La cosa se va complicando. Y Harry se pone la soga al cuello, el solito.

DESENTERRANDO SECRETOS

Era muy temprano, aun no comenzaba más que amanecer, y Draco tomó el carruaje que aguardaba su llegada en la estación. Se envolvió en su capa, cansado del largo viaje, meditando sobre lo sucedido en el tren y apenas llegaron al castillo, se encaminó al Gran Comedor. Desayuno y después a la cama…ese era el plan. Los profesores estaban comenzando a desayunar, y Draco notó que Sylvain estaba sentado con aire igualmente cansado en un extremo de la mesa. El joven moreno había despertado poderosamente su curiosidad en su breve encuentro y se encaminó con aire confiado y seguro hacia un lugar vacío a su lado, apartando de su mente a Emerald de momento. Ya tendría tiempo de revisar sus memorias y de buscar posibles hibridaciones que encajasen en su descripción. Sin duda, el pequeño dragón le proporcionaría entretenimiento intelectual por largo tiempo, un pasatiempo para ratos muertos, pero ahora, su nueva curiosidad era más apremiante. Y prometía una recompensa mayor, si sabía jugar bien sus cartas.

Se sentó junto al joven moreno y olfateo ligeramente, disimuladamente. Sylvain olía a hierba, y ligeramente a sudor, y desde luego no parecía recién levantado y duchado. En su plato, el joven picoteaba una ensalada de fruta, mientras tomaba largos sorbos de un zumo de calabaza. Draco se sirvió una taza de té con crema, y unas lonchas de bacón, huevos y salchichas con tomates asados, y empezó a comer con apetito, pensando de nuevo en ducharse y meterse en la cama. Al parecer, alguien más había tenido una noche…movidita. Bostezó en su mano, disimulando un gesto de contrariedad ante la idea de que el moreno hubiese encontrado a alguien y Sylvain preguntó educadamente, dejando su tenedor junto al plato:

-¿Un mal viaje Malfoy?

Volviendo a bostezar ligeramente, el joven se giró hacia su compañero y murmuró con suavidad, escondiendo la confusión tras la educación y alzando levemente una delicada ceja dorada ante la pregunta:

-No especialmente, pero no he podido dormir más que a ratos y estoy cansado.

Asintiendo, el moreno añadió con una ligera sonrisa, viéndole continuar con su desayuno:

-Escuché tus declaraciones en la radio. Imagino que hoy llenarás de nuevo la portada del Profeta y de Corazón de Bruja. Y de las revistas deportivas.

Encogiéndose de hombros el joven buscador tragó el bocado que tenia en la boca y musitó con indiferencia:

-Supongo que sí. Es siempre lo mismo. Cada vez que me muevo o hago algo, acuden como buitres a la carroña. Ya estoy harto…

Tras otro bocado y mientras Sylvain se servía una ración de tarta de manzana y su taza se llenaba de su te herbal favorito perfumado con rosas, el joven Lord añadió en un susurro con cierta curiosidad:

-¿Y tú que tal Sylvain? Tienes aspecto de no haberte acostado…todavía. ¿Explorando el ambiente local y Hogsmeade?

Lanzando una mirada furtiva primero hacia los otros profesores que debatían amigablemente en el otro extremo de la mesa, saludando a los que se iban incorporando, Sylvain se giró hacia Draco y asintiendo levemente, susurró con tono misterioso:

-Mmh…podría decirse que algo así, … Draco.

Una tenue semisonrisa flotó por sus labios y tomando un bocado de su tarta, comenzó a masticar lentamente, los ojos chispeantes. Sylvain estaba contento de tenerle a su lado, feliz por la atención que le prestaba, en cualquiera de sus formas y se dejo llevar por las emociones, relajando el control que usualmente exhibía frente a otros. El aroma a…satisfacción del moreno podía indicar muchas, muchas cosas, entre ellas, la complacencia ante la idea de una burla. El rubio mantuvo los tormentosos ojos fijos en el otro y le miró tragar su pastel y antes de que pudiera meterse otro trozo en la boca, le sujetó levemente, colocando su mano sobre su brazo y exclamó sordamente con cara de indignación, una extraña sensación rondándole en la boca del estómago:

-¿Vas a decirme lo que has estado haciendo o tengo que empezar a hacer suposiciones?

