" ¿Estas seguro de que esa es tú edad? "

" Si, ¿por qué? "

" No luces como un chico promedio de doce "


Después de tropezar y mancharse, decidieron que lo mejor era ayudarse con el desorden. El chico alto quiso ser educado y le ofreció al menor un pañuelo para que se secase, el lo rechazó en primer momento, pero después de una absurda insistencia, termino aceptandolo.

" ¿Te gusta el café? " Dijo repentinamente el menor mientras secaba su cara del pegajoso líquido.

" ¿Uh? " Ni siquiera presto atención en la pregunta, estaba tan embelesado en la hermosura del niño de nueve años a lado suyo. Con solo mirar aquel ojo visible azulado, y su contextura delicada, era el detonante para hacer trabajar las hormonas en el cuerpo de Sebastian.

Las había despertado hace cinco meses.

Estaba comenzando a entrar en la etapa hormonal en la que debería sentirse atraído sexualmente por las niñas, pero no podía, era un pecado hacer semejante ocurrencia teniendo en cuenta que le encantaba Ciel, amaba a Ciel.

Y a veces por lo mismo, se sentía apenado por despertar con una protuberancia adolorida en su ropa interior, aliviaba el dolor masajeandola, pensando todo el tiempo que era aquella boca diminuta quien lo ayudaba, al pasar de las noches, sabía que seguiría pasando, entonces procuro ser precavido y guardar debajo de su cama unos cuantos papeles para limpiarse después de sus incidentes nocturnos, si su madre lo descubría seguro estaría muerto, un chico de esa edad no debería de pensar en eso, aunque fuera un tanto mayorcito, aún estaba en la clasificación niño.

Y lo peor, que su madre se enterara que la persona deseada era un chico y no una chica, sería infalible para enviarlo a un manicomio que le ayudase a "corregir" el error. No quería eso, sin su Ciel, no tenía sentido nada...

" Pregunte que si te gusta el café... ya que es lo que bebías..." Hablo en voz baja, no queriendo llamar la atención de la gente que desde lejos murmuraban señalandolos, probablemente burlandose de su condición. Bajo la cabeza apenado y doblo el pañuelo dado por Sebastian.

" Oh, si. Me gusta el café y a ti..." Se llevó a la nariz la manga del suéter manchado " ¿El jugo de uva? " río ligeramente al olfatearlo, conocía de su tentación a las cosas dulces, podría traerle alguna golosina en un día de estos.

El estudiante menor esbozo una tímida sonrisa, era la primera vez en la escuela quien le hablaba de modo agradable, la mayoría de gente que le hablaba, era madamas para copiarle la tarea. Y por culpa de su nula iniciativa de decir 'no' a la tarea, siempre decía 'si'

Subió la mirada con la de Sebastian" Siento mi educación, soy..."

" Ciel " Interrumpió el mayor.

Lo miró con ojos interrogantes, sorprendido por el conocimiento de su nombre, el gran porcentanje de personas lo olvidaba y solo se limitaban a decir "el niño con el parche"

" ¿Cómo lo sabes? " Casi tartamudeo, pero se las arregló para no hacerlo.

" Escuche tú nombre en un grupo de chicos, después descubrí de quién era y pensé... que era un hermoso nombre, ¿ a caso sabes lo que significa tú nombre? "

" Mi nombre..." Se rasco la cabeza, buscando alguna respuesta " No " susurro timidamente mientras tapaba sus mejillas, ocultando su rubor. Tenía que admitirlo, no lo sabía.

A Sebastian le atrajo la actitud tímida de Ciel, tenía tantas ganas de besar aquellas mejillas y plasmar sus labios en él, se derretiría ver a Ciel todo tambaleante por ello. Tal vez podría hacerlo en este momento, ¿podría? o se acobardaría como lo hizo en el pasado.

" Bien " Se inclino sobré él rostro de Ciel, casi tocando su nariz. Lo miro a los ojos y luego miro sus pequeños labios abultados de tono rosado. Se arrepintió de hacerlo, ya que en ese mismo instante no podía soportar la fuerte tentación.

Quemaba, su corazón se agitaba violentamente, deseoso por probar sus labios. Y gracias a su estupida pubertad, comenzaba a sentir como la excitación inyectaba lentamente su cuerpo.

