Bueno, un capítulo más. Veo que os ha sorprendido la naturaleza de la quimera. Era una solución arriesgada y desesperada, realmente, pero una madre no sabe de leyes cuando se trata de proteger a sus hijos. Sylvain es realmente un humano-dragón, mezcla de ambas naturalezas. Ya lo veréis en su verdadera forma en otro capítulo.
INSTALANDOSE DE NUEVO
Sylvain - nuestro Harry- se instaló en sus nuevos aposentos con rapidez. Poseía una elfina, una criatura tímida y sensible llamada Daisy que había comprado en secreto como parte de su elaborado plan. Ella se encargó de desembalar sus ropas y libros y de guardar celosamente el baúl donde conservaba los pocos objetos que podían relacionarle con su vida anterior. Cambiando sus ropas tras una ducha relajante, tras su crisis nerviosa, Sylvain ocultó de nuevo la cicatriz y alteró la forma de sus ojos y se asombró como siempre, de que unos cambios tan nimios cambiaran tanto las facciones de una persona.
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Habitualmente, la gente no veía más allá de sus colmillos y por eso Sylvain no los ocultaba. Eran la mejor máscara, ya que desviaban totalmente la atención. El resto de sus rasgos, el pelo, la complexión física e incluso la voz, eran las suyas tal y como se manifestaban cuando Harry deseaba tener apariencia humana. Sylvain, era realmente él casi por completo y si la gente no le reconocía era porque su mayoría de edad había roto los hechizos de camuflaje plantados por su madre y Albus. Harry Potter era el autentico disfraz, Sylvain era la realidad.
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Recorrió los pasillos y alcanzó el Gran Comedor, y se sentó a cenar en la mesa de los profesores. Draco llegó poco después, se sentó a su lado y comenzó a servirse de varias fuentes. Sin embargo el plato de Sylvain permaneció vacío y solo cuando el joven lo tocó, se llenó con una selección de comida, mucha de la cual no estaba presente en la mesa.
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Draco entrecerró los ojos y olfateo disimuladamente. Generaciones de cuidadosa mezcla genética habían dejado sus huellas en los Malfoy, que tenían sangre veela entre sus ascendientes. Unos sentidos y reflejos más agudos eran parte de su herencia, junto con la característica apariencia física, y unos niveles de magia superiores a lo ordinario. El joven de pelo blanco plateado observó que la selección de Sylvain consistía básicamente en carne muy poco elaborada, aun sangrante, verdura hervida y ensalada. No es que fuera nada raro, pero teniendo a su disposición comidas mucho más sabrosas, era una extraña elección. Su cena atrajo la atención de Firence, el centauro, que también disfrutaba de un enorme plato similar. Ante las miradas curiosas, el joven se sonrojó levemente y musitó con suavidad:
-Prefiero este tipo de comida siempre que es posible, aunque no tengo problemas para comer otra cosa. Es cuestión de… apetencia.
-¿Qué carne es, Sylvain? No logro identificarlas.
Volviéndose hacia su compañero, el moreno sonrió mostrando abiertamente sus colmillos e indicó con el tenedor cada loncha sucesivamente:
-Venado, jabalí, y cordero Malfoy. ¿Quieres probar un poco?
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Denegando, el rubio retornó a su propia cena y Sylvain troceó metódicamente las tres tajadas de carne, hasta concluir con la mayor parte y con toda la guarnición. Tampoco probó el vino, y Draco observó que tomaba frecuentes sorbos de agua. Los postres aparecieron y el joven se sirvió una generosa porción de tarta de chocolate, y tocó su copa de vino, que inmediatamente se llenó en un tercio de un líquido carmesí, sin duda sangre, a juzgar por el ligero olor salino y cobrizo. Sylvain acompañó la tarta con la copa de sangre mientras los ojos del profesorado le escrutaban. Incomodo, el joven preguntó con su extraño acento:
-¿Directora McGonagall, acaso no ha informado a los demás de las peculiaridades de mi naturaleza? Es un poco molesto verse sometido a tantas miradas.
Más de un rostro se sonrojó, y Minerva sonrió levemente.
-Supongo que todos sentimos un poco de curiosidad. Además, me estaba preguntando si es recomendable que…beba delante de todos.
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El joven se removió en su silla y sus ojos destellaron, mientras se giraba hacia la Directora con rostro serio..
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-En Beauxbatonx, al principio Madame Máxime me hizo tomar la sangre en su despacho, y en su presencia. Era…humillante, pero sobre todo, no sirvió para nada. Pretendía que mis compañeros no se asustaran, pero logró lo contrario. Sabían lo que era, pero el ocultarme no hizo más que acrecentar los recelos. Al no verme se crearon todo tipo de rumores y finalmente, claudicó. Me autorizó a beber en público, y las cosas mejoraron. Mis compañeros vieron que realmente no andaba por ahí mordiendo a nadie y aceptaron mejor mi presencia.
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-Supongo que hay una parte de verdad en eso Sylvain, pero aun así me preocupa que tu aspecto y tu…dieta asusten a los más pequeños. Deberás ser muy cuidadoso, entendido?
-Si Directora.
Sylvain alejó el plato y apurando la copa, se levantó de la mesa, murmurando una disculpa. Al cabo de unos minutos, Draco le alcanzó, mientras el joven paseaba por los jardines de la entrada.
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-¡Espera! Quiero hablar contigo.
