Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.
Itachi estaba en el corredor junto a Chiyo-basama. Mi padre había acompañado a Naruto y me había indicado que caminara por aquí. Ahora lo entendía.
- ¿Qué sucede? – le pregunte a Itachi al ver como sostenía a Chiyo y la ayudaba a tomar asiento.
- Sasuke, por fin llegas – dijo aliviado.
- ¿Qué sucede? – insistí.
- Corinne…
Una vez más, la preocupación ascendió. Tenía una idea de lo que había sucedido.
- ¿Dónde está? – le pregunte y me gire para buscar las habitaciones.
- Tres habitaciones más allá. Pero Sasuke… - Itachi cerró los ojos y aspiro con fuerza – No está bien.
Corrí hacia la habitación y la vi, depositada sobre una camilla. Tenía puesta una bata blanca y sus ojos estaban cerrados con un tubo que la ayudaba a respirar. Corinne…
El color de su tez era aún más pálido; estaba literalmente tan blanca como las sabanas que tenía debajo. Sus labios no eran carmesí, en su lugar había un blanco lapidoso. Sus manos estaban heridas, con cortes y tajos que aparecían de un morado lívido sin vendar. La bata le cubría hasta la mitad de sus muslos que dejaban al descubierto tres cortes profundos en su pierna izquierda. Tan pálida y frágil sobre la camilla que no era soportable verla durante más tiempo.
Una furia candente recorrió mi cuerpo. Y con ella, odio. Me di cuenta de que, a pesar de mi repugnancia y rabia, no había odiado al culpable de estos desastres realmente antes. No en realidad. Pero en este momento… lo odiaba. Lo detestaba con una emoción tan intensa como no había sentido nunca por nadie más en toda mi vida. Quería lastimarlo para hacerlo pagar. De haber tenido un arma y al maldito frente a mí en este momento, lo habría matado sin la menor compunción. Pero justo ahora tenía que pensar en Corinne, que estaba tan aterradoramente inmóvil. Aquello era lo más duro de soportar, la falta de determinación o resistencia en su cuerpo, el vacío. Eso era. Era como si hubiese abandonado su cuerpo y me hubiese dejado con un recipiente vacío.
- Corinne...
Zarandearle no serviría. Hablarle mucho menos. Tome su mano herida y la aferre contra la mía, estaba tan fría como un tempano, pero aquí aguardaría hasta que sus ojos pestañearan y se abrieran despacio.
Durante quince minutos la sala permanecía en un silencio sepulcral con Corinne inmóvil, como una blanca pluma descansando en algodón, porque eso parecía en estos momentos, con su cabello negro que caía entre las sabanas como olas de oscuridad alrededor de su rostro calmado. Quizás si hubiese sido un poco más creativo para compararla con un elogio hubiese dicho que parecía un ángel entre mortales, nadando en leche y ocultando la luz de un Halo en sus ojos ahora cerrados. Resultaba extraño verla descansar de esta forma, sin ningún sarcasmo ante la situación, sin ninguna palabra que desanimara a alguien más.
Las heridas debían resultar atrozmente dolorosas, en su mejilla había un corte que había sido cubierto con parches y su labio inferior era cruzado por una fina línea de sangre. ¿Quién había logrado lastimar a Corinne? Corinne, que siempre resultaba atenta ante cualquier cosa, precavida, calculadora y con una avidez excesiva en su rostro.
Con mi mano sostuve su mano insensible, percibiendo la dureza del anillo de oro que llevaba, y con mi otra mano ahora desocupada acaricie la fina línea de su labio inferior. Inmóvil como una estatua, permanecí sentado frente a ella y aguarde.
Casi pase por alto el primer minúsculo temblor de respuesta. Tenía los ojos fijos en su rostro, y capte el apenas perceptible movimiento ascendente de su delicado pecho solo en mi visión periférica. Pero entonces, el labio bajo mi dedo tembló y se separó levemente, besándolo en un modo reflejo.