Casi perdía la realidad cuando recordó que era una mala idea hacerlo, se estaba olvidando que estaba en público, los podrían ver, probablemente ya los estaban viendo. Trago saliva, aguantando las ganas de hacer un berrinche infantil por no poder hacer realidad su deseo.

" Significa Cielo, es francés " Respiro hondo y tomo impulso para enderezarse correctamente.

En el tiempo que Sebastian debatía consigo mismo, Ciel se mantuvo quieto, inocente de lo que sucedía dentro del chico y sus impulsos primitivos recién descubiertos. Al leer las cartas anónimas dirigidas hacia él, lo único entendible era la palabra "besar y morder" pero cuando añadía partes como "las piernas o dentro de ti" eran desconocidas para el. Lo único que llego a saber, provino de la boca de uno de sus compañeros odiosos, ese mocoso le arrebato su carta en medio de la lectura y la leyó en voz alta - Estaba eternamente agradecido que solo eran ellos en el salón -

Al terminar, se río, ¿al parecer era algo gracioso? ¿la carta tenía burlas?. Su compañero rubio le devolvió la carta y le dijo sugerentemente, mientras colocaba sus manos en las caderas " Mira nada más, quién pensaría que al niño pirata le gustaban los escritos pervertidos "

Luego salio del salón riendo, repitiendo en voz alta las frases de la carta, casi como si las saboreara en él paladar. Desde entonces, supuso que se estaba burlando de él y prefirió tirar las cartas cuando se trataran de ese tipo de frases. ¡Que grosero!

" Interesante, muchas gracias por decirmelo, yo siempre pensé que mi nombre era inventado "

" Para nada, es raro, pero a la vez muy hermoso "

Ciel intento mantener una mirada firme y seria en Sebastian, pero tenía algo extraño, él hacía que su sangre bombeara y subiera avergonzadamente a sus mejillas, Sebastian era apuesto, lo tenía que admitir, tenía unos ojos carmesí que erizaban su piel y una bella sonrisa de ángel. También era tan elegante y educado, tenía todo el encanto para tener a cualquier niña que quisiera.

Pero Ciel no era una niña, estaba descartado. Al memorizarlo con una niña le daba un enrojecimiento en sus ojos, ellas eran dulces y afeminadas, él... solo era un niño tímido y cobarde que dejaba que otros lo pisotearan. No era nada, comparado a ellas.

Imaginarse aquel escenario donde él tenía una chica y la besaba, hacia que su corazón fuera apuñalado, deseaba deshacerse de la desagradable sensación, quería llorar en ese instante, pero no quería hacerlo en frente del chico, tal vez se burlaría de él.

" Creo que me tengo que ir... " Hablo con voz agrietada, recogiendo su mochila y apresurandose a colocarla detrás suyo. Unas cuantas lagrimas se resbalaron de su ojo, pero las oculto dándose la vuelta rápidamente, no quería ser grosero, pero la emoción era abrumadora.

" No, espera " Intento detenerlo, pero huyo. Quiso ir a buscarlo, pero cuando movió su pie derecho hacia adelante, sonó la campana, finalizando el receso.


No podía dejar de concentrar su mente en Ciel, ¿hizo algo que le disgustara?. La clase de historia había comenzado y sinceramente, no tenía animo de prestar atención a la maestra, solo quería saber la razón de su disgusto.

Inconsciente de su alrededor, garabateo el nombre ' Ciel ' dentro de un corazón.


Los sentimientos dentro de Ciel aun no estaban organizados, no lograba entender la tristeza que lo consumía al saber de que algún día ese chico tendría una chica, ¿eso lo afectaría?...

No, por qué la primera respuesta "correcta" que se le vino en mente fue "Somos chicos, los chicos no pueden besarse entré ellos" ni ser novios, ni nada relacionado al romance.

Escucho un similar comentario cuando estaba en él receso la semana pasada. ¡Y tenían razón!. Las niñas querían niños, y los niños, niñas. Él debería querer una niña, no un niño. Aparte, ese chico tal vez ya quería a alguien.

No se dio cuenta que la maestra comenzó a dictar la tarea, lo que significaba la finalización de la clase y el regreso a casa. Realmente no quería encontrarse a Sebastian en la salida, tenía que apresurarse a llegar al camión escolar antes que lo viera.

" Niños, no olviden la tarea. Ya van varías veces que solo uno me la entrega " La maestra suspiro cansada y retiró sus lentes " Ya pueden irse " dijo en tono monótono.

