REGRESO A HOGWARTS (2 PARTE)

Draco se giró y una sombra se separó de la pared, y se materializó silenciosamente en un cuerpo masculino, de movimientos lánguidos, felinos. Tan alto como él, el desconocido avanzó hasta que la luz hirió su cabello, revelando una larga melena suavemente ensortijada. De un impactante color negro radiante y adornado por dos grandes mechones de un verde metálico con reflejos dorados muy intenso, que surgían un poco mas atrás de las sienes, mezclando bucles de ambos colores; el cabello cubría los hombros del misterioso desconocido y parte de la espalda, enmarcando su rostro. La tez era suave y pálida, aunque dorada, de mejillas sonrosadas y adornada por labios sensuales e intensamente rojos. Los grandes ojos, de un color entre azul y verde esmeralda, ligeramente rasgados y orlados de espesas pestañas trajeron viejos recuerdos a Draco, pero cuando el extraño sonrió, se reveló por completo su dentadura, blanca, perfecta… y con unos colmillos afilados como dagas, haciéndole olvidarlos.

"Un vampiro! O al menos alguien mordido por uno de ellos" pensó el Slytherin.

-Lord Draco Lucien Malfoy Black, (Señor (titulo) Dragón de la Luz Mala-Fé Negro) le presento a…

Los ojos de Minerva repasaron el papel frente a su mesa con rapidez, mientras el joven moreno, que aparentaba unos treinta años de edad avanzaba con elegancia hacia ellos.

-Ritter Von Sylvain Egmont Henry Fremont. (Caballero del Bosque (Titulo), Defensor y arma, Príncipe, Defensor de la Libertad, ).(Enrique =Príncipe= Henry = Harry)

El Slytherin apreció la vestimenta, sobria y elegante, de excelente corte, totalmente negra. El único adorno era un prendedor que cerraba la túnica en el pecho, formado por un ópalo semiesférico verde iridiscente, de algo más de un centímetro de diámetro, y enganchado a una larga y fina cadena de oro en torno al cuello, con pequeñas esferas de la misma gema intercaladas con los eslabones. En lugar de zapatos de vestir, el hombre calzaba unas altas botas de piel levemente acharolada que ocultaban las perneras de los pantalones hasta las rodillas, y llevaba en una mano un par de guantes largos de similar estilo, como si estuviese vestido para montar en escoba o a caballo.

La mano del extraño se tendió hacia Draco, que la estrechó, notando la inesperada calidez de la piel en sus dedos.

-Ritter von Sylvain…

Con un extraño acento, mezcla de la melodiosidad del francés y la fuerza del alemán, pero en un perfecto inglés, el hombre sonrió, apretando suavemente la mano del Slytherin y murmuró con voz agradable:

-Tan solo Henry Sylvain, o Sylvain si lo prefiere, Lord Malfoy. Solo me precio de ser dueño y señor de mi mismo. Me temo que mi…protectora fue un tanto extravagante y excesiva a la hora de darme un nombre…

-Draco Malfoy entonces.

Replicó el altanero muchacho, levemente cautivado por la mirada y la fuerza que emanaba del semivampiro. El hombre soltó su mano asintiendo y tomo asiento frente a la directora y el rubio le imitó, aun dedicándole una mirada curiosa e intrigada.

Carraspeando, Minerva tomó la palabra y comenzó su exposición, cruzando las manos sobre el escritorio.

-Como sabrán, desde hace dos años impartimos una nueva asignatura obligatoria para todos los alumnos: Cultura Comparada y Tradiciones Mágicas y Muggles. Hemos estado cubriendo esta clase con varios de los profesores actuales, en los dos primeros cursos, pero el Ministerio nos obliga a impartirla en todos los niveles este próximo curso, y por lo tanto, necesitamos cubrir esa plaza. Igualmente, Madame Hoch ha decidido abandonar las clases de vuelo y aunque está dispuesta a arbitrar un año más, tampoco me importaría contar con Uds para eso.