El moreno contempló la mano sobre su brazo por un instante y mirando a los ojos plateados de Draco sonrió, mostrando sus colmillos en un gesto que la mayoría consideraría amenazante. No muchos de sus compañeros de clase reunieron alguna vez el valor para tocarle en modo alguno y eso era buena señal, o eso pensó el moreno, demasiado feliz por el leve contacto. El rubio simplemente eliminó de la ecuación sus colmillos y se centró en la curva de sus labios y el brillo de sus ojos, irritado aun por su evidente complacencia, cuando el joven moreno ladeó la cabeza y susurró con tono juguetón:

-Veamos si logras adivinarlo Draco.

Olfateando de nuevo, frunciendo el ceño ante la denegación de sus deseos de manera inmediata, tascando el freno para contener su genio en un bien aprendido ejercicio de autocontrol, el joven descartó un par de opciones, ya que el joven solo olía a humo y ceniza, hierbas, y un tenue rastro animal, algo muy difuso. Desconcertado e irritado por la falta de cooperación del otro, aunque habían comenzado aparentemente con corrección, apuntó lo que le parecía la más probable posibilidad:

-Una salida por Hogsmeade, y un paseo de regreso por el bosque?

-Podríamos decir que…te has acercado bastante.

Concedió Sylvain, cortando otro trozo de pastel y sonriendo levemente, tal vez socarronamente o eso imaginó Draco, con los labios cerrados, en un esfuerzo consciente de ocultar sus colmillos. Draco frunció el ceño y entrecerró los ojos. El nudo en su estomago era incómodo y desconcertante, no estaba acostumbrado a no ser el centro de la atención de la gente, pero no le impidió acabarse el desayuno. Dejó que el joven terminase su comida en silencio, fulminándole de vez en cuando con la mirada y cuando se levantó de la mesa le siguió en total silencio. Cuando Sylvain tomó las escaleras, el rubio siguió obstinadamente a su lado y el joven mestizo le preguntó con calma cuando llegaron al corredor que conducía a sus habitaciones:

-¿Querías algo Malfoy?

Ahora ya francamente cabreado, el rubio le perforó con los ojos y gruñó, avanzando hacia él e invadiendo su espacio, aunque el joven no retrocedió, sino que le miró con ojos aparentemente divertidos. Aun más molesto, tenso por la actitud del otro, Draco rechinó los dientes y su pecho contactó con el del Sylvain, y le empujó, dejando rienda suelta a su mal humor y su famoso temperamento. Draco podía pasar de ser el perfecto caballero a enzarzase en un violenta discusión, una pelea inclusive, sin transición.

-¡Maldito seas Sylvain! ¡No me gusta que se burlen de mí! Creía que querías ser mi amigo, pero ya veo que me equivoque.

Los ojos de plata le estudiaron, y muy serio, el joven moreno sostuvo la mirada. Suspiró casi inaudiblemente y musitó con una sombra de tristeza en los ojos que aplacó un tanto la indignación del Slytherin.

-No me estaba burlando. En absoluto. Pero a veces, es mejor no saber la verdad Draco.

-¡Mentira!

Murmuró con vehemencia el rubio, el gesto duro, avanzando un paso y obligándole a retroceder, aunque la quimera, aparentemente un semivampiro para el mundo, podría haberse deshecho de él con facilidad. Después de todo le superaba en varios kilos de peso y fuerza bruta, además de un par de años de edad. La extraña incomodidad dio paso al enojo, a la sensación de que el otro estaba jugando con él y añadió tras un leve e intenso silencio, siempre mirándole a los ojos:

-Eso es mentira Sylvain. La verdad puede doler, pero siempre es mejor saberla.

