera y amenaza que me hizo descubrir que sentía más miedo de él del que había sentido de Sakon.
- La primera vez que te vi, supe que jamás aprenderías buenos modales - dijo Sasuke.
Su voz era baja, fría y suave, y en cierto modo hizo que me sintiera mareada. No podía dejar de mirarlo mientras él avanzaba hacia Sakon, que aturdido meneaba la cabeza, y empezaba a incorporarse. Sasuke se movía como un bailarín, cada movimiento natural y controlado con precisión.
- Pero no tenía ni idea de que tu carácter estuviera tan poco desarrollado.
Golpeo a Sakon. El muchacho, que parecía ser más desafiante que él, había estado alargando una mano carnosa, y Sasuke lo golpeo casi con despreocupación a un lado del rostro, antes de que la mano estableciera contacto.
Sakon salió volando contra otra lapida. Se puso en pie gateando y se quedó allí quieto, jadeando, con los ojos en blanco. Vi descender un hilillo de sangre de su nariz. Entonces Sakon cargó.
- Un caballero no impone su compañía a nadie - dijo Sasuke, y lo derribo a un lado.
Sakon volvió a caer despatarrado al suelo, boca abajo sobre la maleza y los brezos. En esa ocasión fue más lento en incorporarse y manaba sangre de sus dos orificios nasales y de la boca. Resoplaba como un caballo asustado cuando se arrojó sobre Sasuke.
Éste agarro la parte frontal de la chaqueta de Sakon, haciendo que los dos giraran en redondo y absorbiendo el impacto de la violenta embestida. Zarandeo a Sakon dos veces, con fuerza, mientras aquellos puños rechonchos giraban como molinillos a su alrededor, sin poder asestarle un puñetazo. Luego lo dejo caer.
- No se insulta a una mujer - siguió.
El rostro de Sakon estaba contrariado, tenía los ojos en blanco, pero intento agarrar la pierna de Sasuke. Éste le puso en pie de un tirón y volvió a zarandearlo; Sakon se quedó flácido como un muñeco de trapo, con los ojos en blanco. Sasuke siguió hablando, sosteniendo el pesado cuerpo en posición vertical y recalcando cada palabra con un zarandeo capaz de dislocar todos los huesos.
- Y, por encima de todo, no se le hace daño…
- ¡Sasuke! - grite.
La cabeza de Sakon se movía violentamente adelante y atrás con cada sacudida, y me estaba asustando de lo que veía; asustada de lo que Sasuke pudiera hacer. Tenía la voz fría, como un estoque en danza, hermoso y mortífero y totalmente implacable.
- Sasuke, ya es suficiente.
Giro violentamente la cabeza hacia mí, sobresaltado, como si hubiese olvidado mi presencia. Por un momento me miro sin reconocerme, los ojos negros, y pensé en un depredador, como yo me veía cuando actuaba del mismo modo, un ave enorme o un carnívoro de piel lustrosa incapaz de sentir emociones humanas.
Luego la comprensión apareció en su rostro y parte de la oscuridad desapareció de la mirada.
Bajo los ojos hacia la cabeza colgante de Sakon y a continuación lo deposito contra la lápida de mármol rojo. Las rodillas del muchacho se doblaron y resbalo a lo largo de su superficie, pero, con gran alivio por mi parte, sus ojos se abrieron; al menos el izquierdo lo hizo. El derecho se estaba hinchando hasta convertirse en una mera rendija.
- Estará bien - dijo Sasuke vacuamente.
Al desaparecer mi inquietud, me sentí vacía.
La conmoción. Padezco una conmoción. Probablemente empezare a chillar como una histérica en cualquier momento.
- ¿Estas bien? - pregunto Sasuke, todavía con aquella voz espeluznantemente amortiguada.
Pensé en Haki y Tayuya, haciendo quien sabe que junto a la estatua.
- Sí.
Mi cerebro empezaba a funcionar otra vez, a reparar en las cosas a mí alrededor. El vestido negro estaba desgarrado a lo largo del escote delantero; estaba destrozado. Mecánicamente, lo cerré con una mano, no llevaba sujetador.
- Te llevare, vamos.
Incluso a través de mi aturdimiento, me estremecí por un instante. Lo mire, la figura extrañamente elegante en medio de las tumbas, el rostro pálido a la luz de la luna. Jamás me había parecido tan… tan bello, pero aquella belleza era casi foránea. No solo extranjera para mí, sino inhumana, porque ningún humano podía proyectar aquel poder, o distancia.
