Hola!

Por fin he logrado actualizar después de mucho tiempo... Prometo que cada vez será más seguido.

En este capítulo en especial me tarde porque me deprimí conforme iba escribiendo ¡Rayos! Eso de escribir capítulos emocionales me pega. Perooo los demás ya serán más felices.

Gracias a todas esas personitas que dejaron comentarios, revicen su inbox! ya que les conteste.

Por cierto, el nombre que elegí para la hermana de Jack es "Emma".

Espero y les guste el capítulo.

Disclaimers: Ni ROTG ni los personajes me pertenecen, su uso es con fines de entretenimiento.

Carta de desesperación


Just close your eyes

The sun is going down

You'll be alright

No one can hurt you now

Come morning light

You and I'll be safe and sound

Safe & Sound - Taylor Swift


El viejo Leduc suele contar historias a los niños del pueblo de vez en cuando, reunidos alrededor de la fogata. Una vez contó que cuando alguien muere, su alma se transforma en una estrella en el cielo. Jack había reclamado ese día diciendo que él no sería una simple estrella, que él se iría a jugar a la luna.

Es impresionante cómo pueden cambiar las cosas con el paso del tiempo. A veces cambian con los meses, como las estaciones del año; con los días, como el crecimiento de las plantas; con las horas, como la madera quemándose; con los minutos, como un té recién hecho; o con los segundos… como Jack desvaneciéndose.

Un segundo antes él estaba ahí, feliz de haber salvado a su hermana, y al otro había desaparecido debajo de la oscuridad del lago semi-congelado. Su hermana gritó su nombre, como si con eso pudiera parar el tiempo, retrocederlo o simplemente cambiarlo. Como si gritar tuviera un poder especial para cambiar el destino.

El tiempo parecía haberse congelado, el agua del hoyo por el que había caído Jack apenas y se movía, la niña estaba temblando de pies a cabeza, gateando lentamente. Buscando. Se asomó despacio hacia el borde, pero ahí no había nada más que oscuridad. Y probablemente algún monstruo marino que impedía que Jack regresara con ella.

Retrocedió asustada.

Estuvo sentada en la nieve, temblando de frío, de soledad y de miedo, estuvo en la misma posición lo que ella sintió como unos minutos que en realidad fueron horas. El tiempo nunca espera a nadie. Y cuando logró deshacerse de la oscura visión del lago en penumbras, se dio cuenta de que ya había anochecido y las lágrimas brotaron de sus ojos sin piedad alguna.

Se quitó los patines a jalones, se puso sus botas con la vista nublada y corrió a su casa. Corrió como nunca y en el camino veía de reojo al cielo, buscando una estrella a la cual poder aferrarse con la vista nublada de lágrimas. Sin embargo, esa noche no hubo ninguna estrella que escuchara su plegaria.

Cuando llegó al pueblo, reconoció a su mamá en una de las primeras fogatas que alumbraban la noche y corrió hacia ella.

- ¡Mamaaaa! – gritó, aferrándose a su falda con toda la fuerza que tenía, la cual era poca. Todos los presentes la miraron preocupados, no era normal que Emma estuviera sola en los bosques, ni tampoco que estuviera triste.

- Emma ¿Qué pasó? – le preguntó su mamá, pero sus lágrimas se habían congelado en su rostro junto con su voz, su vista temerosa se turnaba entre el camino que daba al lago congelado y el cielo oscurecido, ahora iluminado únicamente por la luna llena en lo alto. Sin estrellas. Su madre se estaba empezando a asustar al ver la falta de respuesta de su niña, no era normal en ella - ¿Emma, estas bien?

- Jack…- Fue lo único que alcanzo a susurrar antes de volver a romper en llanto y se mamá la abrazó más fuerte.

En ese momento notaron que Jack no estaba, los hermanos Overland eran prácticamente inseparables, todo el pueblo lo sabía, por lo que todos comprendieron en seguida la situación, algo le había pasado a Jack.

Tres hombres que estaban cerca de la fogata de la madre, se pusieron de acuerdo sin palabras y fueron a buscar lámparas para ir en busca del chico. Al mismo tiempo, la mamá intentaba calmarla para que le pudiera decir lo ocurrido, en vano. Lo único que hacia Emma era repetir el nombre de Jack una y otra y otra vez, a veces susurrándolo entre hipidos y otras gritándolo, llamándolo para que volviera con ella en medio del llanto.

