Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.
En cuanto termine de hablar con Sasuke, fui al bosque.
Tome la carretera y conduje mi súper deportiva bajo las sombrías nubes, a través de las cuales no se distinguía ni un retazo de cielo, hasta el lugar donde había aparcado Corinne.
Deje mi súper deportiva e intente pisar sobre sus pasos exactamente hasta el claro donde ella se había dirigido. Mi instinto de orientación me ayudo, recordando la forma de estos matorrales y aquellas nudosas raíces, hasta que me encontré en un espacio despejado rodeado por antiguos robles.
Allí. Bajo aquel manto de hojas de un marrón deslucido, incluso aún podrían quedar algunas marcas de sus huellas.
Aspirando con fuerza para tranquilizarme, para reunir las preguntas, eche una mirada a mí alrededor, para reconocer la zona.
Y, por primera vez desde que estaba parado en este lugar, percibí en un parpadeo una respuesta. Pero fue rápida y titubeante, y no conseguí localizar la silueta nuevamente.
Suspire y gire… me detuve en seco.
Corinne está de pie ante mí, con los brazos cruzados sobre el pecho, recostada en el roble de mayor tamaño. Daba la impresión de que podría llevar horas allí.
- Así pues - dije con un jadeo -, es cierto. Te debo una disculpa.
- No tanto como tú crees, Naruto.
Recordé aquella voz, que me había resultado extraña en un principio tras la amable Corinne que había conocido, ahora con aquella voz aterciopelada e irónica.
- No te había vuelto a ver.
- Te he estado siguiendo el rastro - comento con calma.
Se sacudió un trozo de corteza de la manga de su chaqueta de cuero con la misma tranquilidad con la que se había arreglado su cabello en el pasado.
- Pero claro, tu no podías saberlo, ¿verdad? Ah, no, tus habilidades como conejo son tan débiles como siempre.
- Ten cuidado, Corinne - replique en un tono quedo que sonó lleno de amenaza -. Ten cuidado. No estoy de muy buen humor.
- ¿Naruto resentido? Figúrate. Te sientes consternado, supongo, debido a mis pequeñas excursiones a tu territorio. Solo lo hice porque quería estar cerca de mi familia. La familia debería estar unida. Y tú no deberías seguirme.
- Nos accidentamos, posiblemente por tu culpa. E intentaste hacernos creer que lo habíamos hecho nosotros. Nos dejaste ahí para que muriéramos.
- ¿Estás seguro de que no lo hicieron realmente? A lo mejor lo hicimos todos juntos. ¡Ten cuidado! - dijo cuándo di un paso hacia ella -. Mi estado de ánimo tampoco es el mejor del mundo esta noche. Yo solo tuve unos malditos arboles; tu obtuviste tu vida y Sasuke a una chica.
- De eso se trata. Se trata de Sasuke.
La furia en mi interior se fusiono, pareciendo centrarse en un brillante punto ardiente en mi pecho, como un sol en mi interior.
- Mantente alejada de Sasuke - murmure con tal amenaza en la voz que Corinne incluso inclino la cabeza hacia atrás ligeramente -. Mantente alejada de él, Corinne. Sé que le has dicho algunas cosas desagradables. Que lo has espiado y observado, para eso estas aquí. Pero se acabó. Vuelve a acercarte a él y lo lamentaras.
- Eres su mejor amigo, eso ya lo sé. Pero eres un egoísta. Tu único defecto. No estás dispuesto a compartir nada, ¿no es cierto? - De improviso, los labios de Corinne se curvaron en una sonrisa excepcionalmente hermosa -. Pero, por suerte, el encantador Sasuke es más generoso. ¿No te hablo de nuestro pequeño desliz? Vaya, pero si la primera vez que nos vimos casi se me entrego allí mismo.
- ¡Eso es mentira! ¡Él está con Sakura-chan!
- Claro que no, querido Naruto. No es mentira. Jamás miento sobre nada importante. ¿O quiero decir sin importancia? De todos modos, tu hermoso mejor amigo casi se desvaneció en mis brazos. Creo que le gustan las chicas vestidas de negro.
Mientras la contemplaba fijamente, intentando controlar la respiración, Corinne añadió, casi con delicadeza:
- Te equivocas respecto a él, ¿sabes? Crees que todo lo que él puede desear y necesitar está aquí, junto a ustedes. No es así. No es tu tipo de mejor amigo en absoluto, mi santurrón Naruto. Tiene un espíritu y un fuego en su interior con lo que Sakura Haruno no sabría qué hacer.
- Y tú si sabrías, supongo.
Corinne descruzo los brazos y lentamente volvió a sonreír.
- Ya lo creo.