- Gracias, eres muy amable - respondí despacio; no se podía hacer otra cosa, parecía un ratón ante Sasuke.
Dejamos a Sakon incorporándose penosamente junto a la tumba. Sentí otro escalofrió cuando llegamos al sendero y vi su auto.
Pálido y silencioso, el anduvo a mi lado sin tocarme, excepto cuando se quitó su chaqueta y cubrió mi torso casi desnudo.
Una vez en el auto dejamos atrás pastos vallados y campos oscuros hasta alcanzar un largo camino curvo. La mansión Uchiha estaba frente a nosotros.
Tranquilamente ingrese por las grandes puertas y junto a Sasuke subí las escaleras hasta su cuarto. Sabía que ahora se venía el interrogatorio, pero me limite a observar su habitación mientras aferraba mi vestido al cuerpo.
Advertí que él me observaba.
- ¿Puedo ingresar a tu cuarto de baño…?
Asintió con la cabeza. Me quite su chaqueta mientras que con la otra sostenía el vestido, se la tendí sin mirarlo, observe sobre su cama y tome una de sus camisas y entre al baño.
Estaba aturdida y vagamente agradecida. Me quite el vestido, que cayó rápidamente al suelo, como seda muerta. Me puse su camisa, cubría hasta menos de la mitad de mis muslos, demasiado inapropiado pero no podía exigir más.
No estaba segura de cómo había tenido lugar la transformación; pero en algún momento mientras me lavaba los arañazos del rostro y los brazos, empecé a sentir otra vez. Y lo que sentí fue ira.
Maldito Sasuke. Podía llegar a mostrarse tan frio y controlado, incluso mientras me salvaba la vida, por así decirlo. Maldita su educación y su galantería.
Tome mi vestido, los zapatos y salí del cuarto de baño con la barbilla bien alta y los ojos entrecerrados.
Él no se había vuelto a poner su chaqueta y permanecía de pie junto al ventanal con su camisa de seda gris y la cabeza inclinada, tenso, aguardando. Deliberadamente, invadí su territorio, abrazándome el cuerpo sobre su camisa, incluso en este momento, sentía su aroma. Fui hacia él y efectué un examen del pesado tocador de caoba situado a un lado del ventanal.
Sobre el descansaban una daga siniestra con empuñadura de marfil y una hermosa copa de ágata engarzada en plata. También había una esfera dorada con una especie de dial incrustado y varias monedas sueltas de oro.
Tome una de las monedas, en parte porque eran interesantes y en parte porque sabía que a él le molestaría verme tocar sus cosas.
- ¿Qué es esto?
Transcurrió un momento antes de que Sasuke respondiera.
- Un florín de oro. Una moneda florentina.
- ¿Y esto que es?
- Un reloj alemán en forma de colgante. Es de finales del siglo XV - dijo en tono angustiado, y añadió - Corinne…
- ¿Qué es esto? ¿Se abre?
- No.
También tenía los reflejos de un gato; su mano descendió violentamente sobre el cofre, manteniendo la tapa bajada.
- Esto es personal - dijo con la tensión muy potente en la voz.
Repare en que la mano estaba en contacto solo con la curvada tapa de hierro y no con mi propia mano. Alce los dedos, y el retrocedió al momento.
De improviso, mi enojo fue demasiado grande para contenerlo por más tiempo.
- Ten cuidado - dije con ferocidad -. No me toques, que a lo mejor pescas una enfermedad.
Sasuke se apartó en dirección a la ventana.
Y sin embargo, incluso mientras yo me apartaba también, regresando al centro de la habitación, percibí que él observaba mi reflejo. Y supe de inmediato que debía parecerle a él, con mis cabellos negros derramándose sobre el blanco de su propia camisa…
Eche la cabeza hacia atrás todo lo que pude para contemplar el techo, y escuche una suave y clara inhalación. Cuando volví la cabeza, la mirada de él estaba fija en mi colgante de oro, que quedaba al descubierto donde la camisa no estaba abotonada. Pero al cabo de un instante el rostro se endureció, excluyéndome.
- Creo - dijo - que será mejor que te vayas a tu habitación.
