¡Hola a todos! Les traigo el nuevo cap de la semana :DD

Espero que lo disfruten *W*

Shingeki no Kyojin pertenece exclusiva y únicamente a Hajime Isayama. Yo los tomé prestados, sin fines de lucro, ah :33


_Nueva información_

Pronto Irvin empezó a presentar a cada miembro presente de la mesa con su particular calma y paciencia.

Acercó a Mel hacia una sonriente Hanji.

-Ella es Hanji Zoe, líder del departamento de investigaciones, hace todo tipo de experimentos y nos ha llegado a ayudar mucho con sus descubrimientos e hipótesis.

-Mucho gusto señorita Hanji- dijo Mel sonriendo.- Sera un placer saber más acerca de sus investigaciones.

-El placer será todo mío Mel, estaré más que encantada a enseñarte alguno de ellos.

-Ojala alguien se apiade de ella- murmuró Levi sarcástico.

Se escucharon varias risas bajas, acalladas poco después por el mismo Sargento.

-Él es Levi - prosiguió el comandante, antes de que empiece una nueva discusión.- Líder del escuadrón que, como observarás, son los jóvenes sentados más allá.

-Hola Levi- dijo la rubia sacudiendo ambas manos de un lado a otro, saludándolo.

-Sargento Levi para ti –soltó sin ofrecer una mirada.

-Levi…-advirtió Irvin a pesar de que Mel aún mantenía su sonrisa.

-Está bien…Sargento Levi, no frunzas tu ceño de esa forma, hace que te veas menos angelical.

La estridente risa de Hanji inundó la mesa, rápidamente se acercó a abrazar por los hombros a Mel.

- Esta niña sin duda, sacará de las casillas a Levi-love. ¿Ves Levi? Hasta para ella es divertido molestarte.

-Tomate como muerta Hanji- murmuró levantándose.

La castaña desapareció en menos de un segundo, aunque aún se lograba escuchar su sonora risa acompañada de frases sin sentido, haciendo eco por el pasillo.

Todos esperaron en un incómodo silencio, hasta que las carcajadas de la castaña, desaparecieron por completo.

-Bueno, ¿En que estaba?...Ah, si- Irvin retomó su caminar, guiando a la rubia al escuadrón, llegaron cerca al puesto del castaño. – Él es el joven con la habilidad de convertirse en titán- lo presentó sonriendo.- Su nombre es…-

-Eren- murmuró Mel.- Eren ¿Qué haces aquí?

Todos clavaron los ojos en el confundido ojiverde.

-Estoy…comiendo- respondió aturdido.- ¿Por qué?

-Creo que no se refiere a eso Eren.- susurró Armin, mirando fijamente a la chica parada frente a ellos.

-¿Por qué Eren? ¿Porque entraste a la Legión de Reconocimiento?- preguntó empezando a alterarse.- ¿Cómo pudiste?

-Siempre he querido entrar a la Legión, además no sé porque tengo que darte explicaciones- soltó Eren consternado.- Ni si quiera te conoz…-se interrumpió

En realidad… ¿No la conocía?

No…

"¡Mel! Ya vienen…Ya viene la Legión"

Tal vez si la conocía…

"Mikasa, Armin y yo iremos a ver a Hannes ¿Quieres venir Mel?"

Pero…

"Mel desertó, junto con otros niños del orfanato. Se dice que los más probable es que hayan sido…asesinados"

-Eren…-Mikasa se acercó preocupada a causa de la repentina palidez del castaño. Lo tomó por los hombros.- Eren ¿Estas bien?

-Mikasa…ella es Mel- susurró clavando la mirada en la ojigris.- ¿La recuerdas?

-Sí, Eren. La recuerdo perfectamente- soltó la pelinegra con rencor.-Como olvidarla.

-¡Tu! –la rubia se dirigió a Mikasa.- Prometiste cuidarlo. ¡Lo hiciste!

