Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.


- ¿Espiando funerales de pueblecitos?
¿Qué hacia ella aquí? Demasiadas personas alrededor, Sasuke con su novia, Itachi observándome a la distancia, Fugaku que no tardaba en llegar, y los amigos de la novia de Sasuke a unos metros, ¿Qué demonios hace ella aquí?
- Aún no nos han presentado. Soy Konan - Extendió su mano para saludarme, una falsa sonrisa curvo su rostro.
- Se quién eres.
- Oh, Corinne Uchiha veo que tus modales no son de los más finos - Sonrió con burla - Creí que tu estancia en Francia había pulido lo más hermoso de ti. Tu buen sentido del humor no cambia con los años.
Muchas personas pasaban a nuestro lado y saludaban, como si nos conocieran. Malditos pueblerinos que no pueden mantenerse alejados.
- Así que, ¿qué te trae a Okutama? ¿Vendedora de biblias? - Le pregunte mientras ella evaluaba los vestidos de las amigas de Sakura Haruno. Sonrió en silencio y se vio asombrada por la buena preparación del funeral.
- No, no. De hecho, estoy haciendo una limpieza - Dijo mientras levantaba su mano y le restaba importancia al tema.
- ¿Ah sí?
- Me informaron que tenían un pequeño problema de contaminación - Se bufo.
- Oh, pues no lo sabía. ¿Quizás problema con ratas espías?
- Hola Corinne - Saludo el rubio amigo de Sasuke - H-hola, soy Naruto Uzumaki - Saludo a Konan, ella sonrió y le extendió su mano. No la saludes Naruto, aléjate de aquí, no la saludes.
- Hola Naruto-Kun - Le dijo Konan.
- ¿Eres amiga de Corinne? - Le pregunto mientras vi cómo se acercaban más de sus amigos y Sasuke.
- No la conozco - Dije mientras tomaba a Naruto del brazo y le indicaba que nos fuéramos.
- Solo estoy de paso, observando este magnífico funeral - Sonrió con burla tras su chiste personal, por supuesto que observaba el funeral. Ella lo había provocado con ayuda de otros.
- Debemos irnos - Le dije mientras miraba a Naruto y este se despedía de Konan.
- No hay problema - Respondió la farsante con una nueva sonrisa, de complicidad.
- Bueno, disfruta de la estancia. Nos encantan los visitantes, y el paisaje es para morirse.
Konan ensancho sus ojos y luego sonrió con burla.
- ¡Oh! - Puse una falsa cara de asombro por mis palabras fuera de lugar - Estamos en un funeral, no debo decir esas cosas. Perdóname.
Tome al insistente Naruto y lo aleje de ahí, sus amigos que se acercaban retrocedieron un unos pasos y nos siguieron hasta el siguiente grupo, donde estaban todos los amigos de Sasuke reunidos.
- Hola Corinne-san - Saludo una chica de pelo negro y ojos grises, ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo se llamaba? ¡Hinata!
- Hola Hinata, ¿san? - Se espantó al recordar que yo no necesitaba sufijos y sonrió de vergüenza.
- Lo siento, Corinne.
- Así está mejor - Le dije mientras los demás me saludaban, como si me conocieran de siempre. ¿Cuánto tiempo debo aparentar ser la chica amistosa que quiere ser amiga de todos? No me importa absolutamente nadie de aquí, nadie. Ahora debo preocuparme de que Konan no se acerque a Sasuke ni a Itachi.
- Ha comenzado - Dijo Tenten mientras me tomaba del brazo y me acercaba junto a los demás para escuchar las "hermosas palabras" que tenían preparadas para la madre de Sakura Haruno.
Comenzó un hombre de aspecto demacrado a hablar, el padre de Sakura. Soltó algunas lágrimas y unas que otras personas también lo hicieron ¿Dónde está Sasuke? ¡Demonios!
Sakura se puso en el estrado con ayuda de su Padre, ella hablaría. Más llanto.
- Quería agradecer que ustedes estén aquí, para compartir el dolor de esta pérdida - Suspiro - Sé que no muchas personas lograron conocer a Ayumi, pero todos los que fueron cercanos para ella no tienen dudas de que era una gran mujer, amiga, pareja y Madre. Estoy muy agradecida de...