Los ojos de McGonagal se posaron en Malfoy y luego en Sylvain y prosiguió.

-Para finalizar, también quiero cubrir Defensa contra las Artes Oscuras, y las nuevas clases prácticas de Duelo y Lucha, a partir de cuarto con el nuevo programa. Este año pasado fue un desastre intentando que el mismo profesor diese la parte teórica y practica, y acabamos recurriendo a aurores profesionales, con muy poca paciencia para tratar con adolescentes.

La directora les dejó pensar, y el Slytherin estudió a su oponente una vez más. El Quidditch era divertido, pero cuando se juega profesionalmente, podía llegar a ser una autentica maldición. Draco aborrecía los entrenamientos y sobre todo, a su entrenador. A todos ellos en verdad. Solo se mantenía en el equipo desde hacia cuatro años porque era sin duda el mejor buscador de Inglaterra y le aguantaban verdaderas barbaridades. La única contrapartida era la fama, y con ella, la facilidad para llevarse a la cama a quien quisiera, hombre o mujer.

Pero el Slytherin empezaba a estar cansado de los continuos viajes, de las fiestas y hasta de las orgías. Fans de ambos sexos hacían cola, sabiendo que si llamaban su atención, lograrían una noche loca con su ídolo. Ninguno de sus amantes temporales había dejado huella en él, y habían desaparecido tan rápido como la escarcha bajo el sol. Y si bien su cama estaba siempre ocupada, su corazón estaba vacío y helado.

Hogwarts representaba cambiar y volver a empezar, asentarse, tal vez buscar una esposa para complacer a sus padres y Draco dudó.

-Supongo que podría dejar parcialmente la Selección y jugar solo los partidos importantes. La mayoría de las veces apenas hay competición…

Con su suave acento, Sylvain intervino con tranquilidad.

Yo no tengo otros compromisos, pero por lo que he podido ver de su plan de horarios para el nuevo curso, sería casi imposible que uno de nosotros cubriese todas las clases que propone. Ya ha visto mis credenciales, y no tengo problemas con las clases de Defensa teóricas o prácticas, ni con las clases de vuelo. Sin embargo, desconozco el temario de esa nueva clase de Cultura Comparada. Tengo ascendencia y educación muggle, pero no creo que eso sea suficiente.

Minerva meditó en silencio, evaluando a ambos jóvenes. Draco Malfoy era un pura sangre, cualificado, pero veleidoso y con una terrible fama amorosa. El simple hecho de acudir demostraba un interés que sinceramente no había esperado, e imaginó que tras el playboy de vida vacua se escondía el verdadero yo del muchacho, aun por emerger a la superficie.

Y Henry Sylvain era casi un misterio en si mismo. Sus referencias eran impecables, había cursado estudios en Beauxbatons y Drumstang, sucesivamente, graduándose en ambas escuelas, pero el hombre no ocultaba que era un vampiro, aunque aseguraba tener controlado ese aspecto de su personalidad. Minerva había aceptado su palabra, pero un vampiro era un riesgo para los alumnos, un riesgo difícil de asumir.

Draco vio la vacilación de la madura y precavida mujer y adivinó sus dudas respecto a Sylvain. Este, impasible, contemplaba con interés los cuadros e incluso una vieja percha dorada que reposaba junto a la pared. El cuadro de Dumbledore guiño el ojo y sonrió, mientras que a su lado Severus componía un extraño gesto, con una leve sonrisa irónica y el ceño medio fruncido.

Una súbita llamarada alteró el silencio y Fawkes, el fénix dorado, se materializó en su percha, sobresaltando a Minerva y a Draco. La magnifica ave revoloteo por la habitación, emitiendo su dulce trino, y Minerva lloró quedamente de emoción. Era la primera vez desde la muerte de Albus que el fénix regresaba al castillo, aunque a veces, su canto tristísimo parecía oírse en los jardines en la noche. Fawkes se posó en el escritorio, junto a la bruja y sus ojos dorados brillaron cuando esta alzó una mano para acariciarlo.