-Y lo estoy haciendo- replicó iracunda.- Tampoco podía negarle su deseo, así que entré aquí junto a él… ¡Para protegerlo! Aunque prácticamente fue obligado a entrar.

-No me importa si fue obligado o no, Mikasa. ¡Él no debe estar aquí!

-No fui obligado- contradijo el ojiverde.

-Lo encarcelaron y luego fue golpeado por ese en…por el sargento- murmuró la pelinegra con odio.- Es más que evidente el hecho de que fue forzado.

-¡No es así! A mí nadie me obligó- exclamó con decisión.- Quería entrar a la Legión desde que tengo memoria, ahora que ya estoy aquí, me siento feliz. Feliz de ser una parte esencial para la salvación de la humanidad y feliz porque aquí llegué conocer a personas de buen corazón y voluntad indestructible, que ahora conforman una parte importante dentro de mi vida. Ahora, dejen de sacar sus propias conclusiones. Es mi vida y yo sabré como manejarla.

Todo quedó sumido en un tenso silencio previo a las palabras dichas del castaño; había quienes lo miraban sorprendidos, algunos con una enorme sonrisa dibujada en sus labios y otros…

Escuchó la puerta cerrarse bruscamente, provocando que todos se sobresaltaran.

Eren volvió la vista con sorpresa, encontrándose con un Irvin, observando la puerta –ya cerrada- confundido, luego a Mel que reflejaba un semblante entre enfadado y conmovido y por último miró la vacía silla del sargento.

Había abandonado la habitación, dejando a Eren con la duda, una vez más, consumiéndolo.

.

.

.

¿Es que acaso ese mocoso no era consciente del efecto que tenía en él? No podía simplemente levantarse y decir ese tipo de palabras con esa expresión tan plena; con una expresión determinada y ojos relumbrantes pidiendo ser escuchado. Y así fue, el más bajo era consciente de que las palabras de aquel joven había –una vez más- tocado el corazón de algunos de los entes que se encontraban sentados, el problema partía ahí, también lo había tocado a él, de una manera tan incitante y a la vez inocente.

Tuvo que salir en ese mismo instante, antes de que esa necesidad imperial por abalanzarse al castaño y besarlo hasta dejarlo sin aire, fuera más fuerte y haga que sus impulsos (Esos impulsos que estaba seguro de haber guardado bajo llave ya hace mucho tiempo) volvieran a salir, llevándose el poco autocontrol y la decencia de sus actos, a quien sabe dónde.

Recordó la vez en donde el castaño había sido llevado bajo custodia, por la policía militar. Lo habían encerrado en ese muy poco higiénico calabozo y lo habían esposado –prácticamente- a la cama.

En ese entonces Irvin y él, le habían dado una visita muy poco cálida, con la intención de ofrecerle entrar a la Legión, cosa que no le pareció muy inteligente al pelinegro pero ¿Qué podía hacer? El comandante siempre lograba sus cometidos y él tenía la suficiente confianza depositada en él, para aceptarlo.

Ver encadenado al ojiverde de esa forma, provocó que fuera víctima de una rápida corriente de deseo, fue casi imperceptible, por lo que prefirió ignorarlo y tomarlo como una señal de extremo cansancio.

Pero a pesar de sus conclusiones, no pudo dormir en la noche.

Todo por esa extraña sensación que había sentido por aquel chico, y no solo fue causante de un cargante insomnio, si no, también fue el causante de verse obligado a desahogarse de la manera, que ni en sus más raros sueños pensó hacer y con los brillantes ojos de aquel castaño impresos en su mente.

A la llegada del amanecer, había estado maldiciendo mentalmente –literalmente- todo el día. Estaba enfadado con ese mocoso, sin alguna razón aparente, pero esa ira también iba dirigida hacia el mismo. No podía dejar de pensar en ese mocoso; ese mocoso del que estaba a cargo y al que tenía que asesinar si se salía de control.

Pero claro, tuvo como descargar esa molestia. En el juicio designado para el futuro del ojiverde.