Comenzó a sollozar, que conmovedor todo esto, tendrá que acostumbrarse a las perdidas, ha decidido quedarse con Sasuke, le espera un largo y difícil trayecto por este sendero.
- ¿De qué te ríes? - Me susurro Tenten.
- Oh, lo siento. Son los nervios - Me justifique mientras simulaba una cara de tristeza y preocupación.
- Cuando hable con mi Padre, él no estaba seguro de las palabras correctas para esto... estaba nervioso por tener que hablar, y... Ahora que estoy aquí arriba también estoy nerviosa. El peor día... cuando amas a alguien es el día en que lo pierdes. Yo...
- Esta bien, está bien - Le dijo Sasuke y ayudo a Sakura Haruno a bajar del estrado, ahí estaba el... ¿Dónde estaba Itachi?
Me aleje del grupo y me fui a la parte más alejada, para tener una buena vista de todo el área. Itachi, Itachi, Itachi... allí estaba, ahora junto a Fugaku, Sasuke y Sakura.
Regrese al grupo y se dirigieron a una parte más alejada, llamaron a Sakura y a Sasuke, se le había ocurrido una idea a Naruto.
- ¿Que hacemos aquí? - Le pregunte a Tenten y ella se veía igual de confundida que yo.
- No lo sé. Pregúntale a Sasuke.
- Sasuke... - Él se acercó y me dio una sonrisa de medio lado - ¿Que están haciendo?
- Bueno, ahora vamos a terminar el funeral que no logramos terminar antes - Dijo Naruto - Tenemos que empezar a curarnos, todos. Todos hemos perdido tanto, en especial recientemente. Creo que estamos entumecidos para ello. Lo alejamos, hacemos chistes con ello, ignoramos como se siente. Es el momento de dejar de apenarnos.
Abrió unas cajas con ayuda de Hinata Hyuga, Sakura Haruno ahora parecía sonreír en los brazos de Sasuke, todos estaban agradecidos de la idea de Naruto.
- Así que están encendiendo faroles - supuse mientras todos se ponían de pie.
Que ridículo, pretendían encender faroles para que se fueran las penas hasta el cielo.
- Sí, sí. Necesitamos hacer esto - Dijo Naruto mientras acariciaba la mejilla de Sakura.
Sasuke se puso a mi lado y me dio un leve empujoncito para motivarme a ser parte de esto, ser parte de este chiste.
- Lo necesitamos Corinne - Dijo en voz baja y observando la ridícula escena de sus amigos.
- Lo que necesitamos hacer es averiguar otras cosas Sasuke, hace poco acabo de ver a un peón aquí, y no es simplemente un peón... es quien asesino a la madre de Sakura Haruno. Tenemos cosas más importantes que hacer ahora mismo que esto.
- Esta noche no - Dijo nuevamente en voz baja y tensando su mandíbula.
¿Qué no?, cada minuto que pasa, cada segundo que él está aquí junto a su noviecita perdemos tiempo, tiempo para mantenernos con vida. ¿Es un chiste?
- Esto es por mi madre Kushina. Por mi padre Minato. Por Ayumi - Dijo Naruto mientras encendía su farol y lo sostenía en su mano.
- Esto es por mi madre. También por Ayumi - Dijo Ino Yamanaka mientras imitaba a Naruto.
- Esto es por mi Tío. También por Ayumi - Dijo Hinata Hyuga mientras encendía su farol.
- Esto es por mi padre - Dijo Neji mientras observaba a los demás y los imitaba.
- Esto es por Ayumi - Dijo Sakura mientras tomaba el farol y lo encendía - Por la madre de Sasuke. Por los Padres de Naruto. Por el padre de Neji. Por la madre de Ino. Por todos los que hemos perdido... - Le tendió un farol a Sasuke y este sonrió.
- Esto es por mi madre - Dijo mientras encendía su farol y luego me tendió uno.
Me había quedado en silencio para respetar las palabras de los demás, pero de ninguna manera iba a formar parte de esto. No encendería una mechita y luego así como si nada olvidaría todo lo que he perdido. No lo hare.
- De ninguna manera. No voy a hacer eso - Les dije mientras me alejaba y abandonaba el lugar, había sido suficiente, si él quería quedarse aquí... bien por él.
