Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.


Aquella escena era digna de admiración.
Volvía a estar repantigada en el aire, aún más alto en esta ocasión que cuando había observado desde el árbol frente a esa tienda. Deje mi súper deportiva a la orilla de la carretera, donde las marcas de neumático se habían mostrado frescas y recientes.
Seguía sin conocer el nombre de los árboles, pero eso no me detuvo. La rama en la que estaba era como tener un asiento de palco sobre el drama que se desarrollaba abajo. Empezaba a sentirme un poco aburrida, ya que nada nuevo sucedía en el suelo. Mis labios temblaron casi a punto de esbozar una sonrisa.
A mis pies, la representación casi había alcanzado su punto culminante.
Y realmente había que admirar aquella escena. Cazando en grupo. No tenía ni idea de qué clase de pequeñas criaturas desagradables estaban manipulando los árboles, pero como los lobos y las leonas, parecían haberlo convertido en un arte. Trabajando juntas para capturar una presa que era demasiado veloz y demasiado bien acorazada para que ellas solas pudiesen conseguirlo. En este caso, un Lamborghini Aventador.
El bello arte de la cooperación. Es una lástima que yo sea tan solitaria para hacer estas cosas, si pudiese cooperar, seriamos los amos del mundo.
Pestañe somnolienta, y luego lancé una sonrisa radiante a nada en absoluto.
Desde luego, si pudiese hacer eso... digamos, tomar un pueblo y repartirnos a los habitantes... acabaríamos por repartirnos unos a otros. Para que cumplieran nuestros deseos, serian esclavos, mis esclavos. Y si no lo hicieran... dientes, uñas, puños...y poder se blandirían igual que la hoja de una espada, hasta que no quedase otra cosa que jirones de carne estremecida y entrañas de esclavos manando sangre, hasta que aprendieran su lección.
Una imaginería agradable, no obstante. Deje que mis parpados se cerraran para apreciarla. Artístico. Sangre de ignorantes en charcos escarlata, mágicamente los bastante liquida un para descender por los escalones de blanco mármol de... bueno, digamos, el Kakimarmaro de Atenas. Toda una ciudad silenciada, purgadas de personas ruidosas, caóticas e hipócritas, dejando solo sus partes necesarias. La versión asesinada de sangre de la tierra de la leche y la miel.
Volví a abrir los ojos irritada. Las cosas se tornaban ruidosas allí abajo. Pueblerinos que chillaban. ¿Por qué? ¿De qué serbia? El conejo siempre chilla en las fauces del zorro, pero ¿cuándo ha corrido jamás otro conejo a salvarlos?
Ahí está, un nuevo proverbio, y prueba de que las personas son tan estúpidos como los conejos.
Pero esos conejos han estropeado mi estado de ánimo. Mi mente se abstrajo, pero no era simplemente el ruido el que me molestaba. La leche y miel... eso había sido... un error. Pensar en eso había sido un error garrafal. La piel de Sasuke había sido leche pura que la noche, con su camisa arrugada. De un blanco cálido, tibio, incluso a la luz de la luna. Sus brillantes y afiebrados labios en las sombras habían sido como miel. A Sasuke no le gustaría ver el resultado de la caza en jauría de esta noche.
De improviso me puse en tensión. Me concentre en el Lamborghini, como un radar. Pero no se escuchó nada en respuesta, solo los estúpidos arboles a mis pies. Observe a mí alrededor, algo o alguien tenía que estar manipulando esas cosas. Lo que fuera que orquestaba esto tenía que ser invisible para mis ojos, o simplemente no estar aquí.
Bien, pues. Probemos esto.
Me levante en cosa de segundos, ajuste mis guantes de cuero y me apresure a saltar nueve metros al suelo, sea donde sea que estuviera ese parasito tendría que estar cerca. Respire con fuerza y mientras enfocaba mi vista al frente comencé a correr a los alrededores, tiene que estar por aquí, y lo encontrare. Diez segundos sobre un árbol, observando a 360°, volver a correr... diez segundos sobre otro árbol, nada. Animales asustados se escondían en sus madrugueras, y la vista de un lobo negro que seguía mis pasos, aún más lento que yo, por supuesto.