Pasaron minutos antes de que por fin tranquilizara el llanto frenético, convirtiéndolo sólo en hipidos.

Y fue cuando una brisa helada llegó al pueblo, pero todos lo ignoraron, era normal ese clima en esa época del año. También ignoraron que esa brisa traía consigo a un muchacho confundido, el cual, asustado porque nadie lograba verlo, se fue como llegó, llevándose consigo una parte de la felicidad de Emma, sin saberlo.

La señora Overland se llevó a su hija a su casa cargándola. Cuando llegaron, la pequeña había caído dormida por el cansancio. Sin embargo, esa noche no tuvo sueños, sino pesadillas donde había hoyos negros y monstruos marinos vigilándola de lejos.

Un par de horas más tarde, los señores que habían ido en busca del chico regresaron con malas noticias para la familia Overland. No habían encontrado absolutamente nada, ni huellas ni rastros. Lo único que podían hacer era esperar al día siguiente para que Emma les contara lo ocurrido.

Esa noche la Señora Overland no durmió, esperando el regreso de Jack... El pueblo entero lo esperó despierto y con las fogatas encendidas. Nunca llegó.

Al día siguiente, todo el pueblo se sumergió en un ambiente de luto. Los niños dejaron de gritar y correr, y los adultos hablaban en susurros.

Emma se negó a desayunar, tenía la panza revuelta después de haber soñado con monstruos y la caída de Jack. Su madre también estaba decaída, por lo que la dejó ser. En seguida los hombres que habían ido a buscar a Jack llegaron a su casa, y junto con su madre le preguntaron qué había pasado. Ella les relató todo con lágrimas en los ojos, el cómo habían ido a patinar, el hielo frágil, la desaparición de Jack y los monstruos del lago que lo jalaron hasta el fondo.

Sin embargo, los hombres se miraron confundidos, cuando fueron a buscar pistas en la noche el lago no tenía ningún agujero y contrario a lo que la niña decía, el hielo parecía duro y resistente. ¿Cómo era eso posible? Tal vez ellos no habían visto bien por culpa de la oscuridad de la noche. O tal vez la niña estaba tan asustada de estar sola en el bosque que había tenido una alucinación. Lo mejor era ir a confirmar.

Así que, los tres hombres y la señora Overland fueron guiados por Emma hacía el lago congelado para confirmar lo dicho.

Pero se encontraron con un lago congelado sin grietas ni hoyos, el hielo resistente y firme, sin monstruos que la vieran desde la oscuridad.

- Emma… -susurro su madre, mientras se arrodillaba para quedar a su altura – Cariño, ¿Estás segura que aquí fue?

Nada tenía sentido, así como Jack había desaparecido debajo del lago de un momento al otro, el hoyo negro también lo había hecho.

- Estoy segura… Fue aquí -susurró. Los hombres la miraron algo molestos, no habían dormido bien y que la niña mintiera no ayudaba con su humor, ella retrocedió unos pasos asustada de sus miradas -, yo lo vi… ¡Fue ahí, Jack se cayó al lago ahí! -gritó mientras señalaba el lugar donde había estado el hoyo. Su mamá notó lo asustada que estaba y decidió intervenir.

- ¿Será posible que el agujero se haya vuelto a congelar?

- ¿Tan rápido? No lo creo… No está haciendo tanto frio -dijo uno, con sorna. Lo único que quería era largarse a dormir.

- Es una posibilidad -dijo otro, con mirada un poco más amable.

- El hielo debería ser frágil, entonces -respondió el primero.

- Piénsalo, ayer hizo mucho viento, probablemente ayudo a que se congelara… -decidió intervenir el tercero, los tres estaban cansados, y entre más pronto llegaran a una conclusión, más rápido podrían regresar a sus respectivas casas.

Mientras los hombres discutían, las dos Overland decidieron ignorarlos.

Emma se acercó lentamente al lago y caminó hasta donde había caído Jack. Sin comprender realmente lo que había pasado. Su madre se le acercó y la abrazó por detrás.