- Corinne, espera - Dijo Sasuke mientras le pasaba su tierno farol a su novia e iba por mí.
- No lo hare Sasuke ¿Que no lo entiendes? - Le dije un poco más alejada de los demás, cerca de los robles.
- Lo sé, solo escúchame...
- ¿Que escuche qué?, tu escúchame Sasuke. Siempre me pregunte por que lloraba, porque lo hacía si eso no traería de vuelta a mi familia. Estaba harta de llorar. Harta de que mis emociones estuvieran tan intensificadas. Aun siento que he estado llorando desde el día en que mi familia murió. Mi vida es... es como un funeral inacabable. Continuaremos enterrando gente, Sasuke. A las personas que queremos, que queríamos. ¿Quieres saber lo que esta intensificado ahora mismo? Es la pena. No puedo dejar de sentir pena por ti y tu familia, porque aun tienes personas a tu alrededor. Todo el dolor, todo el dolor que sentí antes era como si tratara de salir disparado de mí. Y ahora, ahora tú pierdes tiempo haciendo estas cosas...
Sasuke me tomo por los hombros y me miro directamente a los ojos, bajo la luna se veían con destellos plateados, como estrellas...
- Corinne, lo sé. Estoy aquí para ser parte de lo que quieres. Yo soy tu familia. Mi padre e Itachi están aquí para ti...
Se acercó para abrazarme pero me salí de su agarre, tenía que salir de aquí, el peligro estaba cerca.
- No, todo lo que quiero se muere... ustedes no pueden morir. Ve con tu novia, sácala de aquí... hay un peón cerca, llévatela...
- No puedo irme Corinne - Dijo en un hilo de voz y se giró para observar la escena de los faroles, cada uno ascendía al cielo para formar parte de las estrellas, ya era de noche...
- Tienes que irte, o tendré que matar a esa mujer antes de que se acerque a ti - Le dije y él se sobresaltó y me volvió a tomar por lo hombros.
- ¿Matarla? No Corinne, no puedes matarla.
- ¿No?, ella lo hará si tiene la oportunidad... mato a la madre de Sakura.
- No lo hagas...
- Entonces vete de aquí.
- No puedo.
- Voy a arrancarle la cabeza ahora - Dije amenazadora y el me tomo aun con más fuerza.
- Hazlo Corinne, y nos expondrás un más... luego vendrán más para vengar su muerte.
- Bueno, creo que el riesgo será disminuido ligeramente cuando, ya sabes, le arranque la cabeza.
Se tensó y volvió a mirar la escena de sus amigos, mientras reían y observaban los faroles en el aire.
- Tienes diez segundos para irte, diez segundos que me tomara arrancarle la cabeza a esa mujer si no te vas.
- No lo hagas, Corinne, por favor.
- Cinco, cuatro, tres...
- ¡Espera!
- Dos, unos... Adiós.
Me libere de su agarre fácilmente y este frunció el ceño molesto.
- Está bien, está bien. Tomare a Sakura y me iré de aquí. Le diré a Itachi y a mi padre que se despidan y vuelvan a la casa. Lo hare.
Dijo con la respiración entrecortada y yo le sonreí y acaricie su mejilla con dificultad, porque una maldita sensación me inundaba las yemas de los dedos cada vez que lo tocaba.
- Es una buena decisión.
- ¿Tu qué harás? - Me pregunto con nerviosismo.
- Daré unas vueltas por el lugar, y luego... - Lo mire desafiante - Me iré a la casa, como una buena chica.
Me aleje hacia mi motocicleta, debía dar unas vueltas por el pueblo antes de volver a la mansión Uchiha. Acelere la velocidad y me profundice en las zonas boscosas. Cerca de dos horas estuve sentada frente a un local de comestibles, sin hacer nada... solo observaba a las personas que pasaban de un lugar a otro, sin preocupaciones ni problemas, solo caminaban en las calles de noche.

Estaba en el aire, sostenida literalmente de la rama de un... ¿quién sabia los nombres de los árboles a fin de cuentas? ¿A quién le importaba eso? Era alto, lo que me permitía espiar a mí alrededor sin problemas, y me proporcionaba un respaldo cómodo. Estaba recostada en la horqueta del árbol, con las manos entrelazadas tras la cabeza y una pierna enfundada en una pulcra bota balanceándose sobre nueve metros de espacio vacío. Estaba tan cómoda como un gato y mantenía los ojos entrecerrados mientras observaba.