Todos los niños tomaron violentamente sus pertenencias y en estampida salieron del lugar.

" ¡En orden! " Reprendió a sus alumnos, pero ninguno le hizo caso y se limito a sentarse sobré el borde de su escritorio, extendiendo por fin sus piernas.

Los niños a esta edad eran revoltosos - y un dolor de cabeza- , menos uno, que aun no se percataba que todos ya se habían ido, este era el niño que toda madre quisiera, era educado y nada problematico. " Ciel, cariño, ya puedes irte " Le habló con suavidad para no estremecerlo.

"Ah, lo siento maestra Hannah " Levantó su rostro del pupitre, la maestra le había dado permiso de descansar por haber terminado antes que todos.

" ¿Cariño, ¿que tienes? Pregunto, cuando logro ver su único ojito triste.

Ciel se tallo su ojo enrojecido, con pequeñas gotas salada escurriendo sobré su barbilla. Intentaba ocultarlas, pero se notaba que era un intento inútil. A Hannah le preocupo, el era muy sereno, nunca le había visto llorar.

" N-nada maestra " El diminuto cuerpo tembló mientras desviaba la mirada.

" No, algo sucede. " Se levando del escritorio y camino a lado del pupitre de Ciel, se puso en cuclillas para quedar a su altura. La voz se hizo dulce y tranquila

" ¿Que paso?, ¿alguien te está molestando? "

" N-n-no " Hannah le ofreció una sonrisa acogedora, una de esas que solo dan las madres a sus hijos, tomo con sus manos el rostro del niño e hizo que le mirara a los ojos " Dime que sucede, si no es algo mayor, prometo no decirle a nadie " La maestra comenzó a examinar a Ciel, buscando alguna agresión que implicara que fue molestado, lo que hallo fueron unas cuantas manchas cafés en su ropa.

" ¿Te tiraron algo Ciel? " Frotó su espalda suavemente, ofreciendole un poco de cariño al niño, estuvo leyendo su expediente hace un tiempo... necesitaba mucha atención después de lo que paso, sin embargo nadie pareciera que se lo quisiera dar.

Los temblores del cuerpo de Ciel cesaron ante la pequeña acción de la maestra. Ella no era nada suyo, aun seguía sin entender como era que ella era tan cuidadosa con él como si fuera su madre, solo era un ordinario alumno.

No debería importarle.

Pero lo hacía.

Ciel se le nublo la mirada y casi se atraganto con un sollozo " No, es que... creo me gusta alguien " se secó con los dedos los residuos de sus lagrimas. Hannah abrió ligeramente la boca ante la confesión.

" ¿Por eso llorabas? "

" Si " Agito la cabeza lentamente.

" Ay, Ciel " Dio un largo suspiro aliviado, al menos no fue algo mayor. Solo era amor joven, ¿le habrán roto el corazón?. Pobre chico...

" ¿Y que sucede con esa persona que te gusta? " Inclinó la cabeza a un lado, ahora interesada con lo sucedido por haber orillado a tener a Ciel en este estado.

" ¿Si le digo no se enoja? "

" ¿Por qué me debería enojar? " La inocencia infantil a veces era divertida.

Ciel froto sus palmas, nervioso por lo que estaba por decir.

" Me gusta un chico " Hizo un puchero triste, bajando la mirada avergonzado. Hannah parpadeo perpleja por lo que escuchaba, ¿ su alumno de nueve enamorado de un niño?, ¿ de su mismo sexo?.

¡Espléndido!

Hannah tenía que admitir que el país donde vivían era un lugar homofobico, y lo más posible era que si se lo hubiera dicho a otra maestra del plantel, sería de inmediato enviado a la dirección junto a un reporte de 'consulta psicológica urgente ' pero ella no era así, ella creía en el amor en todas sus formas. Su alumno estaba en buenas manos con ella, jamás sería capaz de hacerle la grosería de gritarle y regañarlo por su gusto a los chicos. Si a el le gusta uno, ella lo apoyaría.

" No tienes de qué avergonzarte, es normal que sientas eso "

" ¿Si? " Murmuro tiernamente, reafirmando lo dicho por la maestra.

" Si " Le aseguro con una sonrisa.


