¡Hola! :DD Aquí les traigo el nuevo cap :3
Antes que nada, les debo informar que actualizare todos los lunes, ah.
Como estamos a 8 semanas para entrar a vacaciones :´3 Ok eso no fue exactamente un dato-sube-ánimos u-u Aún falta mucho DD:
Peeero parece que los profesores están –intentando- relajarse y ya no mandan tantos trabajos y eso TT-TT Pero aun así se me hace difícil actualizar D: Pero lo haré…¡Lo haré! Bl
Ahora, si ya no les aburro con mi situación (?)
Espero les guste el cap :D
Era un día extrañamente helado; las calles estaban desiertas ¿Y cómo no estarlo? Si se acercaba una de las temporadas más difíciles para Shingashima: La escasez de alimento.
El cielo estaba gris envuelto por las opacas nubes que llegaban a paso lento, la neblina se extendía, llegando hasta a los callejones más angostos, como si de tentáculos sombríos se tratara.
Ambos niños caminaban a paso lento, uno junto a otro, esperando a que al menos unos pocos rayos de sol escaparan de entre las nubes para calentarlos.
-Que frío.
-Eren…- suspiró Mel - Te dije que cogieras un abrigo.
-¿Qué ganas reprochándomelo ahora? –pregunto molesto.
-Olvídalo – lo tomó de la mano y lo haló haciendo que sus pies se movieran más rápido.
El estruendoso sonido de la campana resonaba contra sus oídos. Eren tomó aire y lo expulsó en un largo y pensativo suspiro, haciendo que vaho fuera expulsado de sus labios.
A cada paso que daban, la campana repiqueteaba más y más cerca, golpeando más fuerte, haciendo saltar los sentidos del castaño y aflorando en él una extraña sensación de emoción en su pecho.
Sonrió observando al gentío empezando a arremolinarse.
A pesar del frío también habían salido a echar un vistazo, claro, controlados por la curiosidad. Aunque sabía de antemano que también estaban familiares de algunos de los soldados que llegaban, lo leía en sus rostros inquietos y nerviosos mientras se alzaban para mirar más allá de la multitud.
Subió sin mucha dificultad a unas cajas apiladas desordenadamente, seguido por Mel, quien también parecía ansiosa.
De repente escucharon exclamaciones al unísono. El castaño levanto la mirada y ahogo un grito.
No podía describir con palabras cada una de las muecas afligidas que deformaban los rostros de los soldados, parecían haber experimentado uno y mil terrores, un sinfín de tragedias y haber sido golpeados duramente por la realidad.
Sus ojos estaban huecos como si de pozos vacíos y sin pizca de agua se tratara ,a pesar de la distancia en la que se encontraban pudo notar sus labios apretados en una hosca línea, que hacía que se vieran fuertes a pesar de todo, sus hombros rígidos dejaban ver que aun después de todo lo vivido, ellos no se rendirían tan fácilmente. Y sus uniformes –sí, con esas alas que tanto le gustaban- degradados por el líquido escarlata que lo manchaba todo.
La atmósfera poco a poco empezó a llenarse de lamentos vanos. Sollozos se escuchaban tanto cerca de él, como lejos y no eran sollozos cualesquiera, estaban cargados de sufrimiento, dolor y sobre todo pérdida. Gritos desesperados -invadidos de preguntas sin respuesta y nombres ya perdidos- hacían que el alma del castaño se inquietara.
Soltó un suspiro tembloroso.
-¿Mel?- no había escuchado ninguna palabra o sonido proveniente de la acompañante a su lado, por lo que regresó a ver.
Mel tenía la mirada fija en la espalda de un soldado ya alejándose, no apartaba los ojos de aquella silueta, parecía estar en una especie de trance.
Sin previo aviso tomó al castaño de la muñeca y lo arrastró en dirección a aquel hombre. Eren la miraba confundido aun con aquel sabor amargo presente en su boca. Ya no quería ver a ningún soldado de la legión con el semblante torcido de pesadumbre y consternación, le haría recordar la tanta sangre que paso rauda por sus ojos.
Siguieron corriendo, ya parecían haberlos perdido de vista cuando lograron divisar la verde capa ondeando con aquel símbolo, que hacía que el corazón del ojiverde revoloteara.
-¡Oye! – Mel empezó a gritar con la emoción consumiendo su voz.- ¡Espera!