Aguardaba la llegada del momento mágico de las una de la mañana, cuando Neji Hyuga realizaba sus compras personales. Ya lo había contemplado en dos ocasiones y me sentía cautivada.
Entonces recibí la picadura de un mosquito.
Lo cual era ridículo porque gracias a los baños de hierbas que tomaba los mosquitos no se alimentaban de mí. El olor que desprendía mi cuerpo para una persona era anestesiante y cautivador pero para un mosquito no era nutritivo. Pero ciertamente pareció una diminuta picadura de mosquito en mi cuello.
Me volví para mirar a mi espalda, sintiendo la fragante noche de verano a mí alrededor... pero no vi nada.
Estupendo. Debió haber sido la aguja de una conífera. Pero desde luego dolía. Y el dolor aumentaba con el tiempo.
¿Una abeja suicida? Me palpe la nuca con cuidado. No encontré bolsa de veneno ni aguijón. Tan solo un diminuto bulto blando que dolía.
Al cabo de un momento mi atención se vio atraída de nuevo hacia el local.
No estaba segura de que era exactamente lo que sucedía, pero pude sentir el repentino zumbido de atracción hacia aquel chico. Así como lo había sentido con Sasuke el primer día de volver. Mi reloj marcaba la una de la mañana. Neji Hyuga asomo en el local dejando su auto estacionado en la calle. Un Lamborghini Aventador, nunca me han gustado los Italianos, pero 350 km/h y una aceleración de 0 a 100k/h en 2.9 segundos... no está nada de mal.
Chico afortunado, tengo una perversa apreciación hacia ti. Si yo fuese una granuja persona normal, tu virtud... suponiendo que te quede alguna... podría estar en peligro. Por suerte para ti, tuve que renunciar a esa clase de cosas hará casi... muchos años.
Dibuje complacida una fugaz sonrisa en mi rostro, la mantuve durante el mayor tiempo posible, mis ojos grises se tornaron brillantes, pude sentir la picazón y la necesidad de pestañar más seguido.
Si, desde que volví he tenido la impresión de que el idiota de Sasuke no me aprecia lo suficiente. No había duda de que valía la pena contemplarme... soy hermosa, con extremidades largas de un pálido rosado, un cuerpo curvilíneo y mi cabello color negro noche que me cae alrededor de mis hombros, soy hermosa. Mis labios y mis ojos son únicos... en cambio esa menuda pequeña de cabello rosado, Hmp.
Quite la vista de Neji y observe a mi izquierda, una joven de pelo castaño y estatura baja estaba apoyada silenciosamente en mi árbol, ella con nerviosismo trabajaba con muñequitos vudú que guardaba en su bolso marrón. Tremendo. Me encantaba contemplar las artes creativas en acción, que pueblo más llamativo.
A la distancia volví a contemplar a Neji, la atracción foránea seguía zumbando... quizás él si me aprecie.
La joven apoyada en el árbol gimió, interrumpiendo mi concentración. Ella estaba agarrando a toda prisa algo que parecía un puñado de telarañas verdes. Tomo un pequeño espejo dejando a la vista sus ojos... los vi con claridad, de un negro escalofriante. Ella me sonrió desde allí, me vio a través de su espejo de manos.
Ahora, ¿qué estas esperando, jovencita? Me pregunte al ver como sonreía.
En fin, sería mejor que intentara no llamar la atención. Hacer esas cosas a la vista de cualquiera es peligroso. Ella se comportaba de un modo curioso. Echó hacia atrás su larga melena; se humedeció los labios y sonrió como si lo hiciera a un amante. Cuando habló, pude oírla con toda claridad.
- Gracias. Ha ido todo de maravilla.
Ella seguía estando sola, y no oí ninguna respuesta. Pero los labios de la joven del espejo por unos segundos no se movían de modo sincronizado con los labios de la auténtica muchacha
¡Bravo! Siempre estaba dispuesta a preciar una nueva estratagema sobre la gente corriente ¡Bien hecho, quienquiera que seas!
