Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.


Me había quedado hasta tarde, y el sol ya se estaba poniendo mientras conducía hasta mi casa. Era una carrera contra la oscuridad, pensé de repente, negándome a dejar que el olor a caro coche nuevo del Jaguar me distrajera. Extrañaba mi súper deportiva.
En algún lugar en el fondo de mi mente, cavilaba. No había querido asustar a las chicas, pero había algo en la nota de despedida de Sasuke que me preocupaba. Pero antes tenía que asegurarme de que no fuese simplemente mi orgullo herido el que hablaba.
¿Por qué que no nos había mencionado a nosotros en ningún momento? Solo para referirse a lo ignorante que éramos en sus problemas, y yo sabía todo sobre él. Somos sus amigos del pasado, sus amigos en el momento presente. Uno pensaría que habría mencionado al menos a las chicas, incluso si se había olvidado de mí en medio del dolor de abandonar a Sakura, porque yo sabía que él se había marchado por alguna fuerza mayor. Sasuke no era así, Sasuke no huye de los problemas. Hay graves problemas aquí.
¿Qué más? Definitivamente había algo más, pero no consigo recordarlo. Todo lo que obtuve fue una vaga imagen del Internado y de... si, la profesora de Lengua Extranjera.
Incluso mientras soñaba despierto sobre eso, yo manejaba con cuidado. No había modo de evitar el bosque por completo en la larga carretera de un solo carril que conducía de la casa de Sakura-chan hasta la mía. Pero miraba al frente, manteniéndome alerta.
Vi el árbol caído apenas doble el recodo y apreté los frenos a tiempo de detenerme con un chirrido, con el coche en un ángulo casi de noventa grados con la carretera.
Y entonces tuve que pensar.
Mi primera reacción instintiva fue: Llamar a Sasuke Pero recordé con la velocidad suficiente para que el pensamiento quedara desplazado por una pregunta. ¿Llamar a las chicas?
No puedo obligarme a hacerlo. No era simplemente una cuestión de dignidad masculina: era la sólida realidad del árbol adulto que tenía delante. Aunque todos trabajáramos juntos, no podríamos mover aquella cosa. Era demasiado grande, demasiado pesado.
Y había caído desde el bosque de modo que descansaba totalmente atravesado en la carretera, como si quisiera separar la casa de Sakura-chan del resto de la ciudad.
Cautelosamente, baje la ventanilla del conductor. Mire el interior del bosque para intentar ver las raíces del árbol, o admitir que no había ningún movimiento allí. No había ninguno.
No podía ver las raíces, pero el árbol parecía demasiado sano para haberse desplomado porque sí en una soleada tarde. No había viento, ni lluvia, ni relámpagos, ni castores. Ni leñadores, pensé sombrío.
Bueno, la cuneta del lado derecho era poco profunda, al menos, y la copa del árbol no la alcanzaba del todo. Podría ser posible...
Movimiento.
No en el bosque, sino en el árbol justo delante de mí. Algo agitaba las ramas superiores del árbol, algo más además del viento.
Cuando lo vi, seguí sin poder creerlo. Eso fue parte del problema. La otra parte fue que conducía el auto nuevo de Hinata, no mi moto. Así que mientras tanteaba frenéticamente buscando un modo de cerrar la ventana, con los ojos pegados a la cosa que se desprendía del árbol, no hacía más que buscar a tientas en los sitios equivocados.
Y lo último fue que la bestia simplemente era rápida. Demasiado rápida para ser real.
Lo siguiente que supe fue que intentaba rechazarla en la ventanilla.
He vivido en la vecindad de los bosques toda mi vida, y nunca antes había visto a ningún insecto que se pareciese ni remotamente a aquel.
Porque era un insecto. Su piel tenía aspecto de corteza, pero eso era simple camuflaje. Cuando golpeo contra la ventanilla medio levantada del auto pude oír y palpar su exterior quitinoso. Era tan largo como un brazo, y parecía volar batiendo los tentáculos en círculo... Eso debería ser imposible, pero aquí estaba metida a medias dentro de la ventanilla.
Estaba construido de un modo más parecido a una sanguijuela o un calamar que a cualquier insecto. Sus largos tentáculos parecidos a serpientes tenían casi el aspecto de enredaderas, pero eran más gruesos que un dedo y tenían grandes ventosas dentro de ellos; y dentro de las ventosas había algo puntiagudo. Dientes. Una de las enredaderas se enrollo a mi cuello, y pude sentir la succión y el dolor.
Aquella especie de enredadera se había enrollado a mi garganta tres o cuatro veces, y apretaba. Tenía que usar una mano para agarrarla y arrancarla, lo que significaba disponer solo de una mano para golpear a la cosa sin cabeza... que de improviso mostro que tenía una boca, aunque no ojos. Como todo lo demás en la bestia, la boca tenía una simetría radial: era redonda, con los dientes dispuestos en círculo. Pero muy en el interior de aquel circulo, vi con horror, mientras el bicho atraía mi brazo al interior, que había un par de pinzas lo bastante grandes como para cortar un dedo.
Dios..., no, pensé.
Cerré la mano, convirtiéndola en un puño, intentando desesperadamente golpearla desde adentro.
El estallido de adrenalina que tuve tras ver esto me permitió arrancarme la enredadera de la garganta y soltar al fin las ventosas. Pero en estos momentos mi brazo había sido engullido hasta más allá del codo.
Me obligue a golpear el cuerpo del insecto, pegándole como si fuese un tiburón, que era la otra cosa que me recordaba.