-¿A quién…?- empezó a preguntar el castaño desconcertado, enfocó sus ojos en la persona a quien parecía estar llamando su amiga.
Algunos regresaron a ver ante la insistencia de Mel.
-Es a ti tonto, no me ignores- exclamó molesta.
Un joven de apariencia seria y fría los regresó a ver con la irritación emanando de cada parte de su –pequeño- cuerpo.
-¿Qué?- respondió al igual que la niña, molesto, aunque su voz era más gélida y profunda. Eso hizo estremecer hasta los huesos al castaño, pero no se dejaría intimidar.
Apenas parecía tener unos 20 años o menos, el ojiverde no podía calcularlo. Su cabello negro estaba pulcramente arreglado y una que otra mancha de sangre estropeaba su uniforme, pero aun así, no parecía tener daños mayores. Lo que sí pudo entrever es como su puño estaba fuertemente cerrado en dos pedazos de tela. No, no solo eran pedazos, eran las alas de la libertad que solían estar en cada uno de los uniformes de la legión.
Se sorprendió al notarlo y clavó su mirada en el rostro de aquel pelinegro.
-Mocoso fisgón- soltó mirándolo directamente a los ojos mientras se guardaba las alas en el bolsillo de su propia chaqueta.
¿Desde hace cuánto lo estaba mirando? Apartó la mirada con un leve rubor en sus mejillas.
-No soy un mocoso –indicó haciendo un puchero infantil.
-¿Ah, sí? A mí me parece que si lo eres.
-¡¿Quiere ver que no lo soy?!- exclamó enojado dando una paso al frente.
Era imposible que un niño de apenas 10 años lograra ganar a un soldado de la Legión, de eso estaba más que consciente Eren, pero no pudo evitar dejarse llevar por su impulsividad, una vez más.
-Ah, no y no me interesa, mocoso.
-¿Es que acaso tiene miedo?- Si, sin duda tenía que aprender a cerrar su boca de vez en cuando.
-Ya basta Eren – le reprendió Mel jalándolo hacia atrás por medio de su camisa.
-Que insolente –murmuró dándoles la espalda dispuesto a seguir caminando.
-Mel ya suéltame.
-¿Prometes estar quieto?
-¡Sí!- respondió resentido.
-Bien, ahora espera…-y dicho eso salió corriendo tras el pelinegro, claro, como era de esperarse el castaño la siguió.
Mientras se acercaba pudo escuchar unos retazos de la rápida conversación que mantenían ambos.
-Da igual, te seguirán buscando. Así que ten cuidado ¿sí?-
-Tsk que molesta.- bufó irritado, pero asintió de mala gana.- Si, sí. Como sea, tú también deberías tenerlo, por si no lo sabes y te lo vengo a informar. También te buscan y no por la misma absurda situación en la que me encuentro yo…-clavó sus ojos en los del ojiverde al notar su presencia- Tu amiguito sí que es todo un entrometido.
-Está bien, es una de las cualidades que tiene – sonrió la rubia acercándose a su lado.
-Así que el mocoso tiene cualidades, que interesante…Me largo - volvió a retomar su firme caminar, no sin antes, dirigirle una extraña mirada al castaño.
Fue una mirada fría y a la vez acompañada de algo más, algo que no pudo distinguir Eren pero que provocó que en su pecho algo se removiera. Algo no exactamente desagradable.
-¿Quién era él?- preguntó resistiendo el impulso de volver a mirar atrás.
-¿El? –preguntó sumida en sus pensamientos, pero pronto salió de ellos. Con una gran sonrisa, observó a Eren.- Él es el soldado más fuerte de la humanidad.
Sentía su cuerpo siendo balanceado. Su cabeza reposaba sobre algo duro y a la vez suave.
Frunció el ceño mientras abría los ojos con pesadez, se sintió desorientado al instante al notar como el techo se movía ¿El techo se movía? Dirigió su mirada a un lado, encontrándose con la bufanda roja que hace tiempo le había pertenecido.
Lo llevaban en brazos como si fuera un niño.
-Mikasa…-
-Eren…-suspiró la pelinegra con alivio mirándolo fijamente.- ¿Estas bien? ¿Te duele algo? ¿Te sientes incomodo? ¿Tienes hambre?...-
-Estoy bien.- respondió consternado por tantas preguntas saliendo de los labios de la ojigris.- Pero ¿Por qué…?
