Un par de años pasaron desde que Kurapika había llegado a ese lugar. Kuroro cumplió con su palabra manteniendo en secreto sobre su sangre, primero deseaba verificar si era cierto este hecho. El chico le permitió hacer unos cuantos experimentos con su sangre.
Kurapika se había adaptado bastante bien a aquel lugar, y la mayoría de las veces acompañaba a Kuroro a sus misiones. Se habían vuelto bastante unidos, y como equipo eran compatibles, sabían lo que el otro estaba pensando sin siquiera intercambiar palabras. Pero no sabían que su pacífico mundo estaría por cambiar.
-Buenos días- saludo el pelinegro al ver que kurapika había despertado, lo tenía entre sus brazos, ya había pasado mucho tiempo desde que compartían una habitación y la cama.
-Buenos días- respondió el rubio y comenzó a sentir besos en la parte trasera de su cuello y cerca de su hombro.
-Basta Kuroro, acabamos de hacerlo anoche.
-No es suficiente- respondió mientras seguía besándolo aquí y allá.
-Para ti nunca es suficiente- dijo Kurapika pero no estaba molesto. Se sentía bien tener los labios del moreno contra su piel.
Decidió levantarse de la cama antes de que cambiara de opinión y decidiera complacer al mayor. Kuroro lo dejo ir por ahora, más tarde tendría un poco de diversión con el rubio. Él nunca se imaginó que las cosas llegarían a este punto entre ellos. Pero había quedado completamente fascinado con él, y estaba seguro que Kurapika sentía lo mismo.
Kuroro decidió levantarse también y cambiarse, lo mejor sería comenzar con sus deberes del día, así tendría más tiempo para estar con el chico. Así que abandonó la habitación antes que el rubio quien estaba tomando una ducha. El agua era muy escasa así que tenía que apresurarse y no desperdiciar el agua.
Cuando salió notó que el pelinegro ya no estaba en la habitación, aunque eso no era problema sabía dónde podría estar siempre que lo necesitara. Se cambió rápidamente de ropa, y fue al comedor para desayunar algo y comenzar con sus propios deberes.
Kuroro se encontraba en el laboratorio de Shal, conociendo los avances del joven en cuanto a su investigación sobre la cura y para resolver un problema más que se había presentado.
-La situación se ha vuelto muy complicada Líder, no quieren negociar, quieren que les entreguemos a Kurapika o atacarán.- dijo Shalnark, quien había recibido una respuesta de un campamento enemigo, el cual ya se había enterado de la existencia de "la cura".
-Entonces será lo mejor que nos preparemos para cuando ocurra, si quieren guerra, guerra tendrán.
-Líder, ¿está seguro de esto? Realmente vale la pena perder todo lo que hemos construido por él.
-Incluso si les entregamos a Kurapika, seguramente nos atacarían. Además, es un recurso valioso.
-Pero no nos sirve de nada así, usted se niega a usar su sangre y venderla en beneficio de la comunidad, ni siquiera aquellos que son de nuestra comunidad han sido vacunados con su sangre para evitar que se contaminen. Sé que desea ser precavido, pero a veces creo que se está dejando manipular por él - para este punto los ojos de Kuroro le daban una fulminante mirada a Shalnark. Después de eso, Shalnark permaneció en silencio. No podía hacer cambiar de opinión a su líder, sabía que le había tomado mucho aprecio al rubio. Y cuando él deseaba algo, era demasiado posesivo.
Kuroro suspiró, era verdad que estaba dejando que sus emociones se interpusieran en su deber como líder. Pero no podía evitarlo, en estos dos años de conocer al joven, había llegado a ser muy cercano a él. Apreciaba todo su ser y no solamente por su sangre. Sino también por su inteligencia, destreza y su gran talento para pelear.
-Entiendo tu punto- le dijo Kuroro - pero Kurapika es más que una cura. Si algún día, llega a sucederme algo, estoy seguro que él podría convertirse en un buen líder para ustedes.
-No diga eso líder, nosotros lo necesitamos a usted.- protestó
-Por ahora, creo que debemos hacer lo que has sugerido, empieza a inyectar a todos los de la comunidad con la vacuna.
-Bien- aceptó Shal. No era lo que esperaba pero ya era un avance.
Aún así seguía preocupándose por su líder, Kurapika se estaba volviendo su debilidad. Había descuidado mucho su cargo por el joven y se había vuelto más descuidado sobre su persona con tal de tener al rubio a salvo. Por supuesto que su líder no lo había notado, y estaba seguro que aunque lo hubiese hecho, lo negaría o lo tomaría como un asunto sin importancia. Pero Shal sabía que su líder era el único que podría lograr que ese lugar siguiera de pie.