Me concentre una vez que volví a mi antiguo árbol, observado el Lamborghini aventador, porque me resultaba conocido, a algún conejo cercano pertenecía ese auto.
Observe por completo, en todas direcciones, la furia moviéndose a ochenta kilómetros por hora igual que el gas sobrecalentado. Literalmente.
Porque estaba de vuelta. Increíblemente, el parasito intentaba volverlo a hacer, penetrar en mi mente. Tenía que ser eso.
Arrullándolo, supuse, masajeándome la nuca con distraída furia, mientras sus compañeros de jauría acababan con la presa que tenían en el auto. Musitándome cosas en la mente para mantenerme quieta, tomando mis propios pensamientos oscuros y devolviéndomelos un tono o dos más oscuros, tratando de que matara por el puro y siniestro placer aterciopelado de hacerlo.
Ahora mi mente estaba fría y furiosamente sombría. Me incorpore, desperezando los doloridos brazos y hombros, y luego busque con cuidado, no con una simple caminata en los alrededores, no con un simple circulo radar humano.
Y se hizo a la luz, pensé con sarcasmo. Mi poder quinético es más cómodo, y más confiable en estos casos. Con un estallido de poder, sondee el lugar para encontrar calor, el calor del parasito. En mi mente no mostraba nada, solo cuatro cuerpos bajo mis pies... nada en los alrededores, nada, incluso a pesar de que había usado el método más rápido y eficiente de explorar que conocía. Un millar de vistazos al azar por segundo en una pauta de búsqueda en zigzag. Debería haber localizado algo, algún cuerpo aunque sea sin vida. Pero no había encontrado nada.
Eso me enfureció aún más, pero había un dejo de excitación en mi furia. Había querido una pelea, una oportunidad de matar en la que la cacería de Peones hubiese valido la pena.
Y ahora tengo un adversario que reúne todos los requisitos... y no podía matarlo porque no era capaz de encontrarlo. Envié un mensaje, porque el maldito sondeaba mi mente, un mensaje que titilaba lleno de ferocidad.
Ya te he advertido en una ocasión. Ahora TE DESAFIO. Muéstrate. ¡O SI NO MANTENTE ALEJADO DE MI!
Bueno, el idiota posee una exquisita forma de parecer invisible ante mí, veamos si de esta forma puedes esconderte.
Concentre mi poder en mi centro, seré quien pondrá fin a este misterio... en algún lugar, a más de ochenta kilómetros de distancia sea lo sea que se esconda morirá cocinado, porque lo hare explotar. Me concentre para acumular poder, más y más poder, pasando de verde a anaranjado... y luego... el hermoso color rojo.
Lo retuve, nutriéndolo, moldeándolo para mi gran propósito, y aumente su poder con todo lo que mi mente conocía sobre pelear y el arte y la pericia de la guerra. Retuve el poder hasta que pareció que sostenía una bomba nuclear. Y luego lo solté todo a la vez, una explosión que marchaba a toda velocidad en la dirección opuesta, alejándose, acercándose a la velocidad de la luz.
Ahora, sin duda, percibiría en mi mente a algún cuerpo sin vida, a alguien enormemente poderoso y astuto; algo que se las había arreglado para sobrevivir a mis bombardeos anteriores diseñados únicamente para Peones en el bosque.
Expandí el rastreo hasta su máximo alcance, esperando que distinguiera el calor del fuego al calor de un cuerpo, esperando que ver como se hacía añicos, que entraba en combustión; algo quedándose ciego con su propia sangre, que caía a poca distancia de una rama, del aire, de alguna parte. En algún lugar alguien debería haberse desplomado al suelo o haberse arañado con enormes zarpas de dinosaurio; una criatura medio paralizada y completamente condenada a la muerte, cocinada de adentro hacia fuera.