-Te vi tirado en el suelo de una de las habitaciones y me preocupe.
-Espera ¿tirado?
-Sí, tirado en ese frió suelo y tú…tú te desangrabas –exclamo empezando a alterarse.
-¿Qué?- hecho una rápida ojeada a su cuerpo aunque no parecía estar manchado de absolutamente nada.
La miró sin entender.
-Tu brazo- soltó en un susurró ante la mirada del castaño.
-Ah, mi brazo- la manga de su camisa estaba enrollada hacia arriba, dejando entrever la blanca venda que rodeaba su antebrazo.-Pero Mikasa…
-¿Si?-
-Sabes que curará en unos cuantos minutos.
-Aun así Eren, era muy profundo. Además no perdía nada vendándolo –
-Bien –respondió Eren frustrado.- Supongo que gracias.
-Sabes que no es nada Eren.
-Puedes bajarme- indicó avergonzado después de un momento.
-No Eren, tienes que descansar.
-Mikasa no necesito descansar ¡Estoy bien!
-Deja de resistirte Eren, tú no estás bien.
-Detente Mikasa.
-Y estas así, todo por culpa de ese enano.
-¿De qué hablas?-preguntó confundido.
-Te mando a limpiar todas las habitaciones Eren- respondió enojada.
-Pero Mikasa eso fue porque…me lo merecía.
-¿Qué hiciste para que ese hombre abusara de ti?
-¿A-abusara?- Eren empezó a tartamudear y a sentir el calor extendiéndose por sus mejillas.- El no abusó de mí.
-Claro que sí, abusa de que eres demasiado amigable e inocente.
-Ah Mikasa. Ya entendí ahora bájame ¡Ahora!- volvió a intentar liberarse de los fuertes brazos de su hermana.
-Eren deja de hacer eso, tu herida se abrirá.-dijo sin inmutarse ante la lucha en vano del castaño.
-¡Mikasa! La herida ya debe estar más que cerrada – suspiró irritado esperando llegar pronto a su habitación, sin que nadie lo vea en la extraña situación en la que se encontraba.
Empezaron a bajar las escaleras en dirección al sótano, el ambiente cada vez iba cambiando por la incómoda humedad, las paredes tomaban colores opacos y sin vida mientras que todo se volvía más angosto, asfixiante y frío.
-Ackerman.
Eren oyó como su propia respiración se atoraba en su garganta.
Dirigió su mirada al frente, notando su corazón acelerarse de forma rápida y alarmante.
-Sargento…-murmuró observándolo sorprendido.
-¿Qué?- soltó Mikasa clavando su mirada en el más bajo.
-¿Es que acaso terminaste tus labores con los suministros que se te encargaron?- pregunto gélidamente.
-No, aun no –dijo irritada.- Tuve que auxiliar a Er…-
-Me importa una mierda tus razones- la interrumpió hoscamente.- Ve a seguir con lo tuyo, que esas cajas no se levantaran solas.
Eren se sobresaltó al ver la tensa expresión del pelinegro, parecía estar a punto de cometer homicidio a manos limpias. Podía jurar que era la primera vez que lo veía de esa manera, con un semblante tan furioso.
-Lo haré en cuanto deje a Eren en su habitación a salvo –respondió Mikasa teniendo sumo cuidado en poner la suficiente cantidad de veneno en sus palabras.
-Mikasa- susurró Eren inquietándose al percatarse de los puños fuertemente cerrados del sargento.- Bájame, ahora.
-Escucha niña- Levi con una fuerza impresionante arrancó al castaño de los brazos de la pelinegra.- Aprende a escuchar las jodidas órdenes de tus superiores. ¿O es que acaso tu pequeño y hueco cerebro no lo entiende? ¿Hay que dibujártelo?
Eren sobándose su espalda con una mueca de dolor logró sentarse. "Podía haberme tomado en sus brazos a botarme de esa forma al piso" pensó con pesar. A veces su sargento podía llegar a ser impulsivo.
-Escucha enano ¡Tú no tienes ningún derecho en Eren!
-Estoy a cargo de él niña estúpida.
-¡Esa no es razón para mandarlo a hacer trabajos tan cansados! ¡Por tu culpa él se lastimó!- gritó la pelinegra al borde de la histeria.