Pero no podía prestar más atención a esa joven, estaba aquí para contemplar a Neji Hyuga, y si era posible... hablar con él.
Antes de quitar la vista de la Joven ella saco una computadora y empezó a teclear la contraseña.
Mi vista era mucho mejor que la de alguien normal, desde pequeña fui sometida a pesados entrenamientos, y así agudice mis sentidos, incremente mi fuerza, velocidad... en pocas palabras, soy mejor que cualquiera que habitase en este mugriento pueblo. Tayuya
Pude ver con claridad los pálidos dedos con largas uñas color negro: AYUYAT
Tayuya, el nombre de la chica. Lastimoso.
Me volví para ver a Neji Hyuga, que se retiraba del local. Me alarme. Pero luego el hábito asumió el control y en un ágil movimiento me lancé del árbol, aterrizando limpiamente en el suelo. Buen salto de nueve metros, nada mal.
Cruce la calle y aparecí frente a él.
- Hola Neji - Le dije con una voz que rezumbaba exagerada simpatía, a la vez que usaba mis encantos para controlarlo. Y el aguardo, sin decir palabras, sorprendido por mi fugaz aparición.
- ¿Podemos hablar? - Pregunte esta vez con mi voz más melódica, más cautivadora, mientras aplastaba la fuerte voluntad de Neji bajo una voluntad mucho mayor.
- Si - Respondió él, dejando sus bolsas en el auto y cerrando la puertezuela de un golpe.
Eso era lo que necesitaba, así que, con un grácil movimiento me afirme en la carrocería de su auto, con una sonrisa directo hacia él. No era momento para conversaciones, para remolonear como acostumbraba a hacer. Para mí, una buena parte del placer radica en la expectativa, pero justo en este momento sentía una implacable necesidad. Recurrí con fuerza a una unión de miradas, mi poder para controlar su nerviosismo, supe que los latidos de su corazón se habían disparado y le dedique una sonrisa deslumbrante.
Era todo lo que hacía falta.
Neji había estado avanzando hacia mí; ahora se detuvo. Sus labios, preparados para hacer una pregunta, permanecieron abiertos; y sus pupilas de improviso se ensancharon como si estuviera en una habitación oscura, y a continuación se contrajeron y permanecieron contraídas.
- Avoir Les beaux yeux - consiguió decir - Comme épais nuages gris
Ya estaba. Me pertenecía. Y de un modo tan fácil, además.
Mis labios vibraron con una especie de dolor placentero, sentía una cierta desazón que me incitaba a atacar rápidamente como una cobra, a hundir mis labios en los de él y besarlo hasta que no sintiera ni las encías. Quería hacerlo, no, me moría de ganas por hacerlo, y todo mi cuerpo ardía acuciándome a besarlo tanto como deseaba. Al fin y al cabo, no había querido violar la voluntad de Sasuke, en dos oportunidades pude haberlo besado tanto como deseaba, pero no lo había hecho. Ahora Neji Hyuga estaba aquí, tan cautivador frente a mis deseos. Con cuidado, sin apartar ni un momento los ojos de él, me acerque y tome sus mejillas para dejar al descubierto sus labios. Me inundo los sentidos: el palpitar de su corazón, su profunda mirada en mí, el olor de su exótica colonia sobre su piel, su piel suave y dulce. La cabeza me daba vueltas. Jamás había estado tan excitada, tan ansiosa...
Tanto que me sorprendí. Al fin y al cabo, un chico era tan bueno como otro, ¿no? ¿Qué diferencia existía en esta ocasión? ¿Qué me estaba pasando?
Y entonces lo supe...
Quisiera recuperar mi mente, gracias.
De repente, mi intelecto se tornó gélido; la sensación de necesidad en la que había estado atrapada se congeló al instante. Solté la mejilla de Neji y me quede quieta.
Había estado a punto de caer bajo la influencia de aquello que estaba usando a la joven del árbol.
A Tayuya. Quienquiera que fuese había intentado manipularme con aquel pinchazo en mi cuello, no era simplemente un insecto.
Y de nuevo, percibí apenas una punzada de dolor en el pequeño bulto blando de mi nuca.
Me había estado usando, espoleando, intentando hacer que besara a Neji.