Sí que lo había golpeado, aunque no pudo controlar la sensación que se hizo presente minutos más tarde. Una especie de aprensión en su pecho, que lo dejó con el sabor de una sola pregunta, en sus labios ¿Y si aquel castaño lo odiaba?

Pero ahora sabía que no era así.

Había resultado todo lo contrario, ahora estaban comenzando una –furtiva- relación y en realidad, no se arrepentía. Bueno, hasta el momento todo parecía ir en orden.

Saber que ahora, no solo Eren le pertenecía, sino que también él, le pertenecía a Eren.

-Maldición ¿Qué tipo de pensamientos mete en mi cabeza ese mocoso?- se preguntó irritado.

-¡Oye Levi!

Aceleró su caminar, dando zancadas más largas e intento ignorar a la chica.

-No me ignores- exclamó Mel ubicándose a su lado - ¿Qué te pasa?

-¿Qué haces aquí?- preguntó el pelinegro si detenerse.

-Saliste de esa forma tan rara, todos se quedaron como ¿Qué rayos…?- empezó la rubia- Eren intento salir tras de ti, pero Mikasa lo retuvo y le empezó a decir algo. Cosa que no oí, pero ella parecía alterada- suspiró- Y Eren también, pero luego pareció calmarse cuando Mikasa lo abrazó…-

-Y una mierda… ¡No me refiero a eso Idiota! ¿Qué haces aquí en la Legión?

-¿Es que acaso no puedo venir a visitarlos?- preguntó con fingida tristeza.

-No, no puedes- respondió gélidamente.

-Escucha Levi, yo no pienso contar nada. Es tu secreto y tú sabrás como y cuando decirlo- aclaró tomándolo de la muñeca y obligándolo a parar.

Levi suspiró con fastidio.

-No es como si me afectara -se apartó- Como sea, aun no me has dicho la verdadera razón por la que estás aquí.

-Vine a investigar al chico titán- informó pesarosa- aunque nunca creí que ese chico fuera…Eren.

El pelinegro se tensó al escucharla, pero supo encubrirlo perfectamente con su acostumbrada frialdad.

-¿Para qué exactamente lo investigas?

-Me han pedido que lo haga. Muchos están interesados en saber más acerca de la extraña habilidad que posee.

-¿Y que se supone que harás cuando tengas esa información?

-Venderla –reconoció, apartando la mirada.

-¿Irvin sabe cuál es la razón por la que estás aquí?- Levi empezaba a exasperarse.

-No, no puede saberlo. Dañaría todo y…-

-¿Te das cuenta que con esa información podrías lastimar a Eren?

-Sí, soy consciente de ello y estaba más que dispuesta…antes. Pero ahora sé que a quien debo investigar es a Eren, no sería capaz de dañarlo. Nunca.

-¿Y qué harás entonces?- preguntó, sintiendo como la inquietud disminuía al saber las buenas intenciones de la chica.

-Ya me las arreglaré- murmuró- Por ahora…intentaré relajarme y disfrutar mis vacaciones.

-Relajarte en este lugar es imposible.

-No lo creo. Estando tú aquí, se me harán unas vacaciones muy rápidas- respondió con una sonrisa en el rostro, para luego ser remplazada por una expresión afligida.- Lamento lo de tu escuadrón anterior.

-Olvídalo- soltó apoyándose en la pared.- Sucedió, no pasa nada. Es el mismo fin al que todos vamos a llegar algún día.

-Ah, que pesimista- suspiró indignada- No sé, tal vez solo era mi imaginación pero…-empezó poniendo sumo cuidado en cada palabra- parecía que Petra y tu eran más unidos y ya sabes... ¿Ustedes…-

-No.

-¿Eh?

-¿Qué sacarás preguntando eso ahora?- preguntó Levi, neutro.

-Lo más probable es que termine ganándome unos cuantos insultos, pero no pierdo nada.

-Me largo. Tengo cosas más importantes que hacer que estar discutiendo contigo.

-¿Ah, sí? ¿Cómo qué? ¿Limpiar hasta el cansancio?- preguntó riendo.