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Sylvain se detuvo, muy serio, ante su tono imperioso y observó como Draco apresuraba el paso hacia él y añadía algo más calmado y conciliador:
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-Si no te importa…
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El moreno sonrió levemente, con aquella sonrisa suya tan desconcertante, amable e intimidante a la vez. Se pasó una mano por el cabello, y con un gesto lo recogió en una sencilla coleta, que despejó de cabello su rostro, aunque algunos mechones sueltos escaparan de la cinta de terciopelo anudada apresuradamente.
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Con ojos curiosos, el Slytherin le estudió de nuevo. La agresiva belleza del joven era incuestionable, y había despertado su interés, aunque solo fuera por pura frivolidad. Sin embargo, aun era demasiado pronto para decidir si el joven semivampiro era un amante potencial. Desacostumbrado a tener que rogar o cortejar a nadie, el rubio se sintió incomodo y fuera de lugar cuando murmuró:
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-Somos los más jóvenes aquí, y vamos a trabajar juntos, así que supongo que lo razonable es que seamos…amigos.
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La expresión de Draco reflejó una mezcolanza de expectación, incertidumbre y curiosidad a la vez. El joven no se movió de su lugar y permaneció aguardando una respuesta. Sylvain, serio y tranquilo dejó pasar un largo minuto estudiando el rostro de Draco, antes de suspirar levemente y tender su mano en silencio. Cuando Draco se la estrecho, susurro con voz melódica:
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-No me vendrá mal un amigo Malfoy. Este lugar es hermoso, pero un autentico laberinto de intrigas.
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Se giró hacia el castillo y añadió deshaciendo el contacto:
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-¿Quieres una última copa o una taza de te?
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Draco evaluó al joven; tal vez iba demasiado deprisa, y ciertamente su propia fama podía causar malentendidos, pero no vio malicia ni doblez en su actitud y asintió. Siguió al joven en silencio, de regreso por los jardines y hasta sus habitaciones. Le sorprendió el ambiente, y vio sobre las paredes algunas fotos del joven en sus dos escuelas, jugando al Quidditch. Su mirada de interrogación, provocó la respuesta del moreno, que musitó:
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-Soy buscador, como tú, Malfoy. Aunque al principio me hicieron jugar como cazador, porque pensaban que era demasiado corpulento.
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Daisy apareció, sobresaltando al joven Slytherin, y la criatura se inclinó deshaciéndose en disculpas en francés. Harry le había prohibido severamente hablar de su pasado, con nadie y bajo ningún concepto, y la elfina se acercó a su amo tímidamente. Este le ordenó unas bebidas y recolocándose la tira de tela que llevaba enrollada en torno al cuerpo, se desvaneció en silencio.
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Sylvain se sentó junto a la chimenea, en un cómodo sillón e hizo un gesto a su invitado, señalándole otro. Draco se sentó, aun levemente nervioso y la elfina reapareció con una humeante tetera, tazas, una botella de whisky de fuego y un único vaso. Sylvain tomó una taza de té y la colocó sobre su regazo. Draco le imitó y tomó un sorbo de la humeante infusión. No estaba lo suficientemente cómodo como para beber alcohol con el vampiro, y menos si este no bebía. El sabor del té era… diferente y el Slytherin dejó la taza, sorprendido.
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Sus ojos grises con reflejos plateados se dilataron y contemplaron al joven que le miraba intensamente desde su sillón. Draco había reconocido el sabor de la rosa en la mezcla del té y la duda le inquietó. Los ojos verdes relucieron y la semisonrisa del vampiro se ensanchó, reforzando su temor.
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-El té es perfectamente seguro Draco. Simplemente… me gusta el sabor que aporta la rosa de bengala.
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Su voz sonó tranquila y calmada, sincera. Tomó un largo trago de su propia taza y añadió con nuevo énfasis.
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-Y nunca bebo nada más fuerte que una cerveza de mantequilla. El alcohol no va bien con mí…metabolismo.
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Draco asintió, relajándose y volvió a tomar un sorbo de su infusión. Aparte de la rosa de bengala, muy usada en pociones amorosas, solo distinguió manzanilla en la mezcla y tal vez, una pizca de especias, que le daban fuerza y cuerpo.
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Terminó la taza, en silencio y dejando la misma sobre la bandeja, se removió inquieto. Estaba acostumbrado a tratar con fans que se arrojaban sus pies y que solo aspiraban a meterse en su cama; patrocinadores, la prensa o con sus compañeros, cachorros mimados y caprichosos al igual que él, y se dio cuenta de que hacia años que no mantenía una simple y sincera conversación con nadie, descontando a sus padres.
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La austera habitación, carente de lujos, y con unas simples fotos como toque personal, era tan diferente de sus habituales suites de lujo en los hoteles…Sylvain era alguien real, y no parecía deslumbrado por su fama ni su dinero. Le estaba tratando como no le había tratado nadie en años, y eso le gustó. No parecía que el joven necesitase el trabajo por dinero. Sus ropas y la joya que adornaba su túnica por la mañana eran seguramente mucho más caras que su sueldo mensual. Además, poseía una elfina propia, todo un lujo. Draco siguió prestando atención tanto a su anfitrión como al cómodo saloncito, y sonrió sutilmente, relajándose un tanto, cuando vio que Sylvain no parecía incomodo por su silencio y se limitaba a observarle apaciblemente.
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El joven era todo un desafío a su curiosidad, pero de momento, el Slytherin se despidió brevemente, retirándose.
