La mañana comenzó como siempre. Hawkeye trabajando y vigilando que su superior lo hiciera también. Mustang distrayendose. Havoc fumando. Breda y Fuery encargándose de unos asuntos edilicios.

Riza buscó un lápiz sobre su escritorio. Al no encontrar ninguno busco en uno de sus cajones y halló un paquete hermosamente decorado.

Era de color rosado con pequeños puntos blancos y un delicado moño adornando. Tenia una tarjeta que solamente tenia la leyenda: "Riza Hawkeye".

Meditó por un instante que deberia hacer con el regalo. Decidió abrirlo.

Al abrirlo vió 6 bombones de chocolate blanco con forma de corazon. Su reacción instantánea fue dar un pequeño suspiro y sonrió inevitablemente.

Toda esta escena fue captada por el Coronel, quien ya podía dar cátedra sobre como conquistar a una mujer. Pero nuestro casanova no debia olvidar que el se enfrentaba a un Don Juan de su misma talla, solo que con menos victorias ganadas que el servidor por un tema de rango. Las mujeres preferían a un Coronel. No es que Havoc no tuviera lo suyo. Era alto, rubio, tenia unos ojos preciosos; pero no era Roy Mustang.

Havoc fue a buscar unos papeles que llegarian desde Lior, un informe redactado por el pequeño Edward.

El chico favorito por parte de las féminas del Cuartel miraba agazapado a su presa asi que decidió ir a tantear el terreno.

"¿Que haces Teniente? "- preguntó él con su voz mas sexy apoyandose del escritorio de la rubia.

" Nada señor, solo encontré esto en mi cajón".

"Bombones... ¿Así que tienes novio, Teniente? - preguntó fingiendo no saberlo

"No, Coronel. Tampoco dice quién los envia"-mencionó Riza mirando la etiqueta.

"Seguramente alguien que está enamorado de ti... ¿Tu estás enamorada,Teniente? "-interrogó suavemente.

"Coronel, no creo que sea apropiado hablar de eso... Ademas, quizas esto sea solo una broma de mal gusto".

"Por favor, aceptame una invitación a cenar"-Roy puso cara de perrito mojado .

"No creo que sea correcto".

"Por favor, Teniente. Por los viejos tiempos. ¿No eres mi amiga?".

"Mi deber es cuidar su espalda".

"Olvida eso por un momento, sólo quiero cenar juntos, como hace muchos años, cuando eramos sólo niños...¿Recuerdas?".

"Si recuerdo".

"Tu me decías Roy... y yo te decia Riza..." dijo él con cara melancólica.

"Esta bien. Acepto. Solo por los viejos tiempos".

"¡Genial! Paso por tu casa a las 10. ¿Te parece bien?".

"Si, esta bien a esa hora"-Riza lo miro y le dedicó una pequeña sonrisa.

El la dejo proseguir con su trabajo, y salió con un aura victoriosa. Camino por los pasillos buscando algo con que distraerse hasta la hora de comer. Solo faltaban 15 minutos y se puso a planear la cita que tendria con su teniente.

"La llevaré a algun lugar elegante-pensó- si, un lugar lindo con velas y música... ¿que se pondrá?... seguramente un vestido... espero que sea corto y con escote" -siguió imaginando el militar. Para él era tan fácil imaginar la ropa de las mujeres, que podria ser diseñador.

Una idea asaltó su mente, si el fuera un diseñador de ropa, crearia una nueva forma de sostenes, con un sistema "abre facil" o algo asi. El que inventó aquel artilugio era un maldito genio. Sonrió al pensar en todos aquellas cavilaciones tontas y se le iluminó la mirada. Al fin cayó, tendría una cita con la teniente. Por alguna extraña razón, era diferente, no era simplemente deseo como con las demas mujeres, no quería terminar en la cama con ella, solo esperaba verla sonreir...

A nuestro personaje de cabello oscuro se le habia pasado el tiempo volando, tanto asi que se le estaba haciendo tarde y tenia mucho que hacer en la oficina. De lo contrario, terminaría con un agujero de bala en el cráneo.

Al regresar a la oficina se dispuso a trabajar diligentemente , ya que, la teniente le "perdonó" o se le pasó por alto la llegada tarde de su superior.

Ella parecia inmersa en su trabajo. Hoja tras hoja, ella revisaba y hacia anotaciones. Al parecer, no habia notado a los que estaban junto a ella en el mismo recinto. El lugar se hallaba tranquilo sin sonidos, salvo el de los papeles, las máquinas de escribir y uno que otro pajaro que se asentaba en los ventanales.

Las horas transcurrieron con notable rapidez. La eficiencia del Coronel no pasó desapercibida de la mirada de la Teniente.

"Al fin se dignó a ser responsable"-pensó ella y soltó una pequeña risita que fue imperceptible para el resto de sus colegas.