Sylvain se encogió interiormente. Eso era cierto y él, mejor que nadie, lo sabía. Bajó la mirada y guardó silencio. "¿Acaso estoy haciendo con él lo que los demás hicieron conmigo?¿Lo que hicieron con Harry?"

-Tal vez no te guste la verdad Draco.

Vaciló, frunciendo el ceño con sincera preocupación el moreno, mirándole de nuevo a los ojos. Era muy difícil revelar todo lo que ocultaba, y ya había sufrido bastante en su vida. Y Sylvain solo aspiraba a una existencia placida y sin dolor, se conformaba con poca cosa, realmente…

-Eso es problema mío Sylvain, pero si realmente quieres ser mi amigo, se sincero.

El gesto de dolor en el rostro del joven moreno se hizo tan hondo, tan intenso, que Draco se sorprendió y relajó un tanto el ceño, el enojo cediendo paso a la curiosidad, aunque aun estaba enfadado. Demandaba algo que no ofrecía completamente, pero así eran las cosas. Al parecer había tocado una fibra sensible, y debía recordarlo para un futuro. Le dio un poco de espacio a Sylvain y murmuró:

-¿Tanto duele tú…verdad?

Draco iba a decir secreto, pero lo cambió en el último momento. El moreno se dio cuenta y asintió cerrando los ojos, sintiendo que sus esperanzas se escurrían entre sus dedos, y una lágrima humedeció sus pestañas negras. El joven Lord Draco Malfoy sabía lo difícil que era salir de una red de mentiras. Su vida había sido así en el pasado, y era como intentar no hundirse en un lodazal y seguir avanzando. Cada paso, cada movimiento te enterraba más y más en el fango, hasta que parecía imposible salir. Pero entonces, llegaba el momento de afirmar los pies en el fondo de la charca, aunque el barro te cubriese, y avanzar sobre la roca, para ganar la orilla de nuevo.

Con un nuevo matiz cálido y afectuoso en la voz, simplemente susurrando su nombre, el joven le puso una mano en el hombro, y le apretó ligeramente. Sylvain le miró de nuevo, los verdes ojos llenos de pesar y sufrimiento, los labios reducidos a dos líneas apretadas y tensas, el ceño contraído de dolor.

-Sé que es…difícil, pero lo peor es decidirse a empezar Sylvain.

Oh, sí, Draco sabía perfectamente de que estaba hablando…y Sylvain lo sabía. El Griffindor cerró los ojos de nuevo, y vaciló, dudando una vez más, apretando los puños hasta hacer correr su sangre al clavarse las uñas en las palmas. Era tirar por la borda todos sus esfuerzos por volver a empezar, por ser alguien nuevo diferente; sin aquel pesado lastre sobre sus hombros, pero ahí estaba el requerimiento de Draco… sinceridad. El moreno abrió los ojos, respirando lentamente, de nuevo resuelto y murmuró con nuevo coraje:

-No te va a gustar Draco, te lo aseguro. No te va a gustar nada.

Le cogió imperiosamente por la muñeca, tirando de él y le arrastró hasta su dormitorio, cerrando la puerta tras él. Le obligó a arrodillarse en el suelo y sacando su varita, enlazó su mano ligeramente ensangrentada sobre la del joven y gruñó con ojos repentinamente acerados:

-Jura por tu magia que jamás desvelarás lo que te cuente, muestre o descubras de mis secretos, bajo ningún medio o concepto a nadie, no a menos que tu vida o la mía dependan de ello o te libere de esta promesa.

Draco sopesó por un momento el negarse a hacer el juramento. Había tenido bastantes ataduras en su vida para desear nuevas limitaciones y obligaciones, pero su curiosidad era muy intensa. Casi tanto como su interés. Tanto como para acceder al juramento. El conocimiento era poder en su mundo y Draco deseaba poseer la mayor cantidad posible. Incluso sujeto a una promesa… podía hacer muchas cosas con información que era evidentemente privilegiada…

-Lo juró.

