Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.
- ¡Ey!
Desperté con la mente confusa, y me encontré tras el volante del auto de Hinata.
- ¡Ey! ¡Despierta!
Levante mi cabeza con el sonido de alguien que golpeaba la ventanilla.
- ¡Sal del auto! ¿Me escuchas?
- Y-ya voy.
Salí a tropezones, casi olvidando cerrar el auto con llave, y luego hurgue a tientas mis bolsillos para buscar mi celular y guardar las llaves.
- ¿Que ha pasado? - pregunte desorientado y Corinne-san enarco una ceja - ¿Eh? ¿Por qué me miras así?
- Te esperare aquí, entra a tu casa y toma una ducha, véndate el brazo como puedas... y luego me acompañaras.
- ¿Dónde iremos?
- A curarte eso.
Hurgue a tientas las llaves para abrir la puerta trasera. La casa estaba oscura; ero-sennin dormía. Conseguí subir a mi dormitorio y me desplome sobre mi cama sin siquiera quitarme los zapatos.
Corinne-san...
Me levante nuevamente. Luego de quince minutos la ducha me había despejado la cabeza, incluso aunque no hubiese hecho mucho por el dolor punzante del brazo. Al bajar y estar frente a Corinne nuevamente esta me puso su casco y me llevo hasta la casa de Sasuke.
- ¿Que hacemos aquí? - le pregunte mientras bajaba y subías las escaleras de las puertas de entrada.
- Ya te lo he dicho - utilizo un tono cabreado - te curare esas heridas. ¿Pensabas que tomándote una aspirina se te quitaría? ¡Idiota!
La acompañe hasta la cocina, Chiyo-basama se mostró sorprendida y luego me saludo desde allí, subí a la habitación de Corinne- san y esta me indico que me sentara en su cama.
Con los labios apretados, deshizo el vendaje que había colocado alrededor del brazo, todas las chicas se hubieran estremecido, Corinne solo frunció el ceño y fue por una maleta de manos. Los largos arañazos estaban claramente infectados y mucho.
- Son venenosos, entonces, esas cosas.
-Si - dijo lacónicamente - venenosos para el cuerpo y para la mente.
- ¿Y crees que una de estas cosas puede meterse dentro de la gente?
- Hmp... ¿Tú que crees? - respondió con tono arrogante y luego apretó mis heridas.
- ¡Ay, ay, ay! ¡Duele! - dije y ella sonrió de medio lado.
- Lo que hare ahora realmente te dolerá. Siéntete con la libertad de llorar, has lo que quieras.
Se puso de pie y con una coleta se hizo una cola en el cabello.
- Corinne-san... - se giró mientras abría su puerta - ¿qué te ha sucedido en los ojos?
Puso los ojos en blanco. Fue a la cocina por un Té para no sé qué cosa, en ese tiempo me dedique a ver sus pertenencias en esa maleta de manos: tenía muchas cremas, aceites, algunas hierbas que jamás había visto en mi vida, insectos extraños, semillas, pastillas medicinales, y un líquido extraño y de dudosa procedencia en un frasco de vidrio...
- Eso es sangre - aclaro mientras regresaba con una bandeja en las manos - y no querrás saber a qué se la he sacado.
La deje apresuradamente en la maleta y Corinne me entrego un Té de color amarillento con hojas verdes.
- Es una tisana - susurro como si se tratara de algún secreto profesional, y se arrodillo frente a mí para inspeccionar mi brazo.
El té no era tan malo, aunque yo hubiese preferido una Coca-Cola, por un momento los ojos de Corinne se depositaron en mí como los de un halcón y entonces pensé en el cómo medicina y me las arregle para engullir la mitad antes de que me regañara.
No sentía muchas ganas de discutir, había jugado en partidos de rugby con una clavícula rota, un esguince en la rodilla, un tobillo torcido, pero esto era diferente. El brazo parecía correr el peligro de estallar.
- Parecen más marcas de dientes que de zarpas - índico mientras tomaba unos instrumentos de la bandeja, parecían recién hervidos.
- ¿Que harás con eso? - pregunte espantado al ver que tomaba un cuchillito bien filoso.