Quise saltar sobre ella, aplastar aquella hermosa sonrisa arrogante, desgarrarle el cuello, pero dije en una voz apenas bajo control:
- Tienes razón en una cosa. Es fuerte. Lo bastante fuerte para rechazarte. Y ahora que él sabe lo que realmente eres, lo hará. Todo lo que podría sentir hacia ti es repugnancia.
Las cejas de Corinne se enarcaron.
- ¿Siente eso ahora? Ya nos ocuparemos de ello. Tal vez encontrara que la auténtica oscuridad es más de su gusto que el débil crepúsculo. Yo, al menos, soy capaz de admitir mi verdad y de afrontar la realidad. No soy una ignorante. Pero me preocupas, Naruto. Tienes un aspecto endeble. Cualquiera podría pisotearte en estos momentos.
Mátala, exigió algo en mi mente. Mátala, pártele el cuello aunque sea mujer, desgarra su garganta en sangrientos jirones antes de que le haga algo a Sasuke.
Pero sabía que Corinne era peligrosa. Su obscura mirada estaba en mí, palpitante, brillando casi con la esencia mortal del mismísimo infierno.
- Sí, soy fuerte - dijo en tono agradable, como si supiera lo que pasaba por mi mente; suspiro y se pasó sus delgados dedos por su cabello. Respiro con fuerza, apartándose del árbol y mirando a su alrededor. Recordé también aquellos movimientos gráciles, cada gesto controlado y preciso como el primer día en que la vi fuera del Internado. Los años solo habían refinado el porte natural de Corinne.
- Me dan ganas de hacer esto - dijo, acercándose a un árbol joven situado a unos pocos metros de distancia.
Era el doble de alto que ella, y cuando lo agarro sus finos dedos no pudieron abarcar el tronco. Pero vi la veloz respiración y la ondulación de los femeninos músculos bajo la delgada chaqueta negra, y entonces el árbol increíblemente se soltó del suelo, con las raíces balanceándose en el aire. Olí la humedad acre de la tierra removida sin poder creerlo.
- No me gustaba aquí, de todos modos - indico, y lo traslado con un tremendo esfuerzo tan lejos como permitieron las raíces aun enredadas; a continuación sonrió con gracia -. También tengo ganas de hacer esto otro.
Hubo un fulgor de movimientos, y luego Corinne ya no estaba. Mire a mi alrededor, pero no vi ni rastro de ella.
- Aquí arriba, Naruto.
La voz procedía de lo alto, y cuando alcé la mirada, vi a Corinne posada entre las ramas extendidas del roble. Se oyó un susurro de hojas rojizas, y volvió a desaparecer.
- Aquí detrás, Naruto Uzumaki.
Me volví en redondo al sentir un golpecito en la espalda, pero no vi nada detrás de mí.
- Justo aquí, muchacho.
Furioso, me volví violentamente en dirección opuesta, intentando atraparla. Pero mis dedos se cerraron únicamente en el aire.
Aquí, Naruto.
En esta ocasión la voz estaba en mi mente, y la sorpresa me hizo caer al suelo de rodillas. Me estremeció hasta la medula. Lentamente me levante y volví a girar en redondo, y me encontré con Corinne en su posición original, recostada en el enorme roble.
Pude interpretar que en estos momentos el humor de aquellos ojos obscuros se había esfumado. Eran negros e impredecibles, y sus labios carmesí estaban en línea recta.
- ¿Cómo has hecho eso? ¿Cómo es que…?
¿He hablado en tu mente? Sencillo. Una forma diferente con la que puedes comunicarte y defenderte, si es que supieras como hacerlo, claro. Si es que tuvieras las habilidades. Pero careces de creatividad para dominarlo, ¿no?
- Deja de hacerlo. Salte de mi cabeza.
¿Qué más pruebas necesitas, Naruto? Mi fuerza es tan superior a la tuya como la tuya es superior a la de una hormiga. También soy más veloz que cualquiera de los que se encuentran en este pueblucho, y tengo otras habilidades de las que apenas has oído hablar. Algunas prohibidas, Naruto. Y no me asusta utilizarlas. Las usare contra ti.
- ¿Para eso viniste aquí? ¿Para torturarme?
He sido misericordiosa contigo, al igual que con Sakura Haruno y Sasuke. He podido matarlos en muchas ocasiones, pero siempre les he perdonado la vida. Pero esta vez es diferente.
Corinne volvió a apartarse del árbol y hablo es voz alta:
- Te estoy advirtiendo, Naruto Uzumaki, no te opongas a mí. No importa para lo que vine aquí. Lo que quiero ahora es a Sasuke. Y si intentas tú o Sakura Haruno impedir que lo haga mío, los matare.
- Inténtalo - la desafié.
El ardiente puntito de furia en mi interior llameaba con más intensidad que nunca, emitiendo tanto fulgor como toda una galaxia de estrellas. De algún modo, supe que amenazaba la oscuridad de Corinne.
