Era común que la vida nunca fuera justa con la premisa de los jóvenes enamorados, era injusta en la mayoría de los casos. Fue un milagro cuando las estrellas se alinearon correctamente para darles buenos tiempos de tranquilidad, llenos de alegría y reluciendo como la rosa más bella del prado donde solo yacían flores simples y comunes que lentamente eran devoradas por la tierra para dar bienvenida a un nuevo cicló
Sus colores lentamente se mezclaban, formando una sublime imagen de recuerdos preciosos que desde aquel día de conocerse jamas podrían borrar de su memoria, no importanse cuantos años pasaran, era una memoria fresca, llena de sensaciones desconocidas, tan confusas, que sus mismas mentes fueron engañadas. Creyendo que era un virus peligroso que necesitaba ser irradicado del sistema.
Muy pocos aguantaban los años de pareja sin cansarse de lo mismo, y cuando esa chispa se la llevara el viento - junto a las promesas olvidadas - , alguien cometería el arte del engaño, infedelidad, donde uno de los dos pagaría las consecuencias. Y al final, vendría el inminente separamiento, donde años atrás, se prometieron un 'por siempre'. ¡Vaya ilusos!, ¿por qué los humanos siempre creen que hay un 'por siempre', si tan solo durarían unos cortos años ( o meses).
La vida siempre tenía su "pero".
Y lo grandioso del ser humano era la restauración de su pobre corazón. Esos cortes en el corazón podían ser restaurados, las personas podían continuar una nueva pagina con otras personas, un nuevo cicló. Algo normal para cualquier ser humano.
Las cosas a veces simplemente se terminan, y uno no puede quedarse atrapado en los recuerdos de un ayer.
Ellos sin embargo, no creían en la cruda realidad de la vida, amaban la ignorancia de ese conjunto de conceptos simples y a la vez tan necesarios.
" Sigue adelante "
Ciel olvido la muerte de sus padres, los borro de la fas de la tierra, la ausencia de ellos le había ganado lugar alguien más. En aquella tímida mente, estaba la marca de Sebastian en cada rincón suyo, cada punta, cada centímetro, y cada suspiro suyo era de él, ¡únicamente de él!. De Sebastian. Sin el, sentía que un feroz carruaje lo aplastaba, dejandolo triste y solo sobre un charco de sus propias lagrimas, no era literal, pero se sentía como si así fuera.
Ya había olvidado a sus padres completamente, ¿quienes eran esas personas?. Había sustituido cada recuerdo con Sebastian.
¿Quien fue la primera persona que vío?
Sebastian.
¿Qué?, una pequeña parte de su cerebro sin adulterar le decía lo contrario. "No, fue mamá y papá"
¡Pero que blasfemia!, eso era falso. No, fue Sebastian. Su misma conciencia le jugaba una mala rancha, estaba completamente chiflado por aquella "verdad". No, eso era falso !.
¿Quien le cargo por primera vez? Sebastian.
¿Quien le enseño a hablar? Sebastian.
¿Quien le enseño a caminar? Sebastian.
La respuesta era Sebastian, no ' sus padres'
Ciel recostó su minúsculo cuerpo cerca de Sebastian, se acomodo correctamente al costado de él y paso el tierno roce de sus dedos en aquella piel, recorriendola desde la frente hasta sus mejilla, sus poros emanaban una intoxicante calidez que le provocaba el deseo de embriagarse de ella.
Con cuidado de no despertarlo, pego su nariz en el pecho de él, sus manos temblaron cuando pudo inhalar una bocada de su esencia, cerro los ojos con satisfacción mientras sorbía su aroma dentro de sus pulmones. Una pequeña mano se adentro en la camisa de Sebastian, frotando la rica piel que se encontraba allí, la rica piel era firme, pero no del todo madura. Aun mantenia la suavidad de un niño, con la diferencia que unos diminutos vellos se comenzaban a formar sobre los pectorales.
Toco su abdomen, unas ligeras lineas que ejercicio se comenzaban a formar en la piel, no lo suficiente para ser visibles, pero aun así encantadoras. Se sonrojo al pensamiento de que todo esto lo hacia por él y por nadie más. Un pensamiento adorable, sino fuera porque ellos eran "solo amigos". Sebastian nunca le había dicho que eran algo más. Ellos de vez en cuando se besaban o se tocaban en algunos lugares, pero eso no significaba que fuera algo más.
Eran... amigos...
" Sebastian... " La voz de Ciel se derritió a la pronunciación del nombre de su "amigo", era tan calmante, como leche tibia con miel deslizándose en la garganta. Mordió sus mejillas interiores ante el aspecto desordenado de su amado, tan sereno, tan indefenso.
Muy diferente a lo que mostraba por lo regular.
El pequeño ojos azul desvió la mirada de aquel rostro para mirar más abajo, muy abajo. Esa zona central, muy abultada, oculta entre una fina tela del pantalón. Miro con libido aquel fornido bulto, pidiendo ser liberado de su celda.
Que lastima le daba verlo a si. Tan necesitado. Tenía tantas ganas de sacarlo de allí, tocarlo para que se calmara. ¿Tal vez un pequeño beso en la punta le ayudaría?.Mucha gente conocía a Ciel por ser alguien callado y tímido, nada atrevido. Un chico inocente, de quien ninguno sospecharía si ocurriera un asesinato.
Y así era, fue parte de su personalidad. Pero con su mejor amigo no podía quedarse con la boca cerrada, tenía la necesidad de ser atrevido y pedir.
Era una falta de respeto lo que estaba a punto de hacer, una indiscreción a la intimidad de su amigo y a la confianza que habían establecido durante estos años. Acerco su mirada al desordenado cuerpo tendido sobre el colchón, sudoroso y necesitado de atención; el olor de Sebastian se desparramaba como perfume en el olfato de Ciel, casi como si lo estuviera atrayendolo inconscientemente hacia su cuerpo. La pequeña figura sentada sobre sus piernas sin pensar en las consecuencias coloco su mano en la miserable erección. Subió la mirada al rostro de su amigo, esperando alguna reacción, tal vez se despertaría y le gritaría por imprudente.
Pero el no se despertó, hizo un gruñido bajo, moviendo la cabeza a un lado sobre la almohada y quizás creyendo que todo lo que pasaba era un sueño, frotando su adolorido pene contra la cálida palma. Ciel se rio en voz baja ante la reacción de su amado, continuando masajeando el acalorado falo en la palma de su mano.
El liquido seminal se filtro en los calzoncillos de su amigo, hasta mojar por completo la tela de la pijama. Rápidamente retiro su mano, sintiendo lo pegajoso del liquido en sus dedos. Jugo un poco con el liquido, estirandolo con el pulgar y el dedo indice, pensando en lo delicioso que podría saber si lamía la pequeña viscosidad.
Con curiosidad lamió sus dedos empapados de jugos.
Eran justo como pensó.
Delicioso.