-¿Sargento?

Ambos regresaron a ver al joven castaño, parado cerca de ellos.

-¿Qué quieres, mocoso?-preguntó Levi.

-Ah…yo, venía a buscar a Mel pero si está ocupada…-clavó la mirada en la rubia.

-¿Ah? –Miró al pelinegro, quien tenía una extraña expresión en el rostro- No, no...Digo ¡Sí! Voy contigo Eren.

Ella sabía que tenía las respuestas de un sin número de preguntas que atormentaban la mente del ojiverde y a pesar de todo, ella quería contárselas, hacerle saber acerca de su vida después de su desaparición, también estaba ansiosa por saber más acerca de la vida que llevó aquel castaño junto a su familia y amigos y más que todo quería saber porque justamente él tenía esas habilidades.

Se removió un poco inquieta ante la serie de miradas que se lanzaban. Tanto el pelinegro como el castaño compartían algo, ella no sabía exactamente qué, pero parecía ser algo intenso. Antes de que pudiera decir palabra, Levi dio media vuelta y se fue sin previo aviso, perdiéndose en la penumbra de aquel pasillo. Regresó a ver al castaño, quien miraba hacia la misma dirección con gesto frustrado.

Mel lo miró inquisitiva.

-¿Qué sucede?

-Nada - respondió Eren rápidamente.- Necesitamos hablar contigo.

-"¿Necesitamos?"- lo miró confundida.

-Sí, no es solo a mí quien debes respuestas Mel.

-Ah, entiendo.- Armin y Mikasa supuso la rubia.

Eren se sentía incómodo, caminaban en dirección a la habitación de Mikasa, ahí también se encontraba Armin.

Hacía tiempo que no la veía, hace tiempo que la creyó muerta y verla parada frente a él, con esa particular sonrisa tintando sus pálidos labios, lo dejó sin habla y con los pensamientos estáticos.

La miró de soslayo. Ya no era la niña de coletas que apenas recordaba, con sus rubios cabellos ondeando desenfrenadamente fuera de lugar, sus ojos siempre bien abiertos, atentos a cualquier indicio arcano y con una sonrisa infantil y ansiosa, por descubrir más.

Ahora estaba a lado una joven de 16 años, sus ojos tenían una sombra amistosa pero parecían estar atentos a todo, sus pómulos bien cincelados y de rosa pálido, sus labios finos en forma de corazón y con su ahora, ya no tan largo cabello, llegándole por los hombros.

-¿Te cortaste el pelo?- preguntó precipitadamente.

Mel rió, enredando en sus dedos un mechón de cabello.

-Se puede decir que sí, mucho cabello puede molestar a cualquiera.- indicó- ¿Aun puedes recordar como lo tenía antes?

-Más o menos, te llegaba hasta la mitad de la espalda.-murmuró pensativo.

-Si –confirmó, sonriendo de forma melancólica- Mikasa también se lo cortó, recuerdo que lo tenía más largo.

Eren asintió.

-Si no se lo cortaba, seguro le hubiera estorbado para el entrenamiento.

-Sí, debe ser.

Un nuevo silenció revocó, una vez más, rápida la conversación.

El castaño agradeció internamente cuando divisó la habitación de su hermana. Abrió la puerta y entró rápidamente, seguido por Mel.

Armin se encontraba sentado en la silla frente a la pequeña mesa, con ambas manos cayendo a su lado, de forma natural. Mikasa quien hace poco segundos antes había estado sentada en el borde de la cama, se levantó tensa ante la llegada de ambos.

Eren se acercó a la cama y se tiró a ella, sin esperar. Se sentía cansado y no sabía la razón, intento convencerse de que estaba solo, a pesar de los susurros a sus espaldas. Pronto una mano se posó en su espalda.

-Eren- alzó la cabeza y se topó con los preocupados ojos de la pelinegra- Si te sientes mal, podemos dejarlo para otro momento.

-No, está bien así- respondió sentándose en la cama- Necesito saber.