Tenía que sacar mi brazo. Me encontré abriendo a ciegas por la fuerza la parte inferior de la boca redonda y arrancando un pedazo de exoesqueleto que aterrizo en mis piernas. Entretanto, los tentáculos seguían girando sin parar, golpeando contra el auto, buscando un modo de entrar. En algún momento, aquello comprendería que todo lo que tenía que hacer era doblar aquellas cosas parecidas a enredaderas que se debatían y entonces podría introducir el cuerpo por la abertura.
Algo afilado me araño los nudillos. ¡Las pinzas! Mi brazo estaba casi totalmente dentro.
A la vez que me concentraba casi por completo en cómo salir de allí, alguna parte de mi cabeza se preguntó: ¿Dónde tiene el estómago? Esta bestia no es posible.
Tenía que liberar mi brazo ya. Iba a perder la mano, con la misma certeza que si la hubiese metido en el triturador de basura y lo hubiese puesto en marcha.
Me había soltado ya el cinturón de seguridad, pensando que con un violento tirón, podría lanzar el cuerpo a la derecha, hacia el asiento del acompañante.
De pronto vi como un brazo negro aparecía junto al bicho, una mano con guantes de cuero que dejaba los dedos al descubierto, con unas uñas bien cuidadas. La mano tomo al bicho por los tentáculos y le dio un tirón hacia atrás. Sentí como los dientes me rastrillaban el brazo mientras me arrastraban a través de ellos. Pude ver los largos surcos ensangrentados que la criatura dejaba en mi brazo. Pero eso no importaba. Lo importante es que esa persona lograba conseguir sacarlo de aquí.
Lo lanzo al suelo mientras la criatura se lanzaba nuevamente contra él, le dio dos disparos y el bicho se retorció en el suelo, espere un chasquido de quitina y sangre saliendo a chorros, tal vez salpicando el auto nuevo de Hinata, como aquella cosa reptante en Alíen.
En vez de eso, el insecto boto chispas. Después se desintegro en un pegajoso liquido negro y se combustiono mientras yo miraba atónito.
- ¿Q-que...
La persona de negro era Corinne, con sus guantes de cuero y su pistola plateada, se sacó su casco y su cabello cayo por los lados de sus hombros mientras me gritaba:
- ¡Naruto, cierra la ventanilla y lárgate de aquí! ¡Ahora!
Mi brazo estaba lleno de arañazos ensangrentados, tenía ulceras inflamadas en la garganta y mis nudillos rasguñados en la otra mano. Pero no perdí el tiempo contando mis heridas. Tenía que salir de aquí; las ramas volvían a removerse y no quería aguardar para comprobar si se trataba del viento.
Solo existía un camino. La cuneta.
- Corinne-san... pero tu…
- ¡Lárgate, idiota!
Puse la primera y apreté el acelerador a fondo. Fui hacia la cuneta, esperando que fuese demasiado profunda, esperando que el árbol no atascara de algún modo los neumáticos.
Hubo un brusco descenso que hizo que mis dientes entrechocaran, atrapando mi labio inferior entre ellos. Y luego sonó el crujido de hojas y ramas bajo el auto, y por un momento todo movimiento ceso, pero mantuve el pie pisando el acelerador con todas mis fuerzas, y de repente quede libre, y me vi zarandeado de un lado a otro mientras el auto marchaba escorado, a toda velocidad, por la cuneta. A la distancia escuche, uno, tres, cinco, diez disparos. Conseguí recuperar el control y vire bruscamente de vuelta a la calzada justo a tiempo de efectuar un viraje a la izquierda en el punto en que esta describía una curva cerrada y la cuneta desaparecía.
Creí me iba a dar algo. Tome las curvas a casi ochenta por hora, con la mitad de la atención puesta en el bosque y en Corinne que se había quedado ahí para hacer no sé qué cosa... hasta que de improviso, felizmente, una solitaria luz roja apareció ante mi como un faro en el anochecer.
El cruce para introducirme a la ciudad. Tuve que obligarme a frenar con otro chirrido que dejo marcas de neumáticos en el suelo.
Un violento giro a la derecha y salía ya como una exhalación del bosque. Tendría que serpentear alrededor de una docena de vecindarios para llegar a mi casa, pero al menos estaría alejado de cualquier arboleda grande.
Era un largo rodeo, y ahora que el peligro había pasado, empezaba a sentir el dolor del brazo cubierto de surcos. Para cuando detuve el jaguar ante mi casa, también me sentía mareado. Pare bajo un farol y luego deje que el auto resbalara hasta la oscuridad situada más allá. No que nadie me viera tan alterado.
¿Debería llamar a Corinne? ¿Llamar a las chicas? ¿Advertirles de que no salieran esta noche, que los bosques eran peligrosos? Pero ya lo sabían. Sakura-chan jamás permitiría que las chicas fuesen al bosque solas. Y Hinata montaría un buen número si alguien mencionaba siquiera la posibilidad de salir a la oscuridad; al fin y al cabo, ellas sabían lo extraño del accidente de auto, ¿verdad?
Lo que realmente hacía falta era que algunos agentes fueran allí y retiraran el árbol. Pero no a oscuras. No era probable que nadie más fuese a usar aquella carretera solitaria esta noche, y enviar agentes allí seria... bueno, sería como entregárselos a esas cosas en bandeja. Llamaría a la policía para informar a primera hora de la mañana. Ellos enviarían a la gente apropiada allí para mover aquella cosa.
Estaba oscuro, y era más tarde de lo que había imaginado. Probablemente debería llamar a Corinne, después de todo. Simplemente deseaba que mi cabeza se despejara de una vez. Los arañazos quemaban y ardían. Le resultaba difícil pensar. Quizá si tomaba solo un momento para respirar...
Recosté mi cabeza en el volante. Y entonces la oscuridad me envolvió...


Naruto