Pero aunque pude percibir como el viento se elevaba hasta convertirse en un aullido y enormes nubes negras de humo se congregaban sobre mí en respuesta a mi propio estado de ánimo, seguí sin poder percibir ningún hombre o criatura siniestra lo bastante cerca como para haberse introducido en mis pensamientos. ¿Hasta qué punto era fuerte mi oponente?
Justo por un momento, un pensamiento paso raudo por mi mente. Un círculo. Un círculo con un punto en el centro. Y el punto era la explosión que había detonado en todas direcciones, y el punto era el único lugar que el estallido no había alcanzado. Dentro de mí ya...
¡Un chasquido! De improviso mis pensamientos se quedaron en blanco. Y luego empecé, indolentemente, un tanto desconcertada, a intentar juntar los pedazos rotos. Había estado pensando en los estallidos que había lanzado, ¿sí? Y en el modo en que había esperado sentir que algo caía y moría.
Diablos, ni siquiera podía percibir en el bosque animales corrientes más grandes que un lobo negro, como el que siguió mis pasos en busca de... ¿los estallidos?
Aunque con mi celular había buscado calor con cuidado, diferenciado solo a personas de animales, y ahora he detonado todo a mí alrededor, todo muriendo ahora. Un terrible incendio forestal. Que lastima. Algunos animales corrientes se habían asustado tanto que habían huido enloquecidos de la zona, los veía en mi radar.
Mire el suelo. Hum. Salvo los arboles alrededor del auto; y estos no eran responsabilidad mía. Además, fuesen lo que fuesen, no eran más que peones de un asesino invisible. No eran realmente conscientes... no dentro de los límites que había dispuesto con tanto cuidado.
¿Podría haber estado equivocada? La mitad de mi furia había sido para mí, por ser tan descuidada, estar tan bien entrenada y segura de mi misma que había bajado la guardia.
Bien entrenada... Eh, a lo mejor estoy borracha. Jajajajjaa. Borracha y paranoica y con los nervios en tensión. Bebido y furiosa.
Me relaje contra el árbol. El viento chillaba ahora, arremolinado y helado; el cielo estaba lleno de negros nubarrones de humo que no dejaban pasar ni una pizca de luz de luna o las estrellas. Justo la clase de tiempo que me encanta.
Seguía estando tensa, pero no podía encontrar ningún motivo para estarlo. Tenía mi propia fogata personal, arboles sin nombres que se quemaban...
Ups, un mensaje de voz, Pensé al percatarme que tenía un mensaje en la bandeja de entrada.
Ahora la única alteración que se encontraba en el bosque eran unos gritos, como un ave atrapada con una única nota. Este sin duda era el número de Neji, pero la voz era de la chica menuda... Teny. La que había estado gimoteando sobre que la vida cambiaba demasiado.
Me apoye un poco más contra el árbol. Había seguido el auto con ausente interés. No era culpa de los demás que los hubiese pescado de impróvido y hubiese decidido seguirlos, con Teny a bordo, aunque eso sí rebajaba un tanto las posibilidades de rescate.
Pestañee lentamente escuchando la grabación.
Era curioso que hiciesen tenido un accidente intentando no atropellar a una criatura aproximadamente en la misma zona en la que yo había estado a punto de estrellar mi BMW S1000 intentando atropellar a una. Era una lástima que no hubiese podido alcanzar a ver la criatura de aquellos chicos, pero los arboles eran demasiado espesos.
Teny volvía a llorar.
Bien, ¿Tienes algo importante que darme? Decídete. Tienes que pedirlo amablemente. ¿Tienes algo contigo que me importe siquiera?
Y luego, claro, yo tengo que decidir si salvarte o no.
¿Hay algo ahí que sea digno de salvar?


Corinne Uchiha