Tal como Kuroro había predicho, la zona se llenó rápidamente de los lacayos de Tserriednich. Kurapika observó desde la ventana de uno de los departamentos como revisaban varios edificios. Kurapika no sabía si era suerte o la falta de interés por parte de esos sujetos, ya que solo inspeccionaron algunos pisos del edificio donde se encontraban y pronto se marcharon. Aún así seguían por la zona, por lo que tendrían que aguardar un poco más en aquel lugar.
Kurapika había inyectado a Kuroro con su sangre tan pronto como le fue posible, pero comenzó a preocuparse por el estado del pelinegro, ya que no parecía mejorar. Su fiebre había aumentado en las últimas horas así como los escalofríos que sentía. Podía notar que luchaba contra el virus, aún así se veía tan demacrado.
Kurapika volvió a tomar la jeringa, preparado para darle otra dosis de su sangre, e inyectó más de su sangre. Pero parecía que aquello solo había sido contraproducente. El virus se expandió con más rapidez y fuerza en el sistema de kuroro, su piel se puso aún más pálida de lo que de por sí ya era. Incluso Kurapika podía ver cómo sus venas se oscurecían.
Kurapika podía notar que su respiración se dificultaba.
-Kuroro, aguanta- dijo el rubio sosteniendo su mano y apoyando su cabeza sobre su regazo. Le dio respiración boca a boca, para ayudarle a estabilizarse. Parecía que aquello había funcionado, al menos de momento.
Kurapika apretó sus puños con fuerza, se sentía frustrado y enfadado, ¿Porque no estaba funcionando su sangre? ¿Sería debido a que tardó demasiado en inyectarle? Se maldijo a sí mismo por no haberlo hecho antes. ¿Qué debería hacer ahora?
Sintió la mano de Kuroro buscando la suya, parecía que estaba recobrando la conciencia.
-Kurapika- dijo con voz apenas audible.
-Aquí estoy- dijo el rubio mientras sostenía su mano con fuerza - aquí estaré contigo.
-No me queda mucho tiempo- volvió a decir Kuroro, su voz aún ronca y sin energía. Su mano buscó en su chaqueta, y de ella sacó una pistola - Theta me la dio, para defendernos si nos encontrábamos con la gente de Tserriednich. - continuo mientras le entregaba el arma a Kurapika - sabes que hacer.
Kurapika negó con la cabeza.
-No, no voy a hacerlo. Debe haber otra forma. Tenemos que ir al laboratorio de Shal, estoy seguro que él encontrará la forma de salvarte.- dijo mientras intentaba levantar a Kuroro para llevarlo consigo. Pero era demasiado pesado para él, podría cargar con su peso, pero no lo suficiente como para llevarlo rápidamente hasta su base.
-Vamos Kuroro, necesito que me ayudes, aunque sea un poco. - dijo volviendo intentar levantar al mayor, pero eso solo provocó que Kuroro vomitara un poco de sangre, haciéndolo detener sus movimientos.
-Esta bien, Kurapika- le comenzó a decir - no tengo miedo de morir- admitió - pero no quiero convertirme en una de esas cosas - insistió, volviendo a entregarle el arma a Kurapika. - sé que te volverás un buen líder para ellos, cuídalos por mi ¿Quieres?
Kurapika trataba de contener las lágrimas, pero aún así una que otra lograba escapar de sus ojos.
-No puedo Kuroro- le dijo - no sé qué haré sin ti.
-Se que será difícil, pero tienes que vivir. Por favor Kurapika, mientras aún me queda conciencia.
Kurapika tomó el arma, y la puso en la sien de Kuroro. Cerró sus ojos y oró porque alguien acabará con su sufrimiento, que no tuviera que verse obligado a acabar con la vida del hombre que había odiado y amado.
Si pudiera, moriría en su lugar si eso podía salvar a Kuroro.
-Gracias- dijo cerrando sus ojos y aceptando el abrazo de la muerte.
El eco del sonido del disparo resonó en la habitación, la sangre manchó las paredes dejando rastro de su existencia en ese lugar. Era tan lamentable que alguien como él terminará muriendo en un cuarto como ese. Aún tenía tanto que dar.