Levi clavó la mirada en Eren. Recorrió rápidamente con sus ojos el cuerpo del castaño –haciendo que este enrojezca de manera violenta- y la posó en la inservible venda colocada en su brazo.
-Eso Ackerman, es porque tu querido hermano –empezó a decir poniendo énfasis en la palabra.- es un inútil bueno para nada. No puedes culparme por algo que ya viene de nacimiento.
-¡¿Qué dijiste?! –exclamo enojada agarrando bruscamente al pelinegro por el cuello de su chaqueta.
-Que tu hermanito es un inútil bueno para nada –repitió con voz afilada y serena pero con un atisbo de cólera tintando sus ojos.
El castaño se levantó rápidamente cuando la pelinegra alzó la mano en un puño dispuesta a golpear al sargento.
En menos de un microsegundo Levi asió ambas muñecas de la ojigris, con un ágil movimiento las torció lo suficiente para sacar una exclamación de dolor de parte de Mikasa y la empujó lejos con una mirada de advertencia.
-¿Sabes? Te puedes meter en muchos problemas si atacas a un superior.- dijo acomodándose la camisa por la que anteriormente se lo había jalado.- Y no creo que seas tan tonta como para permitir que te echen de la legión, con Eren aun aquí.
Mikasa manteniendo su mirada de odio, no se atrevió a contradecirle.
-Ahora ve y termina de hacer las cosas que se te han encargado.- ordenó mirándola fríamente.
-Eren…-
-Está bien Mikasa, yo te busco luego.- indicó Eren sonriendo.
-Ah, Eren no te preocupes, yo vendré. Tu descansa.- dicho eso volvió a subir por donde vino, con su espalda bien rígida.
Con la salida de la ojigris el pequeño pasillo se sumió en silencio. Eren se acercó al pelinegro, con cautela.
-¿Sargento?- pregunto indeciso.
-¿Hm?
-¿Qué hacía aquí abajo?
Levi se recargó contra la pared, cruzado de brazos.
-¿Quién sabe? Ni yo mismo lo entiendo.
-¿Vino a verme?
-No, vine a ver como las asquerosas polillas se comían la madera de tu cama.
-¡Sargento!
-Sí, sí, se puede decir que vine a verte.-respondió frunciendo el ceño.
El castaño quiso saltar de la felicidad ante el reconocimiento del frío sargento, pero se abstuvo al ver como este lo miraba enojado, solo por la sonrisa que no pudo controlar, extendida en sus labios.
Eso hizo que sus nervios se calmaran y se transformaran en voluntad para acercarse.
-También quería verlo –acercó sus labios a su oído y entrelazó sus dedos con los del más bajo.
-Mocoso cursi- murmuró molesto pero dio un suave apretón a su mano.
Mantuvieron esa calma por unos breves instantes, lo suficientes para que el castaño se sintiera la persona más suertuda en el mundo.
-Quisiera que todos los días fueran así.
-¿Así como?
-Solo los dos, juntos, tomados de la mano.-susurró.
-Eren…-
-Sargento, quería preguntarle algo importante – empezó el ojiverde. Al ver los ojos inquisitivos del sargento, prosiguió.- Nosotros... ¿somos algo? Ya sabe… ¿después de lo de ayer? - Eren tenía esa ligera duda; de saber si en realidad estaba en sus facultades mentales al preguntar eso.
-¿Es que acaso quieres "algo"? –respondió con otra pregunta.
Lo dijo de forma instantánea, sin un atisbo de sentimientos o alguna señal que ayudaran a la esperanza del castaño.
-Bueno yo…-empezó a decir buscando tranquilizarse, sus pensamientos iban a mil, uno arremolinándose a otro, sin ningún orden aparente. Pero no se iba a engañar a si mismo.- ¡Sí! Quiero ser su novio Sargento y quiero que usted sea el mio.
Levi se sobresaltó ante la intensidad de la mirada que el ojiverde le ofrecía, por un momento estaba seguro de que diría que "No" y eso lo hizo molestarse de sobremanera, pero -como últimamente lo hacía-, el maldito mocoso lo volvió a sorprender.
-Deja de ser tan jodidamente directo, mocoso- dijo sin poder evitar apartar la mirada.
-Me preguntó y yo le respondí, Sargento- respondió abrazándolo repentinamente.