Un anillo de fuego rodeo sus manos unidas y estalló en mil chispas cuando deshicieron el contacto. El exótico moreno no sabía por donde empezar, pero evidentemente, había tomado una resolución. Suspiró frustrado y sus ojos oscilaron de color, cuando el olor de su propia sangre excitó su olfato. Se miró las manos y con una risa amarga, las unió entre si, dejando que se curasen. Miró de nuevo a Draco, con los ojos de nuevo de color esmeralda y comenzó a hablar.

-No soy lo que crees que soy Draco. No necesitas de momento saber exactamente qué soy, solo que soy…. algo distinto de lo que parezco. Soy…algo que, ni siquiera sé si tiene nombre. Pero hay una cosa si sé, que he sabido desde hace mucho tiempo, Draco, aunque ni yo mismo haya querido admitirlo y es que… te amo.

Jadeó y tomó aliento, retorciéndose las manos nervioso y algo asustado. Ya no había vuelta atrás… La cruda sorpresa se reflejó en los ojos de plata y sus labios sonrosados se entreabrieron en una muda exclamación. Evidentemente, no eran esas las noticias que el joven Slytherin había esperado. Y aparentemente, no eran las únicas…porque de las palabras del otro se deducía que había más, mucho más, esperando a ser revelado. Ante su silencio, Sylvain susurró suavemente:

-Aunque nunca pensé que lo diría, te amo, por encima de lo que hagas y seas. Te amo, incluso si cuando salgas por esa puerta no vuelves a dirigirme la palabra. Y te amaré siempre Draco. Lo siento mucho, pero no puedo evitarlo.

La naturaleza vampírica del otro acudió a su mente, y sus pensamientos comenzaron a buscar causas y motivos para tan singular declaración. Aunque la alusión a que era algo distinto a lo que parecía…apuntaba a que debía encontrar otra causa para sus palabras. Sin llegar a ninguna conclusión definitiva, su hilo de pensamiento se vio interrumpido cuando Sylvain musitó con pesar, los ojos llenos de sombras y el aspecto cansado y derrotado y finalizó su confesión.

-Estaba observándote, lo siento. No voy a molestarte y jamás te haría daño alguno Draco, quiero que lo recuerdes. Lo mejor para ti es que me ignores. Que ignores todo esto. Trabajare contigo, pero aparte de eso, te dejaré tranquilo, lo prometo.

Draco le observó atentamente, viendo su intenso conflicto interior, y dudó. Sentía una poderosa atracción, tal vez curiosidad morbosa, pero algo, algo muy intenso le impulsaba a saber más, a querer al joven a su lado. Eso planteaba sin duda nuevos problemas en un futuro, desafíos, pero de momento, la tentación era demasiado fuerte. Y ahora, tenía en sus manos una buena baza que jugar…una que él otro había puesto en sus propias manos…ofreciéndose cual cordero ante el lobo.

-¿Y si yo no quiero ignorarte Sylvain? ¿Si quiero… más de ti?

La voz de Draco estaba llena de promesas ocultas, de tentaciones y pecados sin nombre, al igual que el ligero aroma a deseo que comenzaba a brotar de su cuerpo, sustituyendo al acre olor del enojo y los incipientes celos de antes. El moreno sollozó, girando la cabeza a un lado para esconder sus lágrimas mientras ocultaba su rostro entre las manos. Draco sería siempre Draco, dispuesto a aprovechar cualquier oportunidad en su propio beneficio. Sylvain gimió roncamente, dándose cuenta demasiado tarde de su error y denegó violentamente. Su voz se desgarró en un gemido y exclamó:

-¡Ya es suficientemente duro para mí Draco! No puedo…pides demasiado…

-Ya veo…¿Estás dispuesto a arriesgarte… a que otros descubran tu secreto? Solo necesito insinuar ciertas cosas, hacer pensar a la gente adecuada, Sylvain…y sin romper mi promesa…

Las entrañas de Harry se retorcieron de dolor ante la amenaza, ante la fría determinación del otro, y exclamó con ardor, girándose y mirándole con ojos llenos de fuego, pese a las lágrimas:

-¡Haría cualquier cosa por ti Draco! ¡Moriría por ti! Pero no puedo…no puedo hacerte eso…- vaciló y murmuró- si supieras realmente lo que soy, habrías salido corriendo por esa puerta sin mirar atrás, o…me hubieras matado.