Para cuando abrió sus ojos, notó que ya no se encontraba en aquella fría habitación inundada por el olor de la sangre. Estaba de regreso en lo que podía llamar su hogar. Estaba en una cama, en su habitación, conectado a algunos aparatos que podía identificar que eran de Shalnark. No recordaba cuándo se había desmayado, lo último que recordaba era la sensación del arma contra su frente. Y las lágrimas de Kurapika cayendo en su rostro.
Miró a sus manos, ya tenían más color que antes y los síntomas de la infección que le aquejaban habían desaparecido.
Escuchó voces fuera de su habitación, y al poco tiempo los dueños de esas voces ingresaron a su habitación. Eran Machi, Pakunoda, y Shalnark.
-Líder, está despierto- dijo Machi sorprendida. Los otros dos detrás de ella también estaban sorprendidos.
-Es bueno verlos- sonrió Kuroro. - ¿Dónde está Kurapika? Quiero verlo.
En ese momento la expresión de los tres cambió drásticamente. En especial la de Shalnark.
-Líder…- comenzó a decir Paku, pero Shal la detuvo.
-Yo se lo diré.
-¿qué cosa?- preguntó Kuroro
-Estaré dispuesto a aceptar mi castigo líder- dijo Shal quién ya se estaba preparando para el peor de los escenarios - pero por favor primero escuché lo que tengo que decir.
Kuroro recordó el hecho de que los había traicionado, pero en realidad no estaba enfadado, o no del todo. De cierto modo creía entender el porqué de sus acciones.
-No tienes que explicarme nada Shal, entiendo porque querías entregar a Kurapika. Pero no estoy enfadado...
-No, no lo entiende líder - le interrumpió - cuando Theta me avisó que habían escapado, fuimos a rescatar los a ambos. Gracias al dispositivo de rastreo que había colocado en Kurapika, logramos encontrar su ubicación pero…- Shal hizo una pausa antes de continuar - entramos a la habitación, y vimos a Kurapika sosteniendo el arma contra usted. Yo no sabía que estaba haciendo, yo solo asumí que trataba de asesinarlo y yo lo maté líder.
Le disparé, no sabía que usted estaba infectado, no hasta que lo vimos de cerca.
Shalnark continuó dando explicaciones, sin embargo Kuroro ya había dejado de escucharlo después de oír que lo había mandado. No podía creerlo.
-¿Dónde está?- preguntó de nuevo - ¿Dónde está Kurapika?
Pakunoda entendió, que su líder no creería la verdad hasta que no viera el cuerpo del joven con sus propios ojos.
-Sigame, líder.
Kuroro siguió a la mujer hasta el sótano, donde sabía que guardaban los cadáveres de algunos de sus miembros más importantes. Tenía que verlo por su propia cuenta, el cuerpo.
Entraron a la fría habitación, y encima de una camilla, cubierto por una tela blanca un cuerpo descansaba bajo ella. Kuroro tomó la sábana, deseando que fuera un error o una cruel broma de sus compañeros.
Kurapika se encontraba frente a él, sin vida. Su pálida piel contrastaba con su cabello rubio. Silenciosas lágrimas comenzaron a caer de su rostro lo que tomó por sorpresa a Pakunoda ya que nunca antes había visto a su líder llorar, entonces decidió dejar solo a su líder para que pudiera darle un último adiós al rubio.
Kuroro sujeto la pálida mano del chico entre las suyas.
-Kurapika, yo ya no tengo la fuerza necesaria para proteger a nadie.
-Ya ha pasado una semana- comentó Shal a Pakunoda - no ha salido de su habitación desde entonces, ni siquiera se ha levantado de la cama. En un principio en verdad creí que me mataría. Pero ahora es como si simplemente no existiera para él- comentó Shal
-Solo dale tiempo, nuestro líder es fuerte, se recuperará.- le animó la mujer - ¿Porque no vas a llevarle su desayuno?- dijo entregándole una bandeja de comida.
Shalnark la tomó y se dirigió a la habitación de Kuroro, tocó la puerta antes de entrar, pero no escuchó la voz de su líder, así que decidió entrar.
Escaneó la habitación, la cama estaba desocupada y aún así no había rastro de Kuroro en ninguna parte. Parecía como si en aquella habitación nunca hubiera estado el pelinegro, dejando un gran vacío en ella.