Kurapika estaba en medio de su desayuno, comiendo su porción del día. La comida no era mala de hecho, pero cuidaban mucho la distribución de ésta. Estaba tomando otro bocado cuando Nobunaga lo interrumpió.
-Oye niño- dijo llamando su atención. Kurapika se molesto un poco por el trato de Nobunaga, pero no tomó en cuenta aquello - Shalnark quiere verte.
-Bien, iré en cuanto termine.
Después de eso, el hombre se reunió con sus compañeros. Nobunaga y él nunca habían logrado llevarse bien, así que habían llegado a un acuerdo no dicho, de no involucrarse excepto que fuera absolutamente necesario.
Kurapika terminó su desayuno y se dirigió al laboratorio de Shal. Toco la puerta pero nadie respondió, se imaginó que el joven castaño estaba ocupado así que espero hasta que lo hizo pasar.
-Siento la demora- le dijo y lo hizo pasar.
Kurapika noto las jeringas, agujas y unas botellas con un líquido rojo. Las inspeccionó, creía saber lo que eran. Aún así decidió preguntarle al respecto.
-¿Qué son?
-Son vacunas con tu sangre- admitió Shalnark - el líder ha decidido comenzar a inyectar a las personas de nuestra comunidad con tu sangre, con esto serán inmunes al virus de los caminantes.
-Ya veo- dijo kurapika, tratando de ocultar un poco su descontento debido a que Kuroro había tomado tal decisión sin consultarle. Por otra parte sabía que esto era por el bien de la comunidad así que dejó pasar el incidente. De cierta forma, estaba feliz de saber que él era tan devoto con su comunidad -¿Necesitas más sangre?- preguntó kurapika, se imaginaba que era debido a eso que lo había llamado.
-No, en realidad te había llamado por otra razón.- dijo Shalnark - necesito algunas cosas - dijo mientras le entregaba una lista.
En ella había el nombre de algunos instrumentos médicos, químicos y otras cosas.
-Estas cosas, solo se encuentran ahí ¿Verdad?- dijo Kurapika, ahora entendiendo la razón por la cual el joven le pedía conseguir estas cosas.
-Siento pedirte esto- dijo Shalnark - pero tú conocías mejor que nadie ese laboratorio. Además si vas solo podrás regresar rápidamente. ¿Crees que puedas hacerlo?
-Si, creo que puedo- dijo kurapika- iré a prepararme.
-Gracias, Kurapika. Ten cuidado.
Kuroro se dirigió a su habitación, en busca de algunos mapas que necesitaba. Al entrar en la habitación se encontró con Kurapika preparando una mochila.
-¿Qué haces?- preguntó Kuroro con curiosidad.
-Saldré un rato- le respondió mientras seguía con lo que hacía - Shalnark me ha pedido conseguirle algunas cosas que necesita del laboratorio.
A Kuroro le pareció un poco extraña la petición de Shal, generalmente el prefería pedirle este tipo de cosas a Phinks o Nobunaga.
-Iré contigo- dijo Kuroro buscando su propia mochila, la cual siempre tenía preparada para casos de emergencia.
-Esta bien Kuroro, puedo ir solo. No tardaré.
-Como ya dije, iré contigo, me gustaría comprobar algo en aquel laboratorio.
Kurapika suspiró. Cuando Kuroro decidía algo, era muy difícil hacerle cambiar de opinión. A veces podía ser tan sobreprotector con él.
Llegaron al lugar, y seguía tan desolado como aquel día en que Kuroro rescató al joven rubio. Entraron fácilmente, y Kurapika dirigió el camino hacia la bodega de suministros. Comenzó a buscar todo aquello que Shalnark le había pedido mientras Kuroro tomaba algunas otras cosas que pudieran ser de utilidad.
-Te preocupas demasiado Kuroro- le dijo el rubio - podría haberme encargado de esto por mi cuenta.
Kuroro no dijo nada al respecto, confiaba en Kurapika pero su intuición le decía que debía acompañarlo. Además la actitud extraña del castaño de esa mañana lo había dejado algo inquieto, primero había mostrado cierto desprecio al rubio y ahora le pedía que recogiera algunas cosas por él. Solo esperaba estar equivocado, y no fue así.