En ese instante desee hacerle daño, hacerle sentir tan mal como él me hacía sentir a mí. Pero también quería la verdad. Estaba cansada de este juego, cansada de intrigar y conspirar e intentar leer su mente. Fue aterrador y a la vez un maravilloso alivio escuchar mi propia voz pronunciando las palabras que había pensado durante toda esta noche.
- ¿Por qué me odias?
Me miro sorprendido, y por un momento no pareció capaz de encontrar palabras. Luego dijo:
- No te odio.
- Si lo haces - replique -. Sé que no… no es de buena educación decirlo, pero no me importa. Sé que debería estar agradecida por salvarme esta noche, pero tampoco me importa. No te pedí que me salvaras. Para empezar, ni siquiera sé porque estabas en el cementerio. Te habías marchado con tu novia. Y, desde luego, no comprendo porque lo hiciste, teniendo en cuenta lo que sientes respecto a mí.
- No te odio.
- Y desde el principio te has mostrado de ese modo, solo te acercaste a mí para… para descubrir la verdad, y eso es tan… - Aspire forzadamente - No quieres ni que me acerque a ti ahora. ¿Qué te sucede, Sasuke?
El permaneció callado ahora, con el rostro desviado. Aspire profundamente y luego erguí los hombros, alzando la cabeza a pesar de que tenía los ojos ardiendo.
- ¿Y qué hay de malo en mí? - añadí en voz sosegada - para que seas incapaz de mirarme siquiera. ¿Es porque no soy mejor que Sakura Haruno?
Lentamente, él se volvió y alzo la cabeza. Sus ojos estaban sombríos, sin vida, y algo se retorció en mí ante el dolor que vi en su rostro.
Sasuke apenas podía mantener su voz bajo control. Pude oír el esfuerzo que le costaba hablar con serenidad.
- No te odio - pronuncio cada palabra con cuidado, con claridad -. No te he odiado nunca. Pero tú… no eres la Corinne que conocí cuando pequeño.
Me sentí desconcertada. Fuera lo que fuera lo que había esperado, no era eso.
- ¿A qué te refieres con eso…?
- A que no lo eres - respondió en voz baja -. No eres como ella realmente. Se parecía a ti, pero ella era frágil, delicada, y vulnerable. Tanto interior como exteriormente.
- Y yo no lo soy.
Sasuke emitió un sonido que podría haber sido una carcajada de haber habido algo de humor en él.
- No. Tú eres una luchadora. Tú eres…
Permanecí en silencio un momento. No podía prolongar mi enojo viendo el dolor que había en el rostro de Sasuke. Hubo una larga pausa, tan larga que pensé que iba a dejar su oración a medias. Pero por fin dijo:
- Aun más especial.
No dije nada. Su rostro se había vuelto a cerrar y parecía mirar algo a los lejos, algo terrible y desgarrador que solo él podía ver. Pero no había únicamente pesar en su expresión. A través de los muros, a través de todo su tembloroso control, pude ver la expresión torturada de una culpa y soledad insoportables. Una expresión tan perdida y angustiada que ya me había colocado junto a él antes de darme cuenta de lo que hacía.
- Sasuke - susurre.
No pareció oírme; parecía ir a la deriva en su propio mundo de aflicción.
No pude evitar pasar una mano sobre su brazo.
- Sasuke, soy exactamente igual a como era antes…
- No lo eres - estallo él, toda su tranquilidad explotando en una furia colérica.
Bajo la mirada hacia mi mano como si acabara de advertir que estaba allí, como enfurecido por mi desfachatez al tocarlo. Sus ojos estaban dilatados y oscuros cuando me aparto la mano violentamente, alzando la suya para impedirme que volviera a tocarlo…
… y de algún modo, en lugar de ello, me sujetaba la mano, sus dedos fuertemente entrelazados con los míos, aferrados como si le fuera la vida en ello. Bajo los ojos hacia nuestras manos juntas lleno de perplejidad. Luego, despacio, su mirada se movió de sus dedos enlazados a mi rostro.
- Corinne… - musito.
Y entonces lo vi, vi la angustia haciendo añicos su mirada, como si sencillamente él ya no pudiera luchar más por mantenerme alejada. La derrota a medida que los muros se desmoronaban por fin y veía lo que había debajo.
Y entonces, sin poderlo evitar, el inclino la cabeza hacia mis labios.


Corinne Uchiha