- Mantente tan quieto como puedas sobre esta toalla - me indico - Estas ya tienen una costra, pero es necesario abrirlas y quitarles el líquido y limpiarlas como es debido. Va a doler. Y ya te lo he dicho, puedes llorar si quieres.
El drenaje y la limpieza fueron dolorosos al principio, pero conseguí soportarlo sin emitir ni un sonido, incluso le dedique una que otra sonrisa forzada cuando la sangre y el pus corrieron por el brazo. Las incisiones con la lanceta dolieron al principio, pero la liberación de la presión resulto agradable, y cuando las heridas quedaron libres de líquido y estuvieron limpias y luego tapadas con una compresa fría de hierbas, las sentí deliciosamente frescas y listas para curar como era debido.
Mi celular comenzó a vibrar dentro de mis jeans.
- ¿Tenten?
- Pensábamos que tenías intención de venir aquí temprano esta mañana.
- Lo hare, pero primero tengo que averiguar cómo.
Sentía mi cabeza como si fuese del doble de mi tamaño habitual y el brazo al menos cuatro veces más grande, pero sin dolor.
- ¿Naruto? ¿Sigues ahí?
- No estoy seguro. Anoche...
Corinne negó con la cabeza, lo entendí de inmediato.
- Cielos, ni siquiera recuerdo la mayor parte de la noche. Pero camino a casa... Oye, les contare cuando llegue ahí.
- Está bien.
- Si... mira... solo denme una hora, ¿de acuerdo? Estaré ahí en una hora.
Corte la llamada y la mire.
- ¿No pueden saberlo?
- No - negó con la cabeza y se quitó la coleta.
- ¿Porque? ¡Espera! ¿Porque has hecho esto por mí?
- Porque... se me ha antojado ayudarte - se sentó en la cama y se desperezo.
- ¿Solo por eso?
- Así es.
- Mira, yo no creo que seas como los demás dicen que eres... sé que no andas por ahí pensando en hacerle mal a la gente. Pero tienes que darme algún tipo
de explicación del porque ellas no pueden saber... de estas cosas.
- Porque no es de su incumbencia, y estarán bien mientras no sepan nada. De lo contrario...
- ¿De lo contrario? - la mire desafiante y ella soltó algunas palabras en Francés y una risita tonta.
- Les pasara algo que no les gustara, solo encárgate de que no vayan al bosque solas.
- Corinne...
- Solo avísale a la policía lo que ha sucedido. A Tete no le digas que te he ayudado, de hecho, no se lo digas a nadie.
- Esta bien, pero... es Tenten. ¿Y tú como sabes que no tengo una de esas cosas... ya sabes... dentro mío?
Sentí un cosquilleo en todo el cuerpo, de solo pensar que podía tener un calamar en alguna parte de mi cuerpo.
- Cree en mí, no la tienes.
Levanto los hombros y luego se puso de pie en un salto.
- ¿Que harás ahora?
- Llevarte a tu casa para que tomes el auto de Hinata Hyuga y luego vayas a la casa de Sakurita. Intenta tomar otra ruta.
- Ey, Corinne. ¿Qué ha pasado con esas cosas...? ¿Cómo es que no te ha pasado nada? ¿Cuantas eran y porque tenías un arma?
- Bueno, ¿cómo empiezo? ¿Cuál quieres que responda primero? Respuesta número uno: esas cosas han desaparecido, ya no hay rastros – enumero con sus dedos - Respuesta numero dos: no me ha pasado nada porque soy una chicas lista. Respuesta número tres: eran siete y tengo un arma porque así lo quiero, ahora... ¿nos vamos?
Camino hacia la puerta y le seguí el paso.
Llegue a mi casa y mientras bajaba ella miro mi brazo.
- Me lo tapare con la camisa, solo les diré a las chicas que me ha atacado algo... que no sé lo que era...
- Solo no digas que me has visto Naruto. Ya, adiós. Tengo una cita importante.
- Adiós...
Y ella se marchó sin siquiera esperar un gracias, bueno... ahora debo ir a casa de Sakura por otra ruta y contarles lo que ha pasado.
Naruto
