El tiempo paso, viajo tan rapído como una rafaga de viento, ese tipo de viento que tranquilizaba los huesos y hacía sentir tranquilo al cuerpo. Veloz. Pero a la vez lento y onírico.

Un parpadeo.

Ellos se besaban tiernamente sobre las colchas esponjosas, estaban en la habitación de los padres de Sebastian, sobre su cama. El juego consistia en "hacer de la mamá y el papá" y para dar más emocion al juego, usaron aquel cuarto como herramienta.

Este juego lo sugirió Sebastian. Era divertido para ambos, ¿así que por qué no?.

Ciel se rio cuando Sebastian no apunto correctamente a sus labios y termino besado su nariz.

" Tienes mala punteria " Dijo riendo, ocultando sus carcajadas detrás de su fragíl mano, después le dio un casto beso en las comisuras de sus labios. Asomo la pequeña lengua rosada y lamió los labios contrarios, exprimiendo el sabor suavemente en el paladar, el sabor de Sebastian era edictivo.

Sabia como la canela.

Segundo parpadeo.

Sebastian se atrevió a escurrir su extensa lengua entre los labios carnosos de Ciel, su amado. Ambos reían de lo extraño que se sentía, pero continuaron. Las visitas a casa nunca fueron tan divertidas.

"Es extraño..."

" A mi me encanta "

Tercer parpadeo.

Sebastian tuvo que entrar a secundaría, dejando a Ciel con lagrimas en los ojos, estaría sin su compañia en el receso, cosa que apanicaba a su pobre niño. Esto no era impedimento para que se vieran después de la escuela - para calmar él panico de Ciel-. Después de la escuela se abrazaban como si se hubieran perdido por tanto tiempo, añorando su calidez.

Pegando fuertemente sus cuepos, para no despegarlos durante horas.

" Me dejas, siempre me dejas" Apretó su puño cerrado en la ropa de Sebastian. Sollozando en silencio.

" Exageras " Sonrió con cariño besando sus mejillas carmesí, ahora manchadas por las lagrimas infantiles.

Cuarto parpadeo.

Escuela era igual a deberes, no había mucho tiempo para prestarle atención a su vida social, especialmente si tenías un amigo-novio que lloraba cuando no le prestaba atención. Ciel le presionaba mucho para que siempre estuvieran juntos. Odiaba estar separado de Sebastian.

" Eres malo "

" Sabes que no es cierto " Acaricio las mejillas manchadas de lagrimas.

Siempre era insistente con eso, pero ambos sabían que no era verdad.

Quinto parpadeo.

Era hora, necesitaba estar con Sebastian. Tenía un examen por contestar y tenía que poner su mayor esfuerzo para estar con él. Lo extrañaba, como si su único sustento de vida lo mantuvieran arrastrándolo lejos de él, deseaba alcanzarlo con sus brazos y nunca dejarlo partir. Que ese aire fuere solo suyo.

A Sebastian le pareció hilarante, ellos siempre estaban juntos - cuando se podía- después de la escuela. Pudo sentir en carne propia la posesividad de Ciel, pero no le importo, no le desagrado.

Todo lo contrarío, quedo simplemente encantado por la atención. Sabía de los peligros, las consecuencias de estas acciones, podría llegar a lo enfermizo: esa era su parte favorita; enfermizo.

"Shh " No llores, le dio un pequeño beso en sus labios rosas.

" Sabes que siempre estaré contigo " Lamió el contorno niveo de las mejillas regordetas, saboreando el sabor salado de sus lagrimas en la lengua.

Suspiro alegremente sosteniendo él cuerpo cansado de Ciel contra el suyo; no había parado de llorar durante horas hasta que quedo dormido del agotamiento. Estiró su mano hacia el dobladillo de la cobija a lado de él, recorriendola sobre sus cuerpos.

Mañana sería un día igualmente agotador, con lagrimas y sollozos de falso "abandono".

Sexto parpadeo, último.

Ellos por fin estaban juntos, en la misma escuela, tal vez no en el mismo salón, pero juntos. Cuando camino junto a Sebastian aquel primer día de escuela, en la misma ruta y en el mismo lugar, no pudo soportar su emoción. ¡Ya no más caminos separados! ¡ Ya no más un hasta pronto!, Ciel hizo un chillido alegre, apretando fuertemente la mano de Sebastian con la suya.

"Mi Ciel..." Sebastia le murmuro, besando perezosamente su frente.

Ahora fue mucho más precavido cuando quería darle un beso, se cercioro que no hubiera personas al rededor. No podían verlos juntos... el riesgo de ser vistos vendría con consecuencias.