¿Por qué?
Furiosa, me concentre, y luego observe en todas direcciones. Mi vista era mejor que la de cualquier otro, busque con la mirada al parasito.
- ¿Estas bien? - Me pregunto Neji, tan confundido como le era posible.
- Lo siento es solo que... - Lo mire con arrepentimiento y él sonrió.
- Te fuiste del funeral, ¿Te sucedió algo? - Me pregunto mientras no me quitaba la vista de encima. Pobre chico, había sido inconscientemente un juguete para mí.
- Han pasado muchas cosas difíciles - Volví a mirar hacia el árbol, Tayuya ya no estaba ahí, ¿Dónde se había ido el maldito parasito con sus muñecos de vudú?, se había escabullido con su magia barata. Pero esto era algo más delicado que eso... ¡Claro, la Aparicio de Konan! ¡Ella!
- Así es - Comento Neji
- Hay veces en que tengo la necesidad de buscar alguna u otra forma para descargar este estrés - Dije a la ligera y Neji sonrió complacido.
- Bueno, quizás golpeando a alguien el estrés desaparezca.
Lo mire incrédula, esas eran las palabras más acertadas que habían dicho hoy. Golpear a alguien, hacerlo sentir mal y desdichado.
- ¿Te llevo a tu casa? - Me pregunto mientras se acercaba a la puerta de su auto.
- Oh, no... Mi motocicleta esta aparcada un poco más allá, lo siento Neji.
- Te entiendo, si quieres hablar... no dudes en pedírmelo.
- Claro, lo hare - Nuestra sonrisa fue de cómplices que hablan solo con miradas, yo sabía que a la menor intención de invitación que le mostrara el accedería como todo un caballero, para ayudarme.
- Debo irme. Adiós Neji.
Esta vez fui más precavida, me acerque a él con una sonrisa amistosa y cuidadosamente hice algo que aquí no estaban acostumbrados a hacer. Lo bese en la mejilla.
- Adiós Corinne - Me dijo mientras yo cruzaba la calle sin mirar hacia atrás. Lo siento Neji, lo siento.
Él parasito tenía que seguir en algún lugar cerca, bufándose de lo que me había hecho hacer... controlando mi mente con ese pinchazo. Y había estado controlándome a mí, Corianne Uchiha, de modo que tenía que estar cerca.
Con todo, no conseguí encontrar a nadie por los alrededores. Eso me enfureció aún más. Palpándome distraídamente el cuello, envié un siniestro mensaje, el bastardo o quienquiera que fuera tenía que escucharlo:
Te lo advertiré una vez, y solo una. ¡Mantente lejos de MÍ!
Por segunda vez no logre encontrar nada que estuviera lo bastante cerca para que lograse penetrar en mis pensamientos, y nada situado a mayor distancia podía tener algún aparato con una frecuencia tan fuerte y de largo alcance. Podía divertirme a veces fingiendo ser vanidosa, pero en el fondo poseía una capacidad fría y lógica de analizarme. Era hermosa y fuerte. Lo sabía.
Siempre y cuando me mantuviera enfocada y libre de sentimientos debilitantes, existían pocas personas que pudiesen enfrentarse a mí... al menos en este plano.
Estoy informada de todos los Peones que rondan este pueblo, pero hubo dos que no me esperaba, Konan... y no estaba sola... él también estaba aquí, lo sabía.
Sin duda no podía haber más de dos Caballeros aquí, solo Konan y él. De los Peones me encargare después. Solo Peones corrientes, sí, y ya empezaban a congregarse. Pero todos eran demasiado débiles para mí, demasiado débiles para manejar un sistema que manipulara mi mente, maldición.
Pero estoy totalmente segura que no hay ningún Caballero en los alrededores que pudiera desafiarme. Volví a subir al árbol, entregándome una vista de 360°. Neji ya se había marchado, al menos nuestro contacto solo había quedado ahí, sin resultar perjudicado.
Me volví y, con la agilidad de un lobo, me balance fuera de la rama que sujetaban mis manos... y luego me deje caer tranquilamente nueve metros hasta el suelo.
Necesitaba velocidad, subí a mi motocicleta y acelere, me dirigí hacia el lago, solo en treinta minutos llegaría hasta allí.