- ¿Piensas que no puedo hacerlo? Nunca aprendes ni te rindes, ¿verdad, Naruto?
Tuve apenas el tiempo justo de advertir el cansino movimiento de cabeza de Corinne antes de que se produjera otro movimiento borroso y sintiera como unas manos poderosas me agarraba. Me debatí al instante, con violencia, intentando con todas mis fuerzas arrancarlas de mí; pero eran como unas manos de acero.
Las emprendí a golpes con furia, intentando alcanzar a la zona vulnerable situada bajo la mandíbula de Corinne. No sirvió de nada; me sujeto los brazos a la espalda, me inmovilizo el cuerpo. Estaba tan impotente como un pájaro bajo las garras de un gato ágil y experto.
Me relaje por un instante, convirtiéndome en un peso muerto, y luego de repente hinche todos mis músculos, intentando liberarme, intentando asestar aunque sea un golpe en ese rostro. Las crueles manos se limitaron a apretar con más fuerza, convirtiendo mis esfuerzos en inútiles, patéticos. Era débil.
- Te comportas como un animal. Como un lobo, como un maldito lobo frenético.
Y tú te comportas como todo un obstinado. A lo mejor esto te convencerá de que quizás si soy un lobo.
Contemple fijamente el rostro pálido de Corinne, pálido y hermoso como el de un ángel. Pero no precisamente como uno de los buenos. Entonces sentí que unos dedos agarraban mis cabellos y echaban mi cabeza hacia atrás violentamente, dejando mi garganta al descubierto.
Mis forcejeos se redoblaron, se tornaron frenéticos.
No te molestes. Me acabas de comparar, y sabes lo que ellos hacen ¿no?, dijo la voz en mi cabeza, y entonces sentí el agudo dolor desgarrador de unos dientes. Sentí la humillación y la impotencia de la víctima del cazador, de la presa. Y luego el dolor de la sangre al ser extraída contra mi voluntad.
Me negué a ceder a ello, y el dolor empeoro, fue como si me arrancaran el alma del mismo modo que había arrancado el arbolillo. Me acuchillo igual que lanzas de fuego, concentrándose en las perforaciones de mi carne donde se habían hundido los dientes de Corinne. Un dolor desesperado llameo ascendiendo por mi mandíbula y mi mejilla y descendiendo por mi pecho y el hombro. Sentí una oleada de vértigo y comprendí que perdía el conocimiento.
Como un lobo desenfrenado.
Entonces, bruscamente, las manos me soltaron y caí al suelo, sobre un lecho de hojas de roble húmedas y en descomposición. Dando boqueadas, conseguí izarme sobre las manos y las rodillas.
- Como ves, Naruto. Soy más fuerte que cualquiera que reside aquí. Lo bastante fuerte como para convertirme en un lobo y así tomar tu sangre y tu vida si lo deseo. Déjame a Sasuke, o lo hare.
Alce los ojos. Corinne estaba de pie con la cabeza echada hacia tras y la piernas ligeramente separadas, como un conquistador colocando el pie sobre el cuello del conquistado. Aquellos ojos negros como la noche ardían triunfales, y sus labios mostraban mi sangre.
El odio me embargo, un odio que nunca había conocido. Fue como si todo el odio anterior hacia Corinne hubiese sido una gota de agua comparado con este océano estrepitoso y espumeante.
- Sasuke no es tuyo - chille, poniéndome en pie mientras intentaba no mostrar el esfuerzo que me suponía -, y jamás lo será. Es de Sakura-chan.
Concentrándome en cada paso, poniendo un pie delante del otro, empecé a alejarme. Me dolía todo el cuerpo, y la vergüenza que sentía era aún mayor que el sufrimiento físico. Había pedazos de hojas mojadas y trozos de tierra adheridos a mis ropas, pero no me los sacudí. Luche por seguir moviéndome, por resistir la debilidad que lamia mis piernas.
Nunca aprenderás, Naruto.
No volví la cabeza ni intente responder. Apreté los dientes y mantuve las piernas en movimiento. Otro pasó. Y otro pasó. Y otro pasó.
Si solo pudiera sentarme un momento, descansar…
Otro pasó, y otro pasó más. Mi motocicleta no podía estar lejos. Crujieron hoja bajo mis pies, y entonces oí crujir hojas detrás de mí.
Intente correr de prisa, pero mis reflejos casi habían desaparecido, era solo un cuerpo tambaleante. Y el violento movimiento fue demasiado para mí. La oscuridad me invadió, ocupo mi cuerpo y mi mente, y sentí que caía. Caí sin fin en la oscuridad de la noche absoluta. Y luego, por suerte, ya no supe nada más.
Naruto