Mel respiró hondo acercándose a paso dudoso hacia ellos, hacía los tres jóvenes, que hace tiempo, habían sido su gran y única familia.

-Bueno, prácticamente estoy a merced de ustedes. Pueden preguntarme lo que sea.

El ojiverde abrió la boca, dispuesto a lanzar la primera pregunta, pero se contuvo. No podía preguntarle de qué hablaba con Levi hace un instante, tampoco podía preguntarle porque se portaba tan familiar con él. Técnicamente no podía preguntarle absolutamente nada acerca del pelinegro, eso se escucharía muy sospechoso a los oídos de todos. Prefirió buscar otra pregunta rápidamente, ya que la rubia lo veía, esperando.

-Antes decías que no tenías familia, ahora nos enteramos de que eres prima del comandante. Eso tiene muy poco sentido Mel- dijo Armin. Eren lo miró agradecido.

-Eso es una larga historia. No tengo padres, tampoco familia- explicó en voz baja- Irvin apareció de la nada, hace algunos años. Me acogió, no sé exactamente porque, pero así lo hizo, en ese entonces yo tenía unos 12 años. No me llevaba con él a ninguna expedición, tampoco me llevó a conocer a ninguno de los soldados, solo me tenía en una sencilla casa, junto con una señora muy amable. Parecían ser pareja, se llevaban muy bien, siempre reían- recordó pensativa, de pronto sonrió- Pero a pesar de que yo parecía ser algo así como su hija, siempre lo llamaba tío.

La miraban sorprendidos, una de las razones, fue porque nunca creyeron que Irvin tuviera una pareja y un lugar a donde llegar.

-¿Por qué te fuiste de Shingashima?-preguntó Eren retomando el hilo de las preguntas.

La rubia se mordió el labio, titubeante.

-Me buscaban- murmuró con voz queda-…La policía militar.

-¿Por qué?- susurró Eren asustado. No era normal que una niña de apenas 10 años sea buscada por la policía.

-Tengo información importante en mi cabeza- musitó mirando un punto inexistente.

-Tienes información en tu cabeza- repitió Armin alargando las sílabas- ¿Lo dices literalmente?

-No, no- Mel dejó por un momento su seriedad y rió- Mi padre era un científico, el junto a mi madre les gustaba investigar y descubrir un sinfín de cosas. Esos días vivíamos a las afueras, cerca de los campos de cultivo del muro María, en una pequeña casita, simple pero cálida. No recuerdo muy bien, pero…un día simplemente llegó la policía militar y los asesinaron. Yo logré escapar, corrí tanto como dieran mis pies y a pesar de que llegué a Shingashima, seguí corriendo, fue ahí cuando…-

-Te chocaste con mi madre y yo- interrumpió el castaño, con los hombros rígidos-…Te veías asustada.

-Y sí que lo estaba- reconoció sonriendo, con los labios bien apretados- Pero ustedes me salvaron.

-Pero a pesar de eso, la policía militar, nunca dejó de buscar ¿verdad?

-Si, a veces son muy perseverantes- bromeó con voz temblorosa- Esa fue la razón por la que tuve que escapar de ese orfanato, varios niños ese mismo día fueron secuestrados, supongo que intentaban encontrarme en ese grupo. Si no me iba, lo más probable es que también los hubiera metido en problemas a ustedes. Aunque…-miró a Eren- tu sí que recibiste golpes por mi culpa.

-Y… ¿Qué tipo de información era la que guardabas?- preguntó Armin, analizándola.

Mel se acercó más a los jóvenes y les hizo un ademán para que la imitaran.

-Escuchen esto es algo muy delicado, por lo que necesito de su total confianza y discreción… Al parecer, la sangre de una persona que tiene habilidades, como la de convertirse en titán, posee el dominio de regenerarse. Aunque eso ya deben saberlo.

Los tres asintieron al unísono.

-Según los estudios de mi padre, no solo puede regenerar a la persona en cuestión, esa sangre puede también generar órganos ya perdidos.