La hora de salir ya estaba próxima y todos se habían comportado bien, asi que Riza no tuvo que sacar su arma en ningun momento. Era como si todos hubieran sido picados por el mismo insecto.

Todos salieron y se fueron cada cual a su casa. Mientras caminaba Riza contemplaba el atardecer, el atardecer le daba paz.

Durante la guerra de Ishbal, ella solia sentarse a ver el atardecer. El ocaso le traia esperanza, esperanza de que la guerra acabaría.

Al llegar a casa, Riza saco del armario 3 vestidos. Eran preciosos los tres. Uno era azul oscuro, muy sencillo pero elegante. El otro era rojo y muy pegado al cuerpo y con un escote un poco pronunciado. El tercero era color blanco con pequeñas flores violetas y con mangas cortas. Decidio ponerse el último, ya que era el más cómodo para ella, ya que sabia que Roy Mustang era un mujeriego de categoría y no quería que el comenzará con sus comentarios inapropiados o sus miradas lujuriosas.

Eligió unos zapatos de tacón, blanco, a juego con su vestido.Se maquilló discretamente. Ella no necesitaba mucho maquillaje, era bella. Aunque ella no se sentia hermosa.

Se entristeció un poco, se dio cuenta de que ella no era tan bonita como otras mujeres que habían salido con Mustang.

Sin ir tan lejos, hacia una semana habia salido con una chica rubia, de unos 20 años, con cara de modelo y tan delicada como una rosa. El Coronel se pasó la semana hablando de lo linda que era, de su cuerpo y sus ojos celestes, y mil cosas mas. Los muchachos, lo felicitaron, antes mas de uno intentó (fallidamente) conquistar a Agatha pero ella era una mujer selectiva y para ella ninguno de ellos, incluido Havoc, no daban la talla para salir con una mujer como ella.

Sin duda era una mujer vanidosa. En cambio, Riza no mostraba orgullo de ningun tipo. Ella estaba segura de que era una persona mas en el mundo.

Los minutos pasaban y llego la tan esperada hora. Ella oyó un automóvil detenerse en su puerta. Era él, se dirigió a la puerta y golpeó suavemente con sus nudillos.

Ella bajó las escaleras y abrió la puerta. El Coronel la miró se arriba a abajo, y quedó asombrado.

"Es.. éstas... pre.. preciosa.. Teniente"- dijo el estupefacto.

"Oh.. gracias, Coronel"- dijo ella un poco ruborizada.

"Dime Roy, no estamos en el trabajo"- sonrió él extendiéndole la mano.

"Esta bien, Roy. Llámame Riza, como cuando éramos niños"- le devolvió la sonrisa y reflejo una breve mirada nostálgica.

"¿Nos vamos, Riza?"-preguntó él, al mismo tiempo que ella tomaba la mano de él.

Él la ayudó a bajar las escaleras y le abrió la puerta del coche. Luego, subió y encendió el automóvil y se dirigieron hacia su destino.

En el trayecto, el elogió su atuendo, su perfume, prácticamente a la teniente en su completo ser.

Roy detuvo el coche frente a un restaurante muy bello y le ayudó a bajar e ingresaron al lugar.

Tenían una reservación, cuidadosamente el encargado los condujo hacia su mesa.

El lugar era perfecto. Tenia una vista increible. Los cristales de las ventanas permitian ver el puente y el rio fluyendo por debajo.

La mesa estaba impecable, el mantel de color marfil y la cristalería era muy fina. Dos velas acompañaban a las copas.

El mozo les trajo la carta para que pudieran elegir. Cuando se decidieron ambos habian elegido lo mismo, para su asombro. Los dos ordenaron salmón rosado con salsa blanca, Roy pidió el vino tinto mas fino y ambos se dispusieron a comer.

Hablaron de todo. Rieron y rememoraron cosas. Se divirtieron mucho.

Al salir del restaurante, Roy notó que el clima estaba frio y Riza estaba con un poco de frio. Ante esto, el se quito la chaqueta y se la dio a ella. Ella la acepto ruborizada y luego subieron al auto.

El trayecto a casa fue armonioso y hablaron hasta llegar al umbral de la puerta de ella.

"La pase muy bien esta noche, gracias por aceptar mi propuesta Riza"-dijo el y le regaló una sonrisa.

"Gracias Roy, fue fantástico"

"Bueno... creo que me voy.. se esta haciendo tarde..."

"Gracias de nuevo... Nos vemos mañana en la oficina"-dijo ella apoyada en el marco de la puerta. Tomó el rostro del Coronel y depositó un beso en su mejilla.

Mustang embobado por eso solo alcanzó a decir 'Adiós' y bajo las escaleras casi rodando, jamas pensó que ella fuera a hacer eso.

Cuando recobró la cordura. Entró al coche, lo encendió mantuvo la misma sonrisa de oreja a oreja hasta el momento en que se durmió.