En el tiempo que ellos hablaron dentro del salón, la gran mayoría de alumnos se fue retirando del instituto, quedando unos cuantos grupos en clase que también se irían dentro de unos segundos. La conversación fue tediosa, y confusa, ella le dijo que estaba bien que los niños se besaran y no tenía que ser malo, al contrarío ¡era bueno!. La tristeza que se desarrollaba, se mantuvo detenida, él podría tener su oportunidad... ¡que felicidad!

Ciel hizo algo que jamas creyo, sujeto los bordes de su mochila y sonrió, tenía la solemne creencia que no debería, pero lo hizo.

Bajo de las escaleras a toda prisa, quería encontrarse con él lo más rápido posible. Al llegar al patio principal se fijó en la carencia de alumnos que deambulaban, unos cuantos se podían ver esparcidos por los lados, pero relativamente pocos. Su semblante se marchito, apuñalado al recordar que hoy era viernes y tendría que esperar días para volver a encontrarlo, quizás nunca más.

Qué tonto, esta podría haber sido su oportunidad, ahora estaba desperdiciada.

Camino sin animo hasta la salida, ya quería volver a casa, aunque no era su parte favorita. Su hogar era un refugio que lo mantenía calmado en momentos de tormenta, igualmente podría ser un lugar de soledad.

Suspiro decepcionado, al salir de la escuela busco su respectivo autobús y subió en él, las únicas personas que permanecían abordo eran tres personas, un rostro del fondo se le hizo familiar y después de reacciónar quien era, su cara se paralizo. Era él chico ... ¿que hacía en el autobús?.

Sus compañeros de viaje habituales no estaban, ¿que había ocurrido?, ¿estaba en otro autobús?. Busco alguna señal que indicara que efectivamente fuera esa su ruta, su mente esculco entre los vagos recuerdos, hasta que hizo click al recordar uno en especial, un pequeño rayon en el asiento segundo.

Recorrio los asientos con la mirada hasta centrarse en el que buscaba, al visualizar se llevó la sorpresa que si estaba el rayón, esta si era su ruta.

Él chico no se dio cuenta de la presencia de Ciel hasta que escuchó unos pasos contra el metal. Sebastian despego la mirada de la ventana y su rostro se ilumino de alegría, agito una mano hacia Ciel, haciendo señas que se sentara junto a él. Ciel intento ignorarlo por la pena que aún permanecía en su mente, intentó hacerse el indiferente mirando a otro lado, sin embargo la idea de tener a Sebastian cerca le hizo cosquillas en su interior y termino aceptando.

" Hola " Sebastian le saludo cortez.

" Hola " Devolvió el saludo con una sonrisa que no pudo resistir. Se miraron silenciosamente hasta que el mayor se atrevió a hablar " ¿Quieres sentarte conmigo? " palmeo el lado izquierdo del asiento.

"... Si " Se sentó con un suave murmuro, retirando la mochila de su espalda y acomodandola enfrente suyo. Tan pronto como echo un vistazo a Sebastian, se enrojeció.


Todo el trayecto hablaron, conociéndose mutuamente y tomando nota de lo que más le gustaba al otro. Cuando llego la hora de despedirse, se dieron cuenta que vivián a unos cuantos pasos de la calle, internamente les puso felices, ambos con ideas de reunirse de nuevo.

Al despedirse, Sebastian le preguntó si le podía dar un beso, Ciel creía que era en la mejilla como era habitual entre los amigos - o mejor dicho, entre amigas - así que le dio permiso. Lo raro fue que le pidió que cerrara los ojos. Cerró los ojos como lo pidió, pero el beso nunca llegó, volvió a abrirlos para encontrar el rostro de Sebastian cerca del suyo, igualmente con los ojos cerrados en una expresión suave y salpicada de tonos rojos en las mejillas. Tener la vista completa de él a cercas le sumergió en un sentimiento inexplicable, ¿que era esta necesidad de sentir sus labios?

Ambos respiraron enamoradamente y aplacaron sus labios, fue muy breve, pero lo suficientemente fuerte para creer que una explosión de colores opaco su mente y los dejo perpetuamente unidos en un ser. Quizás era muy pronto para decirlo, pero muy dentro de ellos creían haber hallado a su alma gemela, al estar juntos podían percibir paz y seguridad.

¿El amor a primera vista existía o era un mito?

Tal vez para unos era un mito, mientras que para otros era una realidad.