Continuó susurrando ante la mirada expectante de los jóvenes.

-Como por ejemplos si a una persona, por alguna razón, donó su riñón, podría generar uno nuevo desde cero, no con facilidad, pero lo lograría.

-Sería información que no dudarían en utilizarla- indicó el ojiazul.

-Eso es más que seguro, de ahí parte la razón de esconderlo.

El castaño observó ensimismado su muñeca, a aquellas imperceptibles venas que se asomaban por su piel.

-Tengo dentro de mí una cura demasiado importante y valiosa – murmuró.

-Pero…no funciona tan rápido, eso será demasiado. No todos los organismos podrían acostumbrarse, tiene que ser alguien que no solo tenga la compatibilidad en el tipo de sangre, sino también algo más.

-¿Algo más? ¿Cómo qué?

-No lo sé con exactitud, aun investigo, con la esperanza de encontrar esa última e importante pieza faltante- suspiró lánguida- Por eso, esta información no debe divulgarse, al menos, no por el momento. Cuando todas las piezas estén unidas y sepa como exactamente funciona esto, tal vez podamos pedir más apoyo y…-

-Ni se te ocurra Mel- soltó Mikasa, quien hasta ese momento se había mantenido callada- De lo que estoy segura es que si saben acerca de esta nueva información, no tardaran en venir a buscar a Eren y llevárselo.

-Como dije Mikasa, no pienso abrir mi boca con algo tan delicado.

Eren se levantó y suspiró frustrado.

-Escuchen, aún tengo que asimilar todo esto y si dice que no divulgara nada acerca de esto, debe ser así .Los únicos que sabemos acerca de esto solo somos nosotros…supongo- miró inquisitivo a Mel.

-Algo así. En realidad, hay una persona que sabe, no exactamente todo, pero sabe. Y antes de que digan algo, esa persona en específico también tiene relación con el asunto.

-¿Y quién es?- preguntó Eren mirándola serio.- ¿Y qué tiene que ver con todo esto?

-No se los puedo decir. Es más, seguro me mataría si lo hago y sí que amo vivir-respondió alegre- Pero es confiable.

-Si es confiable para ti, también será confiable para nosotros- dijo Eren, después de pensarlo un rato- ¿Verdad?- regresó a ver a sus amigos.

-Sí, supongo que si- afirmó el ojiazul, suspirando.

-Más te vale que Eren no salga lastimado Mel- replicó la pelinegra, asintiendo de mala gana.

Mel rió, pero asintió efusivamente. Otra vez se volvía a reencontrar con ellos y no podía creer, que ahora, ya no cargaba sola la información que sus padres habían descubierto, ahora tenía muchos más brazos que la ayudaban.

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Suspiró cansado mientras iba camino a su habitación, como siempre los pasillos estaban oscuros y se veían largos por reflejo de las sombras, supuso que el pelinegro debía encontrarse en alguna de las tantas habitaciones. Suspiró acelerando el paso.

Las pequeñas velas que hacían de poca iluminación, ondeaban cuando pasaba cerca, ya parecía ser bastante tarde. Un sonido sordo sonó a sus espaldas provocándole un escalofrió, se dio la vuelta rápidamente, divisando al sargento parado frente a él, con su –siempre- fría expresión.

-Sargen…-

-Shhh baja la voz idiota- lo interrumpió poniendo una mano sobre su boca.

-Lo siento- susurró aun sintiendo el frió tacto del más bajo.

Levi hizo un ademán, indicándole que lo siguiera. Y así lo hizo.

No sabía a donde lo llevaba, pero cuando el pelinegro se detuvo frente a una puerta y la abrió con toda normalidad, supo que conocería el cuarto de su ahora amado sargento.

-Cierra la puerta- musitó el de ojos oliva mientras entraba.

