UN poquito más de charla y un paseo…

HOGSMEADE

Draco estaba intrigado por el joven y había buscado cuanta información pudo sobre híbridos de criaturas mágicas, humanos y magos. Comenzó a evaluar la posibilidad de que el joven estuviese afectado de licantropía, aunque fuese parcialmente, lo cual explicaría su autodefinición como monstruo y se prometió a si mismo observarle atentamente en la siguiente luna llena.

Sylvain se había resistido a acompañarle a pueblo, excusándose en que ya había salido con él, refiriéndose a su salida por el bosque. El rubio tuvo que dejarlo ir, por esa vez, y acosarle sutilmente durante el resto de la semana, arrancándole esta vez una promesa más concreta, para acompañarle en sus paseos de fin de semana a Hogsmeade. Sus entrenamientos para las clases iban bien, muy bien, en realidad y Draco disfrutaba cada vez más de sus duelos, una vez establecidas ciertas reglas internas. El único límite de Sylvain era extremadamente simple: jamás un Avada el uno contra el otro (Draco coincidió con él, ni con las protecciones mágicas de la sala se debía jugar con eso) y nada de las otras dos imperdonables… no si no lo habían acordado de ante mano. Después de todo, la única manera de construir resistencia ante el Imperius o la Cruciatus era someterse controlada y gradualmente a ellas. Era fantástico luchar con un oponente digno de él, dispuesto a usar cualquier cosa, incluso a devolverle las cruciatus. Sylvain era un obseso del entrenamiento y una vez que comenzaron realmente en serio, Draco se encontró con un régimen de duelos peor que el de ejercicios de Hurt, su entrenador de la selección.

Llegó el prometido fin de semana y Sylvain y Draco se encaminaron a Hogsmeade tras un desayuno tranquilo en el comedor casi vacío. Curiosearon por las tiendas un rato, el pueblo aun estaba tranquilo, habían ido muy temprano, y Draco acabó proponiendo ir a las Tres Escobas, molesto por las miradas cada vez más numerosas que su presencia atraía. Se sentaron en una mesa apartada y Madame Rosmerta les sirvió personalmente las bebidas, un zumo y una cerveza de mantequilla. Pronto sin embargo, los curiosos eran tantos que Draco se sintió incomodo. Sylvain se tensó cuando unas jovencitas, apenas mayores de edad se aproximaron a ellos y comenzaron a pedirle a Draco fotos y autógrafos. Con un murmullo de disculpa, se retiró, mientras el joven repartía fingidas sonrisas, refugiándose en el baño, y al cabo de un largo rato, un rubio muy enojado entró a buscarle.

-Creía que habíamos venido juntos Sylvain.

Enrojeciendo, el joven moreno murmuró entre dientes y muy bajito una disculpa, apretujado ante el pequeño lavamanos del local:

-No quería entrometerme. Y parecías… mmh…ocupado…

Draco se rió suavemente y denegó, relajandose. Sylvain no pretendía darle esquinazo otra vez…aparentemente solo quería ser…discreto. Y darle espacio y ocasión para sus flirteos habituales. Pero…¿Quién quiere comer…gachas de avena, cuando tiene al alcance de la mano un dulce de aspecto exquisito y mucho mas tentador? ¿Uno que prometía sabores nuevos y exóticos? Ciertamente, Draco no iba a conformarse con algo insulso cuando podía obtener una delicia… Sus ojos chispearon, iluminándose cuando su risa los alcanzó, y Sylvain olió la suave expectación, el discreto aroma del deseo, siempre mezclados a la curiosidad, reemplazando el incipiente enojo.

-Está bien, te perdono el malentendido… pero la próxima vez, no me dejes solo ante las fans. ¡Son terriblemente pesadas!

El moreno asintió esbozando una sonrisa y regresó a la mesa, donde les esperaba un plato de emparedados calientes y nuevas bebidas. Era inusual el comportamiento de Draco, que era famoso por su promiscuidad. Rechazar al grupo de jovencitas, que cuando menos podían haber aplacado su apetito sexual… Sylvain sabía que Draco no había estado con nadie desde que regresara a la escuela…y eso era un tiempo muuuy largo para los estándares del rubio. Empezaron a comer amigablemente, interrumpidos una y otra vez por los curiosos más osados e incluso un par de fotógrafos. Cansado, el rubio susurró con tono levemente irritado, inclinándose hacia el joven moreno, que hacia todo lo posible por pasar desapercibido a su lado, casi encogido, bajando la mirada y dejando que el largo cabello le ocultase parcialmente el rostro:

-Sonríeles, por favor, a ver si me dejan comer en paz.

Tras un parpadeo, como si no diese crédito a sus oídos, el moreno cruzó por un instante su mirada con la de Draco, en busca de confirmación. Sin duda, la encontró, pues su postura cambió sutilmente casi de inmediato. La sonrisa de Sylvain apareció en su rostro, tímida al principio, más segura después, y alzó el rostro, reordenando su cabello con un gesto casual… y los curiosos se alejaron a una distancia prudente de los punzantes colmillos, ahora plenamente a la vista. Inclinándose un tanto hacia su compañero, sin perder de vista las caras repentinamente pálidas de las fans y las más calculadoras y curiosas de los reporteros, Draco susurró casi inaudiblemente, sin mover apenas los labios, francamente encantado:

-Serías un magnifico guardaespaldas, Sylvain, eso es indudable. Uno que además no desentonaría con mi imagen…

Tras una extraña mirada intercambiada entre ellos, y un leve silencio, los jóvenes rieron abruptamente, sobresaltando a los periodistas, y pudieron terminar su comida sin más interrupciones no deseadas. Draco esquivaba a los guardaespaldas oficiales del club, aurores retirados o similares, en cuanto podía… no era elegante verse rodeado de magos canosos y gordinflones…y además, le gustaba escaparse de entre sus garras, y hacer diabluras…normalmente meterse en la cama de alguien o armar bronca con otros jugadores. Cuando dejaron las Tres Escobas, el paseo de regreso al castillo amenazaba con convertirse en una odisea, cuando les asaltaron de nuevo los periodistas, más numerosos que antes y cada vez más insolentes y decididos, sacando fotos sin cesar. Con un obstinado silencio, Malfoy avanzó entre ellos, ignorándoles y por último, Sylvain le cogió de la mano y les hizo desaparecer y reaparecer a ambos justo en las verjas.

-Lo siento, pero me pareció oportuno alejarnos. Después de todo… hoy soy tu guardaespaldas honorario…

El joven moreno le había soltado de inmediato la mano, y estaba ruborizado, pero entraron en los terrenos, dejando muy atrás a los molestos periodistas, que no podían entrar en la escuela. El rubio murmuró pensativo:

-Tendré que hablar con los del equipo. No quiero que me estén acosando así. Y a mis amigos tampoco.

Esbozando una sonrisa se giró a su acompañante y preguntó:

-No ha sido tan terrible, verdad? Salir conmigo, quiero decir…

Sin poder evitarlo, Sylvain sonrió levemente y denegó. Sus ojos relucieron como un lago bajo el sol de mayo. Realmente, había sido muy agradable acompañar a Draco y disfrutar de su compañía, como un autentico amigo…