Sin previo aviso, el fénix saltó hacia Sylvain y los ojos dorados se cruzaron con los de esmeralda. Con un nuevo trino, Fawkes se posó en el brazo del joven y le picoteo el pelo, haciéndole reír. Estallando en llamas, el fénix desplegó las alas, y su canto se unió a la dulce risa del moreno. Cuando el fuego desapareció, tan rápido como había comenzado, Sylvain acarició el plumaje rojo y oro, indemne y sereno.

Sylvain parpadeó lentamente, observando los azules ojos del antiguo Director y una leve sonrisa melancólica frunció sus labios, exponiendo de nuevo sus colmillos, e inquietando a Draco que masculló, observando con recelo los largos y puntiagudos caninos:

¿Podrías retraerlos, no? Parece que estés... mmh sediento, no se si me entiendes Sylvain.

Ampliando la sonrisa con tristeza, el moreno denegó con su profunda y suave voz, agitando levemente la cabeza y haciendo destellar su larga cabellera negra de reflejos verdeazulados:

No puedo. A diferencia de un vampiro puro, mis colmillos no pueden esconderse. La gente encuentra mi aspecto…intimidante, pero como ya he dicho, no me alimento de personas. Bebo sangre de animales, y normalmente puedo pasar sin sangre humana. Por seguridad, tomo un pequeño sorbo todas las noches, usualmente vaca, aunque puede ser cualquier otra, y bebo en mayor cantidad una vez a la semana.

Bajando la cabeza un instante antes de proseguir, serio y grave, el hombre admitió sin rubor:

Solo he sentido la necesidad de sangre humana cuando he sufrido alguna herida seria. E incluso entonces, la sangre embolsada es suficiente para mí.

Sus ojos brillaron levemente, y afirmó son serenidad girándose hacia la Directora que le escuchaba atentamente:

No estoy sediento en absoluto Minerva. Mis ojos se vuelven más…oscuros cuando eso ocurre, por si le tranquiliza el saberlo.

Y ¿Qué ocurriría si te encontraras con una situación un poco peligrosa? Digamos por ejemplo, que un alumno resulta herido durante una de tus clases. ¿Podrías resistir?

Los ojos azulones de Minerva le estudiaron, y durante unos segundos, el joven meditó su respuesta, acariciando distraídamente al fénix que aun seguía en su brazo, jugueteando con su pelo.

Supongo que sí. No se me ha dado nunca el caso de encontrarme cerca de alguien que estuviera sangrando, pero el olor de la sangre derramada, aunque me altera, nunca me ha dominado.

Con un gesto flexible, Draco remangó su túnica y desabrochó el puño de su camisa, sacando su varita. Colocó el antebrazo sobre la mesa del despacho y susurró con suavidad, mirando a ambos:

Hagamos la prueba entonces.

Antes de que ninguno de los dos pudiera hacer nada para impedirlo, la varita bajó, trazando un pequeño corte sobre la piel blanca, que comenzó a sangrar inmediatamente. El reguero de sangre no había alcanzado a manchar la camisa de seda, cuando el puño del vampiro se cerró sobre la muñeca del Slytherin, que apuntó su varita hacia el joven, secundado por Minerva que se puso inmediatamente en pie.

Aspirando profundamente, el joven retuvo en su mano la muñeca de Draco y esbozó una semisonrisa enigmática, como disfrutando del aroma. Sus ojos se habían vuelto de un intenso verde oliva, pero parecía estar calmado y sereno. Rozó con las yemas de los dedos la sangre, que comenzaba a coagularse y fluía mucho más lentamente y llevó los dedos hacia su rostro, observando fascinado el brillante color rojo. Su ojos oscilaron de color hacia el azul noche, y Draco se estremeció interiormente, aferrando con mayor fuerza su varita, listo para defenderse en caso necesario.