- ¿Fue aquí? -le susurró al oído. Emma asintió sin despegar la vista del hielo. Su mamá la abrazó más fuerte -. Yo te creo – Emma sintió a su mamá temblar mientras la abrazaba, también sintió como su hombre se humedecía lentamente. Nunca había visto a su mamá llorar, pero desde que Jack cayó en el abismo, sentía que absolutamente todo cambiaría.

No estaba segura si le gustaba el cambio. Ella sólo quería a Jack de regreso.

Con el paso de los días Emma dejó de llorar en las mañanas. Los sueños nevados fueron volviendo poco a poco y su sonrisa volvía a ser sincera. Los adultos decían que aún era pequeña por lo que lo olvidaría pronto, que equivocados estaban. Emma nunca olvidaría a Jack, y el trauma de ver a su hermano sumergirse en la oscuridad nunca desaparecería del todo.

Sin embargo, Emma era una niña que se caracterizaba por su espíritu soñador, en palabras de los adultos. Así que cada noche, recordando las historias del señor Leduc, contemplaba el cielo hasta que se quedaba dormida, analizándolo, buscando alguna nueva estrella. Porque el señor Leduc le había dicho que cuando alguien muere, su alma se convertía en estrella. Y el señor Leduc lo sabía todo y nunca mentía.

Así que cada noche estuvo viendo las estrellas, pero nunca vio ninguna que fuera nueva, no había ninguna que brillara más que las demás. Excepto la Luna.

Tal vez. Sólo tal vez, Jack realmente había decidido ir a vivir a la Luna en vez de convertirse en estrella. Tal vez, la obstinación de Jack realmente le había ganado hasta a la Muerte.

Por lo que, al mes de la muerte de Jack, decidida, le hizo una visita al señor Leduc. Llevaba consigo los patines que había recibido de Navidad abrazados a su pequeño cuerpo y las lágrimas estaban intentando resurgir de entre las cenizas.

Cuando llegó a la puerta del Señor Leduc, este le abrió y la vio con una mirada llena de comprensión, sabía que el duelo no era fácil, pero a diferencia de los demás, él no la vio con lástima, sabía que Emma era fuerte y se repondría a su modo.

En cuanto la dejó pasar, la pequeña se dirigió directamente a su escritorio y, con algo de duda, deposito los patines en la orilla.

- ¿Cómo te encuentras, pequeñas?

Pero ella no respondió, dudosa de qué debería responder ¿la verdad? ¿una mentira? Todo el mundo dice que bien, cuando en realidad no lo está. Decidió evadir la pregunta mientras lo miraba fijamente a los ojos.

- Necesito su ayuda -dijo, con la voz temblorosa, pero ya no había vuelta atrás -, eh, por favor.

- Por supuesto ¿Qué necesitas? -, le respondió.

- Quiero… Quiero escribir una carta.

El viejo bibliotecario asintió, y procedió a realizar su ritual, pero esta vez Emma no le prestó atención, su vista vagaba nerviosa por toda la habitación mientras jugaba con sus dedos.

- Listo - dijo el señor Leduc para atraer su atención -, ¿Qué quieres que escriba?

Sus mejillas se sonrojaron y su respiración se hizo errática.

- Querido Santa… -susurró. Leduc se sorprendió que la niña decidiera hacer una carta de navidad, pero no dijo nada y empezó a escribir mientras Emma le dictaba -, me porté muy bien este año… Hice mis deberes y obedecí a mi mamá – con cada palabra le temblaba más la voz, las lágrimas empezaron a bajar poco a poco de su rostro sin poder controlarlas, ella se las limpiaba de vez en cuando -, también me comí todas mis verduras… S-sé que me trajiste los patines que te pedí… Pero te los quiero cambiar. T-te los cambio por Jack. Él está viviendo en la Luna ahora. Y-yo no sé cómo llegar a la Luna, pero con tu trineo supongo que tú sí puedes. P-por favor, devuélveme a mi hermano. – Y con esas últimas palabras, se echó a llorar como no había llorado en todo este tiempo.


Continuará...

Espero les haya gustado, recuerden comentar! me hacen feliz :)

Esperen pronto la continuación.

Nos leemos! Gracias por leer.