-Eso no puedes saberlo Sylvain.

El rostro de Sylvain se tensó y sus ojos se llenaron de amargas lágrimas cuando susurró:

-No soy…humano Draco. No totalmente.

El rubio murmuró con suavidad, sonriendo ligeramente y frunció el ceño.

-Eso ya lo sabía Sylvain, antes de entrar aquí. Es algo de lo que haces gala…un disfraz muy efectivo debo decir. Y desconcertante también. Pero, y que?

Con la voz llena de dolor el moreno repitió angustiado, bajando la cabeza:

-¡NO!. No puedes … Soy… un monstruo, Draco.

Con giros lentos en torno al moreno, evaluando su físico, su cuerpo y el dulce aroma a desesperación y derrota que en esos momentos emanaba de su cuerpo, reafirmándole en su pequeña victoria. Ah…la mayor satisfacción del mundo era sin duda tener a tu merced a un enemigo, y verle incapaz de deshacerse de tu red… era excitante…casi tanto como el sexo…

-Eso debería juzgarlo yo, no crees? Y solo veo a un…hombre, realmente atractivo y deseable, que ha confesado amarme.

Draco sonrió cínicamente, aunque sus ojos estaban llenos de curiosidad e interés, y Sylvain lo devoró con la mirada, los ojos enrojecidos y las mejillas húmedas.

- Hagamos un trato, conforme? De momento, seamos amigos. Solo amigos, por ahora. Me gustas Sylvain, me gusta mucho lo que veo y no niego que quiero tenerte en mi cama. Quizás pierda el interés, quizás no… pero no voy a permitir que te alejes de mí… aunque puedo esperar un poco. Te concedo eso. Hasta que veamos cómo se desenvuelve todo esto. También es nuevo e inesperado para mí…nunca había tenido a nadie que sintiera algo por mí…

Con un suspiro lastimero, el moreno asintió y susurró, dividido entre la derrota y el dolor:

-No sabes lo que estás haciendo Draco. Lo que quieres, es imposible. Déjame solo ahora, Draco por favor, te lo ruego.

Draco se levantó y se marcho en silencio, sabiendo que tenia acorralado al joven, que solo necesitaba presionarle adecuadamente para llevarle a su cama…Después de todo, había admitido que le amaba, no? No debía ser muy difícil persuadirle, tal vez incluso convencerle de permanecer a su lado si era bueno en la cama. Desde luego, atractivo no le faltaba. Draco era bisexual, pero le gustaban especialmente los hombres, el sexo era mucho mejor. Cansado pero muy intrigado. el rubio meditó mentalmente.

"¿Que clase de criatura se definiría a si misma como monstruo? Elfos, veelas, hadas, vampiros y sirenas son seres humaniformes, compatibles genéticamente con los magos y en algunos casos con los muggles también, pero nadie diría que son monstruos."

Agotado, se duchó en silencio, pensando en buscar más información sobre el tema en cuanto tuviese un rato de lugar. Y trabajar en mejores maneras de forzarle a revelar toda la verdad. Tampoco tenía sentido meterse en la cama del moreno y descubrir alguna desagradable sorpresa después. Con algunas criaturas, el sexo suponía un compromiso mayor del que estaba dispuesto a ofrecer. No era tan incauto ni despreocupado, por supuesto. Un semivampiro hubiese sido más fácil de convencer, después de todo. Y sin riesgo alguno. Además, si su presa descubría la debilidad de su trampa, aun podía zafarse de ella…tenía que ser muy cuidadoso. Estaba cazando una presa peligrosa, un león, no una tímida gacela. Y apenas se deslizó entre las sábanas, se quedó dormido profundamente, pensando en un par de hipnóticos ojos verdes.