Un ruido agudo inundó sus oídos, tanto Kuroro como Kurapika cubrieron sus oídos ante tal sonido. Seguido de una voz que gritaba: "alerta de intrusos, alerta de intrusos"
Ambos no habían perdido el tiempo y en cuanto escucharon la alarma corrieron a la salida, sin embargo el sistema de seguridad fue mucho más veloz, cerrando las puertas con una compuerta de emergencia de acero reforzado. Lo siguiente que ocurrió fue que la habitación empezó a llenarse de un espeso humo.
-¡No respires!- le gritó Kuroro
Ambos cubrieron sus bocas. Pero solo sería cuestión de tiempo hasta que se quedarán sin aire y entonces tendrían que inhalar el gas y aún no sabían si se trataba de un gas venenoso o no.
Buscaron una salida, infortunadamente no había ventanas en aquella habitación, y la ventilación también había sido cerrada. La única salida de aire provenía del mismo lugar de donde salía el gas, y era un hueco tan pequeño que solo un hámster podría haber pasado por ahí.
Trataron de aguantar la respiración, mientras seguían en búsqueda de una forma de salir de ahí. Kurapika fue el primero en ceder, no podía aguantar por más tiempo.
-Kuroro, ya no puedo- dijo kurapika tomando aire e inhalando el gas. Al poco tiempo perdió el conocimiento.
-¡Kurapika!- Kuroro lo sostuvo entre sus brazos -¡Resiste!
Kuroro se había preocupado un momento, pensado que kurapika había muerto, pero afortunadamente solo estaba inconsciente. No era gas venenoso, pero si un gas lo suficientemente potente para hacerlos dormir. Kuroro sentía como perdía la conciencia, luchó por varios minutos y después cayó inconsciente también.
Las puertas se abrieron dejando escapar el gas, y varios hombres entraron en la habitación.
-Ponganle una dosis extra a este- dijo una voz mientras señalaba al pelinegro - se ve que este es más resistente.
Kurapika fue el primero en recuperar la conciencia, se encontraban en lo que parecía ser una especie de habitación, había una luz roja proveniente de un foco en una esquina. Escaneó la habitación y se encontró con el cuerpo de Kuroro a unos metros de él.
Se acercó, asustado de que el mayor estuviera muerto. Tomó sus signos vitales y se sintió aliviado de saber que estaba vivo, eran muy débiles pero podía sentirlos.
-Kuroro- lo llamó- despierta, por favor.
Vió cómo los ojos de Kuroro comenzaban a reaccionar, y los abrió poco a poco.
-¿Estás bien?- le preguntó el pelinegro mientras se incorporaba. Su cabeza daba vueltas, pero era algo que podía soportar.
-Preocúpate más por ti, ¿Quieres?- le regañó el rubio, notando el estado engarrotado en el que se encontraba.
-¿Donde estamos? - se preguntó Kurapika
-No estoy seguro, pero diría que ya no estamos en ese laboratorio.- le respondió Kuroro
-Eso es correcto- dijo una voz, mientras habría la puerta de su celda. Kuroro reconoció a la persona que entró, ya que ya había tenido algunos altercados en el pasado con él.
-Tserriednich- dijo Kuroro y el hombre sintió orgullo al ver que su viejo enemigo le recordaba.
-Bien, bien. Shal me había prometido al Kuruta, pero no había esperado que también recibiría la cabeza de mi viejo "amigo" Kuroro - Kuroro frunció el ceño ante esto, así que ese había sido el plan de Shalnark, entregar a Kurapika a sus espaldas. No podía creer que Shal les hubiese traicionado - ¿aunque no es un poco conveniente?- continúo su discurso mientras seguía acercándose a Kurapika, tomando su barbilla con una de sus manos- en verdad es hermoso, entiendo porque no le quitas los ojos de encima. ¿Pero realmente es la cura?
Kuroro se rió:- siento decirte que esos rumores eran falsos - mintió Kuroro - yo fui quién esparció esos rumores, para que salieras de tu escondite y funcionó. Estás acorralado, en cualquier momento un grupo de los míos atacará.
-Enserio- respondió Tserriednich, no parecía ni un poco preocupado - ¿Entonces porqué parece que el que está acorralado eres tú?
Kuroro intentó levantarse para que con un movimiento rápido pudiera romperle el cuello, y salir huyendo de ahí. Pero su cuerpo no respondió.
-No te molestes Kuroro- dijo Tserriednich como si hubiese adivinado el pensamiento del pelinegro- te han sedado mientras dormías. Unas dosis fuerte, no podrás moverte adecuadamente hasta dentro de un par de horas.
Cuatro hombres más entraron en la habitación, dos de ellos sujetaron a Kurapika y dos más a Kuroro quien no tenía fuerzas para luchar. Uno más entró, con una especie de caja, Tserriednich sonrió mientras abrió la caja y observó su interior. Tomó el contenido y cuando lo sacó de la caja tanto Kuroro como Kurapika pidieron adivinar rápidamente lo que tramaba.