Sylvain giró súbitamente sus ojos hasta encontrar los ojos plateados de Draco y en pocos segundos, el verde esmeralda con reflejos azulados brillo de nuevo intensamente en ellos. Aflojando un poco la presión, el moreno vampiro dejó salir un suspiro de entre sus labios y colocó la palma de la otra mano sobre el corte. El joven de cabello platino sintió un frío cosquilleo en la piel, y cuando el otro liberó su antebrazo, el corte había desaparecido totalmente.

¿Puedo?

Preguntó con voz comedida, indicando con una breve e intensa mirada su palma ligeramente ensangrentada y el Slyhterin permaneció en un tenso silencio. Los ojos azulverdoso se nublaron de tristeza, y su rostro se vació de expresión al apartar la mirada.

Hazla desaparecer si lo prefieres. Entiendo que no quieras.

Y entonces Draco vaciló. Dejar que el otro bebiera su sangre, incluso esas pocas gotas derramadas, era algo racionalmente muy extraño, pero por otro lado, parecía hasta cierto punto correcto, natural y asintió susurrando débilmente.

Está bien.

Con un gesto de incredulidad, tímidamente, el semivampiro deslizo la punta de la lengua por su palma y sus ojos se encendieron, brillando aun con más intensidad, casi como si un fuego voraz ardiese detrás de ellos. Sus pupilas se dilataron y sus ojos adquirieron un matiz mas azulado por unos momentos, mientras la lengua limpiaba las últimas gotas de su piel.

Gracias…Draco.

Susurró casi inaudiblemente el moreno, sonrojado y sonriente, despertando al rubio del aparente trance en que se había sumido, hipnotizado en su contemplación.

Minerva se sentó, atónita. Parpadeando levemente, les miró varias veces, sin estar muy segura de lo que sus ojos acababan de ver. No era la primera vez que trataba con vampiros a lo largo de su vida, pero sin duda, era la primera en presenciar algo tan extraordinario. El joven Sylvain acababa de establecer un vínculo con Malfoy, y sin duda, le seguiría a donde quiera que el joven fuese, tal vez desde la distancia y oculto. Un donante voluntario es algo tan preciado para un vampiro, que sienten por ellos una férrea devoción, que les hacer ser protectores y defensores de ellos. Y en muchos casos, el vampiro acaba deseándoles como amantes y compañeros, incluso aunque la otra persona no lo sienta así, en una paciente espera de que el otro comprenda la naturaleza de sus sentimientos.

Agitado levemente la cabeza, la directora tomó una decisión y frunció el ceño levemente:

Podrían compartir las clases entre los dos. Malfoy puede dar las clases de cultura comparada del primer curso, y ayudarle a prepararse para dar las suyas, cada uno un curso. El tema no es tan complejo, y contarían con la ayuda del resto del profesorado. Y en Defensa pueden hacer lo mismo. Quiero que Malfoy de todas las clases de primero, pero que compartan el resto.

Los dos jóvenes escucharon la propuesta, y Sylvain vaciló. Aunque su idea inicial había sido quedarse en Hogwarts, el encuentro con Draco había alterado todos sus planes. Increíblemente, el altivo muchacho resultaba ser un potencial compañero y al entregarle su sangre voluntariamente, había atado a Sylvain a su destino. Conociendo perfectamente su historia y su fama, ya que no en vano le había seguido en la distancia durante años, el moreno dudó de que el Slytherin alguna vez pudiese fijarse en él, y sus ojos se apagaron.

"Además, es solo esta…bestia la que esta interesado en él." Una carcajada mental detuvo su razonamiento y con tristeza el moreno reconoció: "¡Oh, Merlín, a quien quiero engañar! Ya pasé por esto y casi lo maté antes de entender lo que sentía por el."

No me parece mala idea Minerva, así podría atender a mis partidos, sin grandes trastornos para nadie.

Con un inaudible suspiro de alivio, el moreno asintió y susurró.

Por mi de acuerdo también.

¡Bienvenidos a Hogwarts!

Exclamó alegremente el cuadro de Dumbledore, y los muchachos sonrieron.