Se escuchó un imperceptible clic cuando lo hizo y se adentró más a fondo, observando de par en par aquel lugar; podía vislumbrar que la mesilla que casi todas las habitaciones poseían, estaba pulcramente ordenada, las elegantes velas que daban luz, no tenían indicios de desigualdad, estaban todas a la par, como si al unísono hubieran sido encendidas. El suelo no mostraba ni una mota de suciedad y relucía limpieza pura, más al fondo estaba una puerta, del baño, supuso el castaño y no tuvo duda de que ese era el santuario de aquel pelinegro. No pudo evitar sonreír.

Repentinamente fue halado con violencia, el más bajo lo obligó a sentarse en la orilla de la cama y con un semblante serio, se cruzó de brazos.

-¿Qué pasa Sargento?- preguntó aturdido.

-¿De dónde conoces a Mel?-respondió con otra pregunta, mientras lo veía impasible.

-¿Por qué? ¿Usted también la conoce de algún lado, verdad?

-Responde a la pregunta- ordenó acercándose, peligroso.

-Es una amiga, la conocí cuando éramos niños y ahora me la volví a encontrar- explicó rápidamente- Ahora responda usted.

-No tengo que dar explicaciones a un mocoso como tú- respondió, frunciendo el ceño.

-Debería. Ahora que somos pareja debería al menos intentar confiar un poco en mi- se levantó- Con eso me haría muy feliz.

-Escucha, no me importa si te hago feliz o no. En realidad me importa menos de lo que crees.

El castaño iba acortando la distancia entre ambos mientras el pelinegro seguía hablando, se inclinó sobre él y le robó un rápido beso.

-Deja de hacer eso- siseó, empujándolo.

-¿Por qué? ¿No le gusta que lo bese?- preguntó contrariado.

-No me gusta que me roben besos, idiota. En muy poco educado.

-¿Pero si le gustan mis besos?- El castaño sintió como una enorme sonrisa se colaba en sus labios.

-¿Acaso alguna vez dije lo contrario?- soltó molesto, mientras se dirigía al baño.

Eren dando grandes zancadas, se acercó y lo abrazó por la espalda.

-Me hace muy feliz saber eso Sargento- susurró cerca del cuello ajeno.

-Sí, sí. Ahora suéltame, quiero darme un baño- intentó apartarse pero el castaño lo afianzaba con fuerza. Lo regresó a ver con fastidio.- Suéltame, ahora.

-No, nunca lo haré- respondió hundiendo el rostro en la curva de su cuello, besándolo con suavidad.

Levi soltó un suspiro molesto y a la vez acompañado de satisfacción.

-Necesito un baño, mocoso. Hablo en serio y tú ya deberías irte a tu habitación.

-¿Puedo quedarme aquí?- dijo suplicante- Por favor, solo por hoy. Prometo no molestarlo.

-No, Eren. Eso se vería demasiado sospechoso- respondió, logrando soltarse.

-Seré cuidadoso, me despertare más temprano para que nadie me vea salir de aquí.- Lo veía con ojos brillantes y una sonrisa tonta en los labios.

El pelinegro entró al baño y dejó la puerta entrecerrada.

-Haz lo que quieras- bufó irritado- Pero cuando salga quiero verte ya dormido, en tu quinto sueño ¿entiendes?

Eren asintió entusiasmando y Levi cerró fuertemente la puerta; escuchó claramente como el joven afuera reía, parecía estar saltando, por los sonidos sordos que se lograban oír y al final silencio. "Tal vez se golpeó con algo" pensó por un momento, cuando el ruido volvió.

Ahora parecía estar saltando en la cama.

Suspiró mientras abría la llave de agua y se desvestía. A pesar de que le molestaba de sobremanera el hecho de que el ojiverde desordenara su habitación, no pudo reprimir la sonrisa que se dibujó en sus labios.

Ese castaño en serio estaba poniendo su tranquila vida de cabeza.

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Y Fin :33… del capítulo.

Logre terminarlo :´3 a pesar de que ya entramos a esas absurdas pruebas T-T Pero ahí está :D

Gracias por leer *W* Nos leemos la próxima semana.

Adiós (._.)/

••Erevi Tetsu••