-¡Oye! ¿Qué crees que haces? –exclamó el pelinegro empujándolo aunque era más que consciente que no lo hacía con toda su fuerza.
Extrañamente se sentía cómodo entre esos brazos rodeándole, aunque no se lo haría saber, ni aun que le pagaran.
-¿Y usted…?- preguntó separándose para mirar esos lindos ojos oliva -¿Quiere intentarlo?
Tras considerarlo un buen rato. Y si, para Eren sí que fue un largo rato, fijo su mirada en el del castaño.
-Si, supongo que podría intentarlo…¡Mgh!- sin pensarlo dos veces Eren robó los labios del más bajo de forma brusca, sin esconder el hecho de expresar toda su felicidad a través de ese beso.
-Lo amo sargento. Lo amo…-susurró sobre los labios del pelinegro, asió su mandíbula profundizando el beso, sacando imperceptibles jadeos, mientras que con su mano libre rodeaba su cintura y lo acercaba más a su propio cuerpo.
Levi jugueteaba con la lengua inexperta del ojiverde, la mordía ligeramente para luego succionarla con sus húmedos labios, envolvió ambos brazos en su cuello. Jaloneaba su castaño cabello, haciendo gruñir de placer a Eren, sonrió internamente.
Los jadeos se escuchaban distorsionados al chocar contras las vacías paredes. Levi al sentirse levantado por los brazos de Eren, rodeó su cintura usando ambas piernas, sin dejar de aferrarse a su cuello.
El deseo del más joven estaba más que presente al balancearse contra la entrepierna del pelinegro, lo hizo apoyar contra la pared, haciendo más fácil y placentera la fricción entre ambos.
-¡Sargento Levi!
El electrizante ambiente se esfumó cuando escucharon la voz de un soldado llamando al pelinegro.
Se separaron jadeantes.
- Eren…eres un mocoso pervertido.-dijo con voz queda el más bajo, ocultando su rostro en el cuello de Eren.
-Usted me provoca –susurró abrazándolo por la espalda y llevándolo en dirección a su habitación.
-Puedo caminar solo idiota- indicó bajando de los brazos del ojiverde.-No necesito que alguien me lleve cargando como si fuera un niño.
-No se haga el difícil - replicó Eren abrazándolo por la espalda.- Yo sé que usted también necesita de mucho afecto. Y yo se lo daré.
-Cállate, demasiadas palabras innecesarias hacen que cualquiera se aturda.
-No me importa lo que diga, siempre lo cuidaré y todos los días le diré cuanto lo amo.
-Tsk…haz lo que quieras –respondió dejándose llevar al menos un instante por lo que ahora le parecía lo más cálido que ha sentido su corazón en años.
-Siento que le falta más azúcar.
-¿Enserio? A mí me parece delicioso- indicó Eren dando un prolongado sorbo a su café.
-¿Y desde cuando a ti te gusta el café?- preguntó Jean observándolo extrañado.
-No hace mal probar.-respondió mirando de soslayo al Sargento, que se encontraba tomando tranquilamente su propio café mientras parecía escuchar sin interés la conversación que sostenían Hanji y el comandante Irvin.-A veces lo más amargo puede llegar a ser lo que más endulce tu vida.
-¿Qué? – Soltó Jean en gesto de burla.- No me digas que andas enamorado Jaeger.
-¿Eh? No, claro que no- negó nervioso despegando sus ojos del Sargento.
-No digas idioteces Jean- advirtió Mikasa mirando preocupada al ojiverde, ante su reacción.
-No son idioteces, yo solo digo lo que veo.-contradijo Jean.
El castaño suspiro con pesar ¿Por qué no puede gritar al mundo que está enamorado del sargento? ¿Por qué no puede decir que ahora tienen una relación?
Simplemente no podía.
"-Escucha Eren, nadie debe saber de esto ¿entiendes? Esta relación debe quedar solo entre tú y yo."
"-¿Eh? ¿Por qué?"
"-Simplemente hazlo y listo."
"-Sargento…"
"-Promételo."
"-Pero…"
"-¡Que lo prometas!"
"-…lo prometo."
-Bien, bien Mikasa, lo siento. Y tú…-apuntó al castaño.- deja de ser tan obvio.
- Cállate Jean, eres la persona menos indicada para decirme eso ¿Crees que no sé lo que tienes con Arm…?-empezó a mencionar el castaño cuando un trozo de pan chocando en su rostro lo obligó a callar.