Acorte el camino, doble en la siguiente esquina a la derecha, manejando a estas horas por la calle principal del pueblo; pasaba ante un comercio de antigüedades, restaurantes, un negocio de tarjetas de felicitación.
Un momento. Ahí estaba. Un establecimiento nuevo que vendía anteojos de sol. Estacione y baje de la motocicleta con un elegante gesto producto de despreocupados movimientos que no desperdiciaban ni un ergio de energía. Una vez más, me quite el casco y mostré mi instantánea sonrisa a los chicos que pasaban a estas horas de la noche por el lugar, y luego la borré, demasiado para pueblerinos corrientes. Me admire en él oscuro cristal del escaparate. Sí, no importa cómo me mire, soy muy atractiva, pensé distraídamente.
La puerta tenía una campanilla que produjo un tintineo cuando entre. En el interior había un joven alto con los cabellos castaños desordenados y enormes ojos azules.
Me había visto y sonreía tímidamente.
- Hola - y aunque yo no lo había preguntado, añadió, con voz trémula - Soy Ronald.
Le dedique una mirada larga y pausada que finalice en una sonrisa, lenta y radiante y cómplice.
- Hola, Ronald - Salude, alargando las palabras.
Ronald trago saliva.
- ¿Puedo ayudarte?
- Pues sí - Le dije en voz baja, reteniéndolo con la mirada - Eso creo.
Adopte una expresión seria.
Millones de imágenes llegaron a mi mente, palabras, sonidos, frases del mismísimo Ronald. En un pestañar de ojos desaparecieron y luego de unos segundos, logre saber todo lo que necesitaba.
- ¿Sabías - seguí - que realmente tu lugar debería ser el de castellano en un castillo de la Edad Media?
Ronald palideció, luego enrojeció violentamente... y ello lo hizo resultar más atractivo aún.
- Siem... siempre deseé haber nacido en esa época. Pero ¿cómo podías saberlo?
Solo me limite a sonreír.
Quince minutos después de haber entrado en el negocio de anteojos de sol, andaba por la acera, luciendo unos flamantes Ray-Ban nuevos y silbando.
Ronald echaba un sueñecito en el suelo. Más tarde, su jefe lo amenazaría con hacerle pagar los Ray-Ban de su bolsillo. Pero justo en aquellos instantes él se sentía cómodo y deliciosamente feliz... y con el recuerdo de un éxtasis que jamás olvidaría por completo.
Me dedique a ir de compras, aunque no exactamente del modo en que lo haría una persona normal. Una anciana encantadora tras el mostrador de un comercio de tarjetas de felicitación... no. Un tipo en el negocio de electrónica... no.
Pero... algo me arrastró de vuelta al comercio de electrónica. Actualmente inventaban unos artilugios muy ingeniosos. Yo era testigo de eso. Sentía un deseo de adquirir una videocámara de bolsillo. Estaba acostumbrada a seguir mis impulsos y no era quisquillosa respecto a jóvenes que estuvieran dispuestos a caer en mis encantos. A los pocos minutos de que me hubiesen enseñado cómo hacer funcionar el juguetito, paseaba por la acera con él dentro de mi bolsillo.
Disfrutaba simplemente con el paseo, aunque mis músculos ya se estaban tensando. Era extraño, debía sentirme relajada... pero de todos modos, apenas no había hecho nada en todo el día. Pero entretanto disfrutar de esto aunque me sintiera fatigada mis músculos funcionaba conjuntamente con soltura y sin esfuerzo, como una maquina bien engrasada, convirtiendo cada movimiento en una delicia.
Me desperece una vez, por el puro placer de hacerlo, y luego volví a detenerme para estudiarme en el escaparate del local de antigüedades. Ligeramente más despeinada, pero aparte de ello tan hermosa como siempre. Y había tenido razón; los Ray-Ban me quedaban sensacionales. El negocio de antigüedades era propiedad, lo sabía, de una viuda que tenía un sobrino guapo y muy joven.
En el interior, la iluminación era tenue y había aire acondicionado.
- ¿Sabias - Le pregunte al sobrino cuando este acudió a atenderme - que me das la impresión de ser alguien a quien le gustaría visitar muchos países extranjeros?


Corinne Uchiha