- Eso es - susurre -. Vamos Corinne, abre tus ojos.
Sus pestañas aletearon, y con creciente dicha sentí que sus dedos devolvían la presión a los míos.
- Corinne, soy Sasuke.
Aguarde hasta que sus ojos pestañearon y se abrieron despacio antes de que su rostro ahora se transformara en dolor. Aquellos ojos negros estaban aturdidos y entrecerrados, pero se mostraron tan tozudos como los había visto siempre. Corinne era la única persona que había conocido jamás que fuera tan tozuda como yo.
Los ojos de Corinne ahora estaban fijos en el techo, calculando toda la información, luego me observo y pude notar a la luz de las lámparas que la piel de sus mejillas habían recuperado un poco de color, que un leve rubor barnizaba la palidez.
Retrocedí hasta los pies de la camilla pero la mano de Corianne tan débil como estaba me sostuvo con su mayor esfuerzo.
- Por favor - intento incorporarse pero la sostuve - tan solo no me sueltes.
- No lo hare.
Sus cabellos cayeron por sus hombros, convertidos en un revuelto mar de oscuras líneas de mechones lisos y ondulados. Estaba sentada en la camilla, con los ojos cerrados, conteniendo todo el dolor a causa de sus heridas, respiro fuertemente y luego ahogo un gemido.
- ¿Estas bien? - pregunte instintivamente.
- Te has dado cuenta que… he estado mucho mejor - sonrió con dificultad y se quitó el tubo que sostenía su respiración.
Levanto su vista y nuestros ojos se encontraron, me vi atenazado por un fuego negro. Inconscientemente avance hacia ella, y luego me detuve cuando ella soltó una risa nerviosa.
- Nunca te había visto en este aspecto - dijo, y baje los ojos para mirarme.
Mis zapatos y pantalones estaban cubiertos de barro rojizo, que también estaba repartido generosamente por el resto de mi cuerpo. Mi camisa estaba desgarrada en un brazo. No me cupo duda de que mi rostro también estaba embarrado y sucio, y, desde luego, sabía que un poco de mis cabellos tenía restos de hojas.
- Me gusta - dijo, y en esta ocasión reí con ella.
Seguíamos riendo cuando la puerta se abrió. Me puse tenso, muy alerta, y Corinne sonrió ampliamente y humedeció sus labios.
- ¡Esta mejor, y despierta! – canto alegremente Chiyo-basama al penetrar en la habitación.
Itachi venía detrás de ella, y su rostro se ilumino de sorpresa y satisfacción. La tercera persona en entrar era mi padre, marcho directamente hasta Corinne y alargo el brazo para tomarle el pulso.
- Me debes una explicación jovencita – dijo, y Corinne pareció desconcertada por un instante, luego se recuperó.
- Yo… - comenzó con un tono algo desconcertado -. De todas maneras, estoy mejor. Como puede ver.
- ¿Por qué no dejas que yo juzgue eso? Tu pulso está bien. De hecho, es sorprendentemente lento, incluso para un atleta. No tienes hipotermia, ni estás anémica.
- Estoy bien… - dijo Corinne de mala gana como un niña pequeña intentado convencerlo.
- Explícame – le exigió mi padre mientras Itachi cerraba la puerta.
Me miro con soslayo, y le dedique un leve asentimiento… para que se tranquilizara. Nuestras manos ya no estaban unidas, nos soltamos cuando Chiyo había ingresado a la habitación.
- Soy una irresponsable, iba en mi súper deportiva cuando un animal se cruzó en el camino - suspiro - intente esquivarlo pero como ya ven… - se miró sus piernas y frunció el ceño.
- Toco la puerta con dificultad, cuando la abrí ella cayó al piso y luego ya no reacciono. Aún estoy intentando visualizar la forma en que lograste llegar hasta nuestra casa - dijo Itachi. Sus ojos oscuros estaban puestos en los de ella con firmeza, como si intentaran abrirse paso al interior de Corinne y leer su mente. Eso era algo imposible.