-¡Oye! ¡Idiota! ¡¿Es que acaso no piensas?!- exclamó Eren golpeando la mesa con la palma de sus manos impulsándose hacia arriba.
-¡El que no piensa aquí, eres tu Eren! –contraatacó levantándose violentamente y derribando, en el proceso, la silla en el que estaba sentado, provocando estruendo en lo que antes era, una silenciosa mesa.
-¡¿Qué dices cara de caballo?!
-¡Lo que escuchaste suicida del demonio!
Algunos preferían ignorar la disputa, comiendo tranquilamente, mientras que otros miraban la escena resignados, ya estaban acostumbrados a las frecuentes discusiones de ese par. Solo se tomaban la molestia de actuar cuando los insultos hirientes se volvían golpes mortíferos y dejados de broma.
-Suficiente- dijo Levi, lanzando una mirada llena de trocitos del más frío hielo.
Todos se tensaron y volvieron a retomar lo que hacían hace poco, intentando aparentar tranquilidad. Eren volvió a sentarse sin apartar la mirada de Jean, pidiéndole con los ojos que no digiera la razón de porque peleaban. No le parecía una de las mejores ideas el hecho de que el sargento se enterase de que no escondía muy bien sus sentimientos. Seguro se enojará si se entera y eso es lo que menos quería.
-Que niños tan molestos- murmuró volviendo a dar un sorbo a su café.-Al menos en la mesa aparenten ser niños normales y decentes.
-Lo sentimos Sargento- dijo el castaño lanzando una rápida mirada al pelinegro.
-Tsk, como sea, dejen sus momentos de euforia lejos de aquí.
Hanji rió dándole una palmada en la espalda a Levi.
-Ah, Levicito. No te pongas en tus humores justo ahora, sonríe.-dijo con voz animada.
-¿Es que acaso mi felicidad no es más que evidente justo ahora?- respondió lanzando una mirada asesina a la castaña.
-No, pareces uno de esos monstruos salidos de los cuentos infantiles menos vendidos.
-Mira cuatro ojos, me vale una mierda que seas mujer, te golpearé hasta que estés más deformada que unos de tus asquerosos titanes.
-Mis titanes no son asquerosos, son lindos. Se podría decir que más lindos que tu mi querido Levicito.
-Vete a la mierda Hanji…Vete- susurró gélidamente.
Eren podía jurar que un aura oscura y asesina empezaba a dispersarse por toda la mesa, haciendo que todos se pongan rígidos automáticamente.
-Dime donde esta y voy con mucho gusto Levicito, si quieres te traigo algún recuerdo de por allá – respondió sin poder dejar de reír.
-Espécimen raro, hija de tu maldita….-
-Ya, ya ambos dejen de discutir- ordenó un sonriente Irvin mientras se levantaba.
-Tsk –bufó el pelinegro molesto, cruzándose de brazos, se dispuso a seguir bebiendo
-lo que antes era- su caliente café. No sin antes regalarle una última mirada letal a Hanji.
-Bueno, ahora que parece todo seguir en orden- habló el mayor dirigiéndose hacia la puerta.- Hoy ha llegado una invitada algo inesperada, hasta para mí.
Esperaron a que el comandante continuara cuando unos sonoros golpes en la puerta, llamó la atención de todos.
-…Y creo que ya está aquí –les informó abriendo la puerta.
Eren quien hasta ese momento había seguido observando detenidamente al Sargento, apartó la mirada dirigiéndola hacia la nueva presencia en la habitación.
Una corriente de vértigo lo asaltó, dejándolo prácticamente mareado.
Esa chica…
-Ella es mi prima- indicó Irvin, dando un afectuoso apretón a la rubia.- Su nombre es María Elena…-
-Pero pueden llamarme Mel – interrumpió inmediatamente – Odio ese nombre –murmuro dirigiendo una rápida mirada a todos los presentes reunidos.
"Mel" pensó Eren, intentando encontrar una respuesta a las tantas preguntas arremolinadas en su ahora inquieta mente.
"Mel…"
O/O
Y aquí termina TuT
Bueno, como dije arriba, actualizaré cada semana :DD
Asi que nos leemos pronto.
¡Adios! (*-*)/
••Erevi Tetsu••