Entre sus manos sostenía una cabeza de uno de esos monstruos, aún se movía, tratando de morder a Tserriednich, pero éste la tenía bien sujeta, lejos de su persona.
-Creo que lo primero sería verificar si es verdad ese "rumor"- dijo, obviamente sin creer lo que Kuroro le había dicho - su brazo- ordenó y los dos hombres le quitaron su chaqueta a Kuroro. Intentó oponerse, pero sus fuerzas no podían contra los dos hombres musculosos.
Le presentaron el brazo a Tserriednich, quien se acercó con la cabeza del zombie.
-No, ¡basta!¡Detente!- suplicó Kurapika. También intentando evitar que infectaran a Kuroro. Mordió a uno de los sujetos,mientras que al otro lo golpeaba y dejaba inconsciente.
El guardia al que mordió, trató de capturarlo de nuevo, pero kurapika lo golpeó con su puño, justo en el rostro, rompiendo su nariz y haciéndolo gritar de dolor.
Tserriednich sonrió sorprendido de la fuerza y determinación que el pequeño chico mostraba. Y tal como esperaba, embistió contra él, pero Tserriednich con un movimiento limpio, lo pateó justo en el estómago, dejándolo sin respiración. El hombre con la nariz rota, aprovechó la oportunidad para inmovilizarlo contra el piso.
-¡Ah!- gritó Kuroro cuando la cabeza comenzó a morder su brazo y arrancó una parte de su carne. Satisfecho con el trabajo, tserriednich regresó la cabeza a su caja.
Después tomó una jeringa, y se la lanzó al chico.
-Si es verdad que tu sangre es curativa, estoy seguro que no lo dejaras morir.
Kurapika tuvo que resistir el impulso de correr al lado de Kuroro y darle de su sangre, ya que éste le había dado una mirada que decía que no debía hacerlo.
-Pero no puedo- mintió.
Tserriednich se encogió de hombros: -Supongo que entonces morirá- los cuatro hombres abandonaron la habitación, dejándolos solos y el último se dirigió a la salida - bueno, supongo que no todo está perdido. Aún si no eres la cura, habré acabado con la vida de Kuroro y además habré ganado una mascota. - dijo con una sonrisa macabra que hizo que Kurapika sintiera escalofríos.
Los dejó a solas. Y el primer acto que realizó Kurapika fue acercarse a Kuroro para revisar el estado de su herida, lo primero que debía hacer era vendar su herida o moriría desangrado. Arrancó un pedazo de su camisa y la envolvió en su brazo. Si tan solo tuviera algún instrumento cortante podría haberle cortado el brazo para evitar que la infección se expandiera.
Kurapika se vio tentado en usar la jeringa y darle de su sangre a Kuroro. Sin embargo él pudo notar fácilmente lo que pensaba el rubio y lo detuvo.
-No lo hagas Kurapika- le susurró, por temor a que los escucharán.
-Tengo que hacerlo, no tenemos tiempo. Mi sangre solo funciona si acabas de ser mordido, si dejamos que pase más tiempo, mi sangre no podrá revertir los efectos. No me importa lo que me haga él, si tú sigues con vida aún podrás salvarme.
-Si lo haces, de cualquier forma me matará. Y en mi condición actual no puedo pelear. Solo estaríamos adelantando nuestras muertes. Tenemos que ser más listos que ellos.
Pasaron algunas horas desde que Tserriednich le causó la herida a Kuroro, y Kurapika podía notar que los síntomas comenzaban a hacer efecto.
Kurapika se quedó pensativo por un momento, tenía que curar a Kuroro sin que ellos se dieran cuenta, ya que había notado una cámara en la habitación que los vigilaba. Se mordió el labio mientras trataba de pensar en una solución, se mordió tan fuerte mientras pensaba que un poco de sangre salió de sus labios. Eso le dio una idea sobre qué hacer con respecto a su difícil situación.
Kuroro se sentó contra una de las paredes de la habitación, para poder sentirse más cómodo y pensar con claridad. Pero los sedantes y la fiebre le dificultaban tal actividad, podía sentir como si estuviera perdiendo su conciencia poco a poco.
Vio a Kurapika acercándose a él y sentándose sobre él con cada una de sus piernas a sus costados. Rodeo con sus brazos el cuello de Kuroro y comenzó a besarlo.
Esto tomó por sorpresa al pelinegro, que no comprendía qué era lo que trataba de hacer el rubio.
Se separó de él y dijo:- ¿qué haces Kurapika?
-Ya que vamos a estar encerrados un rato, pensé que al menos podríamos divertiremos, si es que nos van a matar.
Kuroro seguía sin comprender el extraño comportamiento del joven, y lo observó tratando de descubrir su plan.
-Solo besame, Kuroro- y así lo hizo el pelinegro. Fue cuando sintió el sabor de la sangre en sus labios que logró entender lo que el rubio trataba de hacer.
Kuroro siguió el juego, besándolo y mordiendo sus labios; Kurapika aprovechó la oportunidad y mordió los labios de Kuroro, abriendo una pequeña herida. Continuó besando sus labios, con la intención de que algo de su sangre se combinará con la del Kuroro.
Kurapika no estaba seguro de sí de esta forma podría curar a Kuroro ya que se requería que su sangre tuviera contacto directo con la sangre del infectado en mayor medida. Pero al menos esperaba que de esta forma logrará retrasar su transformación hasta que pudieran salir de aquel lugar y pudiera inyectarlo apropiadamente.
Kuroro siguió con su tarea, besando los dulces y suaves labios de Kurapika, mientras su mano sana comenzaban a moverse por la espalda del joven, atrayéndolo más a su cuerpo.
-Ustedes dos, sepárense. Esto no es un motel. - dijo una voz a través de un altavoz que había en la habitación. Kurapika se levantó, quitando el foco de la habitación y quedaron en completa oscuridad. El guardia que los vigilaba por la cámara chasqueo la lengua con molestia, aún podía oírlos gemir y besarse.
-Que asco me da esta gente- dijo levantándose perezosamente de su asiento, tomó un balde con agua y se dirigió al lugar donde ambos estaban encerrados.- tal vez esto les enfríe un poco.
Abrió la puerta listo para tirarles el balde de agua encima. De la oscuridad de la habitación emergió un extraño objeto que no pudo identificar hasta que fue demasiado tarde. Soltó el balde de agua y se dobló del dolor. Su ojo le dolía. Retiró el objeto punzante con el que le habían atacado, era el foco que había sido roto para convertirlo en un arma.
Mientras el guardia aún se retorcía de dolor. Kurapika y Kuroro aprovecharon la oportunidad para escapar.
-Me gusta cuando te pones salvaje- dijo Kuroro con tono de burla, Kurapika solamente hizo rodar sus ojos, bueno al menos su humor había regresado así que era una buena señal de que su sangre estaba funcionando un poco.
Kuroro seguía sintiéndose engarrotado, pero al menos podía caminar por su cuenta. Forzó lo máximo de sus capacidades para poder seguir el ritmo del rubio que guiaba el camino por la base del enemigo. Pero para ser sincero, Kurapika no sabía por dónde escapar o a dónde dirigirse. Solo trataba de poner distancia entre ellos y los guardias.
Escuchó pisadas y paró, habían más guardias corriendo por los pasillos buscándolos. Afortunadamente pasaron de ellos sin darse cuenta.
-Este lugar es como un laberinto- comentó Kurapika, todos los pasillos eran iguales y no era capaz de identificar si realmente estaban yendo a la salida o regresando al punto de partida.
Sintió una mano posándose sobre su hombro, se volvió y vio a Kuroro quien le hacía una seña de guardar silencio, y detrás de él un joven mujer de cabello corto y rubio. Kuroro le hizo señas de seguirla. Kurapika no entendía muy bien lo que ocurría; pero si kuroro estaba dispuesto a seguirla significaba que era alguien de confianza, ¿No es verdad?
Ambos le siguieron a través de los corredores, y fácilmente los guío hasta la salida.
-Gracias Theta- le dijo Kuroro cuando se despidieron.
-Vayan, rápido.
Salieron del edificio y saltaron fácilmente las barreras que estaban construidas alrededor del lugar.
-¿Quién era ella?- pregunto Kurapika con curiosidad.
-Theta, es de nuestro grupo, está infiltrada en el grupo de Tserriednich.
Kurapika no necesitaba más explicaciones, aunque deseaba que esa mujer les hubiese ayudado antes, aunque probablemente tenía sus razones para no hacerlo.
-Regresemos a casa- dijo Kurapika mientras comenzaba a caminar.
-Estamos lejos, y Tserriednich comenzará una búsqueda exhaustiva por la zona. Iremos a una zona departamental que conozco, ahí podremos ocultarnos hasta que las cosas se calmen.
-Bien, te sigo- acepto Kurapika y ambos comenzaron su caminata a la zona de la que hablaba el pelinegro.