- ¿Dónde tuviste el accidente? - pregunto mi padre.
- No lo sé - respondió Corinne mientras levantaba los hombros - Ya no lo recuerdo.
- Supongo que tampoco recuerdas como llegaste a la casa.
Negó con la cabeza.
- Oh, mi niña - comenzó Chiyo antes de ponerse a llorar - estaba tan preocupada, parecías un débil trozo de papel en el suelo. No reaccionabas. Y delirabas sobre personas acercándose. Nuestro querido Itachi te dio primeros auxilios. Aun no puedo olvidarlo… tanta sangre, tu rostro… tu ropa. Creímos que alguien te había hecho algo terrible…
- Cálmate Chiyo – le ordeno Corinne mientras su rostro volvía a tornarse frio.
- Ya sabes lo que te diré, ¿no? - Comenzó mi padre - Te despedirás de tu motocicleta hasta que estés realmente recuperada y yo convencido de que no es peligroso. Cuando necesites ir a algún lugar Itachi o Sasuke te llevaran sin problemas.
- Lo entiendo - dijo Corinne tranquilamente pero no tan convencida como mi padre. Ella solo estaba respondiendo lo que él quería escuchar.
- Ahora… iré a ver como se encuentra Naruto - dijo mientras me observaba - Llamare a alguna enfermera para que ponga vendas a esas heridas Corinne.
Estaban terriblemente desgarradas, le quedarían marcas en su pálida piel.
- Yo puedo hacerlo - dijo sin vacilar.
- Corinne - dijo mi padre exasperado - ¿Desde cuándo has visto que un paciente se cure así mismo en un hospital?
- No hay problema… de hecho ya no tengo demasiado dolor.
Era increíble, esas heridas podían ser la causa de tenerla semanas postrada en una cama, aun así lo tomaba tan a la ligera.
- Para ser sinceros… si llamo a un paramédico se tardará en llegar, estamos faltos de personal. Itachi, ¿podrías por favor vendar esas heridas?
- Yo… - se cuestionó.
- No quiero incomodar… de verdad…
- Lo hare, te vendare esas heridas Corinne - dijo Itachi y luego abandono la habitación en dirección a los baños.
- Mi niña, me regreso a la casa. Te esperare con pastel para cuando regreses.
- Gracias Chiyo.
Chiyo-basama se levantó y salió de la habitación junto a mi padre.
- Aquí… - comenzó Corinne - ¿no es muy común el contacto físico entre… un hombre y una mujer? - finalizo con una sonrisa.
No pude evitar sonreír ante tal pregunta y Corinne movió la cabeza desechando la posible respuesta.
- Somos reservados, y respetamos el espacio personal - le dije y ella sonrió ampliamente.
Esta era Corinne, la que había conocido cuando pequeño. No había rastro de la que poseía aquellos oscuros ojos.
- Bueno, entonces ya sé que Itachi estará muy incómodo cuando tenga que vendar las heridas. Podre reírme de él cuándo ponga de toda su concentración para no rozar mi piel - se bufo.
- Hum… me quedare aquí, hasta que te duermas. Bueno, hasta que sepa que estas realmente bien - le dije y sonrió nerviosamente.
- Como gustes.
Itachi ingreso a la habitación con el material esterilizado y sonrió a Corinne mientras esta evaluaba sus heridas.
- Solo vendar - dijo Corinne pareciendo un poco complicada tras la idea de desinfectar.
- No te preocupes, mi padre dijo que ya todo estaba en perfectas condiciones. Las desinfecciones las hicieron cuando estabas inconsciente.
- Es una buena noticia.
Me levante para dejar el espacio a Itachi, este se sentó y Corinne poso su pierna izquierda sobre las de él. Debía vendarla, suponiendo que la pierna de Corinne debía ir ahí sí o sí.
Itachi pareció un poco complicado al principio, saco las vendas y luego observo la pierna pálida de Corinne y trago saliva fuertemente.
- Esto te dolerá - susurro.
- Soy fuerte - le dijo Corinne e Itachi sonrió.
Levanto su pierna con una mano y con la otra deslizo la venda, luego de a poco gran parte de las heridas fueron cubiertas con tela, hasta solo ver blanco sobre blanco.
Ahora el brazo. Sobre sus muñecas y manos.
- ¿Puedes darme más vendas, por favor? - le pregunto Corinne a Itachi y éste le deslizo un rollo en sus manos.
- ¿Para qué? - le pregunto.
- Hay una parte en la que no has vendado - Sonrió e Itachi abrió los ojos de golpe.
- Bueno… yo…
Carraspee exageradamente, luego me avergonzó lo estúpido que parecí.
- No te preocupes, puedo hacerlo yo si te incomoda. Es la parte de mi abdomen y baja de mi espalda…
- Corinne… si te avergüenza… podría llamar a una enfermera….
Corinne suspiro y luego observo detenidamente a Itachi.
- ¿Alguna vez has ido a la playa? Es exactamente lo mismo.
Se bajó de la camilla lentamente evitando poner gestos de dolor y luego soltó la parte de arriba de su bata, dejando contemplar lentamente su casi desnudez, quedando solo en sujetador.
Desvié la mirada a un punto fijo en la pared, Itachi pareció horrorizado al ver las heridas a un costado de su abdomen y luego mantuvo la vista ahí, preocupado solo en vendar y en nada más.
Corinne ya no era una niña, era toda una joven en cuerpo y personalidad, pero tan delicada y frágil como un copo de nieve. Aunque su carácter fuera como el de un hielo en las más bajas temperaturas su cuerpo hoy había obtenido más de lo que cualquiera pudiese soportar, y aun así tenía una sonrisa en su rostro.
No pude evitar mirar en algunas ocasiones, su cuerpo era de complexión delgada y esbelta, pálida como los cisnes y el alabastro, pude imaginar que resultaba magnifica en sí. Entregaba la mejor visión de una escultura pura y virgen a miradas, entregaba a tu imaginación lo que la desnudez deja a la vista.
- Ya estas mejor - dijo Itachi mientras ajustaba la venda en la parte baja de la espalda de Corinne.
- Muchas gracias - le respondió cubriendo su cuerpo y volviendo a la camilla.
- Oh, Sasuke. Sakura-chan ha preguntado por ti… y están en la habitación de Naruto…
- Corinne - dije mientras me ponía de pie –. Iré y luego… luego volveré… nos vemos.
Salí de la habitación sin esperar respuesta y camine por los pasillo esperando encontrar a alguno de los chicos, Neji estaba apoyado en una pared con los brazos cruzados y observando el suelo.
- Neji - dije y el levanto la vista.
- Sasuke, Naruto está en la siguiente habitación.
- Gracias - le dije y el luego pareció debatirse - ¿Sucede algo?
- Quería preguntarte… bueno… ¿Corinne está aquí, en el hospital?
Sentí la abrumadora necesidad en su voz, oculta pero existente.
- Si, ¿Quieres verla?
En segundos, note que la intensidad de su necesidad disminuía. Con todo, no había desaparecido ni mucho menos, y no pude comprenderlo cuando Neji negó con la cabeza.
- Solo quería preguntar cómo estaba. ¿Está bien?
- Puedes preguntárselo tú. Está en la habitación 103.
Camine hacia la habitación de Naruto, seguramente Neji ahora iría a ver a Corinne, le había dado todas las posibilidades para que así lo hiciese.
Mi boca estaba fría y seca. Puse de toda mi fuerza de voluntad en no retroceder nuevamente hasta la habitación de Corinne. Antes, había sentido su angustiosa necesidad, su apremiante ansia. Ahora, a través del vínculo que compartimos sentí solo júbilo y una satisfacción feroz. Una profunda satisfacción a medida que me separaba gradualmente. Porque no sabía si cuando la viera nuevamente estaría hablando con la verdadera.
